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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


jueves 8 de octubre de 2009

Un mundo infeliz (y II)



No respetar a los demás pasa factura. Antes o después. A la corta nos volvemos egoístas y huraños, irascibles y frívolos. Y a la larga los no respetados seremos nosotros mismos. ¿Qué haremos entonces? Los más débiles tienen siempre las de perder -niños, mujeres y ancianos-, en una sociedad tan acomodada y materializada que incluso incentiva la degradación más insólita y contra natura, con tal de conservar la desmesura de su presunto bienestar. Lo comprobamos diariamente en las noticias. Abuelos abandonados como perros, aborto criminal de críos, violencia doméstica, aberraciones sexuales como ejemplo sentimental, o eutanasia de aquellos que estorben (se vende como piedad).

Comprender el sufrimiento ajeno es algo que necesariamente nos implica. Pues nuestros actos han de ser coherentes con esa generosidad. Normalmente se trata de ceder en pequeñas cosas. Todos sabemos que una sonrisa en ocasiones es heróica, como lo es cambiar los pronombres: sustituir el yo por el tú o el vosotros. El sacrificio es claro. Pero ¿acaso existe algo que merezca la pena que no lo precise?

Nos conmueve el morbo teleparlante o los sentimientos más ajenos. Mientras que los problemas que tenemos más a mano nos traen al pairo, no vayan a complicarnos la vida. ¿Qué nos está pasando? Debemos reflexionar sobre este autismo egotista, sobre esta distorsión de la realidad que padecemos, que a la postre no es otra cosa que el reflejo de una grave carencia de amor. De un amor concreto, con nombres y apellidos, desprendidos al fin de nosotros mismos. En nuestra mano está cambiar esa actitud fría y distante que nos deja el alma exhausta, y con la que no alcanzaremos, ni de broma, un poco de felicidad.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Pero si los primeros que no respetan a los demás son los políticos. ¿Qué esperar de un país donde cada vez hay más políticos y funcionarios, donde el Estado -y estadillos- crecen más y más quitando toda la iniciativa al individuo?
Lucrecio

Anónimo dijo...

Si es que no tenemos remedio, no sé cómo se esfuerza, le admiro, créame.

Anónimo dijo...

Sociedad decrépita, pero los cristianos la vamos a rejuvenecer a base de oración.

Anónimo dijo...

Gran parte de la decadencia viene de una docencia sin valores y sin libertad. Porque no hay libertad de enseñanza.

Anónimo dijo...

Yo lo que peor veo es la apatía, bueno, y las pocas ganas de pensar.

Anónimo dijo...

Aquí no nos mueve del sillón otra cosa que no sea la fiesta, venga vestida de eslóganes bonitos, muy publicitarios, tipo "Tengo una corazonada"; o la juerga más sucia, vulgar y soez, ya sean la tomatina o la del perogrullo del orgullo.

Anónimo dijo...

Hoy toca fiesta, señores, miren que guays somos que vienen a vernos de todos los países habidos y por haber. Hoy toca fiesta.Todo el mundo a la calle, que lo manda la tele, que dice que andar disfrazado de fantoche, rebosando alcohol por las orejas y pringao de tomate hasta los huevos es muy divertido.

Anónimo dijo...

Y si usted no es feliz así es que no entiende, le recomendarán un prestigioso y carísimo psiquiatra que le dirá previo pago que, con toda seguridad, usted arrastra un trauma sexual desde la niñez y le recomendará mantener relaciones sexuales( la panacea, según todos los loqueros)con cualquier bicho viviente, o no.
Además le recetará medicamentos para llorar y no llorar, reír y no reír, dormir y no dormir,...para que vaya dominando sus sentimientos. Y, si no consigue convertirle en un zombi a base de pastillas, le ayudará a suicidarse tranquilamente.

Anónimo dijo...

Adiós