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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.
miércoles 31 de marzo de 2010
¡Qué resplandor el de la vida!
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Guillermo Urbizu
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martes 30 de marzo de 2010
El señor Vicente
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Guillermo Urbizu
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lunes 29 de marzo de 2010
“La hora 25”, de Constantin Virgil Gheorghiou
(El sentido de la vida es absolutamente individual)
Una historia cargada de honda reflexión, de indagación en el ser humano. Una historia sobre el dolor y su redención por el amor. Una historia sobre la deshumanización: “El primer síntoma de esa deshumanización es el desprecio al ser humano”. Una historia sobre la orfandad de millones de almas. “La sociedad técnica puede crear la comodidad. Pero no puede crear el espíritu”. Una historia donde también se apunta la esperanza: “(…) Ese derrumbamiento de la sociedad técnica irá seguido del renacimiento de los valores humanos y espirituales. La gran luz se proyectará sin duda desde el Oriente”. Al individuo se le desgaja de su dignidad, de su pudor, de sus derechos, de su familia. El cuerpo gime, como gime el alma.
La novela es muy rica en jugosos diálogos, en conversaciones donde podemos leer verdaderos monólogos interiores o plegarias (ver la de Traian Koruga en la página 324). Por ellos fluye la conciencia, la inteligencia y los sentimientos del autor. Por ejemplo en boca de Nora West: “Los intereses de la sociedad occidental no son los de los hombres. Al contrario. En la Sociedad técnica occidental los hombres viven como los primeros cristianos, en las catacumbas, en las cárceles, en los guetos, al margen de la vida”. O en boca del conde Bartholy (un personaje marginal): “(…) Sólo por el respeto que sentía a esos tres símbolos: el hombre, la belleza y el derecho, pudo nuestra cultura occidental llegar a ser lo que fue. Sin embargo, ahora acaba de perder la parte más preciosa de su herencia: el amor y el respeto del hombre. Sin ese amor y ese respeto, la cultura occidental habrá dejado de existir. Habrá muerto”.
La novela tiene un evidente trasfondo religioso y de esperanza. "Al final, Dios -dirá el padre Koruga, el párroco ortodoxo de Fontana- se apiadará del hombre, como ha hecho ya tantas veces". La novela es el resultado de una inquietud y de una lucha. Es preciso denunciar esta desespiritualización descarnada del hombre (vigente aún en tantos y tantos lugares), es preciso reivindicar a Dios y todo lo que ello significa. Es preciso mostrar lo que supone vivir de espaldas a la dignidad que nos identifica. La aventura de esta novela, tan dura como entrañable, es la aventura de muchos que fueron, y de otros que hoy -en otras circunstancias de dolor- todavía son. ¿Aventuras? Dice Traian Koruga: “La mayoría de los hombres de este mundo no son aventureros. Y, sin embargo, todos se verán obligados a vivir aventuras como no las podría imaginar ningún escritor de novelas sensacionales”.
La hora 25 es una novela que quiere escribir –y de hecho se va escribiendo durante nuestra lectura- el personaje Traian Koruga. “No es la última hora, sino una hora después”. Es nuestra hora, la hora en la que la civilización occidental se lo está jugando el todo por el todo. Pero puede que ya sea demasiado tarde. “Es la hora veinticinco. La hora demasiado tardía para ser salvado, para morir y también para vivir. Una hora tardía para todo”. Pero tanto dolor no ha sido en vano, no puede ser en vano. Y Nora West -su mujer- toma el relevo y sigue escribiendo la novela, esa historia que hace mucho tiempo dejó de ser ficción.
Este libro tuvo su cierto reconocimiento durante los últimos años 60 y principios de los 70. Y sobre todo a raíz de la película dirigida por Henri Verneuil (1967), e interpretada por Anthony Quinn y Virna Lisi. Ahora la editorial "El buey mudo" la incorpora a su catálogo con buen tino, con la confianza de que nuevos lectores -ojalá sean abundantes- descubran su gran calidad literaria, y su indiscutible vigencia.
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Guillermo Urbizu
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domingo 28 de marzo de 2010
La Gerencia, aquella casa
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Guillermo Urbizu
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sábado 27 de marzo de 2010
Llevo mal que mis hijos crezcan
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Guillermo Urbizu
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viernes 26 de marzo de 2010
“Textos”, de Nicolás Gómez Dávila
N.G.D.
“En el silencio de los bosques, en el murmullo de una fuente, en la erguida soledad de un árbol, en la extravagancia de un peñasco, el hombre descubre la presencia de una interrogación que lo confunde. Dios nace en el misterio de las cosas”. Es una llamada muy clara a no dejar pasar la oportunidad de nuestra innata trascendencia. Y prosigue Nicolás Gómez Dávila:
“Esa percepción de lo sagrado, que despierta terror, veneración, amor, es el acto que crea al hombre, es el acto en el que la razón germina, el acto en el que el alma se afirma”.
Hay unas constantes en su pensamiento: la idea del progreso (“el progreso es dogma que requiere una fe propia”), la trascendencia del hombre, la doctrina democrática (“la primera, y la más obvia, de las ideologías democráticas es el ateísmo patético”), la literatura, etc. El autor escribe para zarandear la inteligencia. Y algo más. Avisa sobre una libertad dormida (“la libertad no es potencia abstracta; sino actitud del ser concreto ante un valor”) o sobre una cultura abúlica y tortuosa. ¿Y qué me dicen de la pertinaz soberbia del hombre, de su secular cainismo, o cinismo? Escribe: “El hombre olvida su impotencia, y remeda la omnipotencia divina, ante el dolor inútil de otro hombre a quien tortura”.
