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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.
viernes 31 de julio de 2009
Erasmo y Moro, en un probable momento de sus vidas
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Guillermo Urbizu
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jueves 30 de julio de 2009
Breve oración de poeta
no me gustan las palabras
si Tú no me las dices.
Cada día descubro nuevos matices
del misterio que es el Verbo.
Escribo porque necesito querer (y ser querido)
más allá de la nostalgia de lo escrito.
No me basta, Señor, con la vida
-tan breve y tan leve-,
ni me basta el olvido de la muerte.
Señor, necesito que me leas
y resucites para siempre en los sonidos
y seas el sentido
del silencio que me queda.
¿Ser original? Tú eres
el Origen de todo
lo que escribo y siento y veo
en lo invisible que alienta en mí el deseo.
Y sólo quiero, Señor, llegados a este punto,
arder en Tu mismo fuego.
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Guillermo Urbizu
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miércoles 29 de julio de 2009
¿Novedades? Pocas
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Guillermo Urbizu
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martes 28 de julio de 2009
Vacaciones (un extracto)
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Guillermo Urbizu
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lunes 27 de julio de 2009
“No habrá armas en el entierro de mi hijo”, de Paro Anand
No habrá armas en el entierro de mi hijo que ha escrito la autora india -o hindú- Paro Anand (India, 1957) es una buena novela editada por Siruela y traducida por María Corniero. Dura, pero entrañable y reivindicativa de unos valores de paz que se difuminan en el odio. ¿Ficción? Sí, pero basada o inspirada en acontecimientos reales. Aftab es un chaval indio de 12 años que anda metido en un grupo de terroristas (nada de videojuegos, etc., ocurre en la piel de gente de verdad) dirigido por Akram. Para Aftab es su verdadero héroe. Su hermana también pertenece al mismo grupo terrorista y está casada con el líder (pero de esto Aftab se entera más tarde). Es un texto, como digo, duro, cruel en ocasiones. No hay magia que valga, ni elfos redentores, ni varitas de rayos luminosos. Es el punto de vista de unos terroristas, de unos asesinos. La muerte y el dolor y el sinsentido y el duelo de la violencia lo preside todo. Pero también la entraña de las familias, el sufrimiento. Y el sentido de la vida. Nos va mostrando la acción del relato la crudísima realidad de miles de niños y jóvenes en no pocos países del mundo. Un mundo desquiciado y desquiciante que lo tenemos a la vuelta de la esquina.
Pero como digo también nos muestra la autora a unas familias que sufren a diario, nos muestra el amor de unos padres, la impotencia, el desgarro ante una violencia sin esperanza. ¿Sin esperanza? Este tipo de ficción tan pegada al terreno puede parecer demasiado extrema, una pesadilla nada ejemplarizante. Pero creo que sí que lo es. Creo que después de leer No habrá armas en el entierro de mi hijo uno valora más ciertas cosas. Sobre todo la cultura de la paz y de la convivencia, el respeto a los demás (piensen lo que piensen), y que la violencia y el asesinato terrorista es un camino que nos lleva exclusivamente a la destrucción del alma. Y de los pueblos.
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domingo 26 de julio de 2009
Carta a Franz Kafka
Le voy a ser completamente sincero. Si le escribo esta mañana de finales de julio es porque no sabía muy bien con quién hablar. Y tengo ganas de hablar, de explayarme sobre algo que todavía no sé lo que será. En seguida me ha venido su nombre al alma. Quizá porque siempre recuerde la lectura de sus novelas El Proceso, El Castillo y América como una epopeya de la soledad. Creo que ya su amigo Max Brod dijo algo parecido. Pero es que cualquier lector perspicaz se da cuenta de ello. Usted escribió esas obras, y las demás suyas, para tener cierta conciencia de si mismo -de su identidad-, de su frágil existencia, de su voluntad quebradiza. O tal vez para intentar cortocircuitar tanta irrespirable tristeza. Escribió lo que el hombre es o puede llegar a ser. Se anticipó a la trágica deshumanización que desde principios del siglo XX no hace otra cosa que abismarnos en lo peor. Kakfa, usted lo supo ver. Y lo escribió.
Y nosotros lo leemos. Su obra se está cumpliendo también en nuestros días, apenas iniciado el siglo XXI. Su clarividencia respecto a la soledad humana, a los jueces inicuos, al hombre perseguido por la sinrazón y el holocausto, por un Estado desquiciado por el poder y el relativismo, es proverbial. Un hombre sin Dios, encarcelado en su propio yo inmanente, sin esperanza, que es incapaz de solventar su futuro con cierta dignidad. Y su propio presente, que se tambalea en medio de una frivolidad devastadora.
