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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


martes 13 de octubre de 2009

La poesía...




La poesía es un cúmulo de imperfecciones que buscan una pureza imposible. ¿O es posible alcanzar por un instante ese destello perfecto donde las palabras quedan al margen? A veces lo creo. Lo veo. O creo verlo. Y la mirada se difumina en el texto o en un recuerdo o en aquellos sueños de agosto. O mayo. ¿Lo bello? Ahí está. ¿El qué? Ahí, ahí. ¿Dónde? Ahí, en el alma: un destello tierno. Un regocijo antiguo que me sabe eterno. ¿Qué más me queda, qué tengo que no sea ese silencio o esa fugaz pureza? Llevo muchos años detrás de ella, intentando merecerla. Muchos años siguiendo sus huellas de hermosura, sobreviviendo con el deseo de ser uno con ella. La poesía, ¿qué es? ¿Es el alma o es la vida? O es el alma de la vida, o quizá es también la vida del alma. Sí, sí, sí. Todo eso y más. Maravilla que Dios me regala, que me inspira en una dulzura inaudita. Sentado en mi silla, tecleo palabras y más palabras. Alegrías, miedos, estrellas, tiempo. Un poema es un cuerpo, y dentro de él está la plenitud que buscas.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gusta mucho lo que escribe.

Anónimo dijo...

¿Habrá quien no haya leído nunca una poesía?

Anónimo dijo...

A muchas personas no nos gusta la poesía, ni la política, ni los juegos de palabras, que tanto le gustan al nefasto ZP.

Anónimo dijo...

Esto es lo mejor que te he leído. Rodrigo.

Anónimo dijo...

¿Eres consciente de tu buena prosa? También Rodri.

Anónimo dijo...

No sé lo que será exactamente la poesía, pero sé que esto que ha escrito debe de ser algo muy aproximado.

Anónimo dijo...

La poesía está en nuestro interior, y desde ese interior se contempla lo "exterior" con una visión de completa consciencia cuando la persona tiene el don y la sensibilidad adecuadas.

Adela.

Anónimo dijo...

Tus manos presurosas se afanaron y luego,
como un montón de sombra, cayó el traje a tus pies,
y confiadamente, con divino sosiego,
surgió ante mi, tu virgen y suave desnudez

Tu cuerpo fino, elástico, su esbelta gracia erguía.
eras en la penumbra como una claridad.
Era un cálido velo, que todo te envolvía,
la inefable dulzura de tu serenidad.

Con el alma en los ojos te contemplé extasiado.
Fui a pronunciar tu nombre y me quedé sin voz...
Y por mi ser entero paso un temblor sagrado,
como si en ti, desnuda, se me mostrara Dios.

Manuel Magallanes