Y mientras iba leyendo me llamaba la atención la culta y precisa prosa de Gómez Dávila. Con esa cosmovisión poética de la vida, de la existencia. A veces te parece estar leyendo largos versículos, como si la reflexión fuera precedida o estuviera imbuida de un cántico, himno o elegía. Lean esto como muestra:
“(…) Mundo oculto en nuestro mundo transparente; blancura de una espalda en la floresta umbría; pureza del estanque bajo las ramas inclinadas”.
Y más abajo, para rematar estos Textos:
“Es en el fracaso mismo; es en la oscura senda de su frustración y de su engaño; es en la materia deleznable, en la tierra friable, en la arena lábil; es en lo voluble, en la mudanza, en la blanda carne amenazada, donde el hombre halla el firme suelo de sus sueños”.
Textos. La vida del pensamiento, la vida del alma. La vida del hombre: su sentido. Su proyecto, su inconformismo, su infortunio, su esperanza de algo noble. La vida. Al comienzo del libro hay un par de frases que se recogen de la página 96 y que son la principal reivindicación de este escritor: “La vida es un valor. Vivir es optar por la vida”. Y escribí al margen inmediatamente unas palabras del poeta Jorge Guillén que me vinieron a la mente: “La vida es bella por el hecho de ser vida”.
Al final del libro en cuestión se publican unas páginas que ya son míticas. Nada menos que “El reaccionario auténtico”. Sobre lo reaccionario el autor tiene escritos multitud de escolios o fragmentos. Nicolás Gómez Dávila es un antimodernista confeso. Nos asfixia a todos un modernismo basado en la barbarie del espíritu y en la bobería política. Apenas existe nada, para el reaccionario, que merezca la pena ser hoy tenido en cuenta. Sobre todo es una reacción contra la inepcia del progresista o el demócrata envilecido o el taimado materialista. “El reaccionario escapa a la servidumbre de la historia, porque persigue en la selva humana la huella de los pasos divinos”. Para él el reaccionario de nuestros días “no es el soñador nostálgico de pasados abolidos, sino el cazador de sombras sagradas sobre las colinas eternas”.
¿Estamos ante un escritor radical? Sin duda. Y magistral. Pero, ¿qué quiere decir que es radical? Significa -antes de que nadie diga tonterías- que no se anda con componendas ni con medias tintas. Es la resistencia a la mediocridad, a la zalamería, al descaro, a la ramplonería; a base de un detenido escrutinio de la impotencia y de una constante lectura de los clásicos. Gómez Dávila es un escritor reaccionario (“el pensamiento reaccionario es impotente y lúcido”) y a la vez vanguardista. E inclasificable en las torpes habichuelas de la historia literaria. Un rebelde que piensa (que piensa la rebeldía ante el lastre de lo subalterno). Para terminar recuerdo ahora un escolio muy ilustrativo: “El tonto puede captar lo sutil, pero no ve lo obvio”.
Un gran libro. Un autor indispensable. Porque estamos ante mucho más que un conjunto de opiniones respetables.
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Guillermo Urbizu
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jueves 25 de marzo de 2010
Cosas y más cosas
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Guillermo Urbizu
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miércoles 24 de marzo de 2010
Vida, religión y literatura
Os lo digo ahora, hoy: según soy un poco más consciente de mi vida, siento más de cerca el amor de Dios, que se manifiesta constantemente, sea cual sea mi respuesta. Esa vida que no hace mucho me parecía tan vulgar o insulsa, o tan poco reconocida. De una medianía sin remedio. ¡Cuántas majaderías! Pensaba tenerlo casi todo controlado. ¡Iluso! Será por ello que cada vez me importa más eso, lo que antes decía: el alma. La sonrisa de mis hijos no es tampoco mala teología. O esa mirada de mi mujer, que admira como nadie la entraña del asunto, y su elegancia infinita. No, no me extraña que cada día pueda escribir más sobre religión o sobre Dios, que me ama en situaciones muy concretas, día a día. Sin Él, ¿qué es de recibo?
Escribir es un acto de amor, de redención. Esa es su verdadera filología: la espiritual. Esa es la trama que va urdiendo la aventura de nuestras vidas. Señores míos, un saludo.
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Guillermo Urbizu
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martes 23 de marzo de 2010
Oración
Hoy mi vida está a oscuras
y ni siquiera veo las palabras oportunas.
¿Qué quieres que Te diga, Jesús mío, qué quieres
de mí, que nada soy ni siento nada?
¿Qué quieres de mi alma tibia?
¿Qué quieres de mi corazón altivo?
¿Qué quieres de mi rudimentaria vida?
Te amo, pero sin ganas; Te amo, sí,
pero Te amo a tontas y a tientas.
O perdido entre las nubes de cualquier manera.
Jesús mío, dame tu mirada, mírame
en la derrota de esta vida que me cansa.
Mírame… Es mejor que yo no Te diga nada
y que Tú entres en mi casa.
