Bienvenidos

Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.




martes, 31 de mayo de 2011

Miguel d'Ors, hacia una luz más pura




De cuando en cuando uno relee a los poetas predilectos, como quien se sienta a escuchar una música amada o acaricia con demora la superficie del tiempo. Es una necesidad que se impone a la vida que se desarrolla a tu alrededor, es un respiro interior, una forma de esclarecer el alma. El cansancio nos confunde, nos desorienta el dolor. Hay que parar y fijar la mirada en otra mirada, en un punto infinito de luz incandescente. Sopla el viento con fuerza entre los versos, que en desaliñada armonía van desgranando los recuerdos, los besos, los amigos grafómanos, los paisajes con lluvia, el ubi sunt, la policromía del otoño o el rutilante alboroto que fue la segunda mitad del siglo XX.

La vida. Y tú, Miguel d'Ors, que indagas en el secreto de su hábito imperfecto, en ese cruce de símbolos y metáforas donde sueñas la nostalgia. Rodeado de palabras por todos los sitios te defiendes como puedes en las verdes praderas de Wyoming, parapetado tras la coyuntura del silencio. No es fácil hacer puntería cuando te invade el temblor de la incertidumbre, de la soledad o de amarga impotencia. "Este trabajo amargo de ser yo", escribirás algún día.

Miguel d'Ors, poeta al que recurro especialmente en momentos difíciles, al que leo como balbuceando una oración que me sirve no tanto de consuelo como de arquitectura que cobija mi exacto límite y mi fatiga, que es cuando más se necesita la poesía, para qué vamos a engañarnos. Y se agarra uno al libro con inusitada fuerza -¿ingenuo asidero?-, subrayando con la sombra del lápiz en lo blanco de una esperanza donde se dibuja el invisible o no tan invisible trazo del prodigio. Y cierras de cuando en cuando los ojos, y hablas solo, y escuchas el murmullo de la memoria que se desliza entre tus miembros. Es cielo y es azul, Curso superior de ignorancia o La música extremada, o Sol de noviembre, o Sociedad limitada, son una experiencia poética de primer orden (una experiencia vivida y recreada), una trémula lucidez que trasciende por ensalmo la tristeza. Porque no todo, en este trasiego de palabras, resulta inútil.

Y me apropio, Miguel d'Ors, de algunos de tus versos (perdóname la leve variación), y digo aquí, con brío y con cariño: Que estas palabras le digan al futuro que fuiste amigo mío.

domingo, 29 de mayo de 2011

Intuiciones y experiencias







El desayuno.
Las crujientes tostadas
y su mirada.

La luz
palpa el aire, derrama
su resplandor de espuma.

Esas palomas…
Es espíritu el canto
de las palabras.

Juan, ten cuidado.
Detrás de aquellos libros
hay unos indios.

Poesía
de todos los poetas
es la mía.

Se abre el poema
y los labios de su alma
con mi lengua.

sábado, 28 de mayo de 2011

Notas al margen (y II)




La vida es una bienaventuranza. Dichosos aquellos que viven y dejan vivir.



Que nadie se vaya, que nadie se mueva. No tardará mucho en hacer acto de presencia la belleza del atardecer, con esos colores tan sobrenaturales, en ese cinemascope majestuoso donde la mirada se transforma en cromática ternura. Ya está, ya ha comenzado. Ya la luz adquiere ese tono de fuego. Venid y ved. Asomaros al alma de las cosas por los ojos y por las ventanas. Salid a las terrazas. ¡Qué felicidad tan naranja!



Luz, luz, luz: su resplandor. Y cada color. Y el olor de las plantas. Y ver como florecen los árboles y las mujeres en un estallido de vida.



Esa épica que resulta ser toda existencia (y su exigencia), esa elegía de la condición humana, esa lírica que late en el corazón de la historia, de toda historia, de cada hombre.



La lucha por la vida -¡ay, mi querido Pío Baroja!- no es otra cosa que una constante lucha por la felicidad. Y esta lucha, en si misma, es el drama de la existencia, y su desenlace. Y por lo tanto su literatura.



A mí la vida me sabe a alma. Es así. Y por eso quisiera descifrar la entraña de su alfabeto y que salga por fin de los innumerables diccionarios. Alma: palabra que se define en el silencio, o en el color fucsia de unas violetas, o en la rosa mística del alba. O en el oleaje del agua, o en el vuelo azul de las águilas.



La vida de los hombres sobre la tierra está llena de sueños. Es una de las principales causas que nos impide dejar de respirar. Soñamos que soñamos sueños donde alcanzamos pues eso: un poco de felicidad. Y por ahí anda la literatura.



La literatura y el hombre. Esta finitud que se da de bruces con lo infinito.



Con el tiempo se acumula el cansancio en las palabras. Como en la vida. Aquí están, miradlas: beso, agua, soledad, despedida... Sin apenas fuerzas para decir nada.



A veces me entran dudas. ¿No habremos hecho de la literatura una cuestión demasiado sacrosanta? ¿Tan imprescindible es escribir y leer, y ya no digo publicar? Sé que la tentación pasará en seguida, pero ahora mismo me lo estoy cuestionando.

viernes, 27 de mayo de 2011

Notas al margen (I)



Respecto a Dios creo que hay algo peor que despreciarle, bastante peor que la consabida chirigota o el salivazo en pleno rostro, mucho peor que combatirle o hablar de Él con esa característica amargura que asola a tantos hombres. Es incluso peor que no creer en su existencia. Se me antoja que respecto a Dios lo peor de todo es que los cristianos nos hayamos acostumbrado a negarle y no acabemos de entregarle la vida.


"Mi Señor es el Amor", decía María Zambrano. Yo también quiero para mí ese señorío. Amor como centro, unidad, (im)pulso, sentido.
"Mi Señor es el Amor". Sólo así, sólo desde una reflexión enamorada.


Lo poco que tengo que hacer es lo que tengo que hacer. Y ni aún así.


La belleza a la gente le importa más bien poco, se podría decir que una higa. Lo que importa es una vida insensata, pero colmada de dinero. ¿Que el alma anda descalabrada? Pues bueno.


Uno se enamora, y lo va viendo claro, y se casa, y se van sumando los milagros, y descubres una mañana de mayo que estás más enamorado que nunca.


La información es aconsejable, la formación resulta indispensable.
La información sin formación -sin el esfuerzo del estudio- corre el peligro de la manipulación interesada, de ser sólo un eco evanescente.


Cuando se ama el corazón es un héroe que nada teme.


Ningún muerto es definitivo.


Sin darme cuenta escribo "berso". Entre el beso y el verso, entre la obra y la vida.


Es siempre falacia la apariencia
y estricta verdad lo más humilde.


La historia está plagada de intentos que han querido sustituir la religión cristiana por otra cosa. Que si ideologías perversas, materialismos congénitos, leyendas esotéricas, la ilustración atea, nihilismos variopintos, el superhombre, la ciencia pura y dura, el progresismo vacuo, una secta cualquiera... Y aquí estamos, todavía en las mismas. Que si Dios, que si la soberbia; que si el amor, que si la mala baba.


La felicidad hay que creérsela, y despreciar los desabridos augurios de todos esos hombres espurios.

jueves, 26 de mayo de 2011

Me pregunto por la felicidad






¿Felicidad?
Ese rápido beso
por la mañana.

¿Felicidad?
Cuando abro la ventana
y veo el cielo.

¿Felicidad?
Las voces de mis hijos:
-"Papá, te quiero".

¿Felicidad?
Elegir el color
de la camisa.

¿Felicidad?
El zumo de naranja
sobre la mesa.

¿Felicidad?
Abrir el primer libro
de cada día.

¿Felicidad?
Dar vueltas al poema
y a la cuchara.

¿Felicidad?
"Pórtate bien, sé bueno,
y atiende en clase".

¿Felicidad?
El agua de la ducha
y su caricia.

¿Felicidad?
Estar enamorado
de los detalles.

¿Felicidad?
Quedarme solo en casa
para contarlo.

miércoles, 25 de mayo de 2011

¿Qué tengo yo?



¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
Así incoaba Lope su magistral soneto.
Y un servidor sigue preguntándose lo mismo. ¿Qué tengo yo,
Dios mío, qué tengo?
¿Qué tengo para que me ames como me amas?
¿Qué tengo yo,
si por tener sólo tengo desplantes y desmanes a diario?
Y entonces me doy cuenta: tengo mi corazón (ya lo conoces),
y lo quieres como es y por completo.

martes, 24 de mayo de 2011

"Cuaderno de noche", de Inka Martí



Me ha llegado Cuaderno de noche, de Inka Martí, editado por Atalanta y debidamente dedicado por la autora con rotulador de tinta azul. Las fotografías de portada y contraportada son de ella misma, que se está consagrando como una fotógrafa de entidad en todo ese ámbito del alma que tienen los paisajes y los ambientes más diversos; retratista de toda esa poesía de la mirada que no puede calibrarse a primera vista y que necesita profundizar. De hecho, ya está ahí "Espacios oníricos", su primer libro de fotografías (consultar la página web de Atalanta). Cuaderno de noche pertenece a esa nostalgia que los hombres tenemos de nosotros mismos y que se cifra en nuestros propios sueños. Ocultos sentimientos que afloran en símbolos y signos impredecibles. Figuras y sombras, y fisuras que se abren a otros mundos, espacios donde vemos el germen de paraísos e infiernos, de ángeles y demonios. Alguna imaginación que se quedó perdida en cierto escondite o desván, o tal vez una realidad tan deseada como frustrada. Temores, anhelos, interrogantes, visiones de invisibles abismos, la vida y la muerte (incluso la de su amado, la de J.), y todo ese murmullo que resuena de por medio. Sueños acompasados en literatura, literatura ensoñada. El enigma que somos, la fosforescencia que va dejando de nosotros el tiempo, esa aventura que nos sale al encuentro en medio del inconsciente o del alma que nunca duerme. El universo de lo invisible, de la trascendencia que nos habita, el bien y el mal, con todas sus sierpes. En la tiniebla también hay claridad. Inka Martí nos regala sus sueños, la literatura de algunos de sus sueños: esa intimidad y esa confidencia de asuntos arraigados en lo más profundo de su ser; esas imágenes oníricas, ese laberinto o encrucijada de vivencias de una realidad distinta, o complementaria, quizá hasta más lúcida y parte indisoluble de nuestra realidad. En una prosa que se va difuminando en el mismo sueño, en una prosa elegante, a veces un tanto hermética, cercana no poco a lo lírico, a lo más interior de las propias palabras, de la propia vida. Como ese sueño tan espléndido titulado “Besos” (22-V-2005), verdadero poema de amor. Nada que ver con asunto terrenal. “Eran besos de otro mundo”. “Era una sensación de infinito amor”. Sueños. Un libro “Cuaderno de noche”, que es como el cuaderno de bitácora de una muy particular singladura. Donde lo sueños son el envés de nuestra existencia, el oscuro (o no tan oscuro) designio de nuestro destino. Un libro que sorprende y que fascina, un libro desde el que se espera otros sueños y otras literaturas de Inka Martí.

lunes, 23 de mayo de 2011

A la expectativa


El agua sale impetuosa, con ese fluir de brillos, con esa luz de mayo. Líquida transparencia. El agua cae en el agua que tiembla y se multiplica en imágenes y luceros. El sonido del agua, esas hojas que flotan en la mirada. Esta vida que mira el resplandor de todo. Y la brisa que limpia y que dibuja nuevas ondas y que trae sonidos de fronda. Una mariposa blanca se detiene en la vieja escoba. Y en ella un resquicio de belleza, sobrenatural atisbo. Un árbol de hojas granates y las flores que se desprenden de los tilos. Y los colores de la cerámica desgastados por tantos años. ¿Quién sopla todo este aire? ¿Quién late en toda esta vida? Respiro, contemplo y escribo. A la expectativa. Y de unos arbustos brota el inesperado vuelo de una alondra, y de reojo sigo la sombra que se dibuja en el césped. Estoy en medio de un concierto, de un bendito entusiasmo de armonía. El alma es como esa mariposa que roza el agua. El alma, el alma. El hombre en esa hiedra de tiempo que trepa por lo eterno. Y ves los versos antes de que sólo sean palabras. Y te sientas en este banco de piedra para admirar el ajuar y la potestad de unas rosas, o de unos geranios rojos. El alma, el aire, el jardín, el baile de las mariposas en la tarde.

domingo, 22 de mayo de 2011

Breverías (y II)




Nunca he oído hablar tanto de moral como ahora, justo cuando prevalece lo contrario, en una sociedad aherrojada por la demagogia de los amorales.

Un amigo me acaba de decir por teléfono al final de una larga conversación sobre todo lo que atañe a nuestra amistad: "Yo cuidaré de ti, no te preocupes".
Supongo que eso es lo que significa ser amigo.

A la más reciente literatura le sobran palabras y le faltan redaños. Para decir el alma, no para esconderla.

Llevo cuatro días intentando leer prosa, y no hay manera. Vuelvo a "Las nubes" de Luis Cernuda, o a "Rimas de dentro" de Miguel de Unamuno. Paseo delante de la biblioteca, busco algo..., pero sólo descanso en los poemas, en esa poesía que me descubre la médula espiritual de la vida. De mi vida.

El conocimiento no es tanto el aprehender las cosas como el anhelo por conocerlas. Dicho anhelo es ya saber, pues reconoce en su deseo el principio de toda sabiduría.

¿Qué es el amor? Pues algo tan sencillo como respirar su almohada, y el intento de mantener los libros a raya, y que no arrastre la colcha, y tener siempre en la nevera una coca-cola para ella, y buscar un pendiente extraviado por la mañana, y tomar el sol juntos, y poner cada cosa en su sitio, y regalarle un largo paseo por alguna sorpresa, y ser todo oídos.

Siempre estamos en el intento de dar sentido a un 'sentido' que va mucho más allá del lenguaje.

No me lo puedo creer: me quiere. Me sigue queriendo. Que sí, que es verdad. Me quiere, me quiere. Lo noto en el sol, lo siento en el aire. Aquí está, su alma a la vista, que se inclina y me abraza y me besa. Yo no dejo de mirarla, no quisiera perderme nada de ella. Ni una palabra, ni un gesto. Lo quiero todo, la quiero entera. Para mí solo. En la desnuda intimidad de su pureza.

En la inocencia del niño está la sabiduría del hombre maduro.

La buena vida es la vida buena.

En un descanso del trabajo me pregunto cómo nadie atiende nada que no sea la progresión de su alma, ese "vuelo" del que hablan los místicos. Cómo puede vivir nadie sin mirar -¡admirar!- detenidamente el cielo en todas las cosas de la tierra.

Acabo de llegar de un viaje de un par de días. Quisiera reflejar aquí las nacientes espigas del trigo, el fluir de las acequias, cada piedra, esos sonidos tan característicos de la felicidad por la mañana, el sol sobre los libros, los diversos tonos del verde, el olor de la infancia, esas paredes húmedas de la casa... Acabo de llegar y escribo en un balbuceo. Teníais que ver cada brizna de vida, lo que yo he visto.

¡Qué vacía es la vida que no se vacía de si misma!

El globo terráqueo que iluminaba países y océanos, un anillo, la cámara de fotos, el libro de mi primera comunión, los pañuelos Guash, el balón de fútbol de cuero, unas botas de agua rojas... Y aquella emoción del traje de marinero, de las velas y de la mirada de Dios.

Leo infinidad de frases y versos, miles de páginas. Quisiera leer lo que siento en cada instante (sentir lo que vivo con más clarividencia). Que esas palabras den fe de mi propia alma y la eleven a un sentido más alto. Quisiera saber, constatar, descubrir lo que todavía no conozco. Y al cerrar los libros y los ojos, no sé, encontrarme frente a frente con esa pureza que es la esencia del hombre, su nombre propio.

