Bienvenidos
Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.
martes, 31 de mayo de 2011
Miguel d'Ors, hacia una luz más pura
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Guillermo Urbizu
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lunes, 30 de mayo de 2011
Palabras para Dios
para fijarme mejor en que estás a mi lado. Dios.
Y paso un buen rato mirando esa palabra que te nombra,
con la que te amo
pese a que esté pensando en otra cosa.
Dios. Imagino tu potencia de misericordia, tu paciencia, tu justicia,
tu amor. Imagino
tu mirada infinita de tan concreta.
Tu mirada en mí, que tengo el poder de nombrarte,
de escribirte aquí, a primera hora de la mañana. Dios.
Y vienes. O ya estabas.
Siempre estás. Aunque te mancille con mis obras.
Sobre mi escritorio deletreo tu intimidad trina.
Y te enseño la mesa, los libros, el alma rota.
Ven, Dios mío, ven conmigo. Asómate a mi vida
y restaura toda esta infinidad de cascotes y ruinas.
Te quiero, pero me derrumbo. Sin voluntad para casi nada
dejo pasar los días sin amarte.
Digo que te quiero (es más: lo escribo), pero es mentira,
debe serlo. ¿Cómo te voy a querer si malquiero tu gracia?
¿Cómo te voy a querer si no hablo contigo?
¿Ves estos libros? Los prefiero.
Paso más tiempo con ellos, y a ti de hecho te olvido.
¡Dios, Dios! Pero a pesar de todo te quiero.
Pese a que las evidencias demuestren lo contrario.
Necio y todo, y torpe, te escribo
ahora, en esta hermosa mañana de mayo.
Dios, estás aquí, conmigo. Abrázame los pecados.
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Guillermo Urbizu
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domingo, 29 de mayo de 2011
Intuiciones y experiencias
Las crujientes tostadas
y su mirada.
La luz
palpa el aire, derrama
su resplandor de espuma.
Esas palomas…
Es espíritu el canto
de las palabras.
Juan, ten cuidado.
Detrás de aquellos libros
hay unos indios.
Poesía
de todos los poetas
es la mía.
Se abre el poema
y los labios de su alma
con mi lengua.
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Guillermo Urbizu
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sábado, 28 de mayo de 2011
Notas al margen (y II)
La vida es una bienaventuranza. Dichosos aquellos que viven y dejan vivir.
Que nadie se vaya, que nadie se mueva. No tardará mucho en hacer acto de presencia la belleza del atardecer, con esos colores tan sobrenaturales, en ese cinemascope majestuoso donde la mirada se transforma en cromática ternura. Ya está, ya ha comenzado. Ya la luz adquiere ese tono de fuego. Venid y ved. Asomaros al alma de las cosas por los ojos y por las ventanas. Salid a las terrazas. ¡Qué felicidad tan naranja!
Luz, luz, luz: su resplandor. Y cada color. Y el olor de las plantas. Y ver como florecen los árboles y las mujeres en un estallido de vida.
Esa épica que resulta ser toda existencia (y su exigencia), esa elegía de la condición humana, esa lírica que late en el corazón de la historia, de toda historia, de cada hombre.
La lucha por la vida -¡ay, mi querido Pío Baroja!- no es otra cosa que una constante lucha por la felicidad. Y esta lucha, en si misma, es el drama de la existencia, y su desenlace. Y por lo tanto su literatura.
A mí la vida me sabe a alma. Es así. Y por eso quisiera descifrar la entraña de su alfabeto y que salga por fin de los innumerables diccionarios. Alma: palabra que se define en el silencio, o en el color fucsia de unas violetas, o en la rosa mística del alba. O en el oleaje del agua, o en el vuelo azul de las águilas.
La vida de los hombres sobre la tierra está llena de sueños. Es una de las principales causas que nos impide dejar de respirar. Soñamos que soñamos sueños donde alcanzamos pues eso: un poco de felicidad. Y por ahí anda la literatura.
La literatura y el hombre. Esta finitud que se da de bruces con lo infinito.
Con el tiempo se acumula el cansancio en las palabras. Como en la vida. Aquí están, miradlas: beso, agua, soledad, despedida... Sin apenas fuerzas para decir nada.
A veces me entran dudas. ¿No habremos hecho de la literatura una cuestión demasiado sacrosanta? ¿Tan imprescindible es escribir y leer, y ya no digo publicar? Sé que la tentación pasará en seguida, pero ahora mismo me lo estoy cuestionando.
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Guillermo Urbizu
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viernes, 27 de mayo de 2011
Notas al margen (I)
Respecto a Dios creo que hay algo peor que despreciarle, bastante peor que la consabida chirigota o el salivazo en pleno rostro, mucho peor que combatirle o hablar de Él con esa característica amargura que asola a tantos hombres. Es incluso peor que no creer en su existencia. Se me antoja que respecto a Dios lo peor de todo es que los cristianos nos hayamos acostumbrado a negarle y no acabemos de entregarle la vida.