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Guillermo Urbizu
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lunes 22 de marzo de 2010
Carta a María Dueñas (autora de "El tiempo entre costuras")
Permíteme unas breves líneas en esta deliciosa mañana de marzo, cuando la primavera ya está casi en sazón, dispuesta para estrenar sus renovados colores y aromas. La vida. Y las palabras, que como bien sabes, indagan allá por dónde miras, y respiras, y acaricias. La voluntad de expresarte, la necesidad de sacar adelante el alma. Las palabras, el lenguaje, esa forma de querer a los demás, de contarles el silencio que guardas. Esa forma de precisar la belleza y el dolor y el amor y cualquier otra experiencia. (Ya pujan las yemas en las ramas). Escribir es como ir aprendiendo a hablar, ¿verdad? Cada vez se pronuncia mejor lo que sientes. Aunque siempre te parece estar en ese primer balbuceo, y temes no poder seguir o comenzar siquiera. ¿Cómo expresar la emoción del corazón y el misterio de lo que nos sucede? Y poco a poco se te va poblando el alma de personajes, y tú estás en ellos, y esbozas su geografía, y tu aventura.
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domingo 21 de marzo de 2010
La conversión al Amor
Buscamos afanosamente la raíz de todo conocimiento, ávidos de pisar la cumbre los primeros, de alumbrar la mente y no el alma. Todo ello inmersos en la tibieza de los sentidos y despreciando por supuesto el sacrificio. ¡Conocer! El verdadero conocimiento es humilde y diáfano, no hay que buscarlo tanto en los libros -o en las variantes más insospechadas de la soberbia- como dentro de nosotros mismos. Conocer es amar. Amar es conocer. Fuera de este camino sentimos una insatisfacción que corre el peligro de hacerse crónica. ¡Qué pocos son los que se preocupan por su alma!
Y a nuestro alrededor comprobamos que las miradas se apagan poco a poco, que a los corazones les falta resuello, que necesitan de alguien que les hable de Dios. Con urgencia, sin miramientos. No acabamos de comprender que lo visible, lo que percibimos por los sentidos, es parte infinitesimal de lo REAL, del conjunto místico de la creación. Todo parece invertido, como del revés. La cultura y los valores se manipulan con impunidad, y nos perdemos en mil fantasías, en circunloquios estériles. ¡Qué soledad experimentan muchas personas entre tanta habladuría!
Pero no todo está perdido, ni todo es tan negativo como pueda parecer. La resurrección de la alegría trascendente se sigue produciendo a cada instante, en muchos rincones del mundo. Almas desconocidas que encuentran a Dios y que vuelven a sonreír. Personas capaces de amar hasta el martirio. Personas capaces de consumirse por amor en el suspiro de los días. Hace poco un amigo me recordaba que también Dios está en los malos versos. Y yo pensaba en todos aquellos hombres que parecen lejos de la gracia, pero que sin embargo pueden convertirse, cambiar. Depende en gran parte de nuestro ejemplo.
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sábado 20 de marzo de 2010
Sobre la tiranía impersonal del Estado
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viernes 19 de marzo de 2010
San José, un hombre fiel
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jueves 18 de marzo de 2010
Hasta aquí hemos llegado
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Guillermo Urbizu
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miércoles 17 de marzo de 2010
La muerte es seguir viviendo
Pero el miedo nos oprime. Por nada del mundo queremos abandonar la inercia de una vida más o menos acostumbrada a sus cómodos límites. Y yo menos que nadie, que conste. El tiempo, bendita ilusión, nos arropa con sus horas, sus días, y sus desengaños. Cuesta creer que llegado el momento será uno el que se muera. Ni pensarlo queremos. Quita, quita. Rechazamos su realidad en una insensata inopia, en un constante e inmóvil movimiento. Algunos quieren su muerte a la carta. Por ejemplo de repente y cuando estén dormidos. Sin sufrir y en una bendita inconsciencia. O lo que es lo mismo, que sea continuación de lo que ha sido su propia vida: un sueño mortal, una anestesia espiritual de gran calibre.
La muerte es un trago duro para todos, pero llegado el momento ves que hay personas que responden con especial gallardía al envite. Personas que saben que van a morir en breve, y reaccionan en coherencia con lo que ha sido su vida. Abren los ojos y las manos de par en par, más que nunca. Personas que avizoran la eternidad en la luz que germina entre sus dedos. Y sonríen, adelantándose a su propia resurrección. Y, si pueden, siguen trabajando hasta el final por los demás. Con el cuerpo desecho y la mordiente de un alma enamorada. Cada gesto suyo redime del abatimiento a todos aquellos que están a su alrededor, en una lúcida sabiduría sobrenatural.
Morir requiere un largo aprendizaje, que no se mide en el tiempo. Es el requiebro de cada instante de nuestra vida. Cada pequeño detalle cuenta. Nada es baladí. A nuestra alma se asoman paisajes, anhelos, alegrías, humillaciones, súplicas... La muerte -como la vida- es, fundamentalmente, un acto de piedad, una plegaria. La desesperación no cabe en aquellos que han hecho del amor su arquitectura interior. Un amor que es familia. Un amor que se abraza a las lágrimas con admirable premura y emoción. Un amor que no agoniza jamás y que se queda entre nosotros, vigilante, pendiente de aquellos que, más que nunca, siguen necesitados de él. De su compañía, de su mirada, de su ejemplo.
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martes 16 de marzo de 2010
La historia y la melodía de los libros
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Guillermo Urbizu
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lunes 15 de marzo de 2010
Homenaje a Miguel Delibes (poema)
germina en el destino del hombre.
Una luz, una sombra.
El ciprés
dispara con puntería su altura.
La soledad de la pluma
pega la hebra con el tiempo.
Literatura que aspira al alma.
El camino
de la vida vive más allá del horizonte.
Escribir de lo que se ama.
Delibes. Miguel. Un corazón sencillo
narra el latido de lo que escucha.
