Abajo estaba el agua que bebía.
El agua que tiritando me lavaba
todas las mañanas.
Y en la que me bañaba al sol del mediodía.
Asomado al brocal del tiempo
recuerdo estas cosas, y veo
el niño que yo era.
Recuerdo que daba voces y me contestaba otro.
Tiraba una piedra y se estremecía el agua
y su reflejo: yo, que miraba.
Y miro todavía.
Igual que me estremezco ahora,
en este otro vértigo que es el tiempo.
Y la vida.
Y no me cansaba de estar allí, y esperaba
a que el agua se quedara de nuevo quieta, y lisa,
para al momento romper otra vez su espejo.
Decía nombres y llegaban ecos.
Escribo palabras
y sigo sediento.





10 comentarios:
Eres cada vez mejor poeta, lo reconozco. Me llegas.
Dámaso.
Da que pensar.
La casa de la infancia es siempre un buen refugio.
Yo te pongo un notable alto.
Mi corazón es una vieja casa.
Tiene un jardín y en el jardín un pozo
y túneles de yedra y hojarasca.
En esa casa a la que tiran piedras
los niños cuando pasan al volver de la escuela,
después de haber robado de su huerta
magro botín de unas manzanas agrias.
En su tejado hay nidos de pájaros que cantan
y de noche un cuartel de escandalosas ratas.
La glicina cubrió los viejos arcos
y una verja de lanzas
y una terraza alta a donde llega
la copa de un granado con granadas
y un palomar y en ruinas unas cuadras.
Y un trozo de camino y la lejana
claridad del mundo.
Está fuera del pueblo y es indiana
su arquitectura, ya sabéis:
todo un poco mezclado, pero es blanca,
es grande, es vieja, es solitaria.
A T
Es esto
la temible muerte.
Ha llegado el final
y no tienes la respuesta.
El vaso de cristal,
la flor sobre la mesa
el dolor de partir
sin que tu corazón conozca
una sola razón
de estas tres cosas
sencillas.
A T
En esta vieja casa; en los olivos viejos;
en la noche templada con la hierba que baja
pisando el blando musgo con un olor a paja
mojada; en el silencio que se oye a lo lejos,
tan terco su latido como pulso de vena,
de ansiedad y de sueño; en el sordo zumbido
de la mosca postrera; en el oscuro nido
que vació el olvido; en la hierba que estrena
su corpiño más verde; en el fuego discreto
que esparce por la estancia recuerdos inefables;
en todos los sonidos sombríos y admirables
donde se cifra un símbolo y se cela un secreto;
en todo lo que, muerto, cobra de nuevo la vida;
en las viejas palabras gastadas como tramos
de la secreta escala y en los fúnebres ramos
de este octubre en Las Viñas; en la llama encendida
y en la suma de cosas que vuelven cada año
sin variación a hacer otoños de la nada;
en la repetición y en la costumbre amada
se descubre el temblor del más hondo y extraño
sentimiento del alma: el tiempo nos devuelve
a un lugar sólo nuestro, sin ayer, sin futuro,
donde por un instante el hombre se hace puro
y acepta la verdad de todo lo que vuelve.
A T
Cada vez me gusta más su poesía.Pero no se lo crea mucho, soy vulgar, también me gustan las pipas.
Unas amigas han empezado hace un blogg hace poco con la única intención de llegar a mucha gente recordándoles que estamos aquí para ser felices y que esta felicidad se encuentra lejos de los mesianismos que se nos presentan en la sociedad actual. Os animo a echarle un vistazo:
http://ovisetsistrum.blogspot.com/
Gracias.
En el pozo también se refleja el Cielo.
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