Llevo 48 años queriendo hacer algo con las palabras.

¿Qué es eso del "mundillo cultural"? ¿La mundanidad de lo que pretende ser cultura y es sólo nada? ¿El jibarismo de la literatura, la afectación, la bobada?

Acabo de caer en la cuenta, mientras pensaba sobre qué escribir de cierta mediocre novela española, de que Chesterton decía que lo de la crítica literaria es en buena medida una sarta de mentiras. Perdón, de etiquetas, se me coló el subconsciente. O lo que fuere.

La eternidad está en el tiempo. No es que el tiempo sea eterno (como es obvio), es que lo que el hombre es y hace y ama en el tiempo tiene esa cualidad eterna, esa entraña de no-muerte que podemos percibir en el alma, o por medio de esa realidad de raíz espiritual que es la razón del hombre.

De algunos libros yo me considero más el autor que su propio autor. Y cuanto más los releo más me convenzo de que son míos, de que forman parte de mí y evolucionan conmigo.

Me preocupa mucho Fukushima, es cierto, y los náufragos del tsunami, y la suerte de los que sufren hasta el alma. El hambre, la violencia, la soledad, la injusticia. El dolor en todo su desasosiego, el constante ultraje a la libertad y dignidad del hombre. Procuro no olvidar nada ni a nada acostumbrarme. Incluido el respingo que me produce el auge blasfemo, intolerante e iconoclasta hacia lo católico en España.

Toda la luz del día, y el constante asombro que ilumina.

Como un rayo se me ha venido encima una tentación antigua: "Tú no sirves para nada." Lo peor es que aún no lo tengo claro.

Ayer soñaba que vaciaba de ropa un armario enorme y acristalado que está delante de mi cama y que lo llenaba de libros. ¡Qué sueño tan dulce!

Vamos a la enjundia: Si no me amaran como me aman yo no sería el que soy. Es más: ni sería.

Siempre hay cosas que parecen más importantes.

El primer ejercicio de libertad de una sociedad medianamente sana es desembarazarse cuanto antes de un gobierno idiota. Sin entrar en matices.

A los funcionarios les bajan más el sueldo. (Silencio). Y suben los precios y los impuestos. (Más silencio). Me da miedo encender la luz o poner el aire acondicionado, y me ducho pensando en lo eterno que se me está haciendo el mes y el dichoso gobierno. (Ahora el silencio es mío). Y con poemas no se sacan a los hijos adelante. Gracias a Dios que existe Dios, y la familia y a ciertos amigos les da por ser amigos.

sábado, 21 de mayo de 2011

Breverías (I)




El globo terráqueo que iluminaba países y océanos, un anillo, la cámara de fotos, el libro de mi primera comunión, los pañuelos Guash, el balón de fútbol de cuero, unas botas de agua rojas... Y aquella emoción del traje de marinero, de las velas y de la mirada de Dios.

Leo infinidad de frases y versos, miles de páginas. Quisiera leer lo que siento en cada instante (sentir lo que vivo con más clarividencia). Que esas palabras den fe de mi propia alma y la eleven a un sentido más alto. Quisiera saber, constatar, descubrir lo que todavía no conozco. Y al cerrar los libros y los ojos, no sé, encontrarme frente a frente con esa pureza que es la esencia del hombre, su nombre propio.

Llevo 48 años queriendo hacer algo con las palabras.

¿Qué es eso del "mundillo cultural"? ¿La mundanidad de lo que pretende ser cultura y es sólo nada? ¿El jibarismo de la literatura, la afectación, la bobada?

Acabo de caer en la cuenta, mientras pensaba sobre qué escribir de cierta mediocre novela española, de que Chesterton decía que lo de la crítica literaria es en buena medida una sarta de mentiras. Perdón, de etiquetas, se me coló el subconsciente. O lo que fuere.

La eternidad está en el tiempo. No es que el tiempo sea eterno (como es obvio), es que lo que el hombre es y hace y ama en el tiempo tiene esa cualidad eterna, esa entraña de no-muerte que podemos percibir en el alma, o por medio de esa realidad de raíz espiritual que es la razón del hombre.

De algunos libros yo me considero más el autor que su propio autor. Y cuanto más los releo más me convenzo de que son míos, de que forman parte de mí y evolucionan conmigo.

Me preocupa mucho Fukushima, es cierto, y los náufragos del tsunami, y la suerte de los que sufren hasta el alma. El hambre, la violencia, la soledad, la injusticia. El dolor en todo su desasosiego, el constante ultraje a la libertad y dignidad del hombre. Procuro no olvidar nada ni a nada acostumbrarme. Incluido el respingo que me produce el auge blasfemo, intolerante e iconoclasta hacia lo católico en España.

Toda la luz del día, y el constante asombro que ilumina.

Como un rayo se me ha venido encima una tentación antigua: "Tú no sirves para nada." Lo peor es que aún no lo tengo claro.

Ayer soñaba que vaciaba de ropa un armario enorme y acristalado que está delante de mi cama y que lo llenaba de libros. ¡Qué sueño tan dulce!

Vamos a la enjundia: Si no me amaran como me aman yo no sería el que soy. Es más: ni sería.

Siempre hay cosas que parecen más importantes.

El primer ejercicio de libertad de una sociedad medianamente sana es desembarazarse cuanto antes de un gobierno idiota. Sin entrar en matices.

A los funcionarios les bajan más el sueldo. (Silencio). Y suben los precios y los impuestos. (Más silencio). Me da miedo encender la luz o poner el aire acondicionado, y me ducho pensando en lo eterno que se me está haciendo el mes y el dichoso gobierno. (Ahora el silencio es mío). Y con poemas no se sacan a los hijos adelante. Gracias a Dios que existe Dios, y la familia y a ciertos amigos les da por ser amigos.

viernes, 20 de mayo de 2011

Me dedican dos poemas el mismo día


ASÍ ERES, GUILLERMO URBIZU


Amas palabras, hombres,
penínsulas en las que habita
el Dios inmenso con el que sueles
dormir y levantarte
aunque llegue vestida tu tristeza
de paraguas gris que no detiene
el agua de la muerte.

Amas, más que nadie, las olas primitivas,
el mundo etéreo
en el que los más hermosos ángeles navegan
hacia un mar infinito,
donde nunca habitarán las lágrimas.

Amas, Guillermo, y ese
es tu perdón, tu privilegio:
poseer un pecho grande
para que en él quepa el tamaño exacto de tu alma
que nunca ha de perder la luz de su inocencia.

Amas a tu esposa,
heredera de todos los milagros,
a tus hijos, que siguen ese ejemplo
de tus raíces arraigadas
en la inmensa región de tu cariño.

Y nunca vas a cesar de amar,
nunca,
a Dios, el mar, los versos
y la vida.


(De María Luisa Mora Alameda)


*****************************************


Este haiku se lo dedico muy especialmente a Guillermo Urbizu, cuyos mensajes me están llenando de alegría y aliento. Espero que te guste.

Al anochecer
la luna guiñó al mar
enamorada.


(De María Guinea Llop)



jueves, 19 de mayo de 2011

Cuatro digresiones






(A VECES LA FELICIDAD CONSISTE EN RECORDAR)


Continuamente los escritores se dedican a sustraernos las ideas a los lectores. O será que se les ocurren antes, que han estado más vivos. O será, además, que lo saben expresar adecuadamente. Constatan nuestras propias acciones, y leemos en ellos la intimidad de sucesos que han ocurrido o vienen ocurriendo en nuestras propias vidas. El caso es que Evelyn Waugh pone en boca de Sebastian -personaje de "Retorno a Brideshead"- algo que llevo haciendo desde hace muchos años, allá donde gozo, en esos lugares de donde no me iría, en donde el sentimiento de despedida no acaba de despedirse nunca. Escribe Waugh: "Me gustaría enterrar un objeto precioso en cada lugar donde haya sido feliz, y cuando sea viejo, feo y triste, volver para desterrarlo y recordar". Y eso mismo es lo que he hecho yo, lo que hago. Ayer mismo encontré una pequeña y oxidada caja metálica en la tierra del jardín donde leía y se extasiaba mi adolescencia. Y, después de tantos años, recordé de nuevo aquella felicidad, cada detalle.