Querido Kafka, releo alguno de sus relatos breves y distintas entradas de su Diario en las Obras Completas editadas por Galaxia-Gutenberg. Lo suyo es clarividencia, amigo mío. Le acusan de una angustia morbosa, de ofrecernos amargura al por mayor. Y yo sólo veo -sólo leo- la constatación de una realidad viscosa y mentirosa que usted quiso denunciar en su momento y que hoy sigue siendo tanto o más actual. Leer sus inquietudes es ponerse en el pellejo de un hombre que tiene miedo del propio hombre, de un hombre que indaga en el dolor y en las palabras alguna fisura en donde hallar un poco de felicidad. ¿Será posible, estaremos a tiempo antes de que el propio tiempo nos borre de este mundo?
Usted fue el más lúcido testigo de su época, quizá de todo el siglo XX. Percibió el peligro, la ruindad y las ruinas. Y la fatalidad. Y nos lo anticipó. El hombre no puede respirar en un continuo desamor, en un sopor sin vida trascendente (esa mezcolanza de barbarie y simulacro de libertad). Toda su obra es un acto de creencia y de revelación, un acercamiento a la necesidad de Dios y al sentido de una vida sin coacción, sin temblor. Así es como la interpreto yo. ¿Estaré equivocado? Su obra no es fácil de leer, pero ¿hay algo que merezca la pena que sea fácil de alcanzar? El hombre lleva un par de siglos al menos -pongamos que desde la Revolución francesa- con el alma extraviada. Y de eso se trata: de volver a encontrarla. Y con ella la verdad. O eso, o la amargura de un sin vivir. Con o sin literatura.
Ha sido un placer enviarle estas líneas, querido Franz Kafka. Y espero sepa perdonarme el atrevimiento. Por mi parte seguiré leyéndole. Para entender un poco mejor este mundo nuestro y para entenderme a mí, que falta me hace.
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sábado 25 de julio de 2009
De estreno

No todo el mundo puede, en el momento dado
reconocer a su mujer y casarse con ella
JOSÉ CORONEL URTECHO
Cuando te conocí
no pensaba en aniversarios,
ni en los años que fueran a venir. Pensaba
sólo en ti,
en ese instante en el que estaba a solas
contigo.
Antes o después de la boda eras -y eres siempre-
mi presente,
la noticia más importante del día.
Y de la noche.
El argumento de mi vida
y el color de la hierba.
La luz
y la rima de tus labios
y la misericordia de Dios
y el sentido del poema.
Allá donde estoy estás tú,
conmigo.
Lo noto cuando escribo
y las palabras me hablan de ti y me cuentan
lo que sueñas.
Aunque no me veas te miro
y admiro tu blanco perfil y la transparencia
del alma niña que camina de mi brazo
por la avenida de los tilos.
¿Qué quieres que te diga?
Para mí es hoy el primer día.
Es como si acabara de estrenar la felicidad.
Y tu belleza.
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viernes 24 de julio de 2009
¿Poesía, dices?
Un hecho cualquiera -una observación, una despedida, un encuentro, uno de esos curiosos arabescos en que se complace el azar- puede suscitar la emoción estética. Hasta aquí Borges. ¿Y cómo puede el hombre calibrar esa emoción, esa perspectiva de la vida? Porque se trata de esto: la poesía son las palabras más adecuadas y medidas, siempre y cuando ande el alma por dentro.
La poesía es la única prueba / concreta de la existencia del hombre, escribió el poeta guatemalteco Luis Cardoza y Aragón. No encuentro mejor forma de expresar el misterio. ¿Quién soy yo para decir nada?
