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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


lunes 12 de octubre de 2009

Necesitamos a María




Las cosas debían andar mal. O peor. El desánimo era evidente. Los pocos que le seguían dudaban. ¿Para qué seguir? Posiblemente era mejor dejarlo ya, abandonar, ir a cualquier otro sitio donde la gente fuera menos reacia a Dios, menos arisca. A su paso las puertas se cerraban y deambulaban los insultos de boca en boca. Se reunían en una rudimentaria casita cerca del río. Se miraban entre ellos como si no se vieran. Estaban muy cansados. Ni para rezar tenían ganas. Santiago lo intentaba. Intentaba rezar más, decir alguna broma, hablar con todos. ¡Dios, Dios! Tal vez fuera lo mejor, tal vez lo mejor fuera ir hacia otro lugar, puede que hacia el más cálido sur. Sacudir sus sandalias y seguir el camino. Lejos de esa tierra donde los hombres no querían saber nada del Señor. Algunas mujeres lloraban. Si Santiago se iba ¿qué iban a hacer ellos? Quedarían huérfanos. Se levantó el apóstol y los miró despacio, uno a uno. Allí estaban sus almas, desnudas para él, que tan bien los conocía. Tomó la palabra: “El Señor nos dijo que allí donde estuvieran reunidos dos o más en su nombre Él estaría entre ellos… Escuchadme hijos míos: el Señor está aquí, con nosotros. El Señor, sí, aquí… Nos está viendo, nos escucha, y llora con nosotros. Debemos aguantar. Somos hijos de Dios, queridos míos, y un hijo de Dios no abandona la lucha ni se esconde en un rincón. Un hijo de Dios no puede estar triste”. Le escuchaban boquiabiertos. El viento azotaba con endiablada fuerza las endebles paredes. Hacia frío. “Yo también estoy cansado”, dijo en un susurro. Y levantando la cabeza prosiguió: “Pero he visto con estos ojos cosas increíbles, he visto al Señor curar a un paralítico con una caricia, he visto resucitar muertos… ¡Tantos milagros hijos míos! Y he visto su mirada en mi alma, mientras ponía sus manos en mi cabeza. ¿Os dais cuenta? La mirada de Dios”. Agarró con fuerza su cayado. “¡Abrigaos bien y seguidme!”. Salieron fuera. Nadie. Unas nubes grises rondaban por el cielo. Y unos pájaros dibujaban desconocidas figuras sobre una cercana alameda. Nadie. Santiago se arrodilló, y después el pequeño grupo. La escena era o entrañable o sin ningún sentido, depende quién la presenciara. Pero no había nadie. Sólo ellos… y Dios. Y esos pájaros. Y ese cielo. Ese cielo… Santiago levantó la vista. No daba crédito a sus ojos. ¡Madre! ¡Madre! María estaba allí. Con ellos. De pie, sobre un pilar. Y es como si no hubieran pasado los siglos.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

IGUAL HOY ES MÁS DURO TODAVÍA, LAS ALMAS MÁS DIFICILES

Anónimo dijo...

Hay más almas retorcidas.

Anónimo dijo...

Y corazones como piedras.

Anónimo dijo...

Pero es cierto lo que usted comenta. Ya viene la Virgen. Nunca ha dejado de estar con nosotros.

Un baturro.

Anónimo dijo...

La única mujer con la que es bueno relacionarse es la Virgen María , Ella te ayuda a salvarte. Todas las demás te llevan al pecado.

Anónimo dijo...

Se necesita Madre Salvadora con urgencia para asunto de gravedad.

Anónimo dijo...

Dicen- y aportan pruebas- que no fue Santiago, sino Pablo quien anduvo por España.