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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.




lunes, 14 de diciembre de 2009

“Troppo vero”, de Andrés Trapiello



Una cosa es clara. Cada uno se entretiene en esta vida como quiere. O como puede. Yo leo. Además de quedarme absorto en lo que menos pudiera imaginarse. Pues eso: leo. Y leo de todo. Palabras y demás silencios al margen. Procuro un mínimo de calidad y me dispongo a pasar las horas en los diferentes rincones de mi casa, o donde sea, tal vez en una plaza o con mis suegros. Hace un momento he abierto por una página cualquiera los Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila (desde que lo recibí, leí y reseñé lo llevo siempre encima, lleno de señales y marcas) y vean lo que dice: “El día se compone de sus momentos de silencio. Lo demás es tiempo perdido”. ¿Exagerado? No sé, pero no me negaran que resulta subyugante. Porque al final ¿qué queda? Quedan esos momentos en los que lees, escribes, piensas, miras, imaginas, rezas o fantaseas. Quedas tú, a solas. Y esa espuma que ha dejado en ti la marea del tiempo, y su oleaje. Y el lenguaje que habitas. Aunque a veces cuesta soportarte a ti mismo, y en otras ocasiones disfrutas con esos poemas o esos sonidos o esa hiedra tan verde.

Y siempre me he imaginado a Andrés Trapiello (1953) un poco así, solazándose en cosas pequeñas (o menudas, como él escribe), desbrozando el silencio con parsimonia y con esa caligrafía que dibuja esbozos del alma en su acontecer cotidiano. “No hay nada tan ameno como ver una nube montada en las aguas de un charco o de un lavajo. El camino a la eternidad”. En Las Viñas o en su casa de Madrid o de viaje o en el Rastro, hurgando entre infinidad de libros y emociones. Eso y también el testimonio de conversaciones varias y acontecimientos literarios. Y su familia, y sus amigos. Y las pertinaces tonterías de algunos. Y el propósito: “He de ser bueno y sencillo”. ¿Será posible? La literatura que lo inunda todo, que lo empapa. Vida y literatura. Concienzuda obra que late y que va cobrando altura y densidad y arte. Vida, sí, una vida que no puede pasar sin la literatura y sin la poesía, que no sé si se trata de lo mismo o de todo lo contrario. Diario y novela. Y elegía. Y ventanal por donde el lector se asoma con una curiosidad impaciente. Le sabe sacar el jugo al zumo de la luz o al canto de la nostalgia que sale del gaznate de un pajarillo. El mundo -¿qué si no?- es el Salón de los pasos perdidos, que el autor va recorriendo con más o menos ganas. Intimidad y ruido. Mujer e hijos. Donde uno se cansa de tanto trasegar, o descansa trajinando confidencias y confesiones por escrito.

Ante la entrega del último volumen -el dieciséis- de su diario: Troppo vero (Pre-textos), el lector disfruta de “lo de siempre”. La novedad suprema es la vida, que prosigue su andadura, que nos cuenta de sus achaques y experiencia, de reencuentros y paradojas, en su novela o diario o “diarivela” o lo que sea, en el año de Nuestro Señor de 2002. Escribe: "Esto no es, como creíamos, ni un diario ni una novela. Ni siquiera una dianovela o un novelario. Esto, señores, no es más que un vidario, el lugar en el que concurren los sueños y las vidas de las gentes, de modo que podríamos también apodar a su autor como el 'soñabundo'". He de confesar que yo disfruto mucho con esta magna obra que es ya el Salón de los pasos perdidos. Trapiello tiene el don de hacernos felices con los libros de esta serie, con palabras que nos envuelven. Uno se siente bien entre sus lares, disfrutando de lo que a uno le gusta (familia, libros, paisajes, etc.). Merodeas tranquilo, observas, y te deleitas en una frase cualquiera, donde te reconoces. Habrá quien piense que sobran páginas, que es todo un desmesurado exceso. ¿Y qué es la vida si no un exceso y una desmesura? ¿Y qué es la literatura más que el intento de interpretarla o contarla como a cada uno Dios le da a entender? Aquí hay de todo: enumeraciones, descripciones, conversaciones, anécdotas… Y de pronto esos pasajes que son verdaderos poemas en prosa (o prosa lírica). “Las tímidas, las frágiles, las erubescentes amapolas, el descaro de los campos de heno, el rubor de las cunetas”. En fin, la vida vista por un buen escritor. Intentando que no se escapen del todo los días y sus signos. Les aseguro que no cansa, es más, crea una definitiva adicción. Prueben. Lean.

PD. Y de postre la editorial Pre-textos ha editado Vidario. Se trata de un conjunto de opiniones y breves ensayos escritos por rendidos admiradores de esta aventura, que calibran matices y dicen lo que supone para ellos Salón de pasos perdidos en la literatura española, celebrando sus veinte años de vida escrita.