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jueves 23 de julio de 2009
“La puerta de Caronte”, de Ana Alonso y Javier Pelegrín
Y otros de los libros juveniles que creo son excelentes, en estos novísimos tiempos, es La llave del tiempo, de Ana Alonso y Javier Pelegrín. La llave del tiempo es el título de la extensa serie, editada toda ella por Anaya. De momento los autores llevan publicados seis volúmenes: La torre y la isla, La esfera de Medusa, La ciudad Infinita, El jinete de plata, Uriel, y acaba de salir a la luz hace muy poco el por ahora último texto: La puerta de Caronte. La acción da continuación a la del quinto libro. Los protagonistas permanecen en Eldir (que viene a ser como una especie de planeta carcelario). Los protagonistas -Martín, Jacob, Selen o Casandra- tienen cada uno de ellos un poder concreto (por ejemplo Jacob se vuelve invisible o se transforma en otras materialidades a los ojos de los demás, o Martín, que lee las mentes ajenas). Como resultado de una serie de sucesos se van a poner en contacto con la Hermandad de la Puerta de Caronte, en la que ingresan condenados o hijos de condenados decididos a rebelarse contra HEL (Hostile Ecosystems Leadership), una conciencia artificial que dirige y maneja a su antojo las colonias. Todos ellos, junto con Uriel, plantean esta batalla. No voy a desvelar más, aunque el final es un tanto desilusionante. Porque te deja ahí, con las ganas de seguir, de saber más. ¡Qué paciencia hay que tener!
La escritura es digna, fluida y amena. Engancha al ciento por ciento. Los autores consiguen el propósito de tenerte encandilado y con la intranquilidad de terminar de leer el libro robando horas al sueño o a lo que sea. Estos chavales que han venido del futuro a través de una máquina del tiempo, no pueden volver hasta que no den con la llave del tiempo que da título a toda la saga. Y cada libro es un cúmulo de aventuras en ese proceso de búsqueda. (Yo también he extraviado unas llaves, ¿será que pertenezco a otro tiempo y a otro lugar?).
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miércoles 22 de julio de 2009
Borges, los dones de un escritor inigualable
Y digo esto porque en poco tiempo he leído cuatro libros suyos o sobre él o traducidos por Borges. El más importante desde luego es la edición de su Poesía completa (Destino) en un solo volumen. Lo que el lector agradece. Aun recuerdo la remota de Alianza Tres. Luego las obras completas en Emecé y la accesible y anticrisis Biblioteca Borges en Alanza bolsillo. Confieso que obran en mi poder todas estas ediciones, pero me faltaba su poesía en un único volumen, para tenerla más a mano, para más cómodas consultas y relecturas y apuntes al margen. Este libro reúne varios de los mejores poemas de la literatura universal. De esos que forman ya parte de algo más que una literaria tradición. “(…) En la desierta sala el silencioso / libro viaja en el tiempo. Las auroras / quedan atrás y las nocturnas horas / y mi vida, este sueño presuroso”. (‘Arisosto y los árabes’, del libro El Hacedor). Y un libro lleno de sorpresas en su lujo de últimos textos y últimas fotografías es Atlas (Emecé), fruto de la colaboración entre Borges y María Kodama. Todos los amantes de la obra del escritor argentino deberían tener este libro, y leerlo con demora y contemplar esas fotografías tan entrañables del poeta anciano, tan querido.
Y los dos últimos libros que me he encontrado por las librerías, referidos a Borges, son su magnífica traducción de Bartleby, el escribiente, de Herman Melville (Siruela) -¿no lo han leído aún?- y un estudio esclarecedor sobre los relatos y avatares que conforman el libro Ficciones (1944). Ficciones de Borges; en las galerías del laberinto, del profesor Antonio Fernández Ferrer (Cátedra). Como muy bien escribe, parece del todo imposible decir algo nuevo sobre Borges, pero su perspectiva tiene un doble acierto. El primero y más importante es que te incita a leer y releer con más conocimiento de causa cuentos como “La biblioteca de Babel”, “El jardín de los senderos que se bifurcan” o “Funes el memorioso”, que por si solos son toda una literatura, una cosmovisión riquísima y atractiva del universo, del mundo, de la historia, de la vida. El segundo acierto a mi entender de Fernández Ferrer es que no se conforma. Su pasión es pasión de lector. Y se nota. Y va a la entraña, con erudición y perspicacia, con estudio de fuentes y de la más sesuda y laberíntica bibliografía, y con muchas horas de lectura de los cuentos en si mismos, desnudos de notas a pie de página. Un libro para especialistas se dirá; vale, pero también para disfrute de los demás. Yo lo he disfrutado. Y volveré sobre él.
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martes 21 de julio de 2009
Soy feliz
o que tuviera que decirlo en interrogativo.
Pero yo siento que lo soy. Que vivo
feliz, sin necesidad de demostrarlo.
Los que me conocen saben que es cierto, que es así.
Me conformo con poco. Esa debe de ser la raíz
del hecho en sí. ¿Para qué necesito más
si con ese poco ya soy feliz?
