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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.
jueves, 31 de diciembre de 2009
Y se acaba el año... y estrenamos el alma de nuevo
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Guillermo Urbizu
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miércoles, 30 de diciembre de 2009
El islam en la peluquería
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Guillermo Urbizu
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martes, 29 de diciembre de 2009
Más libros para regalar en Navidad, Reyes o cuando bien apetezca (V)
Desde niño soy devoto de Oscar Wilde. Alguien que a esas edades te hace llorar no puede ser un mal tipo. En el principio fueron sus cuentos. El príncipe feliz y otros cuentos. Y comencé a tratarle. Sus poses de dandy eran poses, pero sus palabras contaban unas historias maravillosas. Su alma era de poeta, y su sensibilidad se defendía del mundo con frases llenas de ironía. Odiaba lo vulgar, el nepotismo de lo mediocre. Ese mundo lleno de mentiras (él no estaba libre de ellas) que le llevaba a escapar de contínuo, buscando su utopía. ¿Era la belleza su máximo afán, como parecía? ¿O era el amor? Era un inconformista nato, rebelde a una sociedad necia y patética. Su obra es una estética, pero también es una ética, un responso moral de toda una época. Wilde era un hombre que por encima de todo necesitaba ser querido. Afirmarse en el amor, Dios incluido, con sus dudas, con su tortura y dolor. La literatura era un instrumento. Pero ¡qué instrumento! Leí muy pronto todo Wilde. Y recuerdo que por entonces dio inicio mi fascinación por El retrato de Dorian Gray, que ahora reedita Mondadori, con la ejemplar traducción de Alejandro Palomas. Es una de las más bellas y profundas novelas que conozco. ¿Qué identidad es la nuestra? Envejecemos y no nos gusta. Hemos de morir. ¿Qué belleza es la verdadera? ¿Esa exterior de piel y rasgos más o menos resplandecientes que se van arrugando, o esa otra interior que alcanza cotas divinas? Wilde no era precisamente un superficial. En su alma había una constante batalla. Se consideraba débil, pero su obra demuestra un triunfo magistral. A mí me basta con la Balada de la cárcel de Reading (Hiperión) y con esta novela, que con tanto placer hubiera leído nuestro Jorge Manrique. Por otra parte recomiendo la lectura de Oscar Wilde en París, que ha escrito el norteamericano Herbert Lottman. (De Lottman lean por favor su biografía de Gustave Flaubert). Wilde amó a París, fue su reducto, su escapatoria, su rincón preferido.
Para terminar por hoy quisiera hablar de dos libros. Una novela: La sombra de Masada, de Javier Arias Artacho (Libros Libres), que me ha sorprendido por su madurez narrativa. ¡Qué bien ha sabido contar esta historia donde las legiones de Tito se enfrentan al último reducto judío! El ritmo es una locura de acción, pero lo que más me gusta es alto registro que logra mantener el autor, sin desmayos. Es un libro que me parece muy recomendable para gente joven, que tanta veces piensa que la calidad está reñida con el entretenimiento y la reflexión. El otro libro son las Novelas cortas, de Iván S. Turguénev (Alba), el más europeo de todos los escritores rusos clásicos. Una especie de anticipo de Nabokov. Estos relatos son lo más granado de su escritura, lo más ágil y vivaz, lo menos retórico. Como dice el traductor y prologuista Víctor Gallego “Turguénev no tiene la profundidad de Tolstoi ni la angustiosa clarividencia de Dostoievski, pero los cuadros que presenta no son menos turbios y catastróficos”. Y hermosos. “Remanso de paz” y “Primer amor” son verdaderas joyas de la literatura del XX. Y hablando de rusos. Siempre se está a tiempo de leerlos y releerlos. Pero a veces hay libros que se esconden un poco más, entre el resplandor de tanta obra maestra. Es el caso de los Diarios de Tolstoi (Acantilado). Estoy leyéndolos ahora y no tienen desperdicio. Agudeza y confidencia. Rastros de vida, opiniones literarias... Un gozo para el que lo sepa apreciar.
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Guillermo Urbizu
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lunes, 28 de diciembre de 2009
Más de mi agenda
La Navidad es el cumpleaños de la historia. Lo anterior era su gestación.
Es algo imposible, lo sé, y del todo incorrecto, pero saldríamos ganando si dejáramos de leer a nuestros contemporáneos. Para empezar ganaríamos tiempo, y también un espacio crucial en las estanterías. Y nos permitiría descubrir y explorar paisajes que de otra manera es muy difícil que contemplemos.
Cuando escribo es como si estuviera envolviendo un regalo. Cuando leo es como si lo estuviera abriendo.
De madrugada, solo, en la cocina. Leo. ¿Qué importa el libro? El tic-tac del reloj me hace más viejo. Y cuando levanto la vista pienso si es verdad todo esto.
Dios está siempre conmigo. Pero, ¿y yo con Él?
E inmediatamente después otras dos preguntas me interrogan: ¿Cuál es la razón de mi vida? ¿Qué es lo que me mueve a hacer las cosas?
