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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.




sábado, 19 de diciembre de 2009

El laberinto de los regalos

¿Qué pedir? ¿Qué comprar? ¿Qué regalos podemos hacer? Si lo tienen todo. Si lo tenemos todo. Si lo que necesitamos de verdad es tiempo para disfrutar de esas cosas que regalamos y nos regalan. ¿Qué le hará ilusión? No sé, no sabemos. Ni siquiera él lo sabe. Ni ella. Si le preguntas dirá que quizá lo mejor es la sorpresa, lo que tú quieras. Nada, un detalle cualquiera. Y ahí estás. Ahí estamos. En el aprieto de lo superfluo, de tanta gente que viene y va en los comercios. ¿Qué le gustará? Venga, vamos. Señora, no empuje, que hay para todos. Y aceleras el paso, y la cabeza, en busca de algo que le agrade. Ya verás si le das dinero que contento o contenta se pone. ¡Qué dices! Eso ni de broma. Y prosigues el calvario. Tienda a tienda. Dudando siempre. A mí sólo se me ocurren libros, lo siento. Y con el plus de que me dejen tranquilo leyendo a veces. Es todo lo que pido, y ya sé que soy limitado y monocorde. Y negativo. Vale, vale, es verdad, debo pensar en los demás. ¿Y ese sombrero? Mira, mira este brazalete. Es bonito. ¿Caro? Pues claro, por eso reluce tanto. Voto por unas películas del Oeste y unos cómics. Para empezar y darnos ánimos. ¡Qué original! Entonces ¿qué? ¿Abalorios tecnológicos? ¿Fruslerías que a los dos días se olvidan en el limbo de los cajones y armarios? No digas tonterías. Dudo si en nuestra sociedad hay ilusión por algo. Es una sociedad saciada y a la vez insaciable. De bobadas por supuesto. Filosofías. Bueno, filosofías. Por eso creo que lo mejor es un libro para cada uno. Pesado. Menos para ti, cariño. Para ti no hay libro que diga lo que te quiero. Para ti unos zapatos, unas medias y un vestido. Y un bolso a juego con lo que digo. Y una chaqueta y un abrigo que te abrigue del miedo. Y una pulsera y un reloj que te diga la hora del cielo. No sé ni lo que digo entre tantas luces. Pero ya me entiendo. Imposible comprar nada contigo. Bueno, pero estamos juntos ¿no te parece?

15 comentarios:

Anónimo dijo...

La vida está llena de regalos. Encontrar a Cristo es, sin duda, el gran regalo de nuestras vidas. Toda la creación, nuestro ángel de la guarda, la vida, la belleza, el amor de los que amamos, nos aman o amaremos son los demás. Como a cualquier regalo, eres muy libre de aceptarlos o rechazarlos.

Anónimo dijo...

He comprado estas fresas para ti.
Pensé traerte flores,
pero vi a una muchacha que mordía
fresas en plena calle,
y el jugo espeso y dulce
corría por sus labios de tal modo
que sentí que su ardor y avidez
eran como los tuyos,
imagen misma del amor.

Hemos vivido años
luchando por vientos acres,
como soplados de las ruinas;
mas siempre hubo una fruta,
la más sencilla,
y hubo siempre una flor.
De modo ue aunque no sean
lo más importante del universo,
yo sé que aumentarán el tamaño de tu alegría
lo mismo que la fiesta de esa nieve que cae.
Nuestro hijo la disuelve sonriente entre los dedos
como debe hacer Dios con nuestras vidas.
Nos hemos puesto abrigos y botas,
y nuestras pieles rojas y ateridas
son otra imagen de la Resurrección.
Criaturas de las diásporas de nuestro tiempo,
¡oh Dios, danos la fuerza para proseguir!
H P

Anónimo dijo...

Un día para extirpar del almanaque. Uno de esos
en que ya levantarse se convierte en una carga
y después todo transcurre como un cólico.
Algo a tachar de la agenda, una cita inoportuna.
Sentado en la cocina, fumo y pienso:

¿Y si hubiera muerto años atrás?

Durante la infancia, caído del árbol.
Ahogado aquella tarde en el mar.
En el quirófano.

Los almendros desnudos de ayer hoy no florecerían
ni un sol vacilante avivará despacio las cosas.
No nos habríamos conocido
ni compartido una charla, un café, un abrazo.
Tampoco ahora fumaría mientras pienso
que ha sido todo un regalo desde entonces, siempre.

La vida, los almendros y tú.
Cada latir, cada minuto, cada día. Este día.

Un fascinante regalo.

JRM

Anónimo dijo...

Son un don. Un regalo inmerecido tantas veces. Ahí están. Siempre dispuestos a escucharte o a darte la mano en los momentos más complicados. En la amistad uno se siente amado, guarnecido de tantos obstáculos ácidos como nos asaltan en el tiempo. Su afecto es una intimidad impagable, sin alardes. Una conversación donde las palabras van gestando la redención de un abrazo. Porque un amigo es sobre todo un abrazo que escucha...

Anónimo dijo...

Suponiendo que un hombre, una mujer
parten de puntos divergentes, dispersos en un plano,
lugares que se ignoran entre sí,
y a la velocidad del entusiasmo
emprenden la aventura, se ponen en camino,
van por ahí remando en aguas turbias,
van por ahí escuchando el vasto germinar de las semillas,
al acecho, en sigilo, ahuecando la tierra a la esperanza,
suponiendo que trazan trayectorias de curso irregular,
cada cual a su amor, virando al viento,
quebradas trayectorias cuyo sentido puede
al mínimo temblor girar hacia el vacío,
suponiendo el afán, la búsqueda, la sed,
el ensueño del goce, la ilusión y la ausencia,
calculemos, a golpe de intuición,
cuántas veces tendrán las trayectorias
que cruzarse en el brillo de unos ojos,
unos labios que invitan, unas manos que asienten,
para incendiarse a un tiempo, hombre y mujer, sembrar la tierra
de llamas como ráfagas de lluvia.