"Mi Señor es el Amor", decía María Zambrano. Yo también quiero para mí ese señorío. Amor como centro, unidad, (im)pulso, sentido.
"Mi Señor es el Amor". Sólo así, sólo desde una reflexión enamorada.
Lo poco que tengo que hacer es lo que tengo que hacer. Y ni aún así.
La belleza a la gente le importa más bien poco, se podría decir que una higa. Lo que importa es una vida insensata, pero colmada de dinero. ¿Que el alma anda descalabrada? Pues bueno.
Uno se enamora, y lo va viendo claro, y se casa, y se van sumando los milagros, y descubres una mañana de mayo que estás más enamorado que nunca.
La información es aconsejable, la formación resulta indispensable.
La información sin formación -sin el esfuerzo del estudio- corre el peligro de la manipulación interesada, de ser sólo un eco evanescente.
Cuando se ama el corazón es un héroe que nada teme.
Ningún muerto es definitivo.
Sin darme cuenta escribo "berso". Entre el beso y el verso, entre la obra y la vida.
Es siempre falacia la apariencia
y estricta verdad lo más humilde.
La historia está plagada de intentos que han querido sustituir la religión cristiana por otra cosa. Que si ideologías perversas, materialismos congénitos, leyendas esotéricas, la ilustración atea, nihilismos variopintos, el superhombre, la ciencia pura y dura, el progresismo vacuo, una secta cualquiera... Y aquí estamos, todavía en las mismas. Que si Dios, que si la soberbia; que si el amor, que si la mala baba.
La felicidad hay que creérsela, y despreciar los desabridos augurios de todos esos hombres espurios.
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Guillermo Urbizu
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jueves, 26 de mayo de 2011
Me pregunto por la felicidad
¿Felicidad?
Ese rápido beso
por la mañana.
¿Felicidad?
Cuando abro la ventana
y veo el cielo.
¿Felicidad?
Las voces de mis hijos:
-"Papá, te quiero".
¿Felicidad?
Elegir el color
de la camisa.
¿Felicidad?
El zumo de naranja
sobre la mesa.
¿Felicidad?
Abrir el primer libro
de cada día.
¿Felicidad?
Dar vueltas al poema
y a la cuchara.
¿Felicidad?
"Pórtate bien, sé bueno,
y atiende en clase".
¿Felicidad?
El agua de la ducha
y su caricia.
¿Felicidad?
Estar enamorado
de los detalles.
¿Felicidad?
Quedarme solo en casa
para contarlo.
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Guillermo Urbizu
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miércoles, 25 de mayo de 2011
¿Qué tengo yo?

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
Así incoaba Lope su magistral soneto.
Y un servidor sigue preguntándose lo mismo. ¿Qué tengo yo,
Dios mío, qué tengo?
¿Qué tengo para que me ames como me amas?
¿Qué tengo yo,
si por tener sólo tengo desplantes y desmanes a diario?
Y entonces me doy cuenta: tengo mi corazón (ya lo conoces),
y lo quieres como es y por completo.
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Guillermo Urbizu
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martes, 24 de mayo de 2011
"Cuaderno de noche", de Inka Martí
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Guillermo Urbizu
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lunes, 23 de mayo de 2011
A la expectativa
El agua sale impetuosa, con ese fluir de brillos, con esa luz de mayo. Líquida transparencia. El agua cae en el agua que tiembla y se multiplica en imágenes y luceros. El sonido del agua, esas hojas que flotan en la mirada. Esta vida que mira el resplandor de todo. Y la brisa que limpia y que dibuja nuevas ondas y que trae sonidos de fronda. Una mariposa blanca se detiene en la vieja escoba. Y en ella un resquicio de belleza, sobrenatural atisbo. Un árbol de hojas granates y las flores que se desprenden de los tilos. Y los colores de la cerámica desgastados por tantos años. ¿Quién sopla todo este aire? ¿Quién late en toda esta vida? Respiro, contemplo y escribo. A la expectativa. Y de unos arbustos brota el inesperado vuelo de una alondra, y de reojo sigo la sombra que se dibuja en el césped. Estoy en medio de un concierto, de un bendito entusiasmo de armonía. El alma es como esa mariposa que roza el agua. El alma, el alma. El hombre en esa hiedra de tiempo que trepa por lo eterno. Y ves los versos antes de que sólo sean palabras. Y te sientas en este banco de piedra para admirar el ajuar y la potestad de unas rosas, o de unos geranios rojos. El alma, el aire, el jardín, el baile de las mariposas en la tarde.
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Guillermo Urbizu
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domingo, 22 de mayo de 2011
Breverías (y II)
Un amigo me acaba de decir por teléfono al final de una larga conversación sobre todo lo que atañe a nuestra amistad: "Yo cuidaré de ti, no te preocupes".
Supongo que eso es lo que significa ser amigo.
A la más reciente literatura le sobran palabras y le faltan redaños. Para decir el alma, no para esconderla.
