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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.


sábado 13 de marzo de 2010

Tengo ganas de salir de casa




Tengo ganas
de caminar por calles soleadas,
disfrutando del placer de cada paso.
Caminar despacio, deleitándome en lo que ocurre.
Un coche que aparca, un mendigo
al que llamo por su nombre,
unos ojos que me miran, unas campanas
que repican a Dios y te recuerdan el alma,
un abrazo repentino, esas nubes íntimas, la existencia
del cielo, el parpadeo de la luz, la brisa.
Tengo ganas de volver a ver las cosas
y a toda esa gente que pasa,
que cruza, que ama, que vive.
Tengo ganas de abrir la puerta de casa
y salir hacia dentro de estas palabras.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Soy un privilegiado, no por los años que he vivido, no por los dones que me ha dado, no por las almas que me cuidan, no por el amor que me sostiene y me da vida, no, eso lo tiene cualquiera. Soy un privilegiado porque ha querido que me dé cuenta.

Anónimo dijo...

No hay nada como expresarlo todo de una manera sencilla.

Anónimo dijo...

Delicioso este poema.

Anónimo dijo...

Me llamo Laura y soy fan de este blog. Quiero que lo sepa. Su forma de escribir me llamó mucho la atención. Sin recargamientos y siempre atento a los libros y a la poesía. como este poema que ha publicado hoy y que me encanta.
Gracias por todo.

Anónimo dijo...

El enemigo

Cuando estés un poco malogrado
O te importune ese personaje
Que la derrota, muy sutil urdiera,
Puede hacer asomar en tu rostro,
No arrojes tu sueño como un anillo al río,
Sobre aquello que amas no puedas renunciar.
              
Cuando estés un poco malherido,
Quizás también oscuro, puede que un tanto harto
Y, al procurar verso, no encuentres
La música apropiada, lo que te exige el canto,
Recuerda que algún día fuiste dueño,
Que guardar silencio puede ser causa grande.
              
Cuando llenes de vaho los espejos con la tristeza
De ese ser que los procura, y anda errante en la casa
Como un barco impaciente que abandonó el mar,
Nunca pierdas el rastro de las estrellas
Fugitivas, y nunca te abandones
Al gesto vano, a lo falso o a la mentira.
              
Cuando quieras vivir
Por un país que esté más al norte,
Más cerca de la vida; al abrigo de otros puertos
A los que desciende el cielo con toda la claridad,
Y lejos de estos hombres que no quieren
Saber lo que tú mucho querrías,
Piensa en la casa sola que, desnuda, se dirige
Valiente y traicionada hacia el mar;
Y que debes salvarla, dándole otros caminos.
              
Es así que en esta hora te sucede
Que estás un poco triste, malherido,
Un tanto malogrado y sabes letras
De esas torpes canciones del desencanto,
Mi viejo capitán de las bajas horas,
Olvídate de mí, pero no olvides
Los pactos misteriosos a los que entre los dos llegamos,
Deja que suene la música. Y que pase otra vez.
              

Ramiro Fonte