En ocasiones se inmiscuye un libro, lo miras, lo remiras, y te dices si tal vez, si pudiera ser, si -como ha sido el caso- hace mucho tiempo que no leo nada de historia. En las manos La noche de los cuchillos largos, de Paul R. Maracin (La Esfera). Un escalofrío. Esa portada con los rostros de Hitler y de Röhm difuminados en sombra, y la diabólica cruz gamada y todas esas bayonetas caladas en actitud de firmes… En seguida te pones a hojear las páginas con fotografías. Miras de cerca esos rostros. Parece mentira que ocurriera. Parece mentira que unas personas tan acomplejadas e inexistentes intelectualmente (salvo alguna), tan amorales y sin conciencia llegaran donde llegaron. Doce años de terror en el mundo. ¿Para el pueblo, por el pueblo? Todo mentiras y crímenes, desolación del espíritu, libertad maniatada y torturada, exterminio de toda esperanza. Hitler lo tenía muy claro: un gobierno sobre el pueblo. Devolver a ese pueblo toda esa común y negra amargura que tenían ellos dentro.
La noche de los cuchillos largos es un libro que tiene un par de excelentes virtudes: es breve y es claro. Nos va introduciendo en los hechos, en esa noche donde Hitler hizo que desaparecieran personas que ya le molestaban a sus propósitos (aunque se hubiera servido de ellas). Esa fúnebre noche que se prolongó hasta el final del Tercer Reich. La planificada liquidación de las fuerzas de asalto SA, con Ernst Röhm a la cabeza, fueron el chivo expiatorio. Fueron el preludio de otros exterminios y la consolidación de la dictadura hitleriana y de su guardia pretoriana de las SS y la Gestapo al mando de Heinrich Himmler. Pocas veces un solo hombre ha hecho sufrir tanto a tantos. Millones de personas asesinadas, gaseadas, exterminadas, desaparecidas o muertas en combate. El infierno encarnado. Y en el libro se nos va contando con amena sencillez -que contrasta todavía más con los hechos- cómo fue posible que se pudieran reunir en un solo régimen fanático tal cúmulo de personajes sin alma. Y el autor nos ofrece sus retratos, el itinerario de sus vidas, conformando una galería que todavía nos aterra. Y el lector vuelve la mirada, cada pocas páginas, a esas fotografías en blanco y negro de los protagonistas. Y mira sus ojos, sus rasgos, intentando desentrañar el secreto de aquella fuerza tan irracional y posesa.
La noche de los cuchillos largos, ese período de tiempo entre el 30 de junio y el 1 de julio de 1934, confirmó la pasta de Hitler, su frialdad, su premeditación homicida, su decidido impulso de hacerse con el poder supremo, sin titubeos. Churchill se había dado cuenta y no le quisieron escuchar. El destino de Alemania estaba escrito. Y el de una buena parte del mundo. Pero esa purga no terminó ahí. Siguió a lo largo de 1935 y siguientes. Nadie estaba a salvo. La noche de los cuchillos largos en realidad duró hasta la propia muerte de Hitler, hasta la conclusión de este círculo del Infierno.





9 comentarios:
La verdad es que el libro me importa un pimiento. Pero lo escribes tan bien que da gusto leerte. Goyo.
"Parece mentira que ocurriera. Parece mentira que unas personas tan acomplejadas e inexistentes intelectualmente (salvo alguna), tan amorales y sin conciencia llegaran donde llegaron".
Lo increíble es que les volvieran a votar y ya lleven seis años destrozando todo lo habido y por haber.
Esta etapa de la Historia me produce grima, me da mal yuyu. Hitler y compañía, junto el padrecito Stalin -que fue el máximo instigador y propulsor de nuestra Guerra civil española, del odio anticristiano- son la mayor tragedia que ha padecido el mundo. Que se pudran. Prefiero comprarme una novela cualquiera.
Yo siempre tengo pavor de que vuelva un tiempo así. Tentamos mucho la suerte.
Su lectora Elena.
Es cierto lo de la curiosidad. Suele ser malsana.
Leí las Memorias de Speer, el arquitecto de Hitler y ministro de pruducción de armamento, que son muy interesantes y que recomiendo a quienes les interese esta época histórica.
Yo me compré no hace mucho en esta editorial un libro de Churchill sobre la II Guerra mundial, sus memorias. Aún no lo había comenzado a leer, pero hoy sí.
La portada me llamó. No tenía otra cosa por leer y me lo he comprado.
Leído. Sobrecoge y da miedo. Esto sí que es literatura de terror.
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