(BREVE CRÓNICA DE ACTUALIDAD)


De los tontos tonterías, de los políticos mentiras, de la novela histórica empacho, del progresismo esos cuentos nada celestiales, de los artistas garabatos, de los telediarios los ojos de las chicas, del alma su nostalgia, de la guerra civil española ese hastío y esa murria, de política internacional el contorneo de Carla Bruni, de la usura bancaria su fantasía, del sexo lo obseso y raro, del deporte queda el fútbol en las ruedas de prensa, de los agnósticos su fervor, de los periodistas ese ambivalente juego esteticista con la verdad, del tiempo su climatología, de la literatura las ventas, y mires donde mires la pose.



(NOTAS DE AYER POR LA TARDE)


Examen el jueves. ¡La basura! Mañana comemos de primero sopa y de segundo ya veremos. Destiendo las toallas. Un mensaje de Sara. Las ventanas que se apagan. Los libros que no caben. No hay tinta en la impresora. Un verso que tacho y otro que se queda en nada. Esa arruga en la colcha. Esos calcetines en el suelo. Un fantasía, calma, y otra, ya vale. Mi casa, y mi vida que entra y sale de esa intimidad tan blanca. Estas paredes son como el cine. Los cables, los espejos, las plantas. ¿Quién llama? ¿Quién viene? Un trabajo sobre Grecia y esas ánforas de figuras rojas. Papá... No estoy, no estoy. En el regazo una biografía de Salinger y el portaminas Faber Castell y la mirada perdida en el rostro de mi madre. Los flecos naranjas de esas nubes y el collar de ágatas prendido del pomo de la puerta. Las palmeras de la acuarela y una maleta recién venida de viaje.



(DÍA DE NUBES)


El cielo con todas esas nubes, con esos juegos de figuras y metales, con esa luz que transfigura la mirada, con esos pájaros que cruzan el firmamento en fugaz lectura. Las nubes, esas formas que se difuminan en el aire que es la vida, esa profecía de un resplandor azul o de luna, esa esperanza o esa tristeza que arrecia. Esas puntillas de sueños donde a veces llueve. Blondas que se arraciman en fantasía de espumas y de viento, que ocultan la bóveda de lo que fuimos o de lo que seremos. La vida, las nubes, y esos relámpagos a veces.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Ahora que no estás


Escribo de perfil y de espaldas a la ventana. ¿Escribo por escribir? Me mantengo a la espera y me pongo las gafas de cerca. Suena una sinfonía de Antonio Rosetti. Miro los libros y mi vida. Aquellos días interminables, donde todo cabía, y aún sobraba tiempo para tirar piedras al río o subirse a los árboles. En ocasiones me levanto y abro un grifo y cierro los ojos para escuchar el sonido del agua. Descalzo avanzo por la memoria, por aquella luz que venía con ella. La alegría nunca llega sola, viene siempre con alguien. Escribo despacio, porque me gusta soñar lento, porque me gusta besar aún más lento, hasta quedarme quieto en una palabra o dentro de su boca. Escribo porque quiero, y porque quiero acercarme al fundamento de lo que veo o de lo que pienso. Y luego está ese cuerpo, que ahora no está, pero donde a pesar de todo buceo hasta llegar al fondo del alma. Al mismo fondo, donde hay un temblor y la visión de corales y el líquido espacio del ser y de la dicha. Emerjo a la lectura y a esta realidad tan difusa que es vivir sin estar ella en la misma casa, en la misma habitación, en el mismo abrazo. Escribo, sí, y cada palabra es una cita de amor, porque todas las palabras las escribo para estar con ella.

martes, 17 de mayo de 2011

Lo extraordinario de lo que pasa




No cambian mucho las cosas. Ni siquiera las extraordinarias. Hay un rayo de sol que cada mañana sobre estas horas se queda un rato en mi mesa. Y tengo que estar pendiente de él, por ver si ilumina algo nuevo, o se desliza por el alma. Y me quedo encandilado en el marco de un espejo, en sus volutas doradas, en los adornos florales que circundan mi reflejo. Un vistazo a los periódicos me estremece y me hace rezar en un acto intenso. Miro las vetas de la madera de las puertas. Y viajo a bosques donde alguien pasearía a la sombra de los árboles que luego cortaron para que yo abriera la casa. No cambian apenas las cosas. Lo extraordinario de esta luz y de estas acacias; lo extraordinario de las palabras que pasean por la calle, o que corren en una estampida de gritos. Y ese poco de cielo, y ese mucho de aire que circula por el tiempo. Hay unas escarpias en la pared, que no sostienen nada, como no sea mi mirada y quizá el recuerdo de un lejano cuadro, cuando era más joven y leía a cualquier hora a Juan Ramón Jiménez, y me imaginaba un mundo lleno de estanques y violetas, y estelas de espumas poéticas. ¡Cuántas cosas suceden y se suceden al cabo de la vida! ¡Cuántas cosas que no percibimos, que no atendemos! Y vuelvo a contemplar ese rayo de sol, ahora un poco más delgado y ceñido a mi mano derecha.

lunes, 16 de mayo de 2011

"Una historia verdadera"




Es el título de una extraordinaria película de David Lynch. La volví a ver ayer. Había trabajado toda la mañana entre papeles sin fin. Al salir a la calle me encontré mareado (nada infrecuente en mí) y para colmo me recibió un cielo con todos esos oscuros presagios de color zinc. Por la tarde escribí sin ganas. Me escabullí de todas aquellas palabras en cuanto pude (te resistes lo que puedes, pensando que de un momento a otro puede llegar una buena frase). La voz de mi mujer sonó como una posible liberación: “¿Salimos a pasear?”. Ya el día se había despejado un poco.

La verdad es que no damos excesiva importancia a la maravilla. Por ejemplo -y ya lo sé que me repito-, la presencia de esa mano en nuestra mano, o la de cada nuevo día, o esos gorriones saltimbanquis en la acera o en la brisa. Damos por hecho que será siempre así, cuando en realidad somos protagonistas de un constante prodigio. La luz hace que las cosas sean, que se concreten en su esencia. De una u otra forma nos asomamos cada día a la poesía, quizá sin apreciarlo o despotricando contra nuestra existencia. Y esto viene a cuento porque ayer tarde, al salir de casa con mi familia, aprecié una vez más que cada pormenor es único y que no tiene precedentes en el tiempo. La vida. Esa vida que nos aturde a la vez que nos transciende y maravilla.

Mis hijos hacían de las suyas, en esa eterna filigrana de risas y jugueteos. Déjalos, ya son mayores. Hablábamos de teorías educativas (eso, teorías) que no parecen afectar en mucho el concierto de los habituales gritos, quejas y quejidos. Es un tipo de literatura que ya ni leo. La educativa, digo. Vencido por el cansancio y el sesudo consejo de los expertos. Y mientras hablábamos me entretenía en el ensimismado vaivén de los tilos, en esa brisa que los suena y nos sueña.

Por favor, entremos en algún sitio, en un bar cualquiera. Ya no recuerdo el nombre. Con una decoración que intenta ser original y una afable penumbra. Pero algo pasó. De pronto el enfado. Y salimos sin haber bebido nada. Silencio, gestos adustos. Mi mujer nos dejó rauda y veloz, pues tenía una reunión con amigas. El resto volvimos a casa. ¡Cómo agotan los berrinches! Y los paseos de pasos tan serios. Y sin pensarlo dos veces decidí ver Una historia verdadera. Poco a poco se fueron sumando mis hijos. Y les dejé estar. Así, calladitos.