Un corazón que mana,
que sufre, que se remansa
en la claridad del lenguaje que admira.
En esos paisajes
donde habita la intimidad de Castilla.
Delibes. Miguel. Esa familia
de voces, de silencios y de sentido.
Esa emoción incandescente del recuerdo,
del crepúsculo y del tomillo.
Ámbito de lo vivo, Miguel Delibes:
escritor de España.
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Guillermo Urbizu
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domingo 14 de marzo de 2010
Saber vivir y el placer de releer
La relectura es volver a vivir, pero con un sesgo distinto. Mirar con pausa los márgenes de nuestro alrededor. Releer significa amar de nuevo, aventurarse en lo imprevisto de unos signos que nos sugieren el furor y el misterio que explicitó René Char. No es el mismo libro -aunque lo parezca-, porque nosotros ya no somos los mismos. Ni por asomo. Hemos aprendido a subrayar el silencio, y descubrimos emociones distintas en la intimidad del texto. No damos tanta importancia al argumento, y apreciamos más los pequeños detalles. Algo que ya decía Pío Baroja. Esos detalles que nos permiten seguir el rastro de la enjundia que es toda emoción, de la esencia que es toda belleza.
Con los años releemos más no sólo porque hayamos aprendido a valorar más lo que más valor atesora. Releemos más porque sabemos que el tiempo no es eterno, aunque lo eterno arraigue en el tiempo. Hay que aprovechar cada minuto, sin dilapidar el gran patrimonio de gozo que nos ofrece la luz cada mañana. Y vamos tomando con mayor frecuencia esos libros de lomos arrugados y páginas gastadas. Esos libros que hemos leído una y cien veces en viajes y consultas médicas, en excursiones y en iglesias (la poesía es acicate de la piedad), en piscinas y umbríos pinares. Volvemos a leer La montaña mágica de Thomas Mann o los Cuentos de Julio Cortázar, o Anna Karenina de Tolstoi (en la magnífica edición de Alba editorial), o los Cuatro cuartetos de T.S. Eliot o El río de sombra de Antonio Colinas. Libros todos ellos plagados de anotaciones a nuestra propia vida.
La madurez ya no sé si la da el tiempo, o es más bien su relectura. Ese cerrar los ojos mientras abrimos las páginas de la memoria. Instantes que fueron el prólogo de un encuentro plagado de sentido. Libros que jalonan algo más que la hojarasca de nuestros días. Libros que nos recuerdan que somos lenguaje estremecido. Libros que certifican que el hombre es la traducción más aproximada de lo divino.
¿Habré releído algo similar en Novalis o en Edmund Jabès ? Pudiera ser.
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Guillermo Urbizu
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sábado 13 de marzo de 2010
Tengo ganas de salir de casa
de caminar por calles soleadas,
disfrutando del placer de cada paso.
Caminar despacio, deleitándome en lo que ocurre.
Un coche que aparca, un mendigo
al que llamo por su nombre,
unos ojos que me miran, unas campanas
que repican a Dios y te recuerdan el alma,
un abrazo repentino, esas nubes íntimas, la existencia
del cielo, el parpadeo de la luz, la brisa.
Tengo ganas de volver a ver las cosas
y a toda esa gente que pasa,
que cruza, que ama, que vive.
Tengo ganas de abrir la puerta de casa
y salir hacia dentro de estas palabras.
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Guillermo Urbizu
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viernes 12 de marzo de 2010
Cristianismo como vanguardia global
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Guillermo Urbizu
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jueves 11 de marzo de 2010
Hijos, accidente y providencia
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Guillermo Urbizu
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miércoles 10 de marzo de 2010
“La amarga Pasión de Cristo”, de Ana Catalina Emmerich
La gran literatura está escrita para el alma desde luego. Es de donde procede y es a donde llega, o debería. Pero hay un tipo de libros que digamos están especializados en el alma alma; son los llamados libros espirituales. No confundir con esos otros de autoayuda o saltimbanquis de la new age. Me refiero a tratados ascéticos y apologéticos y dogmáticos, biografías de santos, documentos pontificios, teología de las virtudes o sacramentos, historia de conversiones o la más alta mística, etc. Libros todos que rondan a Dios. Este tipo de libros no son fáciles de encontrar fuera de librerías especializadas o en otras de saldo o libros viejos. Los motivos no vienen al caso, aunque hace falta tener pocas luces para despreciar o ningunear, no sé, la prosa de san Juan de Ávila (no lo ha hecho la Biblioteca Castro) o la de José Luis Martín Descalzo (junto con su poesía); la de Juan de Palafox y Mendoza o la de san Josemaría Escrivá.
Me alegré mucho cuando por ejemplo una editorial tan poco sospechosa como Cátedra publicó el Epistolario de san Jerónimo, en una edición y traducción encomiables. Por eso cuando otra editorial tan sin complejos como es LibrosLibres acaba de sacar a la calle la primera traducción íntegra al español, desde el original alemán, de una de las obras cumbres de la literatura mística universal, tuve a bien telefonear a la editorial y darles las gracias. Es lo mínimo. El libro en cuestión es "Das bittere Leiden unseres Herrn Jesús Christus. Nach den Betrachtungen der Augustinerinen von Dülmen. Aufgeschrieben von Clemens Brentano". Es decir: La amarga Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, según la contempló la religiosa agustina de Dülmen anotada por Clemente Brentano. Dicha religiosa es la ahora beata Ana Catalina Emmerich. Y el libro fue escrito en 1823. Literatura contemplativa que Brentano escribió según la buena monja le contaba, y que Ana le dictaba al dictado de Dios. Y que conste que no es su único texto. Otros no menos importantes son La vida pública de Jesús; Nacimiento e infancia de Jesús; La vida de la Virgen María, de los apóstoles, de los mártires, de los santos; y su propia Autobiografía.
