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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


miércoles 21 de octubre de 2009

“La Casa de la Infancia”, de Marie Luise Kaschnitz



La infancia es una casa que con el tiempo va ganando en espacio y en nitidez. Su memoria se va ampliando en estancias que creíamos no íbamos a volver a visitar otra vez, pero que ahí siguen, que nunca se han ido del todo y que conforman nuestra más certera identidad, el centro espiritual de nuestro ser. Y según pasan los años son más frecuentes nuestras visitas y cada vez nos cuesta más salir de su refugio, o regazo. O acaso no, y nos resistimos. Hemos ido dando tumbos por la vida y acabamos abocados a volver a aquella edad en donde ser feliz era mucho más que una simple posibilidad. Los colores eran más puros y el tiempo una suerte de infinito donde corríamos sin parar y sin cansancio. Era todo un constante descubrimiento, un regalo, una novedad sin parangón. Y un principio y una promesa. Yo no sé si es nostalgia o una impaciente necesidad de sentirnos más vivos. Nos hacemos viejos en un momento, esa es la verdad. Y nos preguntamos si esto es todo -¡no puede ser, no puede ser!-, y cerramos los ojos para volver a ver la vida de aquel modo. O su reflejo. ¿Recuerdan? De pronto el mar, o el membrillo, o los libros, o los innumerables juegos. O el deslizarse por el pasamanos de la escalera. O cualquier otra inhóspita maravilla o circunstancia. Claro, que hasta aquí todo es positivo. Y no se pueden obviar de la infancia esos otros momentos menos felices. Pero predomina la luz y el regocijo (será por un olvido selectivo). Y la curiosidad y los aromas.

El libro de Marie Luise Kaschnitz (Karlsruhe 1901-Roma 1974) titulado La Casa de la Infancia (Minúscula) es un delicioso relato de arquitectura vital y de afianzamiento sentimental. Y de cierto examen de conciencia. Según va transcurriendo la lectura la autora nos desvela fragmentos de su infancia, y nos invita a visitar distintas estancias -con sus luces y sombras- y asomarnos por diversas ventanas a diversas perspectivas. De una Casa que ni siquiera está siempre en un mismo lugar. “En algún momento de la vida, todo el mundo tiene la necesidad de ocuparse de su infancia”. Y en estos breves textos que se van concatenando nos vemos todos aludidos, de una forma o de otra. La infancia se proyecta en la madurez cada vez con más ímpetu, cada vez con más detalles en un “redespertar de sentimientos” e intuiciones. Es recuerdo y es fábula, y son fragmentos de autobiografía. Es ir casando las teselas de un mosaico que va conformando lo que ella llama el CDI o Cedeí (Casa de la Infancia). “La fusión de sus iniciales encubre la inexactitud del rótulo, que nunca asombrará lo suficiente”. Y “es difícil traducir a palabras todo lo que a veces hay en la Casa (…)”, en cada uno de sus registros. La autora va construyendo en breves párrafos de textura surrealista ese edificio que es literatura porque fue vida; que es lúcida introspección -o introversión- desde la que se sugiere una rabiosa emotividad e incluso una prospección más allá de lo personal.

Lo mínimo siempre es más. No hay detalle menor en nuestra infancia, en la infancia de Marie Luise Kaschnitz, ni en su sobria y contenida prosa: una anciana menuda, un perfume de violetas, unos brazos, unos libros, o el canto de su madre en un rincón de esa casa. Imágenes, signos; carrusel de vivencias. En gran medida somos lo que fuimos. Y lo que pudo ser. Este libro es, en definitiva, un acto de esperanza.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

"También somos lo que dejamos de ser, lo perdido, lo olvidado"

J L B

Anónimo dijo...

Haces muy atractiva la literatura, eso es lo mejor de todo. Cuqui.

Anónimo dijo...

Conocí esta editorial por usted y se lo agradezco muchísimo. He leído de momentos dos libros que me parecen geniales: Verde agua de Marisa Madieri y El papel de mi familia en la revolución mundial de Bora Cosic.
Me compraré este que dice. Su reseña es magnífica.

Luisa Díaz.

Anónimo dijo...

Ya lo he visto en una librería. ´Con lo que dices volveré a mirarlo. Saludos.

Anónimo dijo...

Le prometo que lo compro y lo leo, porque me ha encantado su manera de hablar del libro.

Anónimo dijo...

No sé si lo habrás apreciado, pero creo que de los temas que más escribes son la infancia y el tiempo. Tu amigo Rafa.

Anónimo dijo...

No sé, tengo poco tiempo para leer y me gusta ser muy selectiva. Lo pensaré.

Anónimo dijo...

Leído el libro. Me ha parecido un poco triste, bueno pero triste, como si hubiera deseado otra infancia para ella.