Llevo cuatro días intentando leer prosa, y no hay manera. Vuelvo a "Las nubes" de Luis Cernuda, o a "Rimas de dentro" de Miguel de Unamuno. Paseo delante de la biblioteca, busco algo..., pero sólo descanso en los poemas, en esa poesía que me descubre la médula espiritual de la vida. De mi vida.
El conocimiento no es tanto el aprehender las cosas como el anhelo por conocerlas. Dicho anhelo es ya saber, pues reconoce en su deseo el principio de toda sabiduría.
¿Qué es el amor? Pues algo tan sencillo como respirar su almohada, y el intento de mantener los libros a raya, y que no arrastre la colcha, y tener siempre en la nevera una coca-cola para ella, y buscar un pendiente extraviado por la mañana, y tomar el sol juntos, y poner cada cosa en su sitio, y regalarle un largo paseo por alguna sorpresa, y ser todo oídos.
Siempre estamos en el intento de dar sentido a un 'sentido' que va mucho más allá del lenguaje.
No me lo puedo creer: me quiere. Me sigue queriendo. Que sí, que es verdad. Me quiere, me quiere. Lo noto en el sol, lo siento en el aire. Aquí está, su alma a la vista, que se inclina y me abraza y me besa. Yo no dejo de mirarla, no quisiera perderme nada de ella. Ni una palabra, ni un gesto. Lo quiero todo, la quiero entera. Para mí solo. En la desnuda intimidad de su pureza.
En la inocencia del niño está la sabiduría del hombre maduro.
La buena vida es la vida buena.
En un descanso del trabajo me pregunto cómo nadie atiende nada que no sea la progresión de su alma, ese "vuelo" del que hablan los místicos. Cómo puede vivir nadie sin mirar -¡admirar!- detenidamente el cielo en todas las cosas de la tierra.
Acabo de llegar de un viaje de un par de días. Quisiera reflejar aquí las nacientes espigas del trigo, el fluir de las acequias, cada piedra, esos sonidos tan característicos de la felicidad por la mañana, el sol sobre los libros, los diversos tonos del verde, el olor de la infancia, esas paredes húmedas de la casa... Acabo de llegar y escribo en un balbuceo. Teníais que ver cada brizna de vida, lo que yo he visto.
¡Qué vacía es la vida que no se vacía de si misma!
El globo terráqueo que iluminaba países y océanos, un anillo, la cámara de fotos, el libro de mi primera comunión, los pañuelos Guash, el balón de fútbol de cuero, unas botas de agua rojas... Y aquella emoción del traje de marinero, de las velas y de la mirada de Dios.
Leo infinidad de frases y versos, miles de páginas. Quisiera leer lo que siento en cada instante (sentir lo que vivo con más clarividencia). Que esas palabras den fe de mi propia alma y la eleven a un sentido más alto. Quisiera saber, constatar, descubrir lo que todavía no conozco. Y al cerrar los libros y los ojos, no sé, encontrarme frente a frente con esa pureza que es la esencia del hombre, su nombre propio.
Llevo 48 años queriendo hacer algo con las palabras.
¿Qué es eso del "mundillo cultural"? ¿La mundanidad de lo que pretende ser cultura y es sólo nada? ¿El jibarismo de la literatura, la afectación, la bobada?
Acabo de caer en la cuenta, mientras pensaba sobre qué escribir de cierta mediocre novela española, de que Chesterton decía que lo de la crítica literaria es en buena medida una sarta de mentiras. Perdón, de etiquetas, se me coló el subconsciente. O lo que fuere.
La eternidad está en el tiempo. No es que el tiempo sea eterno (como es obvio), es que lo que el hombre es y hace y ama en el tiempo tiene esa cualidad eterna, esa entraña de no-muerte que podemos percibir en el alma, o por medio de esa realidad de raíz espiritual que es la razón del hombre.
De algunos libros yo me considero más el autor que su propio autor. Y cuanto más los releo más me convenzo de que son míos, de que forman parte de mí y evolucionan conmigo.
Me preocupa mucho Fukushima, es cierto, y los náufragos del tsunami, y la suerte de los que sufren hasta el alma. El hambre, la violencia, la soledad, la injusticia. El dolor en todo su desasosiego, el constante ultraje a la libertad y dignidad del hombre. Procuro no olvidar nada ni a nada acostumbrarme. Incluido el respingo que me produce el auge blasfemo, intolerante e iconoclasta hacia lo católico en España.
Toda la luz del día, y el constante asombro que ilumina.
Como un rayo se me ha venido encima una tentación antigua: "Tú no sirves para nada." Lo peor es que aún no lo tengo claro.
Ayer soñaba que vaciaba de ropa un armario enorme y acristalado que está delante de mi cama y que lo llenaba de libros. ¡Qué sueño tan dulce!
Vamos a la enjundia: Si no me amaran como me aman yo no sería el que soy. Es más: ni sería.
Siempre hay cosas que parecen más importantes.
El primer ejercicio de libertad de una sociedad medianamente sana es desembarazarse cuanto antes de un gobierno idiota. Sin entrar en matices.