Dos hechos lograron que el libro en cuestión fuera reeditado en todo el mundo. En el mismo año 2004 tuvo lugar la beatificación de Ana Catalina por Juan Pablo II así como el estreno de la película La Pasión de Cristo, de Mel Gibson. La agenda de la Providencia es así. Y claro, el tirón del film fue algo espectacular. Con lo que las editoriales se apresuraron a no perder ni un segundo. En España Planeta lo editó en bolsillo, y luego bajo el sello de Booket. Pero la edición era de muy poco fuste, el papel y la impresión de poca calidad y la traducción -que no recuerdo si era del francés o del inglés-, no hacían honor al libro. Por ello, tener ahora en las manos una edición acorde a su categoría tanto literaria como religiosa es un placer que todo buen lector sabrá apreciar.
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Guillermo Urbizu
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martes 9 de marzo de 2010
Sin temor al futuro de los hijos
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Guillermo Urbizu
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lunes 8 de marzo de 2010
"Fotografía y espíritu", de John Harvey
Lo que es evidente es que por más escépticos que nos pongamos; o materialistas (dialécticos o esperpénticos) o hedonistas o ateos, hay una inquietud que nos consume por dentro; aunque la soberbia y la cerrazón y demás espejismos nos vuelvan ciegos. Hay quien no quiere ni ver a Dios, pero acepta el espiritismo; hay quien no quiere saber nada de ángeles pero trata con demonios; hay quien abomina de santos y sagrado pero se cree a pies juntillas unas cartas o unos posos de café o a cualquier tonto. Hay quien busca exclusivamente “su alma” en el placer del cuerpo. O de los cuerpos. Pero todos, todos, andamos tras esa sed, tras ese anhelo; tras todos esos invisibles, tras ese infinito del que estamos hechos y que tira de nosotros.
Y a veces esa sustancia espiritual se hace visible. Quiero decir: más visible. Visible a nuestros ojos. Puede tratarse de cierta parte de la maravilla o puede ser todo lo contrario. ¿Fantasmas, almas del Purgatorio? ¿Una luz, un perfil, un espectro? ¿Una cruz, un aura? ¿Una sombra quizá o un milagro? Recuerdo una fotografía que me regalaron hace tiempo. La hizo una señora norteamericana en Medjugorje, lugar de Bosnia-Herzegovina donde se aparece la Virgen con inusitada frecuencia y constancia desde los años 80. Al volver a su país y revelar las imágenes, vio que en una de ellas se percibía con bastante nitidez a una mujer con un niño en brazos. Su manto estaba salpicado de rostros de personajes varios. A los pies del niño un cordero y un redondo resplandor. Yo vi y creí . Pero es normal que haya gente que piense que es un bulo o una manipulación, o una ilusión, o algo psicológico. O necesite meter la mano en la llaga de turno para creerlo. No me cupo duda: era la Virgen María con Jesús niño en su regazo. Las caras eran de santos y el fulgor era una Hostia.
Todo esto viene a cuento de un libro que resulta curioso y que enseguida llamó mi atención. Fotografía y espíritu, del profesor John Harvey (Alianza Forma). No se trata de un libro precisamente religioso. Su perspectiva es más científica y artística, con un mero tratamiento inmanente y erudito de los hechos. Aunque se ocupa durante todo un capítulo del impacto de la religión y desde la religión. Lo que queda claro es que la fotografía capta cosas que el ojo humano no. Y el autor lo analiza “como artefactos de una conciencia creativa” desde el siglo XVII, con su forma particular de representar a esos espíritus, y su posterior influencia en el arte. Siempre ha habido videntes -ortodoxos o no-, médiums o similares. La realidad sobrenatural y su manifestación es una constante en la historia de la humanidad, en esa inquietud del alma que nos caracteriza, en esa intuición de la inteligencia. A veces es religión que se hace arte, con su carga ascética y mística, con su cosmovisión de fe y amor; otras es un peligroso juego infernal, de mero auspicio o adivinación o venganza o simple curiosidad. (Un paréntesis: no todo lo paranormal es maligno). Desde luego no es lo mismo Madame Blavatsky que santa Teresa. Y llegados a este punto -y tenga poco o mucho que ver- me viene a la cabeza el libro de María Vallejo-Nágera sobre las almas del Purgatorio Entre el cielo y la tierra (Planeta). Creo que me lo voy a releer.
De todas formas es evidente que la fotografía es un medio más para manifestar y descifrar el espiritu, para plasmar en arte el alma de las cosas; un medio que refleja, sugiere o muestra el más allá de la simple apariencia, esa otra dimensión que normalmente no vemos.
