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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.




martes, 29 de diciembre de 2009

Más libros para regalar en Navidad, Reyes o cuando bien apetezca (V)


Es cuestión de buscarse un buen rincón. Huir del mundanal ruido. Esconderse sólo un rato, retomar fuerzas y aliento. Para seguir con el turrón y las inagotables cuñadas. Buscarse un rincón propicio, cómodo -si es posible-, y tras un largo suspiro abrir el libro que siempre llevas contigo. Unas líneas sólo, un poema, unas pocas palabras… Pero lo que más cuenta es el silencio, y este provisional y solitario reducto. Llevas encima el poemario Aquí, de la nobel polaca Wislawa Szymborska (Bartleby editores). Vives unos meses en los que esta mujer te salva de lo prosaico, y cultivas su compañía con esmero. Buscas todos sus libros traducidos al español. Te has hecho con el inencontrable Poesía no completa (FCE) y sueñas que alguien edite sus completas, todavía incompletas, gracias a Dios. Sueñas un único libro con ella. Te gustaría escribir así de sencillo, sin palabras de etiqueta, y poco a poco ir ahondando en la verdad de tu vida y llegar a alguna conclusión válida, que te sirva en este rincón o en medio de la calle. Lo último que he adquirido de esta poeta son unas prosas, que parecen escritas ahora mismo, recién salidas del alma, de su propio rincón. Lecturas no obligatorias (Alfabia) son una manera de no estar solo, un intento de comprender las cosas. Una vez más.


Desde niño soy devoto de Oscar Wilde. Alguien que a esas edades te hace llorar no puede ser un mal tipo. En el principio fueron sus cuentos. El príncipe feliz y otros cuentos. Y comencé a tratarle. Sus poses de dandy eran poses, pero sus palabras contaban unas historias maravillosas. Su alma era de poeta, y su sensibilidad se defendía del mundo con frases llenas de ironía. Odiaba lo vulgar, el nepotismo de lo mediocre. Ese mundo lleno de mentiras (él no estaba libre de ellas) que le llevaba a escapar de contínuo, buscando su utopía. ¿Era la belleza su máximo afán, como parecía? ¿O era el amor? Era un inconformista nato, rebelde a una sociedad necia y patética. Su obra es una estética, pero también es una ética, un responso moral de toda una época. Wilde era un hombre que por encima de todo necesitaba ser querido. Afirmarse en el amor, Dios incluido, con sus dudas, con su tortura y dolor. La literatura era un instrumento. Pero ¡qué instrumento! Leí muy pronto todo Wilde. Y recuerdo que por entonces dio inicio mi fascinación por El retrato de Dorian Gray, que ahora reedita Mondadori, con la ejemplar traducción de Alejandro Palomas. Es una de las más bellas y profundas novelas que conozco. ¿Qué identidad es la nuestra? Envejecemos y no nos gusta. Hemos de morir. ¿Qué belleza es la verdadera? ¿Esa exterior de piel y rasgos más o menos resplandecientes que se van arrugando, o esa otra interior que alcanza cotas divinas? Wilde no era precisamente un superficial. En su alma había una constante batalla. Se consideraba débil, pero su obra demuestra un triunfo magistral. A mí me basta con la Balada de la cárcel de Reading (Hiperión) y con esta novela, que con tanto placer hubiera leído nuestro Jorge Manrique. Por otra parte recomiendo la lectura de Oscar Wilde en París, que ha escrito el norteamericano Herbert Lottman. (De Lottman lean por favor su biografía de Gustave Flaubert). Wilde amó a París, fue su reducto, su escapatoria, su rincón preferido.


Para terminar por hoy quisiera hablar de dos libros. Una novela: La sombra de Masada, de Javier Arias Artacho (Libros Libres), que me ha sorprendido por su madurez narrativa. ¡Qué bien ha sabido contar esta historia donde las legiones de Tito se enfrentan al último reducto judío! El ritmo es una locura de acción, pero lo que más me gusta es alto registro que logra mantener el autor, sin desmayos. Es un libro que me parece muy recomendable para gente joven, que tanta veces piensa que la calidad está reñida con el entretenimiento y la reflexión. El otro libro son las Novelas cortas, de Iván S. Turguénev (Alba), el más europeo de todos los escritores rusos clásicos. Una especie de anticipo de Nabokov. Estos relatos son lo más granado de su escritura, lo más ágil y vivaz, lo menos retórico. Como dice el traductor y prologuista Víctor Gallego “Turguénev no tiene la profundidad de Tolstoi ni la angustiosa clarividencia de Dostoievski, pero los cuadros que presenta no son menos turbios y catastróficos”. Y hermosos. “Remanso de paz” y “Primer amor” son verdaderas joyas de la literatura del XX. Y hablando de rusos. Siempre se está a tiempo de leerlos y releerlos. Pero a veces hay libros que se esconden un poco más, entre el resplandor de tanta obra maestra. Es el caso de los Diarios de Tolstoi (Acantilado). Estoy leyéndolos ahora y no tienen desperdicio. Agudeza y confidencia. Rastros de vida, opiniones literarias... Un gozo para el que lo sepa apreciar.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo este año le he pedido a los reyes unas botas de agua. Si sigue lloviendo le pediré una canoa. Para leer ya tengo lo que no seré capaz de leer ni aunque viviera cien años.

Anónimo dijo...

Me he comprado esta mañana La sombra de Masada. y con el libro en la mano me he ido a un bar a tomarme una cerveza. Salud y feliz año 2010.

Anónimo dijo...

El peligro de sus reseñas es que un lector normal y corriente como yo, puede pensar que el libro que recomienda es sólo "para el que lo sepa apreciar".

Anónimo dijo...

He visto en El Corte Inglés varios libros de la editorial Alba. Realmente son preciosos. No sé cuál comprarme. Me apetecen todos. Gracias.

Anónimo dijo...

Me gustaría leerle más poemas. Perdone la molestia. Carmen.

Anónimo dijo...

Leí hace muchos años "Primer amor" de Turguenev, y recuerdo que me encantó, pero no he leído nada más suyo. Puede que me haga con ese libro de sus relatos.
Feliz año. Valentín D.