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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


sábado 17 de octubre de 2009

Tiempo y literatura



Librerías desconocidas y estantes polvorientos. Libros viejos de editoriales que pocos recuerdan. Tiempo y literatura. Curiosidad insaciable. Soplas con fuerza portadas y lomos en una nube de palabras. Los dedos se van ensuciando. Escritores preferidos, ediciones raras e inverosímiles precios. Algunos sufren cierto deterioro. Sobre todo de humedad. Haces acopio de sangre fría; en situaciones así es mejor no mostrar un excesivo entusiasmo. Ya llegará el momento. En cuclillas hurgas por los rincones y hasta por el suelo. Entre una novela pornográfica y un ensayo de Sartre encuentras una primera edición de Gárgoris y Habidis, de Fernando Sánchez Dragó. Más allá ves la londinense y roja cabina de teléfono que era la entrañable portada de El factor humano, de Graham Greene. Recuerdas que después de comprar la novela -sería muy a finales de los 70- fuiste al cine. ¿La película? No llegas a tanto. Es curioso, el cine hace en ti poca mella. O una mella fugaz. De escasos detalles. Con la literatura es distinto. Títulos, personajes, autores, editoriales, pasajes, fechas, lugares de compra… Todo sigue ahí, como si el tiempo no hubiera transcurrido. Y en la misma colección y editorial ves el Retrato de un artista adolescente, de James Joyce, traducido por Dámaso Alonso. Lo leíste durante una Semana Santa, en una playa del Mediterráneo. Escuchas todavía el fragor de aquellas olas... al compás de la lectura. El cielo era gris y una vieja barca estaba varada en la orilla. A veces te subías a ella y seguías navegando la vida en compañía de Stephen Dedalus. Hacía agua. La barca. Como a veces la vida. Y el vuelo rasante de las gaviotas sigue cercano. Y prosigues indagando por los estantes y los paisajes y las librerías ubicadas en lejanos años. Salías feliz, cargado de libros. Tiempo y literatura. Es lo que era, y sigo siendo. Con un marchamo de experiencia y desprendimiento.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Seguro que no te desprendes facilmente de tus libros. Me juego lo que quieras. Luis R.