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Guillermo Urbizu
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domingo, 27 de diciembre de 2009
Más libros para regalar en Navidad, Reyes o cuando bien apetezca (IV)
Y hablando de Venecia… Jacobo Siruela, después del éxito personal -insisto: es el libro del año- que supone la publicación de los Escolios a un texto implícito, del para mí ya maestro Nicolás Gómez Dávila, ahora publica en su editorial Atalanta y en dos tomos, nada menos que la Historia de mi vida, de Giacomo Casanova. Un texto por fin completo, traducido por Mauro Armiño y prologado por Féliz de Azúa. Yo no digo que sea un libro para todo el mundo, pero desde luego es una de las obras maestras de la literatura universal en el terreno de las memorias. El siglo XVIII desentrañado, vivo, desfilando ante nosotros en todo su esplendor y decadencia, en la intimidad del amor y en el dolor del desamor, que se prodiga más de lo que debiera. Para mí Casanova se resume en el poema que sobre él escribió Antonio Colinas en su libro Sepulcro en Tarquinia. “Giacomo Casanova acepta el cargo de bibliotecario que le ofrece, en Bohemia, el Conde de Waldstein”. Ahí está todo, y creo que es el prólogo necesario para ponerse en situación a la hora de leer su Historia. Habla Casanova: “Escuchadme, Señor, tengo los miembros tristes. / Con la Revolución Francesa van muriendo / mis escasos amigos. Miradme, he recorrido / los países del mundo, las cárceles del mundo, / los lechos, los jardines, los mares, los conventos, / y he visto que no aceptan mi buena voluntad. (…)”. Y concluye magistralmente: “Señor, aquí me quedo en vuestra biblioteca, / traduzco a Homero, escribo de mis días de entonces, / sueño con los serrallos azules de Estambul”. Es el tono nostálgico de su vida, su pasión por las cosas, el miedo al olvido…
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Guillermo Urbizu
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sábado, 26 de diciembre de 2009
Más libros para regalar en Navidad, Reyes o cuando bien apetezca (III)
Diario de un desesperado, de Friedrich Reck (Minúscula) estremece. Leemos las entrañas del régimen nacionalsocialista, el día a día. Desde 1936 hasta poco antes de su asesinato en Dachau. Un conservador que, como otras personas, hace lo que puede por contrarestar aquella locura. Y que se ve impotente. Y escribe con clarividencia lo que está sucediendo a su alrededor. Y da fe de ello, y lo critica con sagacidad y mordiente. En el mismo centro del régimen y de su horror. Su pensamiento hervía, su alma buscaba una pizca de esperanza. El diario tiene como colofón un muy interesante ensayo biográfico de Reck, escrito por Christine Zeile. Es la primera vez que este gran libro -esta vida- se traduce al español. Otro buen libro que nos ofrece una perspectiva de esa realidad más cotidiana es Vida y muerte en el Tercer Reich, de Peter Frizsche (Crítica). Y como obra maestra he de considerar los dos volúmenes del historiador Saul Friedländer editados por Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. Bajo el común título El Tercer Reich y los judíos, un volumen se ocupa de Los años de persecución (1933-1939) y el otro de Los años de exterminio (1939-1945). La erudicción puntualiza de forma brillante una narracción que pone los pelos de punta. Y en el holocausto soviético quiero destacar un libro: Los que susurran (la represión en la Rusia de Stalin), de Orlando Figes, editado por Edhasa. Uno siente la humillación y el desprecio por el ser humano, siente lo demoníaco, el terror y la tristeza congénita de la madre Rusia. La Historia enhebrada desde las vidas privadas, desde sus cartas y fotografías, apuntes y recuerdos.
Si hay dos poetas españoles del siglo XX por los que siento especial debilidad -aunque por debajo de Pedro Salinas- estos son Unamuno y Juan Ramón Jiménez. Pero de cuando en cuando se me cuelan de rondón don Antonio Machado o Claudio Rodríguez. El caso es que acabo de leer una magnífica biografía del autor de El Cristo de Velázquez. Miguel de Unamuno, de Colette y Jean-Claude Rabaté (Taurus). Uno de los grandes de nuestra literatura y de nuestro pensamiento. Julián Marías se dio cuenta de ello y lo dejó por escrito. Como lo hizo María Zambrano. Y lo estudió muy bien en su avatar y meollo religioso el gran Charles Moeller, en su Literatura del siglo XX y cristianismo (Gredos). Yo conocía la biografía de Luciano González Egido (Junta de Castilla y León), así como el imprescindible Agonizar en Salamanca, Unamuno, julio-diciembre 1936 (Alianza), del mismo autor. Y cuando ya pasaba a otras historias me vienen a la cabeza dos libros más sobre Unamuno que me parecen de interés: El designio de Unamuno, de Juan Marichal (Taurus) y Cuatro filósofos en busca de Dios, de Alfonso López Quintas. Y sobre Juan Ramón se ha editado en las publicaciones de la Residencia de Estudiantes un Álbum delicioso (antes se habían publicado los de Neruda y Cernuda). Delicioso para todos aquellos amantes del poeta de Moguer y de los libros bellos en contenido y diseño. Acompañan a todo ese despliegue de fotografías y versos, en lo biográfico, unas páginas de Javier Blasco y un más que interesante “Calidoscopio juanramoniano” de Andrés Trapiello. El despligue de fotografías es para disfrutar despacio, y en ellas está la más verdadera y cierta biografía de JRJ.
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viernes, 25 de diciembre de 2009
Es Navidad, por favor haya paz
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Guillermo Urbizu
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jueves, 24 de diciembre de 2009
Más libros para regalar en Navidad, Reyes o cuando bien apetezca (II)
Más. Acabo de leer hace un par de días El barco de la muerte, de William Clark Rusell (Valdemar). Si hay quien le interesan las epopeyas marineras y además gusta de espectros -que no sean políticos-, y sentir de cerca la emoción del espanto y del abismo, este libro es adecuado para él. El mito del “Holandés errante” redivivo. Ese bajel que surca los mares, tripulado por “cadáveres vivientes”, y su capitán Vanderdecken. Y el protagonista, joven marinero, que acaba en dicho terrorífico barco tras ser abandonado por sus compañeros de travesía, y que allí encuentra como contraste el amor de Imogene. La tempestad los une y las ganas de huir de allí. Y cita a Marlowe: “¿Quién que se haya enamorado no lo ha hecho a primera vista?”. Una aventura espeluznante. “Sí, era un barco con el que soñar si el alma pudiera escabullirse del espanto que la idea de la maldición y la apariencia de sus hombres inspiraban”. Valdemar no defrauda en ninguno de sus libros. Les aconsejo, para que caigan más en la cuenta, que lean una selección de los mejores relatos de misterio y crimen aparecidos en dicha editorial. Esta antología es un tesoro. Su título: La sombra del asesino.
