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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.
lunes 16 de noviembre de 2009
Familia y más familia, ¿de qué otra cosa puedo hablar?
Nunca me canso de oírles. Bueno, tampoco digo toda la verdad. A veces -ustedes son conscientes- se juntan mil cosas y uno sólo desea quedarse solo, que por favor se callen; por favor por favor, que se vayan a la cama o a Cincinnati. Que me dejen con toda la vajilla sucia, que no ayuden más, que vale, que adiós, que seáis buenos, que yo me ocupo. ¡Paz! Pero lo habitual es el disfrute, las emociones fuertes. Dejarles hablar, que propaguen sus quejas o su entusiasmo. ¡Cómo parlan! Mujer incluida, faltaría más. Te ponen al día de los deportes, de los agravios y de la alegría. La vida en toda su pujanza y ardor. La intimidad del amor, de las confidencias más inesperadas. Esa chica, ese chico. Papito, papito. Oh, ¡qué bonito! Y de repente un grito. ¡No me toques o te parto la cara enano! Detalles de cariño. ¿No es enternecedor? La familia. Llama uno de los abuelos. Pásame el agua. No me canso de mirarles…, e imagino la ausencia, cuando ya no estén en casa. Quita, quita. Recuerdos. Al abuelo. Por eso no quiero que se me olvide nada de todo esto. Nada. Y memorizo sus gestos, sus miradas nerviosas y con cualquier excusa les cojo la mano unos segundos -¿qué haces?- o pongo la mía sobre sus cabezas. Me vas a manchar el pelo papá. ¿Puedes preguntarme biología? Os cuento. Y alguien cuenta una historia o un enredo o el enésimo chiste de Chuck Norris. O los planes del día siguiente, ni un minuto libre. Soy el encargado del estudio solidario. Cada hora estudiada es un euro que paga una empresa para gente que lo necesita. Vamos a sacar una pasta. Papá, ¿sabes cuanto mide el hombre más alto del mundo? Hay libros por toda la casa, ¿podrías…? Hablando de libros os recomiendo… Estaba hablando yo. ¿Puedes preguntarme biología? Yo voy a volver a leer La luz apacible. Jo, santo Tomás era la leche. Eso mismo: un santo. Era como un toro. Sí, sí, uno de los hombres más inteligentes de la historia, en efecto. Este sábado tengo partido. ¿Puedes preguntarme…? Todos a coro: ¡¡biología!! Un aplauso. ¿Habéis comprado La Gaceta? ¿Me tratas de vos? No te cansas. Y aunque te canses sabes que es un don que no puedes desperdiciar entre papeles o quejumbres. ¡Qué manía os ha entrado con La Gaceta! En la familia no hay intervalos que valgan. No hay detalles menores. Todo es mucho. Sin evasivas. Y escribes de lo que vives. Papá… Que sí, que ya, que vamos con la biología. ¿A que te gusta? Así hablamos. Claro hija, claro. Dame un beso, hoy te llevas tú el gato al agua.
Publicado por
Guillermo Urbizu
Etiquetas: Familia
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6 comentarios:
Se lo recordaré cuando hable de Blablatero.
Yo también voy a leer La luz apacible, la he comprado por mi cumpleaños. Que feliz coincidencia.
Sus artículos familiares son tan cercanos, tan normales y fidedignos que producen un consuelo entrañable y que es de agradecer. Algo tan habitual como la convivencia de una familia, ni más ni menos. Esa verdadera escuela de virtudes. Para los hijos pero también para los padres, que tantas veces no queremos aprender y aprovechar, desterrando a los hijos al ordenador, a la TV o a la Wifi. Que no nos molesten. Menuda idiotez irresponsable. Porque luego ya será tarde. La educación no conoce descanso y encima uno se lo pasa en grande.
Manoli.
¿Ustedes también leen La Gaceta? Es una de las pocas alegrías en este régimen zapaterista.
Muy bueno el guiño final al formidable programa El gato al agua. Todo el texto rezuma vida. Me ha gustado mucho. Como casi todo lo que escribes.
Cordiales saludos de Celia.
En la familia está lo que importa. ¿Para qué quieres más?
Ah, y el poema de ayer soberbio.
Vicente.
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