Bienvenidos
Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.
sábado 31 de octubre de 2009
Enamorarse de Dios
Es cuestión de detalles, como todo amor que se precie. De no pasar de largo cuando te cruzas con esa iglesia, ahora que recuerdo. Si de verdad te crees que ahí, en ese recinto, está Dios, ¿cómo es que te dispones a cruzar tan rápido el semáforo y piensas que luego, que otro día, que ahora no puedes? Patrañas. Poco amor es ese, muy poco. En cuanto llegues a casa haz lo que tengas que hacer y vuelve. ¿No vas a comprar el pan o unos folios? Pues aprovecha. El amor todo lo excusa, pero no hay excusa razonable para tal desplante. Dios espera. En la iglesia o en el escritorio. O en Internet. Espera tu pensamiento, aunque normalmente tenga que conformarse con tu abulia. ¿Qué decirle a Dios que ya no sepa? Eso es cierto, pero el amor son los gestos, aunque no apetezca, o caiga a desmano. ¿Qué sería de ti sin Él? ¿Qué sería de todos? Pero a Dios Le gusta sentirse querido, estar contigo como si fueras el único. ¿Qué sería de Dios sin ti? Saltando las primeras consideraciones, o las pertinentes teologías, es bonito pensarlo, considerar que sin tu amor Dios no sería el mismo. Mira, a la puerta de la iglesia está Él. Ha salido a esperarte. ¡Un pobre con la mirada en el suelo! No te conformes con una apreciación superficial y con una limosna; háblale, igual resulta que está esperando tu sonrisa, la sonrisa de alguien. Y se precipita en ti la gracia. Lo que necesitabas. Justo a tiempo. Ay, enamorarse; enamorarse de Dios es levantarse en punto y ofrecerle el corazón entero, de una pieza, aunque en cuanto llegas a la cocina ya sólo piensas en ti, o en ti, o en nada. Pero ese ofrecimiento significa todo. Es para Dios, es de Dios, y por lo tanto infinito. Tu vida ha cambiado, cambia. Puede que ni te des cuenta, tan embebido andas con el fútbol o con los euros, u otras índoles. Dios trabaja mejor por dentro, sin ruido, sin desperdiciar ni una pizca o átomo de vida. De tu vida. De mi vida. Del cansancio o de la risa. Y te habla con ternura. Te dice que eres Suyo con la primera luz del día o con las miradas de tus hijos (o sus travesuras). Y se sirve de insospechadas circunstancias para amarte, para dar por ti Su Vida. Las veces que haga falta. ¿Me amas? ¿Le amas? Y se te encoge el alma.
Publicado por
Guillermo Urbizu
Etiquetas: Reflexiones
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)





7 comentarios:
Tú sabes que te amo.
Menuda manera de empezar el sábado. Me ha puesto en mi sitio. Yo ya estaba pensando en mí en exclusiva.
Cuánto he esperado este momento,
cuánto he esperado que estuvieras
así.
Cuánto he esperado que me
hablaras,
cuánto he esperado que vinieras a Mí.
Yo sé bien lo que has vivido, Yo se
bien
porqué has llorado; Yo se bien lo que
has sufrido pues de tu lado no me he
ido.
Pues nadie te ama como Yo, pues
nadie te ama como Yo; mira a la
Cruz, esa es mi más grande prueba.
Nadie te ama como Yo. Pues
nadie te ama como Yo, pues nadie
te
ama como Yo; mira a la Cruz, fue
por
ti, fue porque te amo. Nadie te
ama como Yo.
Yo se bien lo que me dices aunque a
veces no me hablas; yo se bien lo que
en ti sientes aunque nunca lo
compartas. Yo a tu lado he caminado,
junto a ti yo siempre he ido; aún a
veces te he cargado. Yo he sido tu
mejor amigo.
Dios y los detalles, el título de un posible libro ¿no?
Señor toma mi vida nueva
antes que la espera
desgaste años en mi.
Estoy dispuesto a lo que quieras
no impota lo que sea
tu llámame a servir
Llévame donde los hombres
necesiten Tus palabras
necesiten mi ganas de vivir
donde falte la esperanza
donde todo sea triste
simplemente por no saber vivir
Te doy mi corazón sincero
para gritar sin miedo
lo hermoso que es Tu amor.
Señor tengo alma misionera
condúceme a la tierra
que tenga sed de Vos
Llévame donde los hombres
necesiten Tu palabra
necesiten mis ganas de vivir
donde falte la esperanza
donde todo sea triste
simplemente por no saber vivir
Así en marcha iré cantando
por pueblos predicando
Tu grandeza Señor.
Tendré mis manos sin cansancio
Tu historia entre mis labios
Tu fuerza en la oracion
Llévame donde los hombres
necesiten Tus palabras
necesiten mis ganas de vivir
donde falte la esperanza
donde todo sea triste
simplemente por no saber vivir
Volver a los diecisiete después de vivir un siglo
es como descifrar signos sin ser sabio competente
volver a ser de repente tan frágil como un segundo
volver a sentir profundo como un niño frente a Dios,
eso es lo que siento yo en este instante fecundo
Se va enredando enredando, como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando como el musguito en la piedra
como el musguito en la piedra, ay si, si, si
Mi paso retrocedido, cuando el de ustedes avanza
el arco de las alianzas ha penetrado en mi nido
con todo su colorido se ha paseado por mis venas
y hasta la dura cadena con que nos ata el destino
es como un día bendecido que alumbra mi alma serena
Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando como el musguito en la piedra
como el musguito en la piedra, ay si, si, si
Lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber,
ni el más claro proceder ni el más ancho pensamiento
todo lo cambia el momento colmado condescendiente,
nos aleja dulcemente de rencores y violencias
sólo el amor con su ciencia nos vuelve tan inocentes
Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando como el musguito en la piedra
como el musguito en la piedra, ay si, si, si
El amor es torbellino de pureza original
hasta el feroz animal susurra su dulce trino,
retiene a los peregrinos, libera a los prisioneros,
el amor con sus esmeros, al viejo lo vuelve niño
y al malo solo el canino lo vuelve puro y sincero
Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando como el mus guito en la piedra
como el mus guito en la piedra, ay si, si, si
De par en par la ventana se abrió como por encanto
entró el amor con su manto como una tibia mañana
y al son de su bella diana hizo brotar el jazmín,
volando cual serafín al cielo le puso aretes
y mis años en diecisiete los convirtió el querubín
Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando como el musguito en la piedra
como el musguito en la piedra, ay si, si, si
Eres uno con Dios, porque le amas.
¡Tu pequeñez qué importa y tu miseria,
eres uno con Dios, porque le amas!
Le buscaste en los libros,
le buscaste en los templos,
le buscaste en los astros,
y un día el corazón te dijo, trémulo:
«aquí está», y desde entonces ya sois uno,
ya sois uno los dos, porque le amas.
No podrían separaros
ni el placer de la vida
ni el dolor de la muerte.
En el placer has de mirar su rostro,
en el dolor has de mirar su rostro,
en vida y muerte has de mirar su rostro.
«¡Dios!» dirás en los besos,
dirás «Dios» en los cantos,
dirás «¡Dios!» en los ayes.
Y comprendiendo al fin que es ilusorio
todo pecado (como toda vida),
y que nada de Él puede separarte,
uno con Dios te sentirás por siempre:
uno solo con Dios, porque le amas.
Publicar un comentario en la entrada