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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


miércoles 14 de octubre de 2009

“Los santos en la Historia”, de José María Montes




No estamos ante un tratado teológico o de carácter apologético (aunque puede que también). No es un denso tocho sólo destinado a presbíteros o asimilados, ya saben. Que me aspen si no se trata de un libro para saciar la curiosidad de todos. Y puede que algo más. Lo abres por cualquiera de sus casi ochocientas páginas -no se asusten- y muy pronto el lector comenzará a escuchar voces. Veamos: “¿Qué pasa, no vas a venir a cenar?”, “¡te parecerá bonito, unos trabajando y otros a la bartola de los libros!”. Como ven estas voces quedan lejos de lo místico, aunque vive Dios que nos santifican. ¡Y de qué manera! El caso es que hay que ir a cenar o comenzar a barrer por algún sitio.

Claro, de primeras tú ves el libro y cunden las suspicacias, o prejuicios. O sencillamente el precio. Pero esa mirada del arcángel San Gabriel de la portada intercede por el libro. Parece que nos dice: “Muchacho (o muchacha) mira bien lo que haces, porque aquí dentro está el verdadero tesoro de la humanidad”. Uno toma el libro y lo hojea mientras en un movimiento reflejo se palpa la cartera. Los santos en la historia (tradición, leyenda y devoción). Y llama la atención -para el lector suspicaz y para el avezado en estos menesteres- que la editorial no es precisamente pía. Alianza. Nada menos. ¡Menuda solvencia! Ojo, y no es que las otras no la tengan. Pero Alianza es mucha Alianza. Podríamos leer exclusivamente sus libros y ser los tipos más cultos del mundo.

Total, que ahí estamos, en la duda. “¿Me lo llevo o no me lo llevo? Desde luego es un regalo estupendo”. “Casi diría que es una inversión familiar”. Todos los buenos libros lo son, claro está. “Lo ponemos en la mesa de centro del salón y la curiosidad hará el resto”. ¿Lo compro? Pero dejemos que este ávido lector haga lo que quiera, tampoco vamos a forzarle. Sigamos. El libro no es común. Hace acopio de santas y de santos; y venerables y siervos de Dios; y santos vinculados y colectivos. En perfecto orden alfabético. Indicando cuando se celebra su fiesta, la iconografía y el patronazgo, si es que se da el caso. Con un cuadernillo -allá por la página 448- jugosísimo, lleno de imágenes a todo color. ¡Oh, esas piadosas estampas de nuestras abuelas!

Visto con frialdad estamos ante un diccionario enciclopédico de los santos de la Iglesia Católica. Pero es mucho más. Es la santidad hecha vida. De vida ejemplar, coherente con su fe. Y la santidad es el quicio del mundo. Se trata de la excelencia espiritual de mujeres y hombres que pueden servirnos de modelo, intercesión o quizá de una posible conversión, ¿quién sabe?. Es el heroísmo de las virtudes. El amor hasta las últimas consecuencias. Los santos no son sólo historia, ni son el adorno emperifollado de algunas imágenes. Los santos están vivos. Leer estos breves apuntes hace pensar en la medianía de nuestras vidas, seamos católicos o no. Algo ocurre. Hay que ser muy cretino y bobo para sentir animadversión por esta gente. Reyes, intelectuales, monjes, soldados, políticos, sacerdotes, niños, religiosas, hombres de campo, universitarios, ingenieros, educadores, escritores… En diversas épocas y lugares. Y el corazón se remueve. Definitivamente la cultura de la Iglesia es una cultura de santidad. Obras son amores.

Los santos en la historia, de José María Montes, es un libro hermoso, con enjundia, con vida. A mí me llena de esperanza, de fortaleza. No es mal libro para nuestro descreído tiempo.

14 comentarios:

Anónimo dijo...

". Reyes, intelectuales, monjes, soldados, políticos, sacerdotes, niños, religiosas, hombres de campo, universitarios, ingenieros, educadores, escritores…"

No lo pienso comprar, me asusta el precio. Pero si lo comprara, más que para leer vidas de santos ( que ya está bien de perder tiempo porque ya que no me hacen ni cosquillas) , lo querría para estudiar cuántas mujeres hay, cuántas religiosas, cuántas casadas, cuántas solteras... y cerciorarme de que esta iglesia es de, por y para los hombres.

Anónimo dijo...

Me has creado una necesidad que no tenía, lástima que el libro esté tan caro, creo que no podré comprarlo por lo pronto.

Clara dijo...

jeje, también utilizo la técnica de dejar un libro o revista en la mesa del salón para que pique la curiosidad.
¡¡Lo compro!! Es una inversión. La mejor.

Anónimo dijo...

Siempre me han gustado leer vidas de santos. Ahora estoy con una del cura de Ars. Es un género apasionante. Si tuviera una editorial dedicaría una colección a ello. Y no me iría del todo mal, estoy seguro.

Relicary's Blog dijo...

Me ha llamado la atención. Llegué al libro a través de la página de su editorial, y me ha hecho gracia que el mismo día alguien haya escrito sobre él.

Me lo tomo por la parte religiosa y por la histórica, ver que cosas son fruto de la cultura popuilar, cuáles tienen solidez. Lo apunto en mi lista de posibles.

Anónimo dijo...

Las abuelas , sin tanto leer ni tanto darle vueltas al asunto, sí que sabían.

Anónimo dijo...

Al primer comentario le diría que hay pocas mujeres santas porque las mujeres son todas malas, son la perdición del hombre, las que hicieron que nos echaran del paraíso, aliadas del demonio, eso es lo que son.
Las que dicen que son santas habría que verlo de verdad, cualquiera sabe si no estarán pudriéndose en el infierno.

Anónimo dijo...

Al segundo comentario:
Necesitamos muy pocas cosas para ser santos y desde luego que ese libro no nos hace falta.Guarde sus euros si le escasean.
Lo siento por la editorial, pero ellos( lo editores) son ricos, que empiecen a editar sin pensar en el negocio, entonces les defenderé.
Imprescindible (para ser santo) la Biblia. Y mucha oración. Todo lo que se encuentre de más será un regalo del Señor.

Anónimo dijo...

Estoy con Clara. Lo compraré.

Anónimo dijo...

Tengo la absoluta certeza: los santos viven entre nosotros. Conozco a unos cuantos.

Anónimo dijo...

Santos santos... De dinero y santidad , la mitad de la mitad.

Anónimo dijo...

Ni santos ni mucho menos santas. Existen en los libros y en los sueños, como las hadas, los gnomos, los ogros, las ninfas, los duendes y demás ilusiones infantiles.

Anónimo dijo...

Lo que conoce no son santos, serán bobos de solemnidad, como si los viera.

Anónimo dijo...

Si todas las mujeres son malas supongo que el comentarista hará un aparte para su mami, abuelas, y alguna tia o primita de muy buen ver. O para su amante esposa, o hijas o nietas.
O para la Virgen, que es mujer.

Karlos.