A los funcionarios les bajan más el sueldo. (Silencio). Y suben los precios y los impuestos. (Más silencio). Me da miedo encender la luz o poner el aire acondicionado, y me ducho pensando en lo eterno que se me está haciendo el mes y el dichoso gobierno. (Ahora el silencio es mío). Y con poemas no se sacan a los hijos adelante. Gracias a Dios que existe Dios, y la familia y a ciertos amigos les da por ser amigos.
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Guillermo Urbizu
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sábado, 21 de mayo de 2011
Breverías (I)
Leo infinidad de frases y versos, miles de páginas. Quisiera leer lo que siento en cada instante (sentir lo que vivo con más clarividencia). Que esas palabras den fe de mi propia alma y la eleven a un sentido más alto. Quisiera saber, constatar, descubrir lo que todavía no conozco. Y al cerrar los libros y los ojos, no sé, encontrarme frente a frente con esa pureza que es la esencia del hombre, su nombre propio.
Llevo 48 años queriendo hacer algo con las palabras.
¿Qué es eso del "mundillo cultural"? ¿La mundanidad de lo que pretende ser cultura y es sólo nada? ¿El jibarismo de la literatura, la afectación, la bobada?
Acabo de caer en la cuenta, mientras pensaba sobre qué escribir de cierta mediocre novela española, de que Chesterton decía que lo de la crítica literaria es en buena medida una sarta de mentiras. Perdón, de etiquetas, se me coló el subconsciente. O lo que fuere.
La eternidad está en el tiempo. No es que el tiempo sea eterno (como es obvio), es que lo que el hombre es y hace y ama en el tiempo tiene esa cualidad eterna, esa entraña de no-muerte que podemos percibir en el alma, o por medio de esa realidad de raíz espiritual que es la razón del hombre.
De algunos libros yo me considero más el autor que su propio autor. Y cuanto más los releo más me convenzo de que son míos, de que forman parte de mí y evolucionan conmigo.
Me preocupa mucho Fukushima, es cierto, y los náufragos del tsunami, y la suerte de los que sufren hasta el alma. El hambre, la violencia, la soledad, la injusticia. El dolor en todo su desasosiego, el constante ultraje a la libertad y dignidad del hombre. Procuro no olvidar nada ni a nada acostumbrarme. Incluido el respingo que me produce el auge blasfemo, intolerante e iconoclasta hacia lo católico en España.
Toda la luz del día, y el constante asombro que ilumina.
Como un rayo se me ha venido encima una tentación antigua: "Tú no sirves para nada." Lo peor es que aún no lo tengo claro.
Ayer soñaba que vaciaba de ropa un armario enorme y acristalado que está delante de mi cama y que lo llenaba de libros. ¡Qué sueño tan dulce!
Vamos a la enjundia: Si no me amaran como me aman yo no sería el que soy. Es más: ni sería.
Siempre hay cosas que parecen más importantes.
El primer ejercicio de libertad de una sociedad medianamente sana es desembarazarse cuanto antes de un gobierno idiota. Sin entrar en matices.
A los funcionarios les bajan más el sueldo. (Silencio). Y suben los precios y los impuestos. (Más silencio). Me da miedo encender la luz o poner el aire acondicionado, y me ducho pensando en lo eterno que se me está haciendo el mes y el dichoso gobierno. (Ahora el silencio es mío). Y con poemas no se sacan a los hijos adelante. Gracias a Dios que existe Dios, y la familia y a ciertos amigos les da por ser amigos.
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Guillermo Urbizu
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viernes, 20 de mayo de 2011
Me dedican dos poemas el mismo día
ASÍ ERES, GUILLERMO URBIZU
Amas palabras, hombres,
penínsulas en las que habita
el Dios inmenso con el que sueles
dormir y levantarte
aunque llegue vestida tu tristeza
de paraguas gris que no detiene
el agua de la muerte.
Amas, más que nadie, las olas primitivas,
el mundo etéreo
en el que los más hermosos ángeles navegan
hacia un mar infinito,
donde nunca habitarán las lágrimas.
Amas, Guillermo, y ese
es tu perdón, tu privilegio:
poseer un pecho grande
para que en él quepa el tamaño exacto de tu alma
que nunca ha de perder la luz de su inocencia.
Amas a tu esposa,
heredera de todos los milagros,
a tus hijos, que siguen ese ejemplo
de tus raíces arraigadas
en la inmensa región de tu cariño.
Y nunca vas a cesar de amar,
nunca,
a Dios, el mar, los versos
y la vida.
(De María Luisa Mora Alameda)
*****************************************
Este haiku se lo dedico muy especialmente a Guillermo Urbizu, cuyos mensajes me están llenando de alegría y aliento. Espero que te guste.
Al anochecer
la luna guiñó al mar
enamorada.