Hay ocasiones en que la vida te deja como a un náufrago en la orilla del salón. Y buscas orientación y calma y un poco de sensatez. Escuchas el lejano fragor de esas otras olas -galerna debe ser- que surcan la calle. Pocas son las fuerzas, y el ánimo flojea, y sientes que necesitas descansar. Y volver a creer en esos asuntos que tanto te fascinan: el amor, la belleza… Dejar la mirada distraída en algún reflejo o libro de arte. Esos libros de gran formato que recogen tu cansancio en el aroma de sus páginas. Pinturas, esculturas, bibliotecas, atlas, decoración, arquitectura… Y tomas de la mesa Arte (guía visual para entender el arte), de Andrew Graham-Dixon (Electa). ¡Qué deleite repasar la historia del arte, en sus principales esculturas y pinturas! Fijarte en los detalles de los ojos, de las casas, de la piel desnuda… Fijarte, contemplar su imagen, su forma y color. Arte: la historia del hombre en toda su excelencia. Arte: trascendencia, alma, conciencia de ser algo más que tiempo. Obras claves: el genio humano, la armonía del gesto y del paisaje. Perspectiva y aprendizaje. Lenguaje que pinta y que esculpe lo invisible de lo visible. Análisis del arte, imaginario universal, anhelo, descanso en la felicidad que nos regala la belleza. Y pasas las manos por esas láminas que reproducen, para nuestra mirada, otras muchas miradas. Vivir es saber ver. ¡Qué hermosura de libro! Arte, civilización… La sensibilidad del artista. Y el alma del que ve.
(Continuará)
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miércoles, 23 de diciembre de 2009
Más libros para regalar en Navidad, Reyes o cuando bien apetezca (I)

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martes, 22 de diciembre de 2009
Escalofríos
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lunes, 21 de diciembre de 2009
El pajarillo
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domingo, 20 de diciembre de 2009
Me preguntan que por qué creo
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sábado, 19 de diciembre de 2009
El laberinto de los regalos
¿Qué pedir? ¿Qué comprar? ¿Qué regalos podemos hacer? Si lo tienen todo. Si lo tenemos todo. Si lo que necesitamos de verdad es tiempo para disfrutar de esas cosas que regalamos y nos regalan. ¿Qué le hará ilusión? No sé, no sabemos. Ni siquiera él lo sabe. Ni ella. Si le preguntas dirá que quizá lo mejor es la sorpresa, lo que tú quieras. Nada, un detalle cualquiera. Y ahí estás. Ahí estamos. En el aprieto de lo superfluo, de tanta gente que viene y va en los comercios. ¿Qué le gustará? Venga, vamos. Señora, no empuje, que hay para todos. Y aceleras el paso, y la cabeza, en busca de algo que le agrade. Ya verás si le das dinero que contento o contenta se pone. ¡Qué dices! Eso ni de broma. Y prosigues el calvario. Tienda a tienda. Dudando siempre. A mí sólo se me ocurren libros, lo siento. Y con el plus de que me dejen tranquilo leyendo a veces. Es todo lo que pido, y ya sé que soy limitado y monocorde. Y negativo. Vale, vale, es verdad, debo pensar en los demás. ¿Y ese sombrero? Mira, mira este brazalete. Es bonito. ¿Caro? Pues claro, por eso reluce tanto. Voto por unas películas del Oeste y unos cómics. Para empezar y darnos ánimos. ¡Qué original! Entonces ¿qué? ¿Abalorios tecnológicos? ¿Fruslerías que a los dos días se olvidan en el limbo de los cajones y armarios? No digas tonterías. Dudo si en nuestra sociedad hay ilusión por algo. Es una sociedad saciada y a la vez insaciable. De bobadas por supuesto. Filosofías. Bueno, filosofías. Por eso creo que lo mejor es un libro para cada uno. Pesado. Menos para ti, cariño. Para ti no hay libro que diga lo que te quiero. Para ti unos zapatos, unas medias y un vestido. Y un bolso a juego con lo que digo. Y una chaqueta y un abrigo que te abrigue del miedo. Y una pulsera y un reloj que te diga la hora del cielo. No sé ni lo que digo entre tantas luces. Pero ya me entiendo. Imposible comprar nada contigo. Bueno, pero estamos juntos ¿no te parece?