EG

Anónimo dijo...

Lo que importa es estar juntos, eso es cierto. Lo demás es accesorio.

Anónimo dijo...

Cuando te conocí
no pensaba en aniversarios,
ni en los años que fueran a venir. Pensaba
sólo en ti,
en ese instante en el que estaba a solas
contigo.

Antes o después de la boda eras -y eres siempre-
mi presente,
la noticia más importante del día.
Y de la noche.
El argumento de mi vida
y el color de la hierba.
La luz
y la rima de tus labios
y la misericordia de Dios
y el sentido del poema.

Allá donde estoy estás tú,
conmigo.
Lo noto cuando escribo
y las palabras me hablan de ti y me cuentan
lo que sueñas.

Aunque no me veas te miro
y admiro tu blanco perfil y la transparencia
del alma niña que camina de mi brazo
por la avenida de los tilos.

¿Qué quieres que te diga?
Para mí es hoy el primer día.
Es como si acabara de estrenar la felicidad.
GU

Anónimo dijo...

Cosas. ¿Sólo cosas?
¿O significan algo?
Signos, indicios, formas.
Envuelta en la piel del papel
está su materia. ¿Qué oculta
el papel, qué la materia?
Se sopesa y se dilata
en el tiempo la sorpresa.
Se espera de improviso
el prodigio del universo.
¿Qué habrá dentro? ¿Qué?
Esa es la cuestión de todo.
¿Qué habrá dentro del don?
¿Qué habrá dentro
de la vida que nos envuelve?

GU

Anónimo dijo...

Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es c
omponerse
de días;que es lóbrego mamífero y se peina...

Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,su fórmula famélica de masa...

Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona...

Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza...

Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo...

Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente...

Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito...
le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué más da! Emocionado... Emocionado...

CV

Anónimo dijo...

Es bonito regalar, mucho más que ser regalado, pero sí que es verdad que es un poco agotador. Pepe.

Anónimo dijo...

Por Dios, las compras, los regalos, el comprar por comprar... Yo no puedo con eso. Me supera. Será que no le veo la gracia.

Anónimo dijo...

Fue sin querer...
Es caprichoso ¿el azar?.
No te busqué
ni me viniste a buscar.
Tú estabas donde
no tenías que estar;
y yo pasé,
pasé sin querer pasar.
Y me viste y te vi
entre la gente que
iba y venía con
prisa en la tarde que
anunciaba chaparrón.

Tanto tiempo esperándote...

Fue sin querer...
Es caprichoso ¿el azar?.
No te busqué
ni me viniste a buscar.
Yo estaba donde
no tenía que estar
y pasaste tú,
como sin querer pasar.
Pero prendió ¿el azar?
semáforos carmín,
detuvo el autobús
y el aguacero hasta
que me miraste tú.

Tanto tiempo esperándote...

Fue sin querer...
Es caprichoso ¿el azar?.
No te busqué,
ni me viniste a buscar.

Anónimo dijo...

Y llego a un punto y aparte. Y levanto los ojos
de las Cinco grandes odas, de Paul Claudel,
para posarlos en las arborescencias del mediodía
que tienen forma de rosa, o de fogoso clavel.
Los poemas no surgen de las palabras. Están
en ésta luz que me encandila.
Pero no doy con la clave que abra el significado
de las lilas, o el fulgor de tus labios embravecidos de carmín.
Creí que la literatura era el quicio de mi vida.
¡Cuántas tonterías se le enredan a uno entre los días!
Y he llegado a este punto y aparte, incandescente,
porque después de él estás sólo tú. Conmigo.
Y el texto es ya todo de sol, con esos diamantes
que se desprenden de su luz...
Palpita tu pulso en la respiración de la brisa
y me ofreces a Dios en tu propia piel.
Cierro los libros y abro con mi lengua
el alfabeto de tu boca
en un silencio que se prolonga por los siglos.
Amor mío, abrázame a la resurrección de tu cuerpo
y no me dejes solo nunca.
GU

Anónimo dijo...

Hay cuchillas que habitan los pliegues de la ropa,
caballos que reposan en la piedra,
tiburones con fauces de niebla y ojos fríos,
burbujas que en el aire se irisan en añil
hasta estallar al roce de la arena

porque aún no has llegado, porque vienes
camino de otra parte, porque llegas
con el negro del luto, con el blanco nupcial,
con un ramo de rosas deshojado en la mano.

Hay cenizas ardientes que adormece el rocío,
solemnes las sirenas de los transbordadores,
hay polvorientos cauces que se ahogan de sed
y aves ciegas que vuelan en círculos, cetáceos
encallados en rocas de hielo a la deriva

porque vienes remota, prisionera de un viento
del desierto que borra las huellas de los pájaros,
porque a mí te encaminas con los ojos ausentes,
con los pasos sin huella de las apariciones.

Pero hay también tambores que invitan a la danza,
el eco de la risa retumba en el espacio,
hay pájaros que beben en los poros del aire,
un niño y una niña que juegan a los médicos
y el clamor de la jungla al despertar


porque ya vas salvando el horizonte,
vas ajena infiltrándote en mi piel,
ya en tu ausencia la carne se abre paso,
la orquesta preparada, los globos de colores,
y a tu encuentro me brotan los leopardos
porque tú eres mi fiesta, mi centro y mi agonía.

EG

Anónimo dijo...

Me gusta la del vestido naranja.