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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


miércoles 18 de noviembre de 2009

Ricardo de la Cierva, un maestro


Si andamos con prejuicios la verdad histórica (o la historia de verdad) se torna muy oscura, casi imposible. Cuatro envites o ardides demasiado trillados por el sectarismo característico de mentes triviales, o incluso muy agudas, pero nada dispuestas a ceder un ápice de su ideolomanía. Inteligencias presas por el qué dirán o por las fantasías de sus compañeros de viaje o por las muy abundantes prebendas. La verdad histórica, la entraña de lo que sucedió -sus causas, circunstancias y resultados- no se puede despachar con eslóganes o consignas mediáticas, según convenga a unos u otros; o con un batiburrillo de bibliografía a la carta. Eso, y nunca mejor dicho, es otra historia. O historieta. Yo no digo que sea asunto fácil. Driblar la opinión subjetiva en pro de la verdad histórica exige ya no sólo un rigor científico, exige una responsabilidad manifiesta y una finura de conciencia que no todo historiador posee. No se trata de derecha o de izquierda. Se trata de profesionalidad.

Siempre me ha sorprendido lo fácil que resulta denigrar el trabajo de los que no piensan como nosotros. Bah, es un estrafalario escritor, o ¿qué se puede esperar de un fascista? (hay palabras que se arrojan como dardos envenenados, que se escupen más que se pronuncian, sabiendo no ya sólo que se está faltando a la justicia y a la verdad, si no que hay una gran cantidad de personas que tragan con lo que sea). En definitiva, son los etiquetadores, los que ponen etiquetas a todo aquello que se mueve, los que señalan, para que luego los demás ni se molesten en leer o averiguar o estudiar o hacerse con un criterio propio. Se trata de una forma de manipulación, cualquiera se da cuenta. ¿Ricardo de la Cierva? En ciertos ambientes es como mentar al mismo demonio. Un profesor universitario me dijo de él -tendría yo 19 años- que era un “fantoche franquista”. No había leído nada suyo, pero me faltó tiempo para acudir a la biblioteca. Por carácter ese tipo de descalificaciones ad hominem, tan absurdas, me impelen a acercarme al vilipendiado, a curiosear sin remedio sobre su obra y su persona.

Desde entonces leo a Ricardo de la Cierva. No con la frecuencia que yo quisiera -dado que la literatura me copa el tiempo y algo más que el tiempo-, pero lo suficiente para darme cuenta de su entidad y prestigio, como intelectual íntegro y fascinante. Su capacidad de trabajo obnuvila a cualquiera. Tuve ocasión de entrevistarle en mi programa de Radio María durante un buen rato hará un par de años. Un tipo de ochenta años de lo más jovial. Respondió a todas mis preguntas extensamente, apasionadamente. Un maestro lúcido, que no insulta, que no trama; un verdadero enamorado de su vocación como historiador. Un gran especialista en la Guerra Civil española (puede que su biblioteca sea de las más completas sobre el tema), o en la historia de la Iglesia, o en la masonería, entre otras muchos aspectos de la historia moderna y contemporánea. Yo no tengo duda alguna de que, entre los vivos, es el historiador español más importante. Tal vez junto a Luis Suárez o José Orlandis o Miguel Artola.

Estas líneas quisieran ser un homenaje de lector. Sin despreciar a nadie. No me importa que me tachen de cualquier idiotez por reivindicar la excelencia de un personaje así. Y tampoco voy a ser de esos que esperan a que una gran persona se muera para mostrar mi admiración post mortem. Gracias a Dios está muy vivo, y sus libros no lo están menos. Me he comprado su trabajo sobre Indalecio Prieto y su conversión, pero ando leyendo estos días La infiltración (editorial Fénix). ¿Qué infiltración? Copio el subtítulo para los interesados: “La infiltración marxista y masónica en la Iglesia española y Universal del siglo XX”. En la contraportada del libro se nos dice que en una ocasión el Papa Juan Pablo II le hizo llegar por tercera persona el siguiente mensaje al autor: CANES DEBENT LATRARE (“los perros están para ladrar”). He aquí la respuesta. Brillante, contrastanto con datos la verdad de lo que ocurrió. Bien narrado. Que eso es la Historia.