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viernes, 18 de diciembre de 2009
“Cuentos completos”, de Robert Louis Stevenson
Durante el trayecto no faltaron incidentes que interrumpían desabridamente nuestro coloquio, o pasajeros a los que les carcomía la curiosidad, pero fuimos lo suficientemente cautelosos y discretos. Mi guía y compañero es un auténtico especialista en mantener el alma en vilo. Pero no se queda ahí. Analiza el comportamiento humano con pormenores que no deben pasar desapercibidos. No pierde facultades con el paso de los años. Para nada. Muy al contrario: se crece, se reinventa. Yo ya no sé si todo es propio de su fantasía o son devaneos de su propia vida (incluidos los sueños, que forman parte de nuestra realidad, como es sabido). Con él todo parece memorable y no hay nada que no tenga su ápice de misterio. Y nunca te puedes fiar de las apariencias. ¡Qué hombre! Su naturaleza es evidentemente compleja, pero a la vez sencilla, sin tapujos. Y genial. Naturaleza artística, sin duda. Él mismo me lo dijo en uno de los cuentos más memorables que me contó: “Un sitio donde pasar la noche”, en el que el personaje principal es el poeta Villon. “En muchos sentidos, una naturaleza artística incapacita al hombre para la vida práctica”. ¿Lo diría también por él mismo? Estoy seguro de que sí.
No puedo olvidar fácilmente dicho viaje. Otras veces habíamos viajado juntos, pero las circunstancias cambian y la amistad es mayor. No me importaba que repitiera ciertos relatos, como “La isla de las Voces”, o “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde”, o los de “El club de los suicidas” y “El diamante del rajá”, con el impredecible y elegante príncipe Florizel de Bohemia, un caballero que como bien decía mi amigo y guía “sentía inclinación por modos de vida más aventureros y excéntricos de aquellos a los que estaba destinado por nacimiento”. La verdad es que yo no sé si lo decía más por él mismo que por el ilustre príncipe. “La vida es un aliento que se disipa”, y de ahí la necesidad de soñar y de contar, de imaginar quizá las aventuras que uno jamás va a emprender.
Mi buen amigo Robert Louis Stevenson siempre está presente en mi vida. No pasa mucho tiempo sin que vuelva a escuchar sus narraciones. Lo necesito. Necesito saber de él, de sus sueños, de mis sueños. Por eso que la editorial Mondadori, en su colección “grandes clásicos”, haya recogido en un solo volumen aquellas aventuras y viajes lo tomo como un favor personal, como algo muy importante en mi vida. Estos Cuentos completos son el alma de alguien que sabía contar historias como muy pocos hombres lo han hecho.
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jueves, 17 de diciembre de 2009
“Dios es música”, de Pilar Márquez
Ludwig van Beethoven
Dios. Dios y la belleza. Dios en Su belleza. Dios que se prodiga en infinitos matices de belleza. Dios que engendra la Belleza en Su Hijo, y que nos redime por ella. Dios Amor, Espíritu y Persona y Fuego; entraña y esencia de toda belleza. Dios Poesía y Armonía supremas. Dios que nos crea a imagen y semejanza de Su belleza. Dios de almas que anhelan la eternidad de la Vida. Dios de cuerpos que son el esbozo del alma y el perfil de Su caricia. Belleza de Dios que canta en la intimidad del hombre. Dios que inspira la alegría y la gracia. Dios de Dios. Dios. Mi Dios. Dios que me nombra y llama. Dios que plasma en el lienzo del mundo un reflejo de Su belleza. Dios que funda las palabras y las significa. Dios que perdona con belleza, y que nos transforma con música o con un estallido de colores. Dios que infunde la vida y le da la posibilidad de nacer a la belleza. A la santidad. Día a día.
Dios. Y me topo con un libro que es como un himno, o cántico, o alabanza. Acción de gracias y clamor. Vocación. Un acto de fe, una oración. Ardor y enamoramiento. De Dios. De Su música y belleza. Dios-música. Un libro escrito por una mujer que canta. Por una mujer que es mezzosoprano y que siente que su alma danza. Y que analiza los acordes de la Trinidad a través de la música. La música como cifra de conversión y sanación y bienaventuranza. “En el principio existía la Música”, escribe. La esencia de Dios como Música, como relación y comunión de timbres, en una polifonía que suena en un solo acorde divino. Dios Trino, y Uno. Vibración del Amor que vibra a lo largo y ancho de la historia. Y que la dota de sentido y valor. Dios es música, de Pilar Márquez (PPC), y con ilustraciones de Isabel Guerra, no se puede reseñar como un libro cualquiera. Porque no lo es. La música como voz que pulsa el Misterio de lo inefable.
Y la autora reflexiona sobre ello desde su propia vida -con un entusiasmo que salta a la vista-, y desde las obras de músicos que así lo experimentaron. Músicos que prestaron oído al alma de las cosas, que supieron escuchar el amor de Dios, Su melodía. Y se sirve la escritora especialmente de Beethoven (el libro viene acompañado con un cedé de la sinfonía “coral” número 9, su última sinfonía completa). Dice: “La Novena sinfonía es un camino de regreso al Padre (…). Dejándose guiar por el Espíritu y uniéndose a Jesucristo quiere conducir a la humanidad a la morada del Dios trinitario, dándonos a conocer, por medio de su composición musical, la actuación amorosa y gratuita de Dios a favor del mundo y del hombre”. Sinfonía trinitaria, la llama. Asistimos así a una hermenéutica y a una filocalía (amor a la belleza). A una plegaria y a una teología. Un libro fascinante, que no se agota en una primera lectura ni por asomo y del que no sé que más decir, esa es la verdad. Mejor voy a escuchar la música de Dios en silencio. Y a releer algunas páginas.