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domingo 7 de marzo de 2010
Corren tiempos de un necesario apostolado

Para Carlos Marqués, in memoriam
Palabra arriba o palabra abajo esto es lo que se piensa del apostolado, del celo apostólico que ha caracterizado desde el mismo Cristo, o sea, desde su inicio, la labor de la Iglesia. “Id y predicad el evangelio”. O "desde ahora seréis pescadores de hombres". Se denigra porque se da pábulo al manido lugar común de que de trata de una vulgar comedura de coco, de una sarta de mentiras o de lúgubres propósitos que vaya usted a saber, etc. Tampoco hace falta decir más sobre ello. Pero hay varios asuntos que hay que distinguir muy bien. Cada uno es mayorcito para hacer y decir a sus amigos -¡sólo faltaría!- lo que le venga en gana, con un absoluto respeto a su libertad de conciencia. Y cada uno es asimismo libre para decir que nones. Mira querido, prefiero que no me digas nada sobre esto, que yo de momento me arreglo solito con las cañerías de mi alma. Y punto. Y tan amigos, como siempre. Otro tema que me parece importante sobre el particular es que el apostolado cristiano no es una captación. El que lo piense yerra de plano. Miremos a Cristo, observemos de cerca la extremada delicadeza con la que trata a las almas y sigamos Su ejemplo.
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Guillermo Urbizu
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sábado 6 de marzo de 2010
¡Cómo cuesta empezar las cosas!
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Guillermo Urbizu
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viernes 5 de marzo de 2010
Si existe Dios ¿por qué no actúa?
Pero Dios actúa, ya lo creo que actúa. Su gracia se extiende por las almas, llama, perdona, reactiva, enciende. Pero no actúa sólo cuando a nosotros nos conviene o según pensamos que podría ser lo más adecuado. Su Amor sigue obrando milagros y pronunciando las bienaventuranzas. Su Amor sigue resucitando a los muertos, que hieden por el pecado. Su Amor sigue siendo omnipotente y sigue estando a nuestro lado, tan misericordioso como siempre. Se supone. Entonces, ¿qué le ocurre a Dios? ¿Se ha vuelto loco? ¿Cómo se entiende todo este cúmulo de desastres? El mundo parece huérfano, y anda angustiado e incrédulo. Trémulo, cariacontecido. Incrédulo de Dios porque de lo demás se lo cree todo. Lo que sea. Desde un mitin político a la magia negra. Un mundo descorazonado, perdido en disquisiciones que no llevan a ningún lado. Un mundo disfrazado en un constante carnaval de mentiras. Si Dios es Dios ¿por qué no actúa un poco más a la vista? Que haga el definitivo milagro, y nos libre del dolor “innecesario”; de la muerte, de la guerra, del hambre. Que dé de beber a los millones de sedientos con agua potable, y se deje de tanta espiritualidad. Eso ya vendrá luego.
Y así. Es como si para la gente Dios no diera una a derechas, y quisiéramos indicarle que se equivoca y que de esa otra manera podría ser mejor. Que se adecue Dios un poco, vamos, que ceda. Por eso ante el misterio de las hecatombes, ante la palpable muestra de nuestra nada, todo esto se intensifica. ¿Por qué, por qué, por qué? ¿Por qué puede permitir Él, que es Amor, unas calamidades semejantes, un sufrimiento tal? “Bendice alma mía al Señor”, reza alguien. Y otros, rabiosos, le tildan de sádico. Por decir que no quede. Lo que no saben es que Dios hace milagros constantemente. El primero mantenernos en la vida (dio la Suya a cambio), y respetar nuestra libertad, y esperar hasta el último momento nuestra respuesta… Y consuela millones de corazones, y sana, y habla. Pero Su lenguaje tiene infinitos registros. ¿No están ustedes un poco con la mosca detrás de la oreja? No quisiera ponerme excesivamente trascendental e impertinente. Sólo lo justo. Y mucho menos apocalíptico. Pero en un plazo de tiempo no muy largo estamos teniendo terremotos especialmente fuertes, tsunamis devastadores, inundaciones, corrimientos de tierras, tornados, vientos fortísimos, etc. Para muchos será obra del clima: algo anda mal, el hombre algo está haciendo muy mal (y no les falta razón); para otros es cosa de ciclos o de la casualidad, sin más; y para los que creemos en la Providencia ordinaria y extraordinaria todo responde a una lógica divina.
No hay nada más natural que lo sobrenatural. Dios ejerce de Dios. Dios ejerce de Padre, y tutela y perdona y se rodea cada día de millones de hijos pródigos. Pero también inspira y avisa. Soy de los que piensa que necesitamos de cuando en cuando que se nos zarandee un poco -o un mucho- las almas, para que despertemos de la modorra interior, del pasmo, de la abulia, del tedio, de la tibieza. Y permite hechos que nos parecen incomprensibles y “excesivos”. Pero Su justicia va a la par de Su misericordia. No podemos pensar que Dios permanezca indiferente en una sociedad de hombres no precisamente justos. ¿Quién se acordaba de Haití? Es más, una vez pasado el primer desconcierto y demás ¿quién se acuerda de Haití? Es un ejemplo. La Virgen avisó también desde Lourdes y desde Fátima de lo que podría pasar si los hombres no dejaban de pecar, de adorar a Satanás con sus obras. Y llegaron las dos guerras mundiales, y por un estricto odio a Dios llegó la Guerra Civil española (menos cuentos) y el Holocausto y los gulags. Y seguimos en las mismas.
Dios actúa, ya lo creo que actúa. La paz es Su paz, se pongan como se pongan los capitostes del rencor y del odio. Dios vela por la Historia y vela por TODAS las almas, personalmente. Y estas catástrofes naturales que está padeciendo el mundo deberían servirnos para sacar algunas conclusiones, para despejarnos el alma de sandeces. Hay cosas que no podemos controlar, pero muchas otras sí, sobre todo nuestra elección en cada momento. Podemos elegir la verdad y el bien. Si el hombre no hace lo posible por mejorar, por salir de su egotismo enfermizo, el mundo tampoco mejorará. Si los desastres de la naturaleza asustan, más nos debería asustar la desolación de las almas. Estamos a tiempo de cambiar. Cada uno. Yo así lo veo.