Un vaso de agua, un poema de Rubén Darío
o un puñado de rosas. Y ya está.
La felicidad es lo sencillo no lo postizo. Es
esta concha que me regala Juan y que imagino
en el fondo del mar, en un dulce remolino de arena.
O es la voz de Ana por teléfono
cuando me dice que hola y que me quiere
y que me riñe porque… Soy feliz.
Y muchas veces ni yo mismo me lo explico.
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lunes 20 de julio de 2009
Entre libros
PD. Espero que haya algún editor español dispuesto a sacar adelante un libro similar al que comentamos aquí, de escritores y bibliófilos españoles. ¿O existe ya y no me he enterado?
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domingo 19 de julio de 2009
Lo de rezar molesta
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sábado 18 de julio de 2009
Hace calor. ¿Y?
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viernes 17 de julio de 2009
El pequeño jardín
Las piedras relucientes, encaladas (una lagartija
inmóvil como un oráculo o enigma). La higuera
y la parra desparramada por la tierra.
Las malas hierbas entre las grietas de los años.
Una mesa vieja, la sombra de la abuela,
el óxido de la azada y de la pala. Juguetes
en las macetas o camuflados en los sueños de la infancia.
Se inflaman de brisa las sábanas recién tendidas.
Arriba un trozo de cielo donde suenan las campanas
de misa de siete y el privilegio de las ventanas abiertas
y el balcón donde mi madre leía o tomaba el sol por la mañana.
Me levanto y toco las paredes y las hojas de la parra
y las piedras encaladas y la azada y la ternura de las sábanas.
Y con la mirada acaricio el cielo como entonces, como siempre.
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jueves 16 de julio de 2009
Una fotografía de Dios
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miércoles 15 de julio de 2009
De Robinson Crusoe a Peter Pan
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martes 14 de julio de 2009
Oración al mediodía
para qué quieres contar conmigo!
A veces no sé si sé
que sin Ti la vida se queda sólo en un capricho
o en un vestigio de sombras.
Ya me ves,
una mujer y unos hijos (se bastan por ellos mismos),
este afán por las nubes y los libros
y poco más, muy poco más.
Tan poco que no merece la pena escribirlo.
Me siento en cualquier sitio y ahí me quedo,
sin decir nada. Observo las cosas
y las imagino dentro de un siglo.
O en el año 3000 después de tu venida al mundo.
De mí ya no se acordará nadie (¡nadie!),
ni siquiera sobrevivirá un verso.
Y mis hijos estarán muertos, así como los hijos
de mis hijos, sólo quedará la ceniza
en algunos olvidados nichos
del cementerio, del mar o de la brisa.
La ceniza que un día resucitará
en el mismo cuerpo en el que ahora vivo.
¡Oh Señor, a veces no sé
si ni tan siquiera existo!
Y se me olvida que me amas.
Sólo pienso en mí y en lo que será
de mí y de lo mío.
Pendiente de todo menos de Ti, eterno
aliento de mi vida y de aquella rosa
de fuego que un día soñé que era el cielo.
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lunes 13 de julio de 2009
“El Corsario Negro”, de Emilio Salgari
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domingo 12 de julio de 2009
Y tú más
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sábado 11 de julio de 2009
Los poetas que necesito
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Guillermo Urbizu
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viernes 10 de julio de 2009
Dos escritores más para el verano: Dostoyevski y Bradbury
Algo que ocurre con dos autores que de una manera u otra llevo siempre conmigo. Tan distintos y tan geniales. F.M. Dostoyevski y Ray Bradbury. En común tienen que cada vez resultan para el lector más novedosos, no pasan de moda, y que tienen cierto aliento profético los dos. De todas formas no vengo aquí a buscar comparaciones. Vengo a destacar unos libros. A Ray Bradbury (Waukegan, Illinois, 1920) se le conoce sobre todo por dos de ellos. Y con justicia. Tanto Fahrenheit 451 como Crónicas marcianas son dos hitos indiscutibles de la literatura universal. Pero esto no es todo lo que escribió. Y te sorprendes leyendo Ahora y siempre (Minotauro), libro que reúne dos relatos cortos de Bradbury: “En algún lugar toca una banda…” es más autobiográfico, con cierto poso de nostalgia, donde recrea la vida de un pequeño pueblo, Summerton -Arizona-. Un tipo salta del tren y cae en medio de ese pueblo perdido. “Porque sí”, sin razón alguna. Y se pregunta: -“¿Soy feliz?”. Y comienzan los rumores, y unos diálogos extraordinarios. El relato está dedicado a Katharine Hepburn. “Leviatán 99” está a su vez dedicado ‘con gran admiración’ a Herman Melville. De hecho se trata de un viaje sin retorno al fondo más profundo del espacio persiguiendo un cometa blanco. El comienzo del relato es el mismo de Moby Dick. Es todo un continuo guiño literario. Los dos nacen de guiones. El primero de un guión cinematográfico y de un poema -cuyo primer verso le da título-; el segundo de la resaca que le quedó al autor después de trabajar en Irlanda durante un año el guión de Moby Dick para John Houston, de un ‘sueño radiofónico’ y del hechizo de Shakespeare.