18 comentarios:

Anónimo dijo...

Dan ganas de leer este diario. Ahora mismo no estoy leyendo ningún libro y estaba pensando en hacerme con uno para Navidad. Pero me voy apuntando los títulos que me aconsejan o que leo por los periódicos y revistas y no me decido por uno en concreto. Eso sí tiene que ser literatura amena. Para aburrimientos me sobran. Saludos. Carlota.

Anónimo dijo...

Me has convencido. Sobre todo por lo bien que lo has escrito. Feliz Navidad.

Anónimo dijo...

He leído un par de novelas de Trapiello. Una de ellas era Al morir don Quijote, que me pareció excepcional. La otra, El buque fantasma me pareció más floja. Sé que escribe diarios, pero no me ha dado la vida para entrar en ellos. La madre de un amigo mío es una forofa de este autor, sobre todo de esos diarios.
Su crítica es muy ilusionante y atractiva, me ha llamado mucho la atención y es por esto por lo que escribo este comentario. Puede que me decida a leer Troppo vero.
Le quedo muy agradecida. Luisa.

Anónimo dijo...

Soy la misma Luisa de antes. El gran problema de los lectores de hoy es qué libro elegir ante el casi infinito panorama de títulos. Cuando entro en una librería me llevaría una docena, pero ni tengo dinero para tanto ni tiempo.

Anónimo dijo...

Luisa, quien dice que no tiene tiempo para leer es que aún no ha aprendido a leer.

Guillermo

Anónimo dijo...

Mi mujer me ha dicho que vale, que bien, que por esta vez que pase. Es la que manda. Compraré el libro con su venia.

Anónimo dijo...

Dan ganas de leerlo, es cierto.

Anónimo dijo...

Lo compré ayer. Creo que le alegrará saberlo.
Constanza.

Anónimo dijo...

Este escritor no merece tanto bombo y platillo. Es bastante menor pese a todo lo que diga de él.
Y este blog un tanto reiterativo.

Un lector de paso.

Anónimo dijo...

Con tu permiso prefiero leer a Baroja o a Jardiel Poncela. Y cuando termine con ellos volverlos a leer.

Anónimo dijo...

Estoy leyéndomelo por su culpa Urbizu. Como sea un fiasco me devuelve el dinero.

Anónimo dijo...

Le he leído artículos en la prensa pero nunca le he leído en libro. Por lo que usted cuenta está bien. Le echaré un vistazo en alguna biblioteca antes de comprar nada. Gracias. Julio G.

Anónimo dijo...

A mi marido l gusta mucho Trap., a mí m lee fragmentos y me divierte, pero por mi misma soy incapaz de incarle el diente

Anónimo dijo...

Voy a comenzar por el principio, por los primeros diarios de este escritor. Si cojo el gusto llegaré hasta este Troppo vero.

A mí me encantan los diarios, las memorias, las confesiones, las autobiografías. Ahora estoy leyendo las memorias de Francisco Ayala.

Feliz Navidad y un año 2010 mejorando lo presente.

Ma non troppo dijo...

¿Y dice que es el diario número 16?
¡Que pereza!

Anónimo dijo...

Andrés Trapiello, sólo con sus diarios, es el mejor de los escritores actuales, mal que les pese a muchos, que serian incapaces de llegar a su nivel en lo que verdaderamente importa en literatura: verdad y belleza, (dejando de lado florituras vacías y efímeras modas insustanciales); y de los que dentro de 100 años nadie se acordará, mientras que A.T. seguirá teniendo los mismos pocos y escogidos lectores que ahora.

leon no es feroz dijo...

Me gusta mucho Trapiello. Pero hace tiempo que no leo sus diarios. Creo que leer un diario es una forma de conocer más el alma humana. Un saludo.

Mariano dijo...

Hoy, 26 de Julio de 2010, he comprado TROPPO VERO. Hace unos días adquirí Los Amigos del Crimen Perfecto y estoy con él. No conocía a Andrés Trapiello hasta una entrevista que le hizo Sanchez Dragó en su programa Negro sobre Blanco, hablaban y comentaban precisamente este libro. Me pareció un escritor con un vocabulario amplísimo y sencillo a la vez, con una cantidad de anécdotas sabrosísimas; en fín, que el programa me encantó y decidí conocer a este autor. Mi gran amigo Manrique, lector empedernido me habló de él y de sus polémicas co Javier Marías. Me temo que me voy a decantar más por Trapiello que por Marías, literariamente hablando. Guillermo, gracias por tu comentario. He llegado a tu blob a través de Google, buscando TROPPO VERO. Un cordial saludo. Mariano