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Guillermo Urbizu
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miércoles, 16 de diciembre de 2009
De prodigios y caligrafías
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Guillermo Urbizu
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martes, 15 de diciembre de 2009
“Las mujeres que no pierden el hilo”, de Thomas Blisniewski
Viene esto a que acaba de llegar a mis manos un libro exquisito. Las mujeres que no pierden el hilo, del historiador del arte alemán Thomas Blisniewski (Maeva). Sobre el estribillo del coser y tejer e hilar va construyendo una perspectiva singular de la historia. Los textos son acertados, unos textos que son la interpretación y análisis del papel de la mujer partiendo de diferentes pinturas. Es un libro de viajes y un libro de arte, un libro de historia y casi una novela (o relatos de distintos géneros). Porque contemplando estas pinturas imagina quizá el lector una historia distinta, o intrahistoria. Mujeres de todas las épocas ilustran el eterno femenino, en el denominador común de ese hilo que enhebra siempre una esperanza. En unos casos será un trabajo escondido, callado, quizá para ganar un poco de dinero para la familia, o acaso para zurcir la pobreza o enmendar los problemas. En otras ocasiones el hilo será una agonía que se hace demasiado larga, el amor que espera, la costura inmisericorde de una educación machista o el aburrimiento lisa y llanamente. Pero la mujer ha ido evolucionando. Lo ilustran Renoir, Hopper, Velázquez… Artistas que adentran sus pinceladas en la intimidad de esos momentos.
El cuadro de la portada se titula “Mending”, y es del norteamericano Kenton Nelson (un pintor que acabo de descubrir y que me parece una maravilla). Ahí tienen a esa joven cosiéndose el dobladillo de la minifalda, con esas piernas hechas de luz incandescente. Pero me parece que hoy son pocas las mujeres que cosen, las mujeres que están dispuestas a aprender a diseñarse un vestido por si mismas, etc. No hay tiempo, no hay tiempo. Y son muchas las que pierden el hilo de sus vidas -igual que muchos hombres-. Y no hay manera de enhebrar nada, empecinadas en trivialidades. El caso es que Blisniewski ha creado un libro delicioso, un libro -esta reseña es sólo una manera de promocionar algo meritorio y bello- que es un regalo para la inteligencia y para la vista. Y para la Navidad. O los Reyes Magos.
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lunes, 14 de diciembre de 2009
“Troppo vero”, de Andrés Trapiello
PD. Y de postre la editorial Pre-textos ha editado Vidario. Se trata de un conjunto de opiniones y breves ensayos escritos por rendidos admiradores de esta aventura, que calibran matices y dicen lo que supone para ellos Salón de pasos perdidos en la literatura española, celebrando sus veinte años de vida escrita.
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Guillermo Urbizu
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domingo, 13 de diciembre de 2009
Felicitación Navideña 2009
Yo ya he puesto el belén. Bueno, para ser completamente sincero, lo han puesto mi mujer y mis hijos. Yo estaba escribiendo a ratos o leyendo las Virutas del taller, de Miguel D’Ors. De cuando en cuando me levantaba y, sin que se dieran cuenta, les miraba pensando que dentro de unos años ya no escucharé esas voces discutiendo sobre el musgo, la paja o la estrella. Serán mayores y vivirán en otras casas, y puede que hasta en otras ciudades o países. ¡Son tantos los presentimientos! Y tengo los libros llenos de fotografías que miro conmocionado. De hace ocho, seis o dos años. O incluso de las pasadas navidades. Esas miradas, esas sonrisas enmarcadas por la pureza de la nieve. Esa quietud que parece que se mueve. ¿Por qué extrañamos tanto lo pasado? Yo no pretendo aquí hacer literatura, pretendo que me entiendas, lector, que entiendas la alegría del instante y al mismo tiempo la pena, esa posibilidad de perderlo. En mi rincón ya ni leo. Escucho sus voces… Las manos en el libro, la cabeza en el respaldo, los ojos no recuerdo, y el corazón agradecido. Sin querer estoy rezando, aunque sea con ese poso de melancolía tan propio de estos días. ¿Seré alguna vez tan feliz como ahora? Todos juntos: mi familia. Mi familia junto al belén, alrededor del Niño Dios. Alguien entona “Campana sobre campana”… Cuando me quedo solo me siento en el suelo para apreciar cada detalle. Esas jóvenes muchachas judías asomadas a las ventanas de sus cuevas. Los pliegues del río donde nadan los brillos. Los soldados, los jóvenes agricultores, las lavanderas, los Reyes muy en la lejanía, el castillo de Herodes, los ángeles, los pastores. Y vuelta la vista al Niño, al hogar del alma donde está el pesebre. Jesús, te amo, y quisiera que te amaran todos los hombres. Hasta los más incrédulos: esos que ocultan su corazón entre sombras, barricadas y máscaras de ideologías burdas o esclerosis varias. Lo viejo se hace Nuevo y el final Principio, con la espontaneidad del amor más entrañable. Nada de utopías sentimentales. Es la Vida que no envilece, el argumento divino de la Historia, su trama espiritual, las almas. Ay, las almas, nuestras almas, mi alma. Tan despistadas, desnutridas o despiadadas. Que el Niño Dios cauterice sus heridas, las de cada uno. Todos somos el pueblo elegido, todo estamos esperando al Mesías. Porque estamos esperando la alegría -no lo vamos a negar a estas alturas-, esperamos la justicia social y la paz en las familias y en los países. Esperamos la armonía y la solidaridad con los que menos tienen… Esperamos que nazcan todos los niños, que escuchemos sus risas. El mundo necesita más que nunca de la Navidad, porque el mundo necesita más que nunca a Cristo. Necesita salir de la corrupción y de la atrofia espiritual que afecta al pensamiento, al arte y al sentido común. Entre otras cosas. Necesita enamorarse de este Niño para aprender el valor de la sencillez y de la humildad, sin vulgares aspavientos. Que Dios Niño nos ayude a corresponder siquiera un poco a Su gracia, que nos abra los ojos y nos purifique de inútiles prejuicios o de tantos y tantos apetitos subalternos. ¡¡Feliz Navidad a todos!!