14 comentarios:

Anónimo dijo...

Mientras hojeo historiadores y toma notas
un pajarito canta entre las hojas de una rama
y su canto
un silbido, tal vez una llamada
me saca de la Historia.

José Coronel Urtecho

delriofrancisco2a dijo...

Ricardo de la Cierva es el único historiador que se puede leer, con la tranquilidad de que lo que cuenta no se lo está inventando.

Anónimo dijo...

Me ha impactado que Juan Pablo II fuera lector de Ricardo de la Cierva. Por algo sería, porque el Papa de ignorante poco.
Y pronto beato.

Anónimo dijo...

Mi admiración por Ricardo de la Cierva. Su Historia de la Guerra Civil creo que es lo mejor que he leído sobre el tema. Y he leído bastante. Tiene usted razón Urbizu, hay que ser agradecidos.
Álvaro.

Anónimo dijo...

Quería también citar su biografía de Franco.

Anónimo dijo...

Prepárese una lengua pueblerina,
adóbese con léxico y gramática
y se obtendrá una parla burocrática
para aplicar a escuela y oficina.

Agréguese una banda que asesina
(mejor cuanto más vil y más fanática)
y, usando una envoltura democrática,
sofríase en Arana y su doctrina.

Salséese en historia victimista,
ligada con rechazo al forastero
y un cucharón colmado de Ibarreche.

Dos atentados más y estará lista.
Y, como Arzalluz es el cocinero,
se tragan la nación, y que aproveche.



MONCHO ALPUENTE

Anónimo dijo...

Este es ya un blog de referencia.

Al menos para mí.

Sólo hay que leerlo.

Firmado: Un político en activo. Excúseme el anonimato. Al menos por ahora.

Anónimo dijo...

CONSTRUCCIÓN NACIONAL
(Receta)

Prepárese una lengua pueblerina,
adóbese con léxico y gramática
y se obtendrá una parla burocrática
para aplicar a escuela y oficina.

Agréguese una banda que asesina
(mejor cuanto más vil y más fanática)
y, usando una envoltura democrática,
sofríase en Arana y su doctrina.

Salséese en historia victimista,
ligada con rechazo al forastero
y un cucharón colmado de Ibarreche.

Dos atentados más y estará lista.
Y, como Arzalluz es el cocinero,
se tragan la nación, y que aproveche.

Fray Josepho

Anónimo dijo...

Yo leí hace tiempo Las puertas del infierno. Recuerdo que salí estremecido de la lectura, no me lo podía creer.

Anónimo dijo...

Parece mentira que te guste un historiador franquista confeso.
Cuida no te atragantes.

Guillermo Urbizu dijo...

Tranquilo, que no me atragantaré querido lector. Digiero bien la letra impresa, y más cuando está bien escrita y escribe y dice lo que le peta, y se nota la verdad a cien leguas. Que es coherente y está bien fundada. Si es necesario beberé un poema lírico entre medias y seguiré con el señor De la Cierva.
Yo no sé si es franquista confeso o no. Lo que sé es que no engaña y saca brillo a datos muy contrastados. Tampoco quiere decir que leerle equivalga a comulgar con todo lo que dice o piensa. Leo demasiados libros y a demasiados autores como para ser tan necio. Pero me parece que hay que ser valiente y si te gusta este libro decirlo y si te parece un bodrio decirlo también. Aunque en España creo que hay demasiados intereses sectarios y de grupito. Y lo que puedan pensar de nosotros los demás nos hace cobardes e intelectualmente romos.
En fin, que un saludo, y que cada uno lea lo que de la gana.

Anónimo dijo...

Guillermo, gracias por tu honradez intelectual. También tengo tic por aproximarme a los vilipendiados con apriorismos que huelen a alcanfor. Es como un acto reflejo. Gracias también a Ricardo de la Cierva por contarnos las cosas, tal y como pasaron o por lo menos por intentar aproximarse, sin apriorismos.

Anónimo dijo...

Puede que su postura de reivindicar a este historiador le traiga consecuencias, pero sume a su blog un nuevo lector. Le felicito.

Salvador Díaz

Anónimo dijo...

¿Han leído ustedes su libro LA HOZ Y LA CRUZ? Me quedé patidifusa y deslumbrada. Genial.