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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.




domingo, 2 de mayo de 2010

Cumpleaños y agradecimiento


Ya me parecen un montón de años. Son bastantes, aunque tampoco son demasiados. Me cuesta pensarlos. O tal vez lo que me cuesta es pensar que no los he aprovechado bien, que me he ido dejando muchos prodigios en el tintero o en la desidia, que no he andado muy despierto a la hora de amar como debiera o de trabajar con más ahínco. De leer menos y hacer más. No sé. Puede que no queden tantos años para atravesar mi muerte y descubrir la realidad de mis obras a la luz eterna, del anhelo de todas esas palabras que he dibujado en la posibilidad de dar alguna vez en el clavo. Quisiera decirlo ahora, escribirlo aquí, para que conste donde fuere: mi vida no es gran cosa, nunca lo ha sido y seguramente nunca lo será; pero dejando esto claro, debo de decir en justicia que el amor de Dios me ha regalado su sentido, su alegría; el amor de Dios ha conseguido que sonría en momentos complicados, que persevere y siga. Mi vida no es gran cosa, no, pero hay algo extraordinario en todo esto que vivo, o que me vive, y que consigue mantenerme el alma en vilo. Hay algo que no cesa de provocarme asombro. Es por eso que rezo, que me arrodillo. Es por eso que leo y que me asomo a la ventana de lo que veo y recuerdo con agradecimiento y balbuceo tantos misterios de mi vida. La realidad sobrenatural de lo que miro y amo y escribo, eso es lo que me interesa, lo que no dejo de admirar, de contemplar día a día. Y esto no parece demasiado a muchos ojos, abducidos por lo que llaman útil, o parecido. ¡Cuántas veces me habrán dicho que ponga los pies en el suelo! Y yo ni caso, perdonadme. Yo a lo mío de ese cielo cada vez más azul, o de esos geranios incandescentes de brillos. Yo a lo mío de poemas increíbles o de ese mar de belleza en el que siempre nado. Y mientras tanto el tiempo se hace nostalgia, los sueños no llegan y pasan los años. ¿Qué hago? ¿Qué digo? Puede que se me ocurran sólo palabras o que me calle, pero sabed que amo. Con gran imperfección, pero amo. Y soy relativamente feliz y doy gracias a Dios por todo. Y poco más es la vida.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Muchas felicidades, don Guillermo, que Dios le bendiga.

Anónimo dijo...

Una obra de arte compañero.

David.

Y felicidades.

Anónimo dijo...

¿Cuándo te fichan en ABC o La razón o La Gaceta? Soy amigo tuyo es cierto, pero eso me quita objetividad. Tus artículos son muy buenos tío.
Que pases un buen día en tu cumpleaños.
Un fuerte abrazo, Carlos.

Anónimo dijo...

Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños.

Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.

AG

Anónimo dijo...

Feliz Cumpleaños, que siga escribiendo muchos más lleno del amor de Dios y su familia
T.L

Clara dijo...

¡¡Felicidades, chavalín!!
(con todo respeto, Sr. Urbizu)

Guillermo Urbizu dijo...

Gracias a todos. Emocionan estas cosas.

Afectuosos saludos.

Anónimo dijo...

Las de cuarenta y pico
Desafiamos día a día al espejo.
Aprendimos a encontrar
el verdadero brillo
de la mirada
que se oculta
bajo las párvulas pestañas.

Nuestra verdadera belleza
viene del equilibrio
De haber dudado
para encontrar certezas
de haber llorado
para descubrir la risa
Esa que nace desde adentro
y no aquella
que es el gesto
de mostrar los dientes
o estirar los labios.

Las mujeres de cuarenta y pico
nos hemos parido,
después de un ensayo
prolongado de situaciones
que duró nada más
y nada menos
que cuarenta años

Y debutamos exitosas
en la vida
cuando comprendimos
el verdadero valor
de ser maduras,
y porque madurez
siempre es sinónimo de belleza.

¿Quién dijo que la vida
empieza a los veinte años?
Sepan jóvenes,
que la vida
empieza a los cuarenta.

Claudia Isabel Lonfat