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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.




domingo, 4 de octubre de 2009

“El ruido eterno", de Alex Ross



“Sr. Gershwin, la música es la música”, le dijo el compositor Alban Berg al creador norteamericano de Rhapsody in Blue. Música para todos los gustos y momentos, música de ópera o música de rap, clásica o jazz, gregoriano o rock and roll; música pop, blues o salsa; canciones populares, country o merengue. O música marcial, o átona. Música donde predomina el ruido y música donde lo que predomina es la sugestión del silencio. Música romántica o esa horrible música electrónica que personalmente me crispa los nervios. Música, música, música. Para que el alma rece (o se roce con otras almas), reflexione, se conmueva o baile. O entre en trance. O simplemente para que olvide otros ruidos peores y recomience y le sirva al que escucha de desahogo o descanso. La música como pedagogía de lo absoluto o secuela de un talento más vulgar. Armonía, que duda cabe. Pero también estridencia en algunos casos. Rabia. O elegía. O alegría. O réquiem. Ritmo, vibración, cadencia. Oleaje de impulsos, de sentimientos. Sintonía espiritual donde se profundiza en las emociones, donde se aprende a escuchar y a descifrar la vida. Arte tantas veces, y extravagancia otras. Música de Dios y de las esferas. Música que impregna todo. Poesía invisible, melodías imprevisibles. Conocimiento. Intuición. Desde ella aflora lo mejor del ser humano. Y en ocasiones lo peor. Música. Himnos y cánticos. Música y cine. Humor, horror, tragedia… La vida en miles de guiones, la vida en miles de bandas sonoras que logran que en las películas se vea algo más que la imagen.

En este incomparable libro que es El ruido eterno, de Alex Ross (Seix-Barral) -¡su primer libro!- se nos cuenta el siglo XX desde la perspectiva de su música. La música del siglo XX como cifra de su Historia y en ocasiones de su histeria. Pero lo hace con tal solvencia y agilidad narrativa (e intensidad), con tal acopio de datos y anécdotas, que al lector le parece que está ante una trepidante novela de acción. O de contemplación, en otras ocasiones. Vidas de músicos, antecedentes, tejemanejes, tradición musical, literatura, política… El engranaje de todo ello nos hace, a los más ineptos musicalmente, comenzar a apreciar y a conocer un poco más a fondo la polifacética, y si se quiere irregular, música del siglo XX. Y a los más entendidos disfrutar con todo este despliegue erudito y a la vez popular. Para ello incluso dispone el lector de la posibilidad de ir escuchando al mismo tiempo algunas de las composiciones musicales comentadas en www.therestisnoise.com/audio. El ruido no siempre es tal ruido: es belleza. Todo esto hace de El ruido eterno un libro excepcional, de referencia. Enseña y deleita. Estimula a aguzar el oído con más conciencia (hay que aprender a escuchar, insisto). Y con el oído la mente. Y el alma, si procede; que procede siempre si andamos listos. Estamos ante una obra que pasa revista a una buena parte de la historia cultural del pasado siglo. Y la música es su pulso, un buen indicador para saber por dónde andamos (o hemos andado). La música como rebelión o como síntoma. ¿Quién decía que la música no se puede decir con palabras? Alex Ross, ¡qué fenómeno! No me duelen prendas.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

¿ Sabe una cosa? Nunca me gustó la fábula de la cigarra y la hormiga, y eso que lo mío no ha sido nunca cantar, pero bueno, una cosa es que no sepa cantar y otra muy distinta que no lo haga.
Yo canto, y canto porque el que canta las penas espanta (según el refrán), y porque quien canta ora dos veces (según San Juan de la Cruz, que de eso de rezar sabía mucho).
Y cuando me toca contar cuentos pues los "adapto" como hace todo el mundo y , aunque mis lobos siguen siendo malos, los príncipes se casan con sus princesas y siempre ganan los buenos, como debe ser, cuando llega el invierno la cigarra se va a vivir a casa de la hormiga , que le está muy agradecida por haber puesto un poquito de felicidad en sus monótonos y calurosos días de trabajo .

Anónimo dijo...

Mis vecinos al cielo derechos.

Anónimo dijo...

Tal y como lo pintas lo leo seguro. Una crítica deliciosa y aguda.
Lucrecio.

Anónimo dijo...

Me gusta más el título en inglés.

Anónimo dijo...

Ya lo estoy leyendo. El que no corre vuela. Además toco el piano y me interesa. Soy una gran aficionada a todo tipo de música.

Gabriela

Anónimo dijo...

Lo he comprado esta mañana después de leerle a usted. soy un gran aficionado a la música y a la historia, y su crítica me ha llamado mucho la atención.

Un cordial saludo. Víctor S.

Anónimo dijo...

Se me olvidaba decir que la crítica que hace de los libros que lee se me hace cercana, transmite lo que es el libro, sin darle más vueltas. Víctor.

Anónimo dijo...

Si tú lo dices es que algo tiene este libro. Tu blog se ha convertido en una buena referencia libresca. Para mí al menos.

Un lector empedernido.

Anónimo dijo...

Parece un libro curioso.

Anónimo dijo...

Soy muy aficionado al jazz, colecciono discos de vinilo y soy fan de la música celta. ¿Habla el libro de estas músicas? Usted da a entender que sí. Me haré con él si es cierto.