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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.
martes 16 de marzo de 2010
La historia y la melodía de los libros
¡Bendita costumbre de leer tantos libros a la vez (en un tris he estado de escribir maldita, no sé por qué)! Y sin acabar ninguno comienzo otro que me llega, y otro más que compro. U otro que encuentro escondido en una de las muchas estanterías, después de tantos años. Por cada libro que concluyo doy inicio a otros dos o tres. Siempre hay alguno que me atrae con más fuerza, lo que no quiere decir que lo finiquite antes, dejando de lado a los demás. Todo lo contrario, me dura más. Bueno, es comprensible, pues dosifico su placer; me deleita hasta el punto de leer despacio, de indagar con especial unción en sus palabras, en esa trama de significados a los que me uno. En esa música o ritmo de su prosa (o de la prosodia de sus versos) que me encandila o seduce. Estos libros son los más nuestros, más incluso que los que podamos llegar a escribir algún día. Libros. Libros que se suceden en mi vida, que me completan. Puede parecer que ya son muchos, pero no me basta, me parecen siempre muy pocos. Junto con Enis Batur me pregunto: ¿A qué sensación de inseguridad le estoy declarando la guerra con esos muros de volúmenes que cubren mis paredes? Lo que es cierto es que me siento protegido y acogido. Física y espiritualmente. ¿Qué puede ocurrirme de malo si están conmigo? Prevengo la soledad y el hastío. Prevengo la superficialidad y el frío. La mayoría de estos libros, como digo, pasan, y acaban discretamente en un segundo plano de la biblioteca. Hasta puede que apenas recuerde su historia, su melodía. Y no sepa que están, que siguen. Pero es grande el gozo que siento cuando nos volvemos a ver un día cualquiera, y los rescato y hasta puede que los deje en la mesilla, ya saben. A la espera de un resquicio. Me dan una gran paz todos estos libros que me rodean. Libros que se multiplican, y que me agrada contemplar ahí, apilados o diseminados por la casa. Son como las teselas del mosaico que soy yo mismo. O quizá una ilusión o una esperanza o una sorpresa, que al fin y al cabo es de lo que vivo. Y por lo que leo.
Publicado por
Guillermo Urbizu
Etiquetas: Sobre literatura
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12 comentarios:
Paz, protección compañía...Debe ser una suerte tener todo eso de los libros.O de donde sea.
Cuando cambie de casa, por favor, no me invite a la mudanza.
Los libros son la esperanza de una lectura-vida mejor.
Yo sólo le digo que entre libros se está muy bien. Y si los lees mejor que mejor.
En una casa donde hay libros te encuentras como en tu propia casa.
Los libros son una trasfusión constante de sueños y de ideas. De lo contrario uno se ahoga en la mediocridad.
Le recomiendo la novela EL TIEMPO ENTRE COSTURAS. Ahora no recuerdo el nombre de la autora. Se apedilla Dueñas.
Es una novela fantástica. No deje de leerla.
Bea.
Eso es: María. María Dueñas es la autora de El tiempo entre costuras.
Se queja la gente de que ocupan mucho sitio los libros. ¿Y lo demás no ocupa lugar?
Y peor es el no tener apenas, en esas casas desangeladas y dominadas por los ordenadores y las televisiones.
El Conde Lucanor.
"Mi Padre no cesa nunca de trabajar; por eso yo trabajo también en todo tiempo".
Lectura del santo Evangelio según san Juan
5, 17-30
En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos:
«Mi Padre no cesa nunca de trabajar; por eso yo trabajo también en todo tiempo».
Esta mañana, en un programa de radio, Fernando Marías hablaba de libros y de la grandeza que tiene la Literatura ( y cualquier expresión artística, dijo yo) para emocionar y elevar el espíritu, o dejar impasible, según la persona.
Y yo me he dicho: lo que disfrutaría éste hablando de libros con el Urbizu.Y es que me ha dado la impresión de que el Sr. Marías, igual que mi amigo, disfruta cualquier libro, por aburrido y soso que sea, porque en todos y cada uno sabe entrever el alma del que lo ha escrito. Un don. Otro, que también escriben y lo hacen muy bien.
Yo doy gracias porque tengo ojos para leer, un poco de seso para entender y corazón para emocionarme, aunque sólo sea de vez en cuando.
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