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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


martes 6 de octubre de 2009

“El mapa de la vida”, de Adolfo García Ortega


¿Dónde nos lleva el mapa de la vida, esta singladura plagada de misterios, dudas, incógnitas y recovecos? Algunos para recorrerla precisan de un mapa que les oriente, que les diga por donde ir (lo que no les podrá decir nunca es lo que tienen que hacer una vez lleguen). He dicho “algunos”, pero pensándolo mejor creo que todos lo precisamos. El mapa nos muestra los relieves y la geografía del alma. O quizá ese mapa se vaya dibujando según vaya cobrando densidad nuestra existencia. Nos creemos seguros. Aunque más o menos inquietos sigamos buscando un anhelo más pleno, satisfacer nuevas ilusiones y deseos. Puede que estén en dicho mapa. O puede que no. Que sólo sean fruto de sueños, o de una imaginación que no cesa. Y por encima de todo la Providencia. O el azar del que hablan otros. O el destino. El caso es que suceden acontecimientos imprevistos. Vas siguiendo tu ruta y de pronto lo que no esperabas. Disgustos, fracasos, desamores, accidentes, o una enfermedad propia (o de alguien muy querido). O la muerte, sencillamente. Y el mapa de la vida no son pocas las veces que estalla, que se derrumba, que no aguanta más. De repente. Y parece que todo se desvanece.

El mapa de la vida (Seix-Barral) es la primera novela que leo de Adolfo García Ortega (Valladolid, 1958). Y me ha sorprendido. Y me ha emocionado en algunos tramos, sobre todo al principio, con toda esa cantidad de víctimas del horror. Es algo distinto. O me lo parece. Es un intento de resurrección. Gabriel y Ada viajan en sendos vagones el 11-M. No se conocen (todavía), ni saben el destino que les espera. El autor va describiendo, con una prosa eficaz y trabajada, todos aquellos trágicos momentos del atentado terrorista, con una técnica casi cinematográfica, muy visual. Y con enfoques de nitidez poética, hasta puntillista. La tragedia se cierne sobre lo cotidiano, la sangre vuela como el mercurio, la ropa se desprende del cuerpo, la piel se quema, el aire se enciende, los cuerpos se desmiembran… Es un azote del infierno. Fuego, explosiones, humo… Gritos, recuerdos, citas canceladas para siempre. Se evaporan las lágrimas y las vidas. El destino de muchas de ellas es cercenado en una décima de segundo. Vidas que piensan y que aman antes de morir; vidas que regresan a la infancia o a Dios. Terror y miedo. Soledad. Y ángeles. Humo muy intenso. Apenas se ve. Las palabras nos acercan a la intimidad de esos momentos, de esas miradas que no acaban de comprender. Y el lector también se siente allí, y se estremece.

Las personas que salieron vivas de semejante catástrofe tienen secuelas en el alma. Y en los cuerpos. Ya no pueden vivir igual. Ya nada es lo mismo. Deben intentar un re-nacimiento, un volver a la vida, una nueva oportunidad. Gabriel se lo explica a su mujer como puede y se marcha a un hotel. La quiere, la quiere, pero él ya no es el mismo. ¿Por qué ha sobrevivido? Se siente ángel… Uno puede pensar que el atentado le ha afectado más de lo deseado. Pero él percibe la urgencia de esa nueva esperanza. Porque no se trata de una huída. La novela es como si quisiera mostrarnos que tras un dolor así el hombre entra en una dimensión más espiritual y profunda, muy distinta. Trasciende cada suceso. La sensibilidad es mayor. Se disciernen los acontecimientos de otra manera. Conoce a Ada -precisamente experta en el Renacimiento- ante La Anunciación de Fray Angélico. Nada pasa porque sí. Y se desencadena un reconocimiento y una apasionada historia de amor. Y de vida. Esta novela tiene mucho de elegía y de redención y de búsqueda. De inconformismo, de rebeldía. Un constante interrogante sobre el sentido del dolor. ¿Es también el autor una especie de ángel, un mensajero que nos habla en silencio a cada lector? La literatura como intuición y como fuente de esperanza.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gusta el título. De este novelista no sé nada. ¿De verdad es bueno? Paco.

Anónimo dijo...

Hablas de cada libro como si fuera único en el mundo. Aunque ahora que lo pienso lo es.
A este autor lo he leído alguna vez en El País o en El Mundo, no recuerdo bien.

Anónimo dijo...

Pues a mí me gusta la portada. Pero no sé si atreverme a comprar la novela. Entre eso y el poco dinero de que dispongo me va a fastidiar.

Anónimo dijo...

El 11-M. ¿Cuándo sabremos la verdad de toda aquella sangre? ¿Dice algo esta novela sobre ello?

Anónimo dijo...

La Literatura fuente de esperanza. Dependerá de la literatura. Y aún así me parece mucho decir.

Anónimo dijo...

Le he dicho a mi suegro que me lo regale por mi cunpleaños dentro de unos días. Este y uno de Trapiello de sus memorias.

Anónimo dijo...

Tengo un familiar que resultó afectado por el atentado. Leeré esta novela y la comentaré con él.

Anónimo dijo...

Son héroes los que murieron en el 11-M. Y también ángeles. Y mártires de la paz. ¿Cuándo se acabará el terrorismo?

Anónimo dijo...

Yo si lo he leido, y es un escritor con una prosa limpia, pulida y brillante, con historias muy fuertes pero sin alma, sin identidad ni verdad. A esta novela le sucede lo mimso, hay una tragedia pero los personajes no son autenticos como si el escritor quisiera escribir para justificar algo, no se.
En el fondo yo tambien soy un angel, quien no?

Anónimo dijo...

Quería agradecerle muy especialmente los comentarios de libros.