Una historia verdadera (The Straight Store, 1999). La historia del sacrificio de Alvin Straight por reconciliarse con su hermano acabó por llamar la atención de estos hijos míos. Recorrer más de 500 kilómetros en una cortadora de césped no es algo habitual. “Un hermano es siempre un hermano”. La importancia del afecto y del perdón en la familia. Me pareció ver algunas lágrimas. Y acabamos todos queriendo mirar las estrellas, como hacen los dos hermanos al final de la película. Una historia verdadera es un filme delicioso, recomendable para todos aquellos que andamos empeñados en que nuestras vidas sean algo más que especulación y prisas, y el nauseabundo hedor de la inquina.

domingo, 15 de mayo de 2011

Todo lo que yo pienso del amor dicho en pocas palabras, pues es bien sabido que el amor de lo que menos precisa es de palabras





Dar sin recibir nada,
olvidar el desprecio
y escuchar en silencio
la voz enamorada.

sábado, 14 de mayo de 2011

Una excursión




Nada de coches y asfalto. Esta vez en bicicleta y caminos polvorientos. Kilómetros ribeteados de zarzas, amapolas, alamedas y campos de cultivo. Por todo equipaje una mochila con la cartera, las llaves, el teléfono y unas pastillas. Ni siquiera algo de beber. Avanzamos despacio, desmenuzando el paisaje con parsimonia. ¡Qué silencio! La vía del tren nos acompaña, como la corriente del río. En sus aguas vertiginosos destellos y a trechos el cielo en mil reflejos. Paramos y nos quedamos mirando el vuelo rasante de unas aves sobre las olas de los trigales. El sol ilumina el tiempo de un temblor eterno, de un pálpito que nos abastece de esperanza. Dios está en el horizonte. Pero también en el esforzado ritmo del pedaleo.

Hemos llegado. Más allá del desánimo gris y de la muchedumbre de piedras. Nos miramos. Queda el regreso. Decidimos volver por otro lugar. Agreste, sí, pero con el atractivo y la pujanza de lo distinto, de lo no visto. Las bicicletas surcan la brisa, la claridad, la vida. Nos equivocamos de camino. Pero no importa. La mirada busca la sombra de los árboles, su fresco roce, pues el calor acecha. ¡Cómo nos vencen las cuestas y las dificultades! Pero, ¿qué puede el escalofrío de la muerte cuando la felicidad se apodera así del alma? Ya nada es efímero. Lo postrero es un para siempre.

Viajamos a la velocidad de una luz inagotable, casi sobrenatural. Sorteando los baches, los charcos y las quejas. Allí, allí. Un grupo de casas se adivinan tras aquellos arbustos. Rendidos a la fatiga hacemos la última parada, en una ermita del siglo XVII. Piedra y tiempo. Piedra y fe. Sueños que no envejecen. “¡Una carrera!”, grita de pronto alguien. Allá vamos, en competitivo cortejo, pedaleando entre el prodigio de un bullir de gritos que buscan la meta y el privilegio de su hazaña.

viernes, 13 de mayo de 2011

A cierta edad




A cierta edad que la salud te respete y que por favor te dejen leer con tranquilidad.
A cierta edad amar con más pasión y desear toda la ternura.
A cierta edad desear escribir aunque sólo sea un par de poemas decentes y pasear al sol de mayo.
A cierta edad conseguir ser un poco más humilde y disfrutar por fin con las cosas sencillas.
A cierta edad darte igual lo que piensen los demás de tu amor a Dios o de tu amor a los árboles en flor.
A cierta edad saber perdonar, y seguir leyendo a los poetas y tener unas ganas locas de volver a besarla.
A cierta edad amar, amar, amar...


A cierta edad no querer morir nunca para poder seguir respirando su pelo y acariciar esa luz que nace por la mañana.
A cierta edad no desaprovechar ni un momento de eternidad, de poesía.
A cierta edad seguir contemplando el cielo y esa claridad y la pureza de su azul y la transparencia del tiempo.
A cierta edad no conformarse con nada, amar, amar, amar, y fijarse muy bien en los sueños.

jueves, 12 de mayo de 2011

Una historia de amor, eso es la vida, nuestras vidas




Sigo pensando que lo que ocupa y preocupa más al ser humano es el amor. Con diferencia y aunque no creo que salga en las estadísticas. Se manifiesta de muchas maneras, pero lo que queremos todos es darnos, fundirnos, enamorarnos. Es la vocación por excelencia del hombre: amar. Es ese deseo que no acaba de saciarse, esa piel y esa alma que buscan la caricia, la ternura y el consuelo. El amor es nuestra explicación de hombres y el puntal de nuestra existencia (en la existencia del otro). Por eso andamos tras él de por vida; de ahí esas ganas locas de entregarnos, de transformarnos, y ese desasosiego, y esas miradas que escrutan cada instante, cada detalle. El hombre necesita amar porque busca la plenitud y la trascendencia, porque el día a día sin amor es un suplicio, una agonía. Caminamos por la calle pensando en ese amor, en nuestro amor. Y el sentido de todo se da porque amamos. Y no es sólo una cuestión de afectos, o un cuerpo (por excelso que sea) o la fantasía. Es que el sentido del mundo y de la realidad y de lo que somos pasa por esa persona a la que amamos. El sentido es el amor. La realidad es el amor. El amor es la razón: razón de vida. Y el amor lo remueve todo, lo inspira todo. ¿Qué otra cosa puede urgirnos más que amar y ser amados? ¿Qué otra cosa puede importar más que eso? Nada. Nada es en el mundo más importante, más crucial, más núcleo. Y cada uno de nosotros somos amantes. Y cada uno de nosotros intentamos dar con el origen de ese ardor. Y cada uno de nosotros nos miramos las caricias, la pureza, lo infinito (porque el amor de verdad nunca se conforma con minucias). Queremos amar más, queremos amar mejor. No es cuestión de amar lo evanescente, lo difuso. Amamos a una persona concreta, la amamos a ella, tal y como es. Así de imperfecta, así de completa.

miércoles, 11 de mayo de 2011

El club de los almanautas (sito en Facebook)



EL CLUB DE LOS ALMANAUTAS es una rebeldía donde caben todos. Poetas o prosaicos, de derechas o izquierdas o mediocentro, creyentes o no, de gusto abstracto o realista o impresionista. Es un inconformismo, es un querer algo más de todo esto, es un fijarse más allá de lo que vemos, es un demorarse en la mirada. El hombre ansía plenitud, pureza, felicidad... El Club puede recoger a muchos que estén en esta lucha, en semejante intento. Porque el hombre no ha nacido para ser ramplón o sólo instinto. Queremos más, andamos a la búsqueda de esa verdad de nosotros mismos, hartos de propaganda y de mentiras. EL CLUB DE LOS ALMANAUTAS reune a gente sencilla con anhelos eternos. ¿Nos vamos a conformar con menos? ¿Vamos a dejar que se nos pase la vida sin bucear en toda su profundidad, en toda su más sublime aventura? Pues a ello, hasta dar en el alma del asunto.

martes, 10 de mayo de 2011

La razón de mi vida




Quisiera escribir algo que fuera provechoso para la gente,
que acercara el alma a las estrellas, que brillara
en su mirada durante un trecho del resuello de la vida.
Quisiera regalar sueños, ir al corazón
de cada palabra, ir al significadoinfinito del horario, de lo más corriente.
Quisiera que fuera una revolución la poesía
(una revolución íntima),
que cada día fuera una batalla épica por la belleza.
Una revolución de paz, una armonía
de fuego que purificara al hombre y a sus hijos.
Dejémonos de mentiras, de máscaras y ruidos,
dejémonos de ridículos afanes, de falsos brillos,
dejémonos de vetustas ideologías, de sombrías amarguras.
¡Arriba ya! Levantemos en vilo las almas,
desnudemos de sombras los cuerpos y poemas.
Que las palabras vuelvan a decir la esperanza,
que canten su pureza original, su alegría, su gracia.
Quisiera que mis palabras fueran más íntimas: confidencia
de amigo que quisiera escribir en ellas su vida.
He aquí mi alma, lector, he aquí lo que anhelo y siento.
Es todo lo que tengo. Este amor con el que amo,
esta ternura, esta fe, este latido.
Yo no soy nada, sólo soy una medianía
que lucha por poner cada palabra en su sitio,
que lucha por ser digno de la música divina.
Vivo porque amo, y porque amo escribo.
Esta es mi poética y la última razón de mi vida.
Sólo es poesía la que resucita al alma.