(De María Guinea Llop)
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Guillermo Urbizu
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jueves, 19 de mayo de 2011
Cuatro digresiones
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Guillermo Urbizu
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miércoles, 18 de mayo de 2011
Ahora que no estás
Escribo de perfil y de espaldas a la ventana. ¿Escribo por escribir? Me mantengo a la espera y me pongo las gafas de cerca. Suena una sinfonía de Antonio Rosetti. Miro los libros y mi vida. Aquellos días interminables, donde todo cabía, y aún sobraba tiempo para tirar piedras al río o subirse a los árboles. En ocasiones me levanto y abro un grifo y cierro los ojos para escuchar el sonido del agua. Descalzo avanzo por la memoria, por aquella luz que venía con ella. La alegría nunca llega sola, viene siempre con alguien. Escribo despacio, porque me gusta soñar lento, porque me gusta besar aún más lento, hasta quedarme quieto en una palabra o dentro de su boca. Escribo porque quiero, y porque quiero acercarme al fundamento de lo que veo o de lo que pienso. Y luego está ese cuerpo, que ahora no está, pero donde a pesar de todo buceo hasta llegar al fondo del alma. Al mismo fondo, donde hay un temblor y la visión de corales y el líquido espacio del ser y de la dicha. Emerjo a la lectura y a esta realidad tan difusa que es vivir sin estar ella en la misma casa, en la misma habitación, en el mismo abrazo. Escribo, sí, y cada palabra es una cita de amor, porque todas las palabras las escribo para estar con ella.
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Guillermo Urbizu
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martes, 17 de mayo de 2011
Lo extraordinario de lo que pasa
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Guillermo Urbizu
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lunes, 16 de mayo de 2011
"Una historia verdadera"
La verdad es que no damos excesiva importancia a la maravilla. Por ejemplo -y ya lo sé que me repito-, la presencia de esa mano en nuestra mano, o la de cada nuevo día, o esos gorriones saltimbanquis en la acera o en la brisa. Damos por hecho que será siempre así, cuando en realidad somos protagonistas de un constante prodigio. La luz hace que las cosas sean, que se concreten en su esencia. De una u otra forma nos asomamos cada día a la poesía, quizá sin apreciarlo o despotricando contra nuestra existencia. Y esto viene a cuento porque ayer tarde, al salir de casa con mi familia, aprecié una vez más que cada pormenor es único y que no tiene precedentes en el tiempo. La vida. Esa vida que nos aturde a la vez que nos transciende y maravilla.
Mis hijos hacían de las suyas, en esa eterna filigrana de risas y jugueteos. Déjalos, ya son mayores. Hablábamos de teorías educativas (eso, teorías) que no parecen afectar en mucho el concierto de los habituales gritos, quejas y quejidos. Es un tipo de literatura que ya ni leo. La educativa, digo. Vencido por el cansancio y el sesudo consejo de los expertos. Y mientras hablábamos me entretenía en el ensimismado vaivén de los tilos, en esa brisa que los suena y nos sueña.
Por favor, entremos en algún sitio, en un bar cualquiera. Ya no recuerdo el nombre. Con una decoración que intenta ser original y una afable penumbra. Pero algo pasó. De pronto el enfado. Y salimos sin haber bebido nada. Silencio, gestos adustos. Mi mujer nos dejó rauda y veloz, pues tenía una reunión con amigas. El resto volvimos a casa. ¡Cómo agotan los berrinches! Y los paseos de pasos tan serios. Y sin pensarlo dos veces decidí ver Una historia verdadera. Poco a poco se fueron sumando mis hijos. Y les dejé estar. Así, calladitos.
Una historia verdadera (The Straight Store, 1999). La historia del sacrificio de Alvin Straight por reconciliarse con su hermano acabó por llamar la atención de estos hijos míos. Recorrer más de 500 kilómetros en una cortadora de césped no es algo habitual. “Un hermano es siempre un hermano”. La importancia del afecto y del perdón en la familia. Me pareció ver algunas lágrimas. Y acabamos todos queriendo mirar las estrellas, como hacen los dos hermanos al final de la película. Una historia verdadera es un filme delicioso, recomendable para todos aquellos que andamos empeñados en que nuestras vidas sean algo más que especulación y prisas, y el nauseabundo hedor de la inquina.
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Guillermo Urbizu
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domingo, 15 de mayo de 2011
Todo lo que yo pienso del amor dicho en pocas palabras, pues es bien sabido que el amor de lo que menos precisa es de palabras
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Guillermo Urbizu
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sábado, 14 de mayo de 2011
Una excursión
Hemos llegado. Más allá del desánimo gris y de la muchedumbre de piedras. Nos miramos. Queda el regreso. Decidimos volver por otro lugar. Agreste, sí, pero con el atractivo y la pujanza de lo distinto, de lo no visto. Las bicicletas surcan la brisa, la claridad, la vida. Nos equivocamos de camino. Pero no importa. La mirada busca la sombra de los árboles, su fresco roce, pues el calor acecha. ¡Cómo nos vencen las cuestas y las dificultades! Pero, ¿qué puede el escalofrío de la muerte cuando la felicidad se apodera así del alma? Ya nada es efímero. Lo postrero es un para siempre.
