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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


lunes 23 de noviembre de 2009

“Las aventuras del caballero Trenk”, de Kirsten Boie



Todavía me parece escuchar la voz de mi madre. El cuento era lo de menos. Lo que importaba era la voz. Fuera de la casa rugía el viento y todo era inhóspito, sombrío y sospechoso. Pero aquella voz transmitía un refugio y una aventura. La voz de una madre contando un cuento a su hijo es el mejor libro -porque está vivo-, y no hay sonido igual. Bien tapado escuchaba y miraba atento a mi alrededor, dispuesto a defenderme de cualquier peligro que rondara por la habitación. Aquella voz transmitía valentía, y me regalaba la espada con la que yo guiaba a mis ejércitos. Y cuando todo terminaba, en la oscuridad de mi cuarto comenzaba lo mejor. Yo soñaba, continuaba, prolongaba la acción. ¡Ay, esos cuentos de la infancia que afianzan los sueños y a los que uno siempre quiere volver! Porque con los años se pierde nitidez en la mirada, y uno se acobarda, y no encuentra la espada o la imaginación. Dicen que se madura, pero el caso es que la narración de nuestras vidas está necesitada de una voz que nos cuente la verdad de las cosas.

Uno crece, pero el corazón cada vez añora más la niñez y primera juventud. En el fondo es por eso que leemos. Es una búsqueda constante de certezas, de cariño y de acción. Leemos porque no queremos dejar de soñar, y queremos volver a escuchar aquella voz y empuñar la espada de nuevo y cabalgar sin descanso hasta el mismo centro del alma. Leemos porque estamos desvalidos ante tantos peligros como acechan nuestros días -ahí fuera sigue todo demasiado inhóspito y sombrío-, y necesitamos volver a contemplar la felicidad como en realidad es. Por eso leemos. Para ser valientes de una maldita vez y enfrentarnos al dragón que ruge en nuestro interior.

Me gusta alternar muchos tipos de libros. Y no dejo de leer títulos que supuestamente van dirigidos a los más jóvenes, pero que bien pueden ser para las buenas gentes de cualquier edad. Y si uno tiene hijos pequeños o no tan pequeños la oportunidad es mayor. Y el solaz. Te das cuenta, en definitiva, que eres el que eras y que si te desprendes de todas esas pamplinas de adulto que tanta consideración merecen, descubres todavía a ese chaval estupendo y un tanto ingenuo y larguirucho que quería cambiar el mundo. Leyendo Las aventuras del caballero Trenk, de la escritora alemana Kirsten Boie (Salamandra) te das cuenta de esto y de mucho más. Según leía hubiera dado cualquier cosa para que este cuento fuera uno de los que me hubiera contado mi madre. Trenk de los Milgolpes es un chaval feliz, pese a las dificultades de su familia. Son muy pobres y están al servicio del malvado Wertolt el Cruel (que necesita un repaso pero que tampoco es tan malvado). Trenk es valiente y tiene un gran sentido de la justicia. Sueña con cambiar las cosas. Y como está dentro de un cuento muy bien pensado, acabará por conseguirlo.

Trenk se rebela. Quiere demasiado a su familia como para dejar que siga todo igual. Es valiente, no se arredra ante nada ni nadie. Quiere ir a la ciudad y, no se sabe muy bien cómo, acabar siendo un caballero como Dios manda, y enfrentarse al dragón del miedo y hacer de su mundo un mundo mucho mejor. Sin tanta pobreza ni tanto pánico. Pero en los cuentos, como en los sueños, todo es posible y acaba bien (si es que la persona que lo escribe es competente y no aguafiestas). No es cosa de poca monta los amigos que nuestro héroe va haciendo, de los que aprende un montón; y sobre todo el haber conocido a una chica estupenda -un tanto chicazo en apariencia pero más dulce de lo que se piensa- llamada Thekla de Granhonor, que maneja el tirachinas como nadie. Trenk se ruboriza y siente ese cosquilleo tan especial que nos gusta sentir a todos. Por lo menos una vez en la vida. Para que dure hasta el final del cuento y más allá. Porque esto de los cuentos no termina cuando cerramos el libro. ¡Qué va! Hay personas que no se enteran, o no quieren enterarse. Total, que merece la pena conocer las aventuras de Trenk. La escritora cumple, hace bien su trabajo (acompañado el texto de unas ilustraciones preciosas de Bárbara Scholz). Hoy más que nunca necesitamos caballeros competentes y buenos como Trenk y su descendencia. Lo digo porque sigue habiendo mucha pobreza y necesidad de justicia.

El libro Las aventuras del caballero Trenk es formidable. Desde los 10 años en adelante bien se puede leer. Yo tengo 46 y me lo he pasado fenómeno, sin contar todo que he aprendido, para intentar poner remedio a las cosas que vienen mal dadas. Porque dragones hay a montones. Todos los días en el periódico te encuentras unos cuantos de la peor calaña. ¿O no?

9 comentarios:

Anónimo dijo...

No pierda más el tiempo y despréndase cuanto antes de todas "esas pamplinas de adulto" , porque es ese niño, "ese chaval estupendo y un tanto ingenuo y larguirucho que quería cambiar el mundo" , el que enamora.

Anónimo dijo...

Tengo que decirle que el comentario que hace usted de este libro, de la literatura y de la niñez es muy bueno. Tan bueno que se lo he reenviado a algunos amigos y amigas, algunos de ellos profesores de niños.
Para hablar de un libro hay que interiorizarlo de esta manera.
Buenos días.

Anónimo dijo...

Lo compraré en cuanto pueda, para mis sobrinos.

Anónimo dijo...

A mí me encanta la portada, si todas las ilustraciones son como ésa voy a disfrutar como un enano (nunca mejor dicho), porque me lo pienso regalar.

Anónimo dijo...

Lo apunto para Reyes.
Y es una gozada como lo cuenta, hablando de cuentos.

Anónimo dijo...

Es formidable la manera que tienes de hablar de los libros. De lo más personal. Lo vives.

Hilda dijo...

Estimado Guillermo, quiero agradecerte la forma tan hermosa de enseñarme por medio de este blog el amor por los libros y la literatura. Solo un enamorado de ella es capaz de transmitir tan formidablemente el gusto por la lectura. Es un tesoro invaluable

Hilda

Anónimo dijo...

Es precioso de verdad. Grande y con un papel de gran calidad. Los dibujos son claros y atractivos para los niños. No sé si leérmelo yo antes de Navidad.

Anónimo dijo...

Quería decirle que hablara más veces de libros así, para niños o jóvenes.
Si por mí fuera debería escribir cada día sobre un libro. Imagine: 365 libros al año. Todo un diario de literatura del siglo XXI.