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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.
martes 10 de noviembre de 2009
Se abandona la felicidad
Cuenta Chesterton en un artículo lo siguiente: “Si tuviera que escribir mi autobiografía en una sola frase, diría que mi vida literaria transcurrió entre una época en que los hombres habían empezado a abandonar la felicidad por desesperación y otra en que corren el riesgo de perderla por presunción”. ¡Caramba con este inglés tan lúcido! Lo acabo de leer en un libro titulado Por qué soy católico, felizmente editado por El buey mudo, del que hablaré dentro de poco. ¿Acaso no vivimos nosotros idéntica situación? El hombre parece empeñado en no ser feliz, en derrochar su herencia en bacanales de muy diversa consideración. Y, lógicamente, inicia el camino de la desesperación. De forma gradual pero contumaz. El hombre había puesto la esperanza en asuntos que han resultado ser una filfa, una trola, algo demasiado susceptible de amargura. Predomina en las vidas el pesimismo, ese estrés lleno de angustia y nimiedades. ¿Qué le ocurre a nuestra mirada que no es capaz de ver la constante maravilla de la vida? ¿Qué le sucede al alma que tantas veces se niega y denigra a cambio de cualquier ideología, vicio o bagatela? Es lo que tiene vivir entre mentiras. Al final uno se las cree, y piensa que la felicidad es cosa de poca monta; que de cualquier manera uno engaña a la conciencia y que podemos salir incólumes, sin un rasguño, de esa guerra. Pero no es así, ya lo creo que no es así. Todos podemos dar fe de ello. Esa comezón existe. Algo no va. ¿Qué hacer? En lo más recóndito de nosotros mismos sentimos la necesidad de volver al principio, de renovarnos, de hacernos pequeños, de pedir perdón, de comenzar de nuevo. Sentimos que la felicidad nos urge. ¡Son tantos los días y los años de frustración, tantos los camelos que nos han ido cautivando el corazón! Pero no son pocos los que no quieren saber nada, aquellos para los que la felicidad es sólo un señuelo para hombres débiles y mohínos, demasiado sensitivos o católicos o románticos, indignos de su naturaleza superior. Un concepto vago e inútil, piensan, poco menos que un mito alimentado por las religiones y los cuentos de hadas. ¿Quién es feliz?, preguntan impertérritos. ¿Acaso los que lo fían todo a Dios? La vida es sólo un drama que hay que representar. Soberbios tuercen el gesto, y se escabullen en un rictus hiperbólico. Entonces, ¿el hombre no está hecho para ser feliz? Yo más bien diría que el hombre no está hecho para ser infeliz. En si misma la vida es una constante felicidad que sólo el hombre se encarga de fastidiar, legislar, torturar, acribillar, sojuzgar, condenar o abortar. Entre otras lindezas. Pero sobrevive a todo, y vuelve a germinar en las cosas sencillas. ¿Quién no es testigo de ello, de ese anhelo, de esa emoción, de esa pureza que bulle en nuestras vidas?
Publicado por
Guillermo Urbizu
Etiquetas: Reflexiones
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5 comentarios:
Me ha parecido memorable, escrito de maravilla, yendo al fondo del lodazal, buscando aguas limpias. Lo tengo impreso y lo voy a distribuir en mi trabajo. Es un orgullo poder leerte. Román.
Sólo puedo decirte que gracias por hacerme ver que igual estoy dejando de lado cosas que no debería, lo que es mi felicidad y la de mi familia. Gracias.
"Decálogo para actuar con esperanza".
1. Amarás al que llame a tu teléfono, a tu puerta, a tu corazón.
2. Escucharás con respeto sin pasar jamás factura.
3. Acogerás a quien te precise, siendo misericordioso con él y contigo.
4. Serás hermano universal y no pondrás condiciones a quien te necesite.
5. Actuarás con urgencia porque la indefensión no espera.
6. Confiarás en la capacidad y en las posibilidades de quien llama y se acerca a ti.
7. Potenciarás la libertad, respetarás la autonomía, porque toda acogida abre horizontes, no los cierra.
8. Defenderás a quien no puede defenderse, buscarás la paz en la justicia, optarás por la vida.
9. Serás solidario, respetuoso, compasivo, porque hay una hermosa pastoral que nos urge: la "pastoral samaritana".
10. Recordarás siempre que no estás solo. Otros muchos trabajan contigo por un mundo más humano y más cristiano.
Para ser feliz también hay que empeñarse en serlo, poner los medios y no dejarlo todo al albur de la casualidad, de las cosas o de los sentidos. Hermann.
Bien que haya que empeñarse, pero también hay que reconocer que la felicidad plena no se alcanza en este mundo.
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