Viajamos a la velocidad de una luz inagotable, casi sobrenatural. Sorteando los baches, los charcos y las quejas. Allí, allí. Un grupo de casas se adivinan tras aquellos arbustos. Rendidos a la fatiga hacemos la última parada, en una ermita del siglo XVII. Piedra y tiempo. Piedra y fe. Sueños que no envejecen. “¡Una carrera!”, grita de pronto alguien. Allá vamos, en competitivo cortejo, pedaleando entre el prodigio de un bullir de gritos que buscan la meta y el privilegio de su hazaña.
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Guillermo Urbizu
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viernes, 13 de mayo de 2011
A cierta edad
A cierta edad amar con más pasión y desear toda la ternura.
A cierta edad desear escribir aunque sólo sea un par de poemas decentes y pasear al sol de mayo.
A cierta edad conseguir ser un poco más humilde y disfrutar por fin con las cosas sencillas.
A cierta edad darte igual lo que piensen los demás de tu amor a Dios o de tu amor a los árboles en flor.
A cierta edad saber perdonar, y seguir leyendo a los poetas y tener unas ganas locas de volver a besarla.
A cierta edad amar, amar, amar...
A cierta edad no querer morir nunca para poder seguir respirando su pelo y acariciar esa luz que nace por la mañana.
A cierta edad no desaprovechar ni un momento de eternidad, de poesía.
A cierta edad seguir contemplando el cielo y esa claridad y la pureza de su azul y la transparencia del tiempo.
A cierta edad no conformarse con nada, amar, amar, amar, y fijarse muy bien en los sueños.
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jueves, 12 de mayo de 2011
Una historia de amor, eso es la vida, nuestras vidas
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miércoles, 11 de mayo de 2011
El club de los almanautas (sito en Facebook)
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Guillermo Urbizu
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martes, 10 de mayo de 2011
La razón de mi vida

Quisiera escribir algo que fuera provechoso para la gente,
que acercara el alma a las estrellas, que brillara
en su mirada durante un trecho del resuello de la vida.
Quisiera regalar sueños, ir al corazón
de cada palabra, ir al significadoinfinito del horario, de lo más corriente.
Quisiera que fuera una revolución la poesía
(una revolución íntima),
que cada día fuera una batalla épica por la belleza.
Una revolución de paz, una armonía
de fuego que purificara al hombre y a sus hijos.
Dejémonos de mentiras, de máscaras y ruidos,
dejémonos de ridículos afanes, de falsos brillos,
dejémonos de vetustas ideologías, de sombrías amarguras.
¡Arriba ya! Levantemos en vilo las almas,
desnudemos de sombras los cuerpos y poemas.
Que las palabras vuelvan a decir la esperanza,
que canten su pureza original, su alegría, su gracia.
Quisiera que mis palabras fueran más íntimas: confidencia
de amigo que quisiera escribir en ellas su vida.
He aquí mi alma, lector, he aquí lo que anhelo y siento.
Es todo lo que tengo. Este amor con el que amo,
esta ternura, esta fe, este latido.
Yo no soy nada, sólo soy una medianía
que lucha por poner cada palabra en su sitio,
que lucha por ser digno de la música divina.
Vivo porque amo, y porque amo escribo.
Esta es mi poética y la última razón de mi vida.
Sólo es poesía la que resucita al alma.
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Guillermo Urbizu
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lunes, 9 de mayo de 2011
"Cuba" y "El erudito de las carcajadas"
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Guillermo Urbizu
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domingo, 8 de mayo de 2011
A veces ser hombre me sabe a poco
¿Qué haces si de pronto la vida se te queda a oscuras? ¿Qué vela enciendes, qué persiana subes, a qué poema acudes? ¿Qué pasa si vas a tientas por el pasillo y las habitaciones de las semanas, qué pasa con esa mirada que ya no distingue las formas o confunde las ideas? La vida, sí, la vida que duda y da traspiés con las cosas.
Que la plena felicidad no existe en la tierra (ni siquiera una cuarta parte de algo) es un hecho, pero sí se nota su anticipo en alguna de sus caricias.
Me sorprende que tanta gente que dice no creer en lo que no ve o palpe, tenga sin embargo tanta fe en el efímero brillo de Facebook o similares. Las redes sociales responden a un patrón de búsqueda, de posible encuentro (o reencuentro), de poner el corazón en alguien o en algo. A su manera no deja de ser una creencia.
¿Por qué la verdad no suele salir en los periódicos?
¿Por qué los que dicen la verdad son censurados o agraviados de una forma u otra?
¿Por qué los que aman la verdad son tan pocos?
Alguien debería explicarme esa extraña afición que consiste en ziscarse de los demás, por más puñeteros y tontos del haba que nos parezcan. Podemos dar por seguro que quien a maledicencia mata a vilipendio muere. Y que es un verdadero coñazo, además de una flagrante falta de estilo, estar siempre difamando o cotilleando al prójimo.