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Guillermo Urbizu
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jueves 4 de marzo de 2010
El novio te ha dejado (una carta de ánimo, sencillamente)
Me disponía a escribir sobre el terremoto de Chile, cuando recibo tu particular seísmo. Y como bien puedes comprender no puedo dejarte sola. A tu alrededor los cascotes de tanta ilusión como tenías, de un amor tan puro, tan deseado. Las grietas de tu corazón, la incredulidad de tu mirada. Las heridas del querer que no dejan sangrar... ¡Tantas lágrimas! No puedo dejarte sola. Otra cosa es que escriba algo que te sirva, que atenúe siquiera un poco tu dolor. Cuenta desde luego con mi oración y cuenta con mi compañía. Aunque sea por medio de estas líneas, cuyo estilo no es otro que el cariño. Y en este punto me paro a pensar. Inclino la cabeza y te imagino en un rincón de tu alma; sin ganas, sin fuerzas, completamente impotente, sin recursos. ¿Y ahora? ¿Qué pasa ahora, cuando la felicidad parece que ya no cuenta con tu vida, cuando el amor se difumina en la nostalgia? Pues pasa, querida amiga, que es hora de levantarte. Pasa que es hora de mirar al cielo y de enjugar las lágrimas. Pasa que es hora de aclarar la voz y la esperanza; hora de fiarte de Dios como nunca. Al fin y al cabo tu corazón es Suyo, y no hay ternura como la Suya. Y Suya es tu alegría. Y el Amor es… Él mismo. En persona. Eso es lo que pasa. Claro, puedes pensar que las palabras están muy bien, que amas a Dios y tal, y hasta que valoras mi estilo y la literatura; pero que por el camino se te ha quedado el corazón hecho trizas, y que los sueños se te han despertado todos de golpe y que cuando te levantas inmediatamente te desmoronas a no se sabe dónde, y que estás hasta el gorro de las buenas intenciones y de las oportunidades perdidas. Pero tengo que insistir, decirte. Tengo que hablarte de todo lo bueno que te queda, de esa infinita providencia que cada día dibuja en tus ojos la belleza: la que eres y la que miras. No cejes, canta, escucha… Mírate las palmas de las manos. Nada es lo que parece. ¿Vacías? Míralas bien. Están llenas de caricias y prodigios. Están llenas de silencios y estrellas (¡cómo brillan si te fijas!). Ten paz, espera. Llegará el hombre de tu vida, no lo dudes. Llegará. Un buen día él te verá entre la gente, y ya no podrá vivir sin ti, y tú sin él; y su seguridad serás tú, para siempre. Aunque ahora te duela el ayer, aunque no entiendas nada de nada y Dios se esconda entre tantas lágrimas y la tristeza no te deje ni respirar. El goce más pleno y duradero necesita madurar en el sufrimiento. La entraña de los que serán tus hijos -créelo, créeme- se está fraguando precisamente ahora, cuando ya no puedes más de pena. Son las grandes paradojas de la vida, su milagro. Venga querida amiga, levanta el ánimo, resucita esos ojos; el amor te espera, aunque no sepas todavía como se llama.
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Guillermo Urbizu
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miércoles 3 de marzo de 2010
“Esencia y hermosura”, antología; de María Zambrano
Esencia y hermosura (Galaxia Gutenberg) no es la primera antología que intenta sintetizar lo más selecto de su obra. Siempre esta ambición de tener en un solo volumen lo fundamental, lo mejor; para hacerlo más accesible y manejable si cabe; para ir al meollo lo más presto, en seguida. Y, a la vez, ese deseo de disponer cuanto antes una más precisa edición de sus obras completas (algo que ya hizo por vez primera la editorial Aguilar en sus Obras reunidas de 1971). Objetivo en el que Galaxia Gutenberg y Aguilar debieran aunar esfuerzos, por nuestro bien y por su propio prestigio. Pero como venía diciendo no es Esencia y hermosura el primer intento de establecer una selección de lo más representativo del pensamiento de María Zambrano. Ya Jesús Moreno Sanz publicó La razón en la sombra (Siruela, 1993), su excelente antología crítica que en su día me recomendó Antonio Colinas y que sigue siendo referencia obligada para todos los que quieran disfrutar y profundizar en el discurrir de María Zambrano. Siruela es editorial que ha venido reeditando varios de los libros capitales de la escritora de Vélez-Málaga. Y en la misma editorial se ha publicado hace poco tiempo un delicioso libro de Clara Janés: María Zambrano, desde la sombra llameante (2010). Libro que es indagación y confidencia, análisis y homenaje. En esa prosa tan bella como perspicaz de la poeta barcelonesa, que por otra parte ha ganado recientemente el XIV Premio Ciudad de Torrevieja de poesía, con su libro Río hacia la nada (Plaza y Janés) del que espero ocuparme.