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sábado, 12 de diciembre de 2009
Todo tiene un significado
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Guillermo Urbizu
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viernes, 11 de diciembre de 2009
De mi agenda
A veces la belleza es en apariencia fea. Y cada vez con más frecuencia la fealdad es en apariencia bella.
Vivir es el intento de ser feliz.
Pero sólo se es feliz cuando aceptamos la posibilidad de no serlo.
Navidad. El Hijo de Dios nace de una sencilla avemaría.
¿Qué significa ser intelectual? ¿No tenía algo que ver con la verdad y con el alma?
Someter a todo un pueblo a la mediocridad y a la mentira es nauseabundo, pero lo más vil es hacer propaganda de ello como virtud.
Quien dice que no tiene tiempo para leer es que en realidad todavía no ha aprendido a leer.
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Guillermo Urbizu
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jueves, 10 de diciembre de 2009
No queréis crucifijos: pues aquí están los míos
El Cristo de Velázquez. Miguel de Unamuno.
Voy a poner en mi casa, en la entrada, un crucifijo enorme que era de mi abuela. A los pies tiene una calavera, monda y lironda, sobre unas piedras, que cuando era niño me impresionaba mucho y de la que salía corriendo. Quitaremos algún jarrón o fotografía. Y en la puerta un Sagrado Corazón, para que no haya duda e ilumine el rellano de la escalera. Seguro que el cartero me dice algo, o algún vecino, o el hombre del Círculo de Lectores (aunque el de ahora es más callado). Y hablamos sobre el tema. También en el coche pondré una imagen de Cristo crucificado, discreta pero bien visible. Por mí que no quede. Será la matrícula de sus dueños, la identificación del alma que conduce. Y en mi trabajo o en la biblioteca o en el cíber, en cuanto comience a trabajar o a leer, sacaré del bolsillo mi pequeño crucifijo y lo dejaré sobre la mesa o el teclado. Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum. Junto al móvil y las gafas. Para que conste a quien mire, curioso, de frente o de reojo. Si piensan que piensen. Y de fondo de escritorio en el ordenador un Cristo, el de Velázquez sin ir más lejos, y así releeré mejor el poema de Unamuno. Y ahora que caigo, en mi dormitorio, sobre la cama, hay un hermoso tríptico de La Virgen de la Silla, de Rafael, flanqueada por dos apuestos ángeles. Pero no está Jesús clavado en la Cruz. Jesús, Dios y Hombre verdadero. No está. Pues tendrá que estar. Buscaré uno. Al lado de las estanterías puede ser un buen lugar, para que antes de apagar la luz le demos un último vistazo al Verbo. Dicen que es un símbolo el crucifijo. Y será verdad. Aunque os puedo asegurar que yo cuando lo miro lo veo vivo. Al crucificado. Hay otras muchas personas que circulan por las calles, o merodean por las tiendas, que parecen más muertas. Lo que les digo. Y por todos murió Ese que desprecian y descuelgan de las almas y paredes. Murió hasta por los mequetrefes y demás adocenados, sean políticos o no. Para que tengamos alguna posibilidad de cimentar el Cielo en la tierra, en este mundo tan inhóspito y escéptico. Ahora, mientras escribo estas líneas, tengo al Cristo delante de mí, con los brazos extendidos de Amor, desangrándose por mi escritorio, haciéndome una transfusión de Vida. ¿Un símbolo? Yo lo miro con atención -llevo puestas gafas de cerca- y le digo que cuente conmigo si Le hace falta algún crucifijo. Aunque se trate sólo de un buen deseo todos sabemos que para Él no son problema los milagros; que cada uno, si somos fieles a Dios y tenemos fe es de puro milagro. Poco mérito es el nuestro. Y esta es mi conclusión: pueden quitar todos los crucifijos que quieran. No importa, si cada católico carga sin quejas con su cruz y Le sigue. Nosotros seremos esta vez los crucifijos.
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Guillermo Urbizu
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miércoles, 9 de diciembre de 2009
Carta de amor a la Literatura
Lo que disfruto contigo. Te leo de día y de noche. Incluso en sueños te busco. No dejas de contarme aventuras y de cantarme el himno y elegía de las cosas. Porque eres una parte sustancial de mi vida, que lo sepas. Las palabras son tu piel, pero yo siempre busco el alma, el trasfondo, el pulso último de todo (ojo, sin dejar de lado esa piel que acaricio con impaciencia). Te subrayo y aprendo de memoria, y escribo al margen, con letra muy pequeña, lo que opino de ti a cada instante. Y haces que me estremezca con frecuencia, o que no me entere del tiempo, que según pasa me hace más fuerte. Me quedo a tu lado, mirando más que leyendo, admirando en tu silencio el significado de tierra, aire, agua y fuego, y de la naturaleza sagrada del hombre. Es el estilo y es el ritmo, es la poesía y es la prosa, es la trama y es lo que sugiere. Inmensos océanos de palabras por los que navego, entrañables paisajes, confidencias y desasosiegos. Es la intimidad de un amor y su cauce. Es la luz y es la sombra que conforman este corazón de carne y celo. Nunca tengo bastante contigo. Nunca. Y bebo de esa sed, y anhelo estar a solas con esos libros que escribes. Ay, querida amiga, no estoy solo. Me acompañas donde voy, donde estoy, donde vivo. Y descubro que apenas he entrevisto un poco de lo que eres y de lo que soy yo mismo. No dejo de contemplarte… Eres tan perfecta en tus imperfecciones, eres tan buena compañía, tan complaciente. Me haces pensar y me entretienes, y alivias mi tribulación con un verso o con una frase. En ocasiones me zarandeas con razón para que no me conforme o despierte de la costumbre. Otras, dejas que te vea del todo desnuda, entera: tan bella, tan misteriosa, tan poesía. No necesito estudiarte, me basta con amarte. ¿Quién me lo podrá impedir? Y te llevo conmigo al sofá del salón o a los pies de un sauce. O de madrugada paseamos por las intrigantes calles de Londres o viajamos hasta las más lejanas estrellas. O en la cocina damos vueltas a una idea que un amigo común tuvo allá por el siglo XV. ¡Te debo tanto! ¿Cómo agradecerte todos esos momentos de suspense o maravilla? ¿Qué decirte? Y no son pocos los que te mancillan. Pero mejor no hablemos de ello. A lo nuestro, a lo nuestro. Con esta intimidad tan de mi gusto. Y mientras viva te acariciaré con los ojos. No dejo de pensar en ti. Cuídate mucho.