lunes, 9 de mayo de 2011

"Cuba" y "El erudito de las carcajadas"



¡Cómo no voy a tener sueño! Me he pegado la noche leyendo. Comencé por seguir el rastro de todas esas lágrimas en la lluvia de Rosa Montero, pero no estaba la madrugada para bichos y para la rep (replicante, vamos) Bruna. Al lado tenía lo que no sabía muy bien si era una caja de habanos o un libro. Enhorabuena a Yolanda Artola -se merece un premio- por la cubierta del libraco "Cuba", de Hugh Thomas (Debate). Libraco por sus 1.200 páginas. La edición está revisada (nunca dejará de estarlo, pues la historia de Cuba no se está quieta) y es preciosa en todos los aspectos. El libro está muy bien documentado y provisto de oportuna bibliografía, índices, notas, glosario e ilustraciones y de una muy buena prosa que Neri Daurella se ha encargado de trasladar al castellano. Se nota la erudición, y se nota la pasión con la que fue escrito (la primera aparición de este brillante ensayo histórico es de 1971). La historia de Cuba es apasionante, y más para un español. Y este libro te la muestra con sagacidad y criterio. Te haces al océano de todas estas páginas y te encuentras la épica, la lírica, la elegía, la constante lucha política, las conspiraciones, el dolor y la infinita paciencia de los cubanos, el drama en sus heridas y batallas, y en sus tiranos (de Fidel todavía no han salido indemnes). Hugh Thomas ha escrito un verdadero libro de aventuras,todo lo serio que se quiera, pero de aventuras, con sus crueldades y egoísmos, con sangre, con luchas sin par y con esperanza. Una gozada de conocimientos, de vida. Historiografía llena de vitalidad y amor por la materia, que no es otra que Cuba y los cubanos. Por eso no es de extrañar que se me hicieran las tantas -¿las 3, las 4 de la mañana?- mientras yo seguía pasando páginas y más páginas... El libro se merece la vitola que luce en el lomo, pero lo que más se merece es nuestra lectura. Excelente. Y tengo una inmensa suerte, porque todavía me quedan unas cuatrocientas páginas de disfrute para concluirlo. Todo vuestro.

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"El erudito de las carcajadas" de Jin Ping Mei, editada por Atalanta, es una novela fastuosa -la primera gran novela China-, llena de vida, de lo que es la condición humana, en su cavilación y andadura, en su mordacidad, ambición, humor, drama y delicadeza. Hay un componente erótico indiscutible (somos hombres, alma y cuerpo), pero creo que es más importante ese reflejo de la comedia humana que atesora, esa comedia que cambia poco con los siglos y que no es muy distinta en las más variadas civilizaciones (en este caso la China del siglo XVIII) y en sus entramados sociales. Como importante es -yo diría que fundamental- su esencia lírica de la novela y en gran medida de la sociedad china, con una prosa exquisita y poética. La trama conjuga hábilmente sensibilidad, sensualidad y picaresca, y está plagada de enseñanzas. "Los hombres que presumen de talento poseen una exigua virtud". "Verdaderamente, si no meditas tres veces las cosas, te arrepentirás; si te excedes en alegrías, también lo lamentarás". Es una novela que, en su aparente desparpajo, muestra su vocación ejemplarizante y pedagógica, sin quitar un ápice de frescura, de amenidad, de intensidad. "Dile a la gente lo que quiere oír y todos te querrán, habla con franqueza y claridad y todos te abandonarán". El protagonista principal y sus mujeres y amantes. Los criados, celestinas, burócratas imperiales, soldados, monjas y monjes, negociantes, cornudos, rufianes y marrulleros. Entre todos ellos el lector pasa días de amena y cautivadora y sorprendente lectura. ¿Qué mejor crítica? Con una traducción que merece resaltarse por encima de todo (además del prólogo y de las esclarecedoras notas). Gracias y más gracias Alicia Relinque.

domingo, 8 de mayo de 2011

A veces ser hombre me sabe a poco






La música de un violín me trastoca la mañana.

¿Qué haces si de pronto la vida se te queda a oscuras? ¿Qué vela enciendes, qué persiana subes, a qué poema acudes? ¿Qué pasa si vas a tientas por el pasillo y las habitaciones de las semanas, qué pasa con esa mirada que ya no distingue las formas o confunde las ideas? La vida, sí, la vida que duda y da traspiés con las cosas.

Que la plena felicidad no existe en la tierra (ni siquiera una cuarta parte de algo) es un hecho, pero sí se nota su anticipo en alguna de sus caricias.

Me sorprende que tanta gente que dice no creer en lo que no ve o palpe, tenga sin embargo tanta fe en el efímero brillo de Facebook o similares. Las redes sociales responden a un patrón de búsqueda, de posible encuentro (o reencuentro), de poner el corazón en alguien o en algo. A su manera no deja de ser una creencia.

¿Por qué la verdad no suele salir en los periódicos?
¿Por qué los que dicen la verdad son censurados o agraviados de una forma u otra?
¿Por qué los que aman la verdad son tan pocos?

Alguien debería explicarme esa extraña afición que consiste en ziscarse de los demás, por más puñeteros y tontos del haba que nos parezcan. Podemos dar por seguro que quien a maledicencia mata a vilipendio muere. Y que es un verdadero coñazo, además de una flagrante falta de estilo, estar siempre difamando o cotilleando al prójimo.

Me gusta regalar siempre libros. Lo que ya no sé es si lo hago por los demás o por los buenos ratos de los que disfruto mientras doy con los adecuados.

No todo ha salido como yo pensaba. Creía que con los años me sentaría a la bartola de la vida (al menos de la mía) y las vería venir, sin que nadie me dijera a qué hora o quita los pies de la mesa. Pero esto no para, y aquí no hay quien haga nada según su real gana (el que lo piense se engaña). ¡Qué desilusión! Era entonces cuando mi vida de verdad disfrutaba. Era entonces, sí, no ahora.

En la prosa hay momentos en los que la poesía se remansa.

¿Cuál ha sido el día más feliz de mi vida? Muchos son los candidatos (bueno, tampoco tantos), muchos los días que se agolpan en mi mente. Pero me quedo con uno de aquellos en los que iba al parque, después de comprar algunos libros viejos, y me sentaba al sol, sencillamente.

¿Sabéis lo que me encanta? La gente que no tiene prejuicios, y esas personas que van de frente, que te dicen las cosas a la cara.

Semana Santa. El destino del hombre. El perdón de Dios. Amar. La vida en la altura de aquella Cruz. Semana Santa. La paz del corazón, la suprema ternura de Cristo en la médula del dolor. El destino del hombre en Dios. La santidad. El triunfo del perdón.

Todo lo escribo por ella.
Para mí no quiero nada.

Si quieres vivir a fondo, viajar por el siglo XVII, aventurarte en la magia de un bosque inglés, acariciar la ternura, pasar la pena en un poema, coincidir con Montaigne en su biblioteca o en plena batalla de amor con Garcilaso, dar un paseo en góndola con la belleza, poner tu hamaca justo en una playa de Puerto Rico o escuchar las leyendas que se cuentan de la vida. Si lo quieres de verdad, los libros son un chollo.



A veces ser hombre me sabe a poco.

¿Alguien más comparte la sensación de que estamos viviendo el amén de toda una civilización, consumida en su propia arrogancia? En su devenir ningún fenómeno histórico o político es inmutable. Es como si todo lo que leo en los periódicos me pareciera completamente obsoleto y arcaico, ridículo; como si ya no tuviera nada que ver con el hombre.

¿Por qué será que a mí no me gustan las ferias y festejos de libros? Prefiero entrar en una pequeña librería, sin empujones, escudriñando aquellos libros que no me podía comprar entonces. Prefiero buscar un lugar tranquilo y seguir leyendo... Allí donde está uno de mis libros está mi biblioteca.