Me gusta regalar siempre libros. Lo que ya no sé es si lo hago por los demás o por los buenos ratos de los que disfruto mientras doy con los adecuados.
No todo ha salido como yo pensaba. Creía que con los años me sentaría a la bartola de la vida (al menos de la mía) y las vería venir, sin que nadie me dijera a qué hora o quita los pies de la mesa. Pero esto no para, y aquí no hay quien haga nada según su real gana (el que lo piense se engaña). ¡Qué desilusión! Era entonces cuando mi vida de verdad disfrutaba. Era entonces, sí, no ahora.
En la prosa hay momentos en los que la poesía se remansa.
¿Cuál ha sido el día más feliz de mi vida? Muchos son los candidatos (bueno, tampoco tantos), muchos los días que se agolpan en mi mente. Pero me quedo con uno de aquellos en los que iba al parque, después de comprar algunos libros viejos, y me sentaba al sol, sencillamente.
¿Sabéis lo que me encanta? La gente que no tiene prejuicios, y esas personas que van de frente, que te dicen las cosas a la cara.
Semana Santa. El destino del hombre. El perdón de Dios. Amar. La vida en la altura de aquella Cruz. Semana Santa. La paz del corazón, la suprema ternura de Cristo en la médula del dolor. El destino del hombre en Dios. La santidad. El triunfo del perdón.
Todo lo escribo por ella.
Para mí no quiero nada.
Si quieres vivir a fondo, viajar por el siglo XVII, aventurarte en la magia de un bosque inglés, acariciar la ternura, pasar la pena en un poema, coincidir con Montaigne en su biblioteca o en plena batalla de amor con Garcilaso, dar un paseo en góndola con la belleza, poner tu hamaca justo en una playa de Puerto Rico o escuchar las leyendas que se cuentan de la vida. Si lo quieres de verdad, los libros son un chollo.
¿Alguien más comparte la sensación de que estamos viviendo el amén de toda una civilización, consumida en su propia arrogancia? En su devenir ningún fenómeno histórico o político es inmutable. Es como si todo lo que leo en los periódicos me pareciera completamente obsoleto y arcaico, ridículo; como si ya no tuviera nada que ver con el hombre.
¿Por qué será que a mí no me gustan las ferias y festejos de libros? Prefiero entrar en una pequeña librería, sin empujones, escudriñando aquellos libros que no me podía comprar entonces. Prefiero buscar un lugar tranquilo y seguir leyendo... Allí donde está uno de mis libros está mi biblioteca.
El hombre no sólo vive de pensamientos, vive sobre todo de emociones, de sentimientos. Vive más el hombre de anhelos, de sueños, de versos. El hombre encuentra remedio a su dolor sobre todo en el cauterio del amor, expresado en mil detalles y recuerdos, o en los sentidos, que acarician la piel o la luz o un libro recién abierto.
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sábado, 7 de mayo de 2011
Más cerca de Dios, más cerca
Para Martha Garza
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viernes, 6 de mayo de 2011
El alma y su cuidado
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jueves, 5 de mayo de 2011
Hölderlin (apunte a una relectura)
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miércoles, 4 de mayo de 2011
¿En qué pienso? (y II)
En lo que llevo de vida lo que más me viene llamando la atención es ella misma, la propia vida, la vida en si, desnuda, tan hermosa y tan viva, con ese rocío o con esa brisa, con esa entraña de eternidad que nos impulsa.
Lo más urgente es vaciarme de mí y volverme a llenar de ti.
Pienso en el mar. Allí, de pie en las olas. Pienso en el movimiento de tanta belleza, en aquella líquida fragancia de espuma y luz. Pienso en el mar, en mis pies sobre la arena huidiza, en mis ojos llenos de horizonte y bruma. Pienso en el poema que flota en cada ola y que se estrella contra las rocas. Pienso en el mar, y siento la necesidad de amar sobre la arena, o en la mirada que nada la vida a mi lado.
¡Qué poco dura la luz!
Yo no sé. Creí saber algo, eso sí. Pero ¿qué? Nada. Por eso he cambiado la forma de ver las cosas. Lo primero es el alma, y su mirada. Y te vas dando cuenta de la sabiduría mientras amas.
Toda novela, se mire como se mire, trata de la vida y del suspense que conlleva.
Aquellas hermosas noches en aquella enorme casa de la infancia. La soledad de la campana del ayuntamiento avisándome de las horas. El colchón de lana -como un nido- y el color naranja del libro de Cernuda. Los gatos bajaban por las escaleras como panteras de la selva de Maracaibo. Los poemas, la fotografía de mis bisabuelos (daban miedo), y aquella luz de luna que resbalaba por las sábanas y por mi cuerpo.
De madrugada me acerqué con sigilo al sueño de mis hijos. Espié su respiración y besé sus frentes. Estaban ahí, estábamos juntos. Y una inesperada congoja se apoderó de mí en medio de la noche.