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Guillermo Urbizu
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martes, 8 de diciembre de 2009
Pese a los años no sé rezar, ¿y ustedes?
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Guillermo Urbizu
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lunes, 7 de diciembre de 2009
Padre nuestro, escucha lo que Te digo, escucha

Padre nuestro…, y salgo corriendo por las calles y ya apenas Te oigo, menudo jolgorio hay por aquí abajo; ¡capullo!, ¿lo has visto?, ese tío casi se me lleva por delante, ¡capullo!, ¡que no tienes ojos en la cara ni seso en la mollera!; vale, bien, perdona, no grito, y rezo por ese capullo, pero como no Te encargues de él va a matar a alguien; lo siento, cojo un taxi, no llego y me mareo entre tanta gente; ocúpate de los míos, que Tú eres su verdadero Padre y yo mero estorbo; soy un comodón, lo admito, pero Tú estás en todas partes y yo en ninguna; luego hablamos y arreglamos cuentas. Padre, que estás en el cielo, y yo sólo contemplo las nubes, o como mucho ese color tan mono y azul que me llena de versos la cabeza; ya sé que me quedo en las apariencias y que encima me quejo del tiempo; es un movimiento reflejo: si pienso en Ti miro siempre hacia arriba, cuando puede que el cielo donde vives esté más cerca, o dentro. Santificado sea Tu nombre, lo sé, pero tengo otros muchos nombres en mi agenda y no llego, no llego; lo bueno es que me creo todas mis excusas, como un botarate, como si Tú fueras un amigo más, uno del montón (no será la primera vez que Te quedas el último o que sencillamente me olvido); ¿la oración?, ¿pero no ves cómo tengo la mesa?; oye, que yo me santifico con mi familia (menuda paciencia), con mi trabajo y demás actividades, no vayas a pensar que soy un cualquiera; ¿Tú crees, Padre, que de verdad Te santifico con semejante desorden de vida?; al menos ayúdame a “nombrarte” y “vivirte” con pureza. Venga a nosotros Tu reino. Y me acostumbro al lujo de la fe y a lo más bendito (como si me estuviera tomando un café o admirando los cuadros de un museo); estás a dos pasos y tengo prisa, o imagino Tu reino como algo muy excepcional pero lejano; cuando es Tu Amor el reino; y sí, me parece bonito, y me entusiasmo alguna vez, aunque he de reconocer que por lo demás atravieso un desierto; ven y cautívame el alma, por favor, que yo no me entero de nada, o es que no quiero enterarme. Hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo. Aquí tienes faena Padre, al menos conmigo, porque tengo una tendencia bastante radical a hacer mi voluntad y no la Tuya, será el carácter, o la puñetera pereza (perdón), o el miedo a comprometerme demasiado, no vaya a ser que de pronto Tu voluntad me trastoque los planes (que no son tan infinitos, lo reconozco, pero que no dejan de ser los míos y resultan agradables); por otra parte me cuesta aceptar lo que quieres para mí, no me fastidies, que tienes cada una de órdago divino; eres especialista en el infortunio pienso a veces (sólo lo pienso, ¿vale?, de esas cosas que se te ocurren y desechas al instante, porque tienes más cosas buenas -es un decir-); cuesta lo de agachar la inteligencia y terminar con las escaramuzas de las pasiones, y entregarte mi libertad como me pides ¿no es muy fuerte, no es un exceso? Padre, danos hoy nuestro pan de cada día. Con todo tu Cuerpo y con toda Tu Sangre, pero también el de la panadería y demás condimentos; no ando muy bien de dinero como sabes, no me llega (en esto no me extiendo, pues resulta vulgar y poco elegante, y los hay bastante peor que yo); y ya que estamos en harina procúranos buenos gobernantes, que eso sí que será uno de Tus más grandes y eficaces milagros y una prueba evidente de que aprietas pero no ahogas (date prisa, que no nos llega el aire); vale, lo sé, me esperas en Misa, realmente presente, mientras me escudo en tragicomedias, o en poesía. Perdónanos nuestras ofensas… Uf, esto sí que es importante, no hace falta que te lo diga, ¡pero si me paso los días en el confesionario! -examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de la enmienda-, mira que Te desprecio veces…, eso sí, salgo como nuevo y más feliz que unas castañuelas; no está mal el invento, pero reconoce que no es fácil lo de decir los pecados al confesor, nada fácil (si lo encuentras), no me extraña que se abuse de las penitencias comunitarias o que digan que se confiesan directamente Contigo y a otra cosa; esto de Tu perdón -pasando por el cura, que ya está bien de caprichos- es lo que más me maravilla, y siempre, y hagas lo que hagas (incluso abortos –hoy en día no imagino algo peor), que mira que somos burros; mi experiencia es que no hay mejor experiencia, y te doy las gracias por ello, aunque abuse de Tu paciencia. Como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Bueno, eso está por ver, depende; hay gente muy retorcida, por no decir mala; Te digo una cosa Padre: sólo lo conseguiré con Tu gracia, o los mandaré a la mierda directamente; ¿qué quieres que Te diga?, conoces de sobra a ese vecino insoportable, y a la persona que me dejó en la calle, y a ese pariente