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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.




miércoles, 5 de mayo de 2010

Carta a mi suegro, con reiterada admiración



Querido Lorenzo:

Hoy hace fresco. Y viento. El cielo está empapado de melancolías. Ya sabes que me da por esas. No hay nadie en casa. ¡Qué quietos están esos libros o esa almohada! Desde donde escribo te veo en una fotografía, junto a tu mujer. Y veo las ventanas donde vivías. Hay ropa tendida. Unas ventanas con ojeras. E imagino tu armario vacío, tu mesilla, el despertador, el espejo donde te mirabas con cierta ironía. Te cuento todo esto porque te echo de menos y no sé qué decir exactamente. Ayer estuve en tu despacho. El cuarto del abuelo, decimos, el cuarto al que todos volvemos el alma cuando entramos a tu casa. ¡Qué cosas! Entras y me da por acariciar las cajas donde guardabas con orden y constancia la vida, los videos antiguos con tu letra, tus libros de la Academia… Estás por todas partes. Como si nada hubiera cambiado, como si vivieras todavía.

Sí, como si vivieras todavía en un invisible pero tenaz rastro de afectos. Quiero decir, como si aún estuvieras físicamente con nosotros. Porque vivo estás, pese a tu cuerpo muerto. Vivo estás, pese a que publicaron una esquela. Vivo estás, pese a que en el velatorio todos se empeñaban en darnos el pésame. Vivo estás, estás vivo (el nicho está en nosotros, tantas veces). Porque el amor entiende todo esto de la muerte de muy diferente manera. Y no hay quien muera… Aunque, ¿sabes?, llevo mal no encontrarme contigo por la calle y que me preguntes por Ana y los chicos. Llevo mal no verte en misa algún domingo o llamarte para ver si tienes una bombilla o el periódico de cualquier día. Esas cosas. No me acostumbro. Por eso sigo el vestigio de tu vida allá por donde miro. Y me quedo quieto, como esos libros o esa almohada que decía antes. Quieto, atento, especialmente pendiente de lo que vivo. De lo que vive.

Y es que, querido Lorenzo, no andamos sobrados de gente buena. Sembraste a manos llenas y la gente nota los frutos. Los percibimos todos. En tus hijos y nietos, y en el alma que nos dejaste por herencia. Imagino que ya lo sabes, pero los médicos y enfermeras que te atendieron en el tramo final de esta tierra, se quedaron impresionados por esos frutos. Uno de los galenos dice que en veinte años de ejercicio de la medicina nunca había visto una muerte así, una muerte tan viva. Y una enfermera lloraba. Pero lloraba no de pena, lloraba por todo el gozo de esperanza y canciones que nos dejabas. Una familia así de junta y numerosa, una familia así de orgullosa y que reza, a la fuerza provoca conmociones. Es como atisbar un poco de cielo. Hasta las palabras se me llenan ahora de lágrimas, que no de tristeza. Y esos son los frutos. Esos, no otros.

La memoria del amor arrecia en la nostalgia. Los hombres somos así. Es por eso que necesitamos imágenes y recuerdos. O palabras. Aunque estén heridas del natural dolor todavía. Palabras como estas que te escribo. Palabras que digan un poco de lo que fuiste. Para volver a vivir de nuevo. Contigo. Para volver a verte de alguna manera. Quizá para obtener una respuesta a vuelta de correo, quién sabe. Mientras sigue el viento frío y el firmamento gris de un día desapacible y un tanto raro, siendo primavera.

Todos te queremos Lorenzo. No nos dejes.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Escribir a los muertos tiene sus ventajas: lo que te ahorras en papel y sellos, que puedes escribirles la Biblia en verso sin temor a importunar ni hacerles perder el tiempo, que no se van de vacaciones y, a mi parecer la más importante, que sabes de antemano que no te van a contestar, con lo que evitas hacerte ilusiones.

Por cierto, Lorenzo, hoy me he acordado de ti y no ha sido en la misa sino por culpa de la Ministra, ¡ vaya cruz!, ya te habrás enterado de la penúltima, ¿no? . Yo me he dicho: bueno, este disgusto se lo ha evitado el Señor a Lorenzo.
Y me he alegrado por ti.

¿Te importa que te vuelva a escribir?

Anónimo dijo...

A vuelta de correo no sé, no creo que te dejen, pero si te dejan meterte en mis sueños hazlo, me voy a la cama ya.

Anónimo dijo...

Me ha hecho llorar.

Sonia.

Rafael dijo...

"Amar a un ser es decirle: tú no morirás"

Gabriel Marcel

Anónimo dijo...

En un rincón enmudecen
cartas viejas, sobres viejos,
con el color de la edad
sobre la escritura puesto.

Allí perecen las cartas
llenas de estremecimientos.
Allí agoniza la tinta
y desfallecen los pliegos,
y el papel se agujerea
como un breve cementerio
de las pasiones de antes,
de los amores de luego.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.

Miguel Hernández

Anónimo dijo...

Cuando se ama a alguien se palpa ya el cielo en esa persona.

Anónimo dijo...

Cuando te voy a escribir
se emocionan los tinteros:
los negros tinteros fríos
se ponen rojos y trémulos,
y un claro calor humano
sube desde el fondo negro.

Cuando te voy a escribir,
te van a escribir mis huesos:
te escribo con la imborrable
tinta de mi sentimiento.

Allá va mi carta cálida,
paloma forjada al fuego,
con las dos alas plegadas
y la dirección en medio.

Ave que sólo persigue,
para nido y aire y cielo,
carne, manos, ojos tuyos,
y el espacio de tu aliento.

Y te quedarás desnuda
dentro de tus sentimientos,
sin ropa, para sentirla
del todo contra tu pecho.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.

Miguel Hernández

Anónimo dijo...

El palomar de las cartas
abre su imposible vuelo
desde las trémulas mesas
donde se apoya el recuerdo,
la gravedad de la ausencia,
el corazón, el silencio.

Oigo un latido de cartas
navegando hacia su centro.

Donde voy, con las mujeres
y con los hombres me encuentro,
malheridos por la ausencia
desgastados por el tiempo.

Cartas, relaciones, cartas:
tarjetas postales, sueños,
fragmentos de la ternura,
proyectados en el cielo,
lanzados de sangre a sangre
y de deseo a deseo.

Miguel Hernández

Anónimo dijo...

Querer así significa salvar el mundo.
Leer este tipo de escritos hace que uno crea con más esperanza.
Gracias. Se lo agradecemos muchísimo.
Que Dios tenga en su gloria a don Lorenzo.
Natalia y Laura.

Anónimo dijo...

Mi enhorabuena por tener los reaños para escribir lo que escribe y con tan excelente estilo.
Su blog me ha sorprendido.

José Antonio

Anónimo dijo...

Quisiera morirme y vivir luego así en el corazón de los míos. Gracias.
Saludos de Julia.