Pero volvamos a lo que nos ha traído hasta aquí. A este florilegio de “esencia” y “hermosura” del pensamiento de María Zambrano que mi querido y admirado José-Miguel Ullán preparó con tanto celo y cariño (otro poeta, Ullán, al que hay que leer, y para ello nada mejor que acudir a Ondulaciones. Poesía reunida. 1968-2007, editado por Galaxia Gutenberg). Preparar esta antología del corpus zambraniano ya le venía de lejos a Ullán. Cuando la conoció “a mediados de junio de 1968” en una visita a su casa suiza de La Píece, acompañado por José Ángel Valente y otras dos personas. (Un paréntesis: lean por favor Cartas de La Píece: correspondencia con Agustín Andreu, que está publicado en Pre-textos). Cuenta Ullán, en el impagable e inconcluso “Relato prologal” a Esencia y hermosura, que María era “pequeñita y frágil, mas crecida en malicia chispeante y firme en delicadeza”. Conocerla fue comenzar a “bienquererla, a necesitarla en extremo y a empeñarme, de paso, en darla a oír (la cursiva es mía)”. Era algo que sentía debía hacer en memoria de su maestra y amiga. Y lo hizo, ya lo creo que lo hizo. Y muy bien. Lástima que su muerte el pasado 23 de mayo nos deje “los miembros tristes”, que diría Colinas (otro poeta discípulo y amigo de Zambrano), y el corazón más triste todavía. Descansa en paz José-Miguel, y que Dios te bendiga. A Ullán lo conocí hace pocos años, a raíz de su libro de poemas Amo de llaves (Losada, 2004), que tuve el placer de reseñar. De cuando en cuando recibía alguno de sus libros convenientemente dedicado, y no dejó de sorprenderme nunca su agudeza intelectual y su delicadeza de alma; ¿cómo lo diría?... con su preocupación poética de la existencia, y con la persistencia en el agradecimiento. Un buen tipo.
Bueno, pues este buen tipo nos ha dejado a todos en herencia este último libro que insiste en lo mismo: en el agradecimiento. En este caso a María Zambrano. ¿Y qué mejor forma de ser agradecido con un escritor que leer y releer sus libros? ¿Qué mejor manera de ser agradecido que dar a conocer y mostrar públicamente las partes de sus libros que más te han vivificado e instruido? ¿Qué mejor forma de seguir escuchando su voz que desvelar sus palabras y pensar el alma de su razonamiento poético, de su aurora? Su voz. La voz de María. Señala Ullán que Jorge Guillén “no se cansaba de repetirnos que, en su ya larga vida, nunca había conocido a otra persona con la capacidad de María Zambrano para mantener al interlocutor en vilo, seducido por el interés de lo que decía y por el modo de decirlo”. Su voz. Íntima, interior, cautiva. Que se desplegaba discreta y noble. Voz: sonidos cuyo sentido y armonía escuchamos en silencio. “Y el silencio se extiende como un medio que no hace sentir su peso ni su limitación; en este puro silencio no se advierte privación alguna”. “Y el silencio se ahondaba aún más y se abría en sus adentros”.
Esencia y hermosura, tengo que decirlo -y sé que José-Miguel pensaría lo mismo- es un acto de amor que cobra forma de libro, de una propia antología de fascinaciones. Ya el citado “Relato prologal” nos sorprende. Memoria, acuarela, confidencias, retratos. Un trozo de vida imbricada en otras vidas. Escoge a Plotino como exordio para adentrarnos en la obra de la autora de Hacia un saber del alma: “La potencia que reside en el mundo inteligible es puramente esencia, pero esencia de hermosura perfecta”. Y el libro comienza con una primicia, con unas cartas al pintor Juan Soriano, que recogen muy bien esa forma de ver y ser que tenía nuestra filósofa. Bergamín pensaba que el epistolar era el mejor estilo de María Zambrano. En ocasiones yo también lo creo. O siento que en esas líneas va germinando lo que después será una idea desarrollada en toda su intensión y extensión de la palabra. Palabra: “ese extraño ser que existe en tanto que se da”. Sus palabras, que “manaban libres: para ver por qué”. Y llega el plato fuerte. Ese repaso de toda una vida que reflexiona y contempla, que se acerca o se distancia del misterio. Y escribe. La escritura: ese zumo del alma, esa pasión que se rebela y revela, esa fidelidad al secreto de las cosas, esa belleza del hombre cuando se distancia de la vanidad y de la soberbia. “Escribir es defender la soledad en que se está”.
Y vamos leyendo la quintaesencia de sus libros, el método de su razón poética, que indaga y se pone en actitud de escucha. El racionalismo no basta para entender el sentido más pleno de la identidad humana; la naturaleza del hombre, su dimensión natural y sobrenatural. Libros como Delirio y destino, como Horizonte del liberalismo, como El hombre y lo divino, como Filosofía y poesía, como La agonía de Europa, como Unamuno, como su excelso Claros del bosque… El lector se ve seducido por la cualidad y la calidad de esas palabras, por su cadencia trascendente y trascendida. El hombre es un ser en interioridad. La prosa de Zambrano no agota ni se agota. Son destellos que nos alumbran la razón y el corazón, que nos interrogan sobre nuestro propio (des)conocimiento. Y la vida no es sólo lo que piensas: es sobre todo lo que amas. Son intuiciones geniales sobre el por qué del alma, de la esencia, de la felicidad, de nuestra angustia, de nuestro destino. Pero, como escribe ella misma, “un libro mientras no se lee, es solamente ser en potencia, tan en potencia como una bomba que no ha estallado. Y todo libro ha de tener algo de bomba, de acontecimiento que, al suceder, amenaza y pone en evidencia, aunque sólo sea con su temblor, a la falsedad”. Aquí lo dejo.
P.D. In memoriam. Gracias José-Miguel Ullán por este libro de libros. Ahora que disfrutas de la Aurora eterna, ahora que ves la plenitud de todo pensamiento, sentimiento y emoción; ahora que del todo comprendes la mirada de Dios y su consecuencia de Amor. Lo dicho: gracias.
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Guillermo Urbizu
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