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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


sábado 3 de octubre de 2009

“El tercer hombre (sobrevivir a lo imposible)”, de John Grigsby Geiger



Para que luego hablen de casualidades. Andaba un servidor leyendo la novela de Adolfo García Ortega El mapa de la vida (Seix-Barral), plagado de presencias angélicas, cuando se interpuso este otro libro: El tercer hombre (Ariel). Que no es el relato de Graham Greene, ni trata sobre la película que sobre el mismo -con sus matices de guión- rodó Carol Reed, e interpretaran Orson Welles y Joseph Cotten. El título lo toma de unos versos de La tierra baldía, de T. S. Eliot (se lee estupendamente en la traducción de Viorica Patea en Cátedra), que a su vez estuvieron inspirados en la dramática travesía de sir Ernest Shackleton por tierras antárticas (1914-1916). Durante la última parte del viaje, cuando dependía de él y de otros dos compañeros la salvación de los que habían ido quedando atrás en estado crítico, una “presencia” comenzó a caminar con ellos. Presencia benefactora y consoladora. Narró Shackleton: “Cuando rememoro esos días no me cabe la menor duda de que nos guió la Providencia (…). Sé que durante esa larga y atroz marcha de treinta y seis horas a lo largo de aquellos glaciares y montañas desconocidas tuve la impresión de que no éramos tres, sino cuatro”. Eliot varió el número, pero desde entonces a este tipo de fenómenos -que suceden casi siempre en situaciones de peligro y soledad en tierra, mar y espacio- se le ha conocido como “el tercer hombre”. Estos son los versos: “¿Quién es el tercero que camina siempre a tu lado? / Si cuento, sólo estamos tú y yo juntos / pero si miro hacia delante por el blanco camino / siempre hay otro caminando junto a ti”.

El libro de Geiger está entre el libro de aventuras (“lo que sigue es una selección de las historias de supervivencia más extraordinarias jamás contadas”), y el intento de comprender y sistematizar las diferentes deducciones de la ciencia sobre estos inauditos pero no tan infrecuentes sucesos. Los testimonios son más que abundantes. “Unos dicen que el Tercer Hombre es la prueba de la existencia de los ángeles de la guarda. Otros opinan que se trata de una alucinación. Y, finalmente, hay personas que aseguran que es real. ¿Qué explicación tiene?”. Desde luego el tema es atractivo y un desafío a la razón. Y al propio corazón. El hombre busca certezas, y no falta quien tiene en lo científico su propia fe. El intento de reducir al hombre a cuerpo y psicología no casa con el anhelo de “algo más” que todos tenemos dentro. Según iba avanzando en la lectura me iba convenciendo más y más de lo complicado que resulta prescindir de la dimensión espiritual en la existencia de los hombres. No seré yo quien niegue la influencia de factores neurológicos, anímicos o patologías diversas. Pero el misterio va implícito en nuestras vidas (¿podríamos vivir sin ellos?, escribía otro poeta, Rilke). Y no es el menor misterio el de la muerte, o el del sufrimiento. Lo espiritual no es precisamente algo esotérico y fantasmal, ni sólo algo sentimental. A lo largo de todas y cada una de las historias que Geiger ha recogido en El tercer hombre se palpa el alma de la gente que las protagonizó, la necesidad de guía y compañía. Sean creyentes o no. Cito al alpinista Greg Child: “Aquellos que han experimentado la presencia la distinguen de las alucinaciones, que con frecuencia engañan y desorientan. La presencia parece mucho más real, y ofrece su ayuda a los desvalidos tanto para guiarles como para aliviarles el miedo con su compañía”.

Desde la portada este libro atrae. Y luego no lo puedes dejar. Ni dejas de emocionarte y pensar. El hombre no está solo en la aventura de la existencia, del ser. Esa es la evidencia. Y piensas que hay muchos más náufragos de cariño y personas en peligro agudo de asfixia de alma, o soledad, en las calles de nuestras cotidianas ciudades; y que también no pocos experimentan esa presencia, esa ayuda... ¿De Dios? Yo no lo dudo. A través de ángeles o personas fallecidas (pero “vivas”). En fin, cada uno sacará sus conclusiones. El hombre -como reza el prestigioso título del neurólogo y psiquiatra Víktor Frankl- inapelablemente vive en busca de sentido y experimenta el misterio. Tarde o temprano.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo tengo miedo. La vida de todos los días me asusta. Ese es mi peligro extremo. Y la presencia de que habla usted sólo se me ha manisfestado a través de mis amigos.

Anónimo dijo...

Se lo voy a regalar a mi padre, que es muy montañero, gracias. Luis J.

Anónimo dijo...

Por casualidad se cuelga
el sombrero del perchero
“lanzao” a siete metros
con los ojos “vendaos”.

Por casualidad se cuelgan
de un abismo mil ideas,
ideas que me abren camino
con los dedos “cruzaos”.

No es casualidad que el aire
encaje en mis pulmones,
no es posible que el azar
nos regalara cuatro estaciones.

Por casualidad
no creo estar aquí,
pensando en ti
alguien tuvo que escribir
pergaminos de cristal,
con tintura de avellana
y en la noche dibujar,
la luna de porcelana.

Y es mucha casualidad,
que después de la tormenta,
la lluvia nos recompensa,
con un arco de colores.

Sortilegios de coral
entre espumas y océanos
y en el viento colocar
los jazmines de verano.

Y es mucha casualidad
que después de la tormenta
la lluvia nos recompensa
con un arco de colores.

Pero qué bien “colocao”
está el sol que no quema los campos
y es que encima los bendice
con besos “doraos”,

Pero qué bien le sientan
a las flores las abejas,
que les trae la descendencia,
qué bien “preparao”

Anónimo dijo...

Ahora ya no se lleva
eso de escribir cartas,
ni llamar por teléfono,
ni quedar una tarde
para tomar café.
Ahora todo son prisas,
ahora no tienes tiempo,
de saber si me hielo,
si lloro,
si aún vivo o he muerto…
¿Tu amistad?, ¿se fue?

Anónimo dijo...

Este texto lo tenía que haber puesto ayer.
Otra vez hágale más caso a su ángel.

Anónimo dijo...

Lo que es la vida, lo acabo de ver en El Corte Inglés y lo he tenido en las manos.

Anónimo dijo...

Soy muy montañero, lo que me ha costado dinero y disgustos. Es una droga. Allá arriba se sienten experiencias poco habituales.
Leeré este libro, me interesa, he oído hablar de el tercer hombre, de esas presencias.
Roberto T.

Anónimo dijo...

Lo estoy leyendo. Es completamente apasionante.