Y voy con Dostoyevski. La editorial Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores hace muchas cosas buenas, aunque también edite libros del montón. El negocio. Pero hay dos cosas que sobresalen por encima de todo: la colección de poesía y las obras completas. No es la primera vez que lo digo. Y lo digo, y lo escribo, porque es necesario que sean cada vez más los lectores que lo sepan. Y dentro de la colección de completas personalmente he tenido tres alegrías mayúsculas: Pío Baroja, Elias Canetti y, desde hace pocos días, Dostoyevski. De momento del autor ruso se ha publicado un único volumen: "Novelas y relatos (1846-1849)". Es decir, desde sus inicios con Pobres gentes (1846) hasta El pequeño héroe. El plan de la obra completa son ocho volúmenes, de los cuales los primeros cuatro darán cobijo a novelas más breves y relatos, para rematar con los últimos cuatro donde estará su obra más cuajada. Desde Los demonios hasta Diario de un escritor, que será la última entrega. La edición corre a cuenta de Ricardo San Vicente, y recoge en su mayor parte la que hiciera en su momento la editorial Vergara de la mano de Augusto Vidal, que en paz descanse. Su trabajo resultó memorable. Tradujo algunas de las obras, dirigió la labor de otros traductores, revisó textos y escribió un ensayo magistral, "El hombre y el artista", que aquí aparece como la mejor introducción posible. En ella está la erudición, los datos, el estudio concienzudo, pero sobre todo está el alma de Dostoyevski, la emoción que late en sus obras (desde el principio, en el que ya destaca su trato preferente por los más pobres y los humillados), donde el lector conoce y profundiza en aspectos increíbles de la naturaleza humana. Lo he dicho y lo sostengo: Dostoyevski es mi escritor favorito. Por encima de cualquier otro. Es el Homero moderno. Épica del sufrimiento. El más espiritual y el más humano. Dios y la conciencia. El amor como máxima riqueza. La pobreza llena de ternura, el dolor y las pasiones, la lucha de ser hombre y ser digno. Para que nada sea en balde. Leer a este escritor en el siglo XXI es más necesario que nunca. Sobre todo hoy, cuando acecha la barbarie.
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jueves 9 de julio de 2009
Sucedió en una biblioteca (cuento diminuto)
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miércoles 8 de julio de 2009
Espacio sagrado
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martes 7 de julio de 2009
Orgullo gay: concupiscencia y adefesio
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lunes 6 de julio de 2009
Sé pocas cosas
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domingo 5 de julio de 2009
Un solo amor
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Guillermo Urbizu
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sábado 4 de julio de 2009
¿Qué hago con la desgana?
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viernes 3 de julio de 2009
“Cuentos completos”, de Eudora Welty
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jueves 2 de julio de 2009
Dos libros para empezar
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Guillermo Urbizu
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miércoles 1 de julio de 2009
A modo de poética estival
me lleva de aquí para allá, me revuelve, me encandila;
alumbra en mí el brillo de alguna idea
o emerge en la gozosa espuma que se difumina
en el tiempo que es y no es la vida.
O simplemente me deja exhausto de dulzura
en la arena de una playa que no reconozco todavía,
a la que llego sin saber qué decir, balbuceando mi zozobra de rodillas,
a solas con la duda que soy, con la conjugación inédita
de las olas y la danza eterna de su rima.
El ritmo de las palabras se precipita
en el eco del secreto que es el aire y que es el cielo,
y se abre paso entre ráfagas de memoria,
y se escabulle en el silencio, hacia adentro
del amor que lo significa todo, en el misterio
del alma en la que a veces siento la envergadura de Dios
en un júbilo de símbolos y de sílabas
y de acentos que son latidos
del ser cuando pronuncia la belleza donde existo.
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Guillermo Urbizu
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