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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.




miércoles, 9 de diciembre de 2009

Carta de amor a la Literatura



Querida Literatura:


Lo que disfruto contigo. Te leo de día y de noche. Incluso en sueños te busco. No dejas de contarme aventuras y de cantarme el himno y elegía de las cosas. Porque eres una parte sustancial de mi vida, que lo sepas. Las palabras son tu piel, pero yo siempre busco el alma, el trasfondo, el pulso último de todo (ojo, sin dejar de lado esa piel que acaricio con impaciencia). Te subrayo y aprendo de memoria, y escribo al margen, con letra muy pequeña, lo que opino de ti a cada instante. Y haces que me estremezca con frecuencia, o que no me entere del tiempo, que según pasa me hace más fuerte. Me quedo a tu lado, mirando más que leyendo, admirando en tu silencio el significado de tierra, aire, agua y fuego, y de la naturaleza sagrada del hombre. Es el estilo y es el ritmo, es la poesía y es la prosa, es la trama y es lo que sugiere. Inmensos océanos de palabras por los que navego, entrañables paisajes, confidencias y desasosiegos. Es la intimidad de un amor y su cauce. Es la luz y es la sombra que conforman este corazón de carne y celo. Nunca tengo bastante contigo. Nunca. Y bebo de esa sed, y anhelo estar a solas con esos libros que escribes. Ay, querida amiga, no estoy solo. Me acompañas donde voy, donde estoy, donde vivo. Y descubro que apenas he entrevisto un poco de lo que eres y de lo que soy yo mismo. No dejo de contemplarte… Eres tan perfecta en tus imperfecciones, eres tan buena compañía, tan complaciente. Me haces pensar y me entretienes, y alivias mi tribulación con un verso o con una frase. En ocasiones me zarandeas con razón para que no me conforme o despierte de la costumbre. Otras, dejas que te vea del todo desnuda, entera: tan bella, tan misteriosa, tan poesía. No necesito estudiarte, me basta con amarte. ¿Quién me lo podrá impedir? Y te llevo conmigo al sofá del salón o a los pies de un sauce. O de madrugada paseamos por las intrigantes calles de Londres o viajamos hasta las más lejanas estrellas. O en la cocina damos vueltas a una idea que un amigo común tuvo allá por el siglo XV. ¡Te debo tanto! ¿Cómo agradecerte todos esos momentos de suspense o maravilla? ¿Qué decirte? Y no son pocos los que te mancillan. Pero mejor no hablemos de ello. A lo nuestro, a lo nuestro. Con esta intimidad tan de mi gusto. Y mientras viva te acariciaré con los ojos. No dejo de pensar en ti. Cuídate mucho.

6 comentarios:

Literatura dijo...

Gracias por tus palabras

Anónimo dijo...

Está claro, Literatura, donde no te necesitan estorbas.

Anónimo dijo...

Precioso de toda preciosidad. Se lo he leído a mis hijos mayores, que no valoran nada la literatura. Le felicito. Delia.

Anónimo dijo...

La literatura es uno de los mayores dones del hombre. Leer, tener en las manos un gran libro. Eso es algo increible.

madison dijo...

No sabría decirte las veces que he leido esta carta.

Anónimo dijo...

Se lo digo en serio, esta carta es una obra maestra.



Daniela.