neurasténico, y al cafre que me insultó por católico…; no entiendo como puedes amarles, pero soy bobo y seguramente peor que ellos (eres Padre de todos, vale); el razonamiento es simple: Tú me perdonas siempre, ergo yo debo seguir Tu ejemplo, ocurra lo que ocurra; ¡menudo desafío! No nos dejes caer en la tentación Te lo suplico; estoy agotado, pero lo peor de todo es sentirse tan canalla, sentir que estoy en el pretorio y que Te fustigo, y que no lloro de dolor por Ti, acostumbrado, y que me miras desde entonces con esos ojos de los que aparto la vista; bueno, total no pasa nada, no es cosa de importancia; bueno, nos engañamos con gran facilidad: no hemos ido a Misa el domingo teníamos un compromiso, o hemos robado una ridiculez en dietas o en lo que sea, o hemos mentido hasta hartarnos y casi ya no sabemos distinguir la verdad de la mentira, o la avaricia es nuestro estado (anti)natural de vida, o no paramos de inmiscuirnos en las tetas de las prójimas o en los vericuetos de los prójimos (por decirlo fino y sin agotar todas las variantes), o… Y hay idiotas que sostienen que lo más adecuado para evitar la tentación es caer en ella; dijo Mateo (26, 41): “vigilad y orad para no caer en la tentación”; pero yo Te digo una cosa Padre: sólo no puedo -me duermo en los laureles-, mira a ver lo que haces. Y líbranos del mal. Y de nosotros mismos. Así sea, por lo que más quieras. Urge.
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Guillermo Urbizu
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domingo, 6 de diciembre de 2009
“44 escritores de la literatura universal”, de Jesús Marchamalo
NICOLÁS GÓMEZ DÁVILA
A todos los lectores -o a una buena parte al menos- nos encanta conocer más de cerca a los escritores, y Marchamalo no podía ser menos, y desde el principio confiesa que esa pasión también es la suya. Y es que la literatura sin vida no se entiende. El devenir de la existencia de los escritores condiciona absolutamente sus textos. No son un aparte. ¿Qué es la obra de cada uno de ellos sino una buena parte de su biografía? Más o menos explícita, pero el escritor escribe de lo que ve y oye, de lo que lleva dentro. Tamizado por la imaginación y el arte, desde luego. Y el lector, después de leer -o antes o durante- quiere saber, indagar, curiosear en esas vidas que fueron capaces de deleitarnos e interpretar nuestra propia y personal andadura. Y nos ayuda a entender mejor sus cuentos, novelas o poemas. Caemos en la cuenta de tal o cual circunstancia o clave. Y cuando volvemos a ellos: a Byron, a Simenon, a Rilke, a Hesse, a Salgari, a Nabokov…, la perspectiva es otra. No estamos ante unas cuantas fichas biobibliográficas, secas o disecadas por la historia literaria. Es literatura lo que leemos aquí. La literatura de un lector.
Y el lector es un ser curioso, por definición. Un libro le lleva a otro. Esos poemas o esos relatos le impelen a querer leerlo todo de un determinado escritor. No se conforma. Y busca biografías, diarios o memorias. Incluso fotografías, si las hubiera. U objetos que fueron de su propiedad. ¿Mitomanía? No, pasión de lector. Por eso este tipo de semblanzas o retratos -escritas con ambición y devoción, con claridad y sencillez- son impagables. Porque además esa misma pasión puede hacernos descubrir o redescubrir a un determinado autor. No sé los demás, pero yo, en cuanto he leído lo que Marchamalo ha escrito sobre Balzac -que es el primero en aparecer dado el orden alfabético- he ido raudo a las estanterías donde guardo La Comedia Humana, dispuesto a releer alguna de sus novelas. O cuando escribe sobre Virginia Woolf, cuyo comienzo me parece magnífico: “Tuvo un marido que vestía de tweed y plantaba lirios. Una amante ocasional, grande y sólida como un castillo en la campiña. Una nómina extensa de gatos y perros. Y una habitación propia”. Tan sugerente, tan exacto. El conjunto se puede leer como uno quiera: de corrido o saltando de aquí para allá, como si jugáramos a la rayuela. No son pocas las veces que sonríes… ¡Qué gran libro! Es una deliciosa introducción a la literatura, a la lectura, a la vida que la significa. Para no perdérselo.
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Guillermo Urbizu
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sábado, 5 de diciembre de 2009
Me pongo a pensar...
delante de la iglesia. Unas pocas rosas.
Repique de campana. El óxido de la tierra.
Banderitas por las calles. Ocho años
de pantalón muy corto y unánime flequillo.
Apenas sombras. Todo era sol
en las paredes blancas de agosto.
Las fiestas. El viejo autobús Hispania
aparcado en la plaza, siempre de paso.
El cine vespertino, y la piscina
con arena de la playa y con mis primas.
De merienda carne de membrillo
y en las vías del tren unas monedas.
Y pensar que de todo aquello sólo queda
el imperfecto poema de la nostalgia.
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Guillermo Urbizu
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viernes, 4 de diciembre de 2009
Dios se acerca
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Guillermo Urbizu
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