Un momento. Silencio. ¿Qué escuchas? No hombre no, por dentro. Pon atención, calla. Y no hagas caso del eco.
Más que perder la vida lo que realmente temo es perder -y perderme- lo que vivo.
La lectura me da paz. No sé, es algo distinto. Tranquilo, en silencio (o no), siguiendo el compás de tu respiración, abstraido...
No acabo de entender que para Eliot abril sea el mes más cruel, según consta en "La tierra baldía". Lo de que se mezcle la memoria con el deseo a mí me ocurre en cualquier mes o estación, se podría decir que constantemente. ¿Y lo de esas lilas que brotan de la tierra muerta? ¿Es cruel abril por esa pujante belleza que se nos pone ante la impotencia de nuestra mirada? ¿Por qué demonios es cruel abril? Puede que porque sabemos que esa alegría no durará siempre, porque esa vida pujante volverá de nuevo a la muerte. ¿Será eso?
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Guillermo Urbizu
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martes, 3 de mayo de 2011
¿En qué pienso? (I)
¿Qué es todo esto que las palabras exploran? ¿Qué hay en el interior de su silencio, o en su sonido? ¿Qué busco, qué encuentro? ¿Qué es lo que realmente quiero cuando leo, o cuando escribo? ¿Cuál será su primordial sentido, el significado que les da vida? No digo su apariencia, digo lo que queda cuando uno se olvida, o cree que olvida. Digo ese núcleo, esa entraña, esa trama del alma, ese deseo.
Un vestido es bonito, un paisaje es bonito, un reloj es bonito, unos ojos son bonitos. Pero la poesía es mucho más. La poesía es el cuerpo desnudo que se pone el vestido, es la luz pura de un paisaje, es el alma del tiempo que vivimos, es la mirada enamorada de esos ojos.
Basta ya de tanta contumacia gaznápira, basta ya de mixtificar el dislate, basta ya de gregarismo partidista, basta ya de fingir ideologías, basta ya de dialéctica macarra, basta ya de necio nepotismo, basta ya de nacionalismos burriciegos, basta ya de perversa incompetencia.
Dos necesidades en una misma necesidad. Amor: necesitarse. Necesitarnos.
La primera procesión de Semana Santa. Capirotes y capas rojas. La flagelación de Dios hecho sangre. La redención que pasa por la calle. Tambores y timbales. El pretorio del mundo. ¡Crucifícale! Todavía se oye. ¡Crucifícale! Las velas, los brocados, y esa desnudez de Dios-Hombre que se desangra, que pasa, que nos mira. De pronto el silencio, el alma; la vida que no sabe, que se ve sacudida desde entonces. Esas velas, ese rastro de dolor y ese rostro de Dios escarnecido. Y el hombre que agacha los ojos, que algo intuye en toda esa tortura. Vuelve el temblor del tambor, vuelve el horror en su espasmo, vuelven esos gritos a lo largo y ancho de la Historia: ¡Crucifícale!, ¡crucifícale! Pasan los pasos, pasa la cofradía. Capirotes, túnicas, capas. Y esa sangre que empapa de Amor al mundo.
El futuro del libro está donde siempre ha estado: en el alma, en el espíritu de aventura, en el anhelo de todo, en esta sed, en este poso que va dejando la vida entre líneas.
Una educación pusilánime y moralmente asilvestrada crea una sociedad egoísta, acrítica y pazguata. Ah, y deslenguada.
La paz del mundo. Objetivo prioritario. Esa paloma. Grandes aspavientos. Paz, paz. Pancartas llenas de palabras. Paz. Declaraciones de derechos y la habitual retórica de los gobiernos. Y esas palomas de diseño. No a la guerra, paz: la paz del mundo. ¡Qué buenos sentimientos! ¿Y esa paz cómo diantres se hace? ¿Dónde está su raíz, dónde el comienzo? ¿Tendrá algo que ver conmigo, contigo, con el día a día, con el projimo, con lo más pequeño? Es asunto grave, requiere algo más que un poema. Veamos, ¿qué hacemos con el alma de los hombres antes de que se queden muertos? Paz, paz. De corazón, sin propaganda. Paz. Que sea.
La vida del hombre es una vida de esfuerzo, de sacrificio. Todo lo demás es palabrería que no suele llegar a ningún sitio.
La tarea de un escritor puede llegar hasta el extremo de que casen muy bien las palabras, pero despreocupándose de si son verdaderas.
Entre el bullicio de las voces oigo la tuya, nítida, amorosa.
Cuando se muere la gente a uno se le queda el alma como a trasmano, ese dichoso hueco (si había roce) y más o menos la pena. Loas, por supuesto, y algún homenaje si el finado lo requiere. Un buen tipo siempre. ¿Qué vas a decir? Y el vértigo entre los abrazos. Y ese hondo suspiro de que por ahora no te ha tocado a ti.
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lunes, 2 de mayo de 2011
El poema
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domingo, 1 de mayo de 2011
Al abrir una puerta de la biblioteca
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Guillermo Urbizu
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