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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


lunes 30 de noviembre de 2009

“El lamento del perezoso”, de Sam Savage




¿Qué estás leyendo? Me lo preguntan con frecuencia y con curiosidad. La última vez hace quince minutos. Pues leer leo un montón de libros la verdad. Todo lo que puedo. No por afán erudito, eso lo tengo claro. Ni por presumir de algo, aunque de algo hay que presumir. Es una cosa distinta, que no sabría muy bien explicar. ¿Es acaso necesario? Pero puede que persiga la acción de la que soy incapaz, tan amante de mi casa y de las distancias cortas. O que sea otra forma de mirar. O que todo se reduzca a esos momentos de silencio donde estoy tranquilo y se escucha más nítido el murmullo del misterio que es la vida y su trajinar. Puede que sólo sea una excusa para ir por libre, o una coartada para que nadie me incrimine demasiado en el asesinato de la realidad. Quizá sea, pues eso, ponerse a soñar, o una manera como otra cualquiera de pasar el rato. Descargo la bolsa sobre la mesa. Libros. ¡Qué raro! Entre ellos uno recién leído, El lamento del perezoso, de Sam Savage (Seix-Barral). Un tipo de aspecto profético, como un redivivo Walt Whitman (hablo de aspecto). Después de leer su espléndido Firmin (2007) me dije que pasara lo que pasase -que ya es pasar- mantendría mi lealtad a un escritor que me hizo disfrutar tanto con tan poco (es un piropo). Todos los libroadictos, de una manera o de otra, nos sentimos reconocidos, pues como aquella rata de la historia hacemos la digestión de muchas páginas para poder sobrevivir, para darnos ánimos. El caso es que la rata Firmin y el perezoso Andrew Whittaker sospecho que son una buena parte del mismo Savage. Un tipo que suspira entre libros, que intenta ser feliz por todos los medios, aunque la vida le arrugue de cuando en cuando la felicidad. Y escribe para arraigarse en ella, en esa felicidad (‘si es posible lo imposible’, que dice un amigo mío un tanto escéptico); escribe para no resultar excesivamente amargo consigo mismo y con los demás. La escritura funciona como un desahogo, búsqueda, entretenimiento (“siempre me ha parecido que la gente que se aburre es porque no se fija en los detalles”) y, por supuesto, ensoñación. Es un mecanismo sencillo en su complejidad o complejo en su sencillez, tanto da. Como la vida misma. Escribe en El lamento del perezoso: “Si pudiera verme a mí mismo con claridad, por un momento”. No sólo el tiempo nos va desfigurando el rostro, ni el rostro es lo único que cambia. A los cuarenta y tres años, y de julio a octubre de un año que no sé, el insaciable escritor y editor Whittaker se pone a escribir una especie de diario. Toma nota de lo que ocurre por dentro y por fuera. A trechos parece que asistimos a una parodia autobiográfica. La escritura se convierte para él -puede que también para Savage- en un intento de que las penas con palabras sean menos penas. Quiere hacerse con la esperanza suficiente como para salir airoso. Escribe y escribe, para intentar entender algo. Como todos. El lamento del perezoso es un retrato y una “labor detectivesca” del yo y su particular agobio; siempre inconformista y sin dinero y ansioso de compañía (“¡qué suerte tan fantástica la de quienes viven en casas donde das un grito y alguien contesta!”). Savage, o Whittaker, no se esconde. Lo dice bien a las claras: “Mi novela, cuya intención era cómica, está convirtiéndose en lo que había previsto. Ha adquirido una pátina de desesperación que no creo que les parezca divertida a los lectores”. Y es la verdad. Y la comparación con Firmin es irresistible. Aunque sea injusto. Y yo seguiré leal a este escritor. ¿Por Firmin? Pues por Firmin. Y por algunas páginas de este lamento.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Por supuesto que lo compro, leí Firming gracias a tu recomendación y me encantó. Este no me lo pierdo tampoco

Anónimo dijo...

¡Viva Firmin! Es una novelita cautivadora. No sé esta nueva. Pero como usted viene a decir habrá que darle un voto de confianza.

Anónimo dijo...

Para Navidad. Edu.

Anónimo dijo...

Firmin me encantó. Pero no le veo a usted tan entusiasmado con esta otra novela. Si me aburre en las primeras páginas releeré Firmin, en compensación.

Anónimo dijo...

¡Qué dulce es una cama regalada!
¡Qué necio, el que madruga con la aurora,
aunque las musas digan que enamora
oír cantar un ave la alborada!

¡Oh, qué lindo en poltrona dilatada
reposar una hora, y otra hora!
Comer, holgar..., ¡Qué vida encantadora,
sin ser de nadie y sin pensar en nada!

¡Salve, oh Pereza! En tu macizo templo
ya, tendido a la larga, me acomodo.
De tus graves alumnos el ejemplo

me arrastra bostezando; y, de tal modo
tu estúpida modorra a entrarme empieza,
que no acabo el soneto... de per...




Manuel Bretón

Anónimo dijo...

Firmin es un buen libro menor. Leeré también este.

Anónimo dijo...

Me hice con el libro ayer. Y lo comencé a leer por la noche. De momento me gusta. Teo.

Anónimo dijo...

Me lo acabo de regalar. Reconozco que lo compro por Firmin y por lo que usted dice. Gracias. Adela.

Anónimo dijo...

Espero no me decepcione porque acabo de comprármelo.