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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


martes 16 de febrero de 2010

Las tres de la tarde. Noticia de última hora: Cristo ha muerto



Las 3. O las 15:00 p.m. La hora en que murió Cristo. Mi teléfono me avisa. Ave Crux! Por un instante me traslado al Calvario. Agonía de Dios Hijo. Prácticamente solo. Estertores. El cielo se pone de luto. Convulsiones de la tierra y de Su Cuerpo. Último suspiro. Las 3 de la tarde. Las almas en desbandada. Sólo Su Madre, María, y Juan, y algún legionario rezagado que asiste al espectáculo de la Redención en primera fila de Sangre. Y yo, que quiero estar allí, aunque esté en medio de la calle y en los albores del siglo XXI. ¡Padre! ¡Hijo! Intento hacerme cargo. Es el bautizo de la historia. El centro del tiempo: el vórtice eterno de todo. Ruedan las piedras por la ladera, sopla muy fuerte el viento. Un claxon me distrae. La Cruz está empapada de homicidios y tortura. Violencia sistemática, desalmada, irracional. Y la paz de esta muerte, y la muerte de la muerte. El Verbo de Dios ha dejado de respirar. Las manos en los bolsillos del abrigo. Miradle. Me llaman la atención esas gotas de sangre que tiemblan y caen como a cámara lenta sobre el mundo donde camino. El alma del hombre está llena de contusiones y llagas y vértigos, como este Cuerpo suspendido en esos clavos de hierro retorcido. Las 3 de la tarde. Tengo esa devoción, que me avisa del desastre y de la única esperanza posible. Camino por una calle de mi ciudad, y tengo frío. Es la hora. ¡Despierta alma! Cristo te espera. Espera el consuelo de tu pensamiento y de tu fe. Antes de morir quiso mirarte y que le miraras. El Gólgota. Entonces ya supo que estabas al llegar, que acudirías, que una alarma de tu teléfono XpressMusic te avisaría de Su agonía todos los días. Y unas palomas se arremolinan en el aire. Ave Crux! Esa cruz que quieren quitarnos del corazón y de la vista. Esa cruz que algunos quieren borrar, para dejarnos una historia sin alma. Y sin memoria, y sin herencia. Y sin resurrección, y sin Poesía. Y sin cultura. Y sin rastro alguno de Amor. ¡Qué lastre es el hombre para el hombre! ¡Cómo pesa la iniquidad, la inquina! ¡Y cómo brilla la blancura de Cristo muerto! Marfil o nácar. Nieve. ¡Nieva! Se ha vaciado entero de Sí, en nosotros, en mí. Era el sacrificio necesario. Hostia. Espíritu. Son las 3 de la tarde. ¡Dios! ¡Padre!

6 comentarios:

Anónimo dijo...

A veces me recuerdas a Unamuno con más fe. Y con otro estilo. Parece mentira leer algo así hoy en día. Olga D.

Anónimo dijo...

Eres único. Aparte de escribir muy bien, hay que saber qué decir. Tú lo dices. Lo de tu vocación al Opus Dei me llegó al alma. Lo de hoy lo completa. Gracias por escribir estas cosas.
Que conste: yo no soy del Opus ni soy muy piadosa, pero reconozco lo bueno a kilómetros de distancia.
Lucía Romero.

Anónimo dijo...

Sí señor, eso es escribir bien y decirlo claro.

Anónimo dijo...

Enhorabuena por cada una de las entradas. Llevo siguiéndolo sólo una semanas y cada una supera a la anterior.

Anónimo dijo...

Es precioso lo que has escrito. Me voy a poner también esa alarma para que me avise a las 3 de la tarde. Un abrazo. Félix.

Anónimo dijo...

http://www.ewtn.com/spanish/prayers/Misericordia/Coronilla.htm

Aquí pueden encontrar cómo rezar la Coronilla. Es una oración preciosa donde las haya, que te acerca a Cristo sin casi darte cuenta.