El hombre no sólo vive de pensamientos, vive sobre todo de emociones, de sentimientos. Vive más el hombre de anhelos, de sueños, de versos. El hombre encuentra remedio a su dolor sobre todo en el cauterio del amor, expresado en mil detalles y recuerdos, o en los sentidos, que acarician la piel o la luz o un libro recién abierto.

sábado, 7 de mayo de 2011

Más cerca de Dios, más cerca




Para Martha Garza




¡Ya me gustaría a mí estar muy cerca de Dios! Lo intento, lo intento, lucho por ello, y quiero estarlo. Porque Le quiero, porque es la columna vertebral de casi todo lo que hago. El mundo y sus afanes no serían nada sin el amor de Dios. Sin el amor de Dios el mundo sería un caos intransitable. ¿No lo es ya en buena parte? Ese volverle la espalda a Dios, ese ciscarse en todo lo más sagrado y bendito sólo ocasiona una universal angustia, un no saber muy bien por dónde nos da el aire. El hombre sin Dios, sin el amor de Dios, es un cúmulo de despropósitos y egoísmos, de gritos y heridas, de constantes desilusiones, de esa honda tristeza. El hombre sin Dios vive a muy corto plazo y acuna su vida con sueños y empeños que se desploman en seguida. Por eso es tan necesario amarle, amarle por nosotros mismos y por todos los que se han olvidado de Él o incluso Le niegan, persiguen u odian. Dios quiere hacer del mundo algo admirable, bueno. Quiere que el hombre crezca en su interior, que alcance esa sabiduría de los más sencillos y mansos. Pero no queremos, nos empeñamos en la soberbia no en la humidad, en la impureza no en la pureza, en la codicia no en la sobriedad, en el pecado no en la virtud. El amor de Dios es el verdadero progreso del hombre, porque sólo cabe progreso en el amor. El amor de Dios es la máxima excelencia del hombre, porque sólo cabe excelencia en y desde el amor. El amor de Dios es la verdadera paz del hombre, porque sólo cabe paz de conciencia y paz social en la intimidad de Su amor, en esa misericordia y perdón que se precipita a abrazarnos, a besarnos, a invitarnos al banquete de bodas de Su perdón, de Su gloria y gozo. ¡Ya me gustaría a mí estar muy cerca de Dios! Más cerca aún. Y no dejar de estarlo nunca por mi pereza o improvisación. Aquí lo que todos queremos es ser felices, supongo. Pero dejamos pasar los días en una lúdica apatía, en una beata superficialidad, en un ir dejar pasando la vida sin sueños de verdad, sin afán de ser hombres de alma entera, con sed de altura. Que ya está bien de trapalas y mezquindades. Dios es el que ilumina todo este tinglado que es la vida. Cegar a Dios, cargar contra Él, despreciar su amor, es vivir de tiniebla en tiniebla, porque la luz que realmente luce y es interior y es eterna mana de ese Amor que murió en la Cruz. Y yo, que creo que estoy tan cerca, sin embargo estoy tan lejos, sin acabar de enamorarme, de entregarme, de cortar por lo sano con la tibieza.

viernes, 6 de mayo de 2011

El alma y su cuidado




El alma y su cuidado, y tener a Dios en la cabeza. Dejar que Dios entre en los planes, hacerle partícipe de lo que hacemos y sentimos. Verle en el folio, en los hijos, en el beso, en el libro, en los bares. Verle. Contemplarle en el resplandor del sol y en la tristeza. El alma en Él, enamorada, luchando por la felicidad, detalle a detalle, en esa larga o corta batalla -según se mire- que es la vida. Escribiendo versos, pasando el aspirador o paseando por la imaginación de no se sabe dónde. Dios: ese paisaje, esa intimidad de todo. El alma, que anhela más, que quiere conocer mejor y más de cerca; que busca esa intimidad de Dios, que intuye, que corre, que lee, que sueña. El alma y su cuidado. Luces y sombras. Esa esperanza, y esa desgana por la que transitamos a veces. Ese no acabar de ver claras las cosas, ese tránsito por la angustia. Y la voluntad que se estanca, que no acierta a decidir nada. ¡Qué árida se vuelve la vida en ocasiones! Sientes como si el alma se resecara, como si Dios perdiera su frescura de amor y Padre. Y fantaseas con palabras y tramas, y esos lugares donde estás tú solo, sin pensar casi. Pero la felicidad no está en esos paisajes y aventuras, en esos vuelos de faldas, pájaros u olas (sólo son indicios). La felicidad está en la fe, en mantener el brío y la bravura en la batalla; está en el orden, en la transparencia y en la fortaleza; y en esa ternura que es Dios en Su presencia y en Su don y en Su misericordia. Dios y el alma. Dios en el alma. El ser del hombre, su sed de absoluto, de luz, de paz. Pero no es fácil todo este cuidado. Requiere algún que otro silencio, abandonarse y escuchar y criterio; y ejercitarse en la virtud y en la percepción de la maravilla. Mantener a la expectativa el alma y la existencia por entero, sin ceder ni un ápice de tiempo ni de valentía.

jueves, 5 de mayo de 2011

Hölderlin (apunte a una relectura)





Hölderlin (1770-1843) ha conocido en español traducciones muy afortunadas. El lector recuerda, por ejemplo, las de Cernuda o José María Valverde, Luis Díez del Corral y Carmen Bravo-Villasante, o las de Valente, Talens, Anacleto Ferrer y Jesús Munárriz (su labor en pro de la obra de Hölderlin, como traductor y editor, es impagable). Y no me quiero olvidar de la extraordinaria versión que J.L. Rodríguez García hizo de algunas de las cartas del autor. El mismo Rodríguez García que en 1987 nos había ofrecido F. Hölderlin: el exiliado en la tierra (Prensas Universitarias de Zaragoza). Más tarde Antonio Pau escribió su muy recomendable y magnífica biografía Hölderlin (Trotta), un libro verdaderamente fundamental.

La poesía de Hólderlin intenta fundir en el idealismo alemán el bagaje estético de la antigua Grecia, procurándonos una lírica de gran calado místico y visionario, en comunión con el mito y el misterio. La melancolía aflora, y el ritmo de su metro clásico nos envuelve en música y pasión. El mito -junto con la naturaleza, que es portadora de lo divino- para él es un aforma de supervivencia, de sobrevivir a una realidad que le resulta trágica. Rilke fue un gran lector suyo y un gran propagador de su poesía. La excelente traducción que Bermúdez-Cañete reescribe en 48 poemas escogidos (Antología poética, Cátedra, Letras Universales) nos hace más accesible una obra escrita en un difícil alemán. (Este volumen nos puede servir como magnífico trampolín para tomar impulso y zambullirnos en sus odas, elegías e himnos).

El traductor ha escogido en su labor un “lenguaje actual”, pero muy bello, consiguiendo así -sin renunciar, como señala, a la riqueza semántica de los textos- que el lector no prescinda fácilmente de un poeta necesario, que ha influido tan decisivamente en buena parte de la mejor poesía española contemporánea, sobre todo en Cernuda. En fin, que es una muy buena oportunidad para saborear a uno de los más grandes. Dice en el poema “Recuerdo”: “Lo que permanece, lo fundan los poetas”.

miércoles, 4 de mayo de 2011

¿En qué pienso? (y II)





En lo que llevo de día lo que más me llama la atención es que hay personas que me quieren (y el crepitar de la luz y un poema de Pablo García Baena titulado 'Edad').
En lo que llevo de vida lo que más me viene llamando la atención es ella misma, la propia vida, la vida en si, desnuda, tan hermosa y tan viva, con ese rocío o con esa brisa, con esa entraña de eternidad que nos impulsa.

Lo más urgente es vaciarme de mí y volverme a llenar de ti.

Pienso en el mar. Allí, de pie en las olas. Pienso en el movimiento de tanta belleza, en aquella líquida fragancia de espuma y luz. Pienso en el mar, en mis pies sobre la arena huidiza, en mis ojos llenos de horizonte y bruma. Pienso en el poema que flota en cada ola y que se estrella contra las rocas. Pienso en el mar, y siento la necesidad de amar sobre la arena, o en la mirada que nada la vida a mi lado.

