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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


jueves 29 de octubre de 2009

“Escolios a un texto implícito”, de Nicolás Gómez Dávila




Bueno, bueno, bueno. Pese a que el título pudiera parecer un tanto pedante o barroco, y pese a que un servidor desconocía por completo la existencia del escritor colombiano Nicolás Gómez Dávila, 1913-1994 (supongo que es algo que sucederá a una gran mayoría de lectores), tengo que decir de entrada que estamos ante uno de los mejores libros que he leído nunca. Y no exagero ni un ápice. Señores míos, asistimos a una verdadera bendición literaria. Un libro del que me atrevo a decir que es la sorpresa editorial del año en España. A partir de aquí podemos hablar de lo que se quiera.

Estoy viendo las caras de pasmo. ¿Pero qué está diciendo este hombre? Pues lo que han leído. Una obra maestra. Genial. Ahí está el libro, en la editorial Atalanta; y su director, Jacobo Siruela, una vez más demuestra su buen olfato como editor. En definitiva, como el profundo y avispado lector que él es. La ocasión lo merece. La sobria portada, el papel biblia, el número de páginas (1407) y el tipo de género literario (aforismos) puede que nos haga creer que este libro es para otros, que sea aburrido. Y nada más lejos. Este libro, que por primera vez reúne en un solo volumen todos los “escolios”, es adictivo cien por cien. Es un clásico del siglo XX.

Se podría haber titulado “Notas de un lector compulsivo”. Pero no, es algo más que eso. Es la columna vertebral de un pensamiento y de una pasión. Pasión por la inteligencia, sobre cualquier otra cosa. Por la devoción espiritual que el hombre y la vida le procura. Esta es una de esas ocasiones en que se palpa que la inteligencia es una potencia del alma. Veamos, un hombre que lee en el silencio de su biblioteca, y escribe fragmentos de luz, de inspiración reflexiva y hasta poética. Con ironía y mordiente, con ternura tantas veces, y siempre con escepticismo (del que piensa que es la humildad de la inteligencia). ¿Cuál es el texto implícito que menciona? Es el sistema de pensamiento que Nicolás Gómez Dávila no llegó a sistematizar pormenorizadamente, pero que imaginó hubiera sido su obra ideal. Y cuyo esbozo fue perfilando a base de cientos de pinceladas, de ideas que ahora toca al lector desarrollar. Cada aforismo, cada escolio, es un impulso intelectual, una divisa crítica e inconformista. “Escribir corto, para concluir antes de hastiar”.

Escolios a un texto implícito se puede leer como se quiera. De corrido o según necesidad. El lector nunca queda indiferente, ni preso en las arenas movedizas del hastío. Es un continuo deslumbramiento, aunque no estés de acuerdo. Su modernidad es absoluta. Precisamente por su amor a los clásicos (dominaba el griego y el latín a la perfección), y ese pensamiento fragmentario tan característico de la filosofía contemporánea, sin ir más lejos. ¿Para qué escribir? Él mismo se responde: “Algunos intentamos escribir tan sólo para prolongar la vida cotidiana en vida inteligente”. Su patria es la inteligencia, como señala en el imprescindible prólogo Franco Volpi. Pero también lo es el catolicismo, según confiesa. “El catolicismo enseña lo que el hombre quisiera creer y no se atreve”.

Nada queda al margen de su pensamiento. Aunque hay temas recurrentes, que le quemaban. U otros por los que sentía un especial cariño. No se puede uno perder lo que escribe sobre los políticos. Una cata: “El político tal vez no sea capaz de pensar cualquier estupidez, pero siempre es capaz de decirla”. ¿Es actual o no? O lo que escribe sobre los llamados progresistas, o sobre la izquierda, a los que no perdona su frivolidad: “La esperanza progresista no anida sino en discursos”, o “El progresista cree que todo se torna pronto obsoleto, salvo sus ideas". O esto otro: “En las huestes de los intelectuales de izquierda sólo militan pequeños burgueses agrios”. Pero hay muchas más facetas por supuesto sobre las que muestra interés (¿sobre qué no?). Dios y la religiosidad (“Orar es el único acto en cuya eficacia confío”). El enaltecimiento de la verdadera sensualidad, el arte moderno, los libros (creía en la biblioterapia), el énfasis y supuesta predilección moderna por la tontería, la usura, el liberalismo, la familia…

Una sola frase de este escritor es capaz de abrirnos un océano de intuiciones. Como señala Volpi, su pensamiento se aglutina en Dios, en el alma y en el mundo. Ponerle rápidamente una etiqueta sería carencia de lucidez. Porque Nicolás Gómez Dávila es un escritor apasionante y universal. No son simples ocurrencias. Escribe con sorna y precisión, con elegancia de estilo e inteligencia de corazón. Hasta cultiva una rediviva greguería: “La poesía onírica no vaticina, ronca”. Y tiene hallazgos fascinantes, de una sensibilidad muy acusada. Como éste: “Mientras un escritor no pase de moda no sabemos si tiene talento”. Señores, estamos ante un libro sencillamente espectacular. Espero que algunos de ustedes se den cuenta.

14 comentarios:

Anónimo dijo...

Si tan bueno es habrá que hojearlo.

Anónimo dijo...

Usted es un provocador literario. Cualquier cosa con tal de que leamos. Reconozco que ha logrado mosquearme con este libro.

Anónimo dijo...

Y me ha mosqueado tanto que estoy por caer en la tentación de comprarlo.

Anónimo dijo...

Voy a ver si cinsigo pronto un mecenas que me lo financie.

Anónimo dijo...

No había oído hablar de este escritor en mi vida. Voy a investigar. Lo que dices de él me llama mucho la atención.
Diego Val.

Anónimo dijo...

El artículo que ha escrito sobre el libro es francamente bueno, a mí me ha impactado. Al final esto de la crítica literaria es como todo, se basa en la confianza. Y por lo que usted escribe normalmente en su blog no me queda si no confiar. Lo compraré cuando cobre este mes. Arancha Hernández.

Anónimo dijo...

Lo he hojeado en El corte Inglés. Oye ¿sabes que está muy bien? ¡Qué agudo es el hombre! Igual tienes razón y todo.
Peyote.

Anónimo dijo...

Una ejemplar reseña, otras no me han gustado tanto.

La postal de ayer a Dragó como ejercicio literario era estupenda. Prefiero no opinar sobre ese autor.

Anónimo dijo...

Le agradezco la sugerencia de hoy. Me agrada su blog.

Taita

Anónimo dijo...

Me ha parecido superacertado eso de que en la izquierda sólo militan pequeños burgueses agrios. Estaría pensando en los de la ceja, todos esos actores y pilinguis que no se han manifestado ni una sola vez desde que Zapatero está en el poder. Son unos mendrugos.

Anónimo dijo...

Leí ayer algunas páginas de sus pensamientos en una librería. Lo hubiera comprado, pero no me alcanzaba el dinero. Soy universitario.Por mis muertos que lo compro. Esta vez tiene usted más razón que un santo.
Borja R.

Anónimo dijo...

Me ha llamado mucho la atención, lo reconozco.
Gracias y buenas tardes.

Anónimo dijo...

Lo he visto. No puedo comprármelo aún, pero lo haré.

Anónimo dijo...

Excelente la reseña. Nicolás Gómez Dávila es el fruto de una absoluta honestidad y humildad intelectual, por ello es reaccionario, no queda otro camino para el hombre que le ha tocado la desdicha de vivir en la modernidad que reaccionar contra ella, contra tanta brutalidad, vanidad y concupicencia...