¡Qué poco dura la luz!

Yo no sé. Creí saber algo, eso sí. Pero ¿qué? Nada. Por eso he cambiado la forma de ver las cosas. Lo primero es el alma, y su mirada. Y te vas dando cuenta de la sabiduría mientras amas.

Toda novela, se mire como se mire, trata de la vida y del suspense que conlleva.

Aquellas hermosas noches en aquella enorme casa de la infancia. La soledad de la campana del ayuntamiento avisándome de las horas. El colchón de lana -como un nido- y el color naranja del libro de Cernuda. Los gatos bajaban por las escaleras como panteras de la selva de Maracaibo. Los poemas, la fotografía de mis bisabuelos (daban miedo), y aquella luz de luna que resbalaba por las sábanas y por mi cuerpo.

De madrugada me acerqué con sigilo al sueño de mis hijos. Espié su respiración y besé sus frentes. Estaban ahí, estábamos juntos. Y una inesperada congoja se apoderó de mí en medio de la noche.

Un momento. Silencio. ¿Qué escuchas? No hombre no, por dentro. Pon atención, calla. Y no hagas caso del eco.

Más que perder la vida lo que realmente temo es perder -y perderme- lo que vivo.

La lectura me da paz. No sé, es algo distinto. Tranquilo, en silencio (o no), siguiendo el compás de tu respiración, abstraido...

No acabo de entender que para Eliot abril sea el mes más cruel, según consta en "La tierra baldía". Lo de que se mezcle la memoria con el deseo a mí me ocurre en cualquier mes o estación, se podría decir que constantemente. ¿Y lo de esas lilas que brotan de la tierra muerta? ¿Es cruel abril por esa pujante belleza que se nos pone ante la impotencia de nuestra mirada? ¿Por qué demonios es cruel abril? Puede que porque sabemos que esa alegría no durará siempre, porque esa vida pujante volverá de nuevo a la muerte. ¿Será eso?

martes, 3 de mayo de 2011

¿En qué pienso? (I)











Despierta de tus sueños y de esa pereza de tus miembros, abre bien la ventana, despeja esas nubes del alma, extiende la luz por tejados y fachadas (y por esos geranios y sábanas), y ten conciencia clara de que tu vida respira algo más que el aire.

¿Qué es todo esto que las palabras exploran? ¿Qué hay en el interior de su silencio, o en su sonido? ¿Qué busco, qué encuentro? ¿Qué es lo que realmente quiero cuando leo, o cuando escribo? ¿Cuál será su primordial sentido, el significado que les da vida? No digo su apariencia, digo lo que queda cuando uno se olvida, o cree que olvida. Digo ese núcleo, esa entraña, esa trama del alma, ese deseo.

Un vestido es bonito, un paisaje es bonito, un reloj es bonito, unos ojos son bonitos. Pero la poesía es mucho más. La poesía es el cuerpo desnudo que se pone el vestido, es la luz pura de un paisaje, es el alma del tiempo que vivimos, es la mirada enamorada de esos ojos.

Basta ya de tanta contumacia gaznápira, basta ya de mixtificar el dislate, basta ya de gregarismo partidista, basta ya de fingir ideologías, basta ya de dialéctica macarra, basta ya de necio nepotismo, basta ya de nacionalismos burriciegos, basta ya de perversa incompetencia.

Dos necesidades en una misma necesidad. Amor: necesitarse. Necesitarnos.

La primera procesión de Semana Santa. Capirotes y capas rojas. La flagelación de Dios hecho sangre. La redención que pasa por la calle. Tambores y timbales. El pretorio del mundo. ¡Crucifícale! Todavía se oye. ¡Crucifícale! Las velas, los brocados, y esa desnudez de Dios-Hombre que se desangra, que pasa, que nos mira. De pronto el silencio, el alma; la vida que no sabe, que se ve sacudida desde entonces. Esas velas, ese rastro de dolor y ese rostro de Dios escarnecido. Y el hombre que agacha los ojos, que algo intuye en toda esa tortura. Vuelve el temblor del tambor, vuelve el horror en su espasmo, vuelven esos gritos a lo largo y ancho de la Historia: ¡Crucifícale!, ¡crucifícale! Pasan los pasos, pasa la cofradía. Capirotes, túnicas, capas. Y esa sangre que empapa de Amor al mundo.

El futuro del libro está donde siempre ha estado: en el alma, en el espíritu de aventura, en el anhelo de todo, en esta sed, en este poso que va dejando la vida entre líneas.

Una educación pusilánime y moralmente asilvestrada crea una sociedad egoísta, acrítica y pazguata. Ah, y deslenguada.

La paz del mundo. Objetivo prioritario. Esa paloma. Grandes aspavientos. Paz, paz. Pancartas llenas de palabras. Paz. Declaraciones de derechos y la habitual retórica de los gobiernos. Y esas palomas de diseño. No a la guerra, paz: la paz del mundo. ¡Qué buenos sentimientos! ¿Y esa paz cómo diantres se hace? ¿Dónde está su raíz, dónde el comienzo? ¿Tendrá algo que ver conmigo, contigo, con el día a día, con el projimo, con lo más pequeño? Es asunto grave, requiere algo más que un poema. Veamos, ¿qué hacemos con el alma de los hombres antes de que se queden muertos? Paz, paz. De corazón, sin propaganda. Paz. Que sea.

La vida del hombre es una vida de esfuerzo, de sacrificio. Todo lo demás es palabrería que no suele llegar a ningún sitio.

La tarea de un escritor puede llegar hasta el extremo de que casen muy bien las palabras, pero despreocupándose de si son verdaderas.

Entre el bullicio de las voces oigo la tuya, nítida, amorosa.

Cuando se muere la gente a uno se le queda el alma como a trasmano, ese dichoso hueco (si había roce) y más o menos la pena. Loas, por supuesto, y algún homenaje si el finado lo requiere. Un buen tipo siempre. ¿Qué vas a decir? Y el vértigo entre los abrazos. Y ese hondo suspiro de que por ahora no te ha tocado a ti.

lunes, 2 de mayo de 2011

El poema







El poema es el lenguaje

bien trabado a nuestra vida,

ese ritmo azul que reza

en lo infinito cada ola

o esa rima de la lluvia

en el brillo de la acera.

Su engranaje de poema

es la luz recién nacida,

la belleza del sonido

y esa emoción que nos deja

en el alma su silencio.

domingo, 1 de mayo de 2011

Al abrir una puerta de la biblioteca





Al abrir una de las puertas de la biblioteca
escucho un rumor de silencios,
y el bramido del mar con la soledad de sus náufragos,
y los aceros de las espadas y ese incandescente fuego
del amor que atraviesa la Historia.

Al abrir una de las puertas de la biblioteca
respiro el aroma de una tarde de lluvia en Roma, y veo
una fotografía de Ana (¡cuánto la quiero!) entre Novalis
y El jardín de Ciro de Thomas Browne.
Escucho el alma de estas páginas, de estas vidas
que resucitan en el significado de los siglos.
Escucho la música de Valle en sus Sonatas
y esa otra que nace en el pecho de los héroes
(todavía hay quien lucha y muere por la belleza de Helena)
o de esos personajes secundarios que, como yo,
deambulan por la existencia o por los libros.

Al abrir una de las puertas de la biblioteca
tengo sed de más palabras, o puede que sea de silencio
mi sed de plenitud, mi ser que espera conquistar la pureza.
Y quisiera embarcar en una nave estelar para ver más de cerca
los astros y lo infinito que cantan los poetas.

Al abrir esa puerta de la biblioteca
el tacto acaricia los sueños,
y los sueños acarician el tacto
de estos libros encuadernados en piel,
o de esa otra piel de nácar en donde besas
todo lo que amas y eres.

(La memoria se zambulle en una luz
cada vez más plena de Luz y de dicha).