Bienvenidos

Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.




jueves, 30 de junio de 2011

Paisaje




Las nubes arracimadas en el horizonte.
La luz que duerme la siesta sobre los trigales.
Árboles aislados y casas deshabitadas por los años.
Caminos que no hollarán nunca mis pasos.
La mística de los cipreses en los cementerios.
Esos pueblos donde ya no nace nadie.

miércoles, 29 de junio de 2011

"Apenas sensitivo", de Andrés Trapiello



Por fin tengo en mis manos la última entrega de los diarios -"Salón de pasos perdidos"- de Andrés Trapiello. En esta ocasión el título es "Apenas sensitivo" (editorial Pre-textos). Creo que ya van diecisiete volúmenes. ¡Cuántos años disfrutando de sus andanzas cotidianas, de sus lecturas y rastreo de libros y almas y paisajes! De estos diarios me gusta su lectura liviana, su normalidad absoluta, su lírico entusiasmo, su descripción pormenorizada de esas cosas sencillas donde creo que la felicidad más se remansa. El amor de su mujer o los avatares de sus hijos. Ya digo, esa forma de escribir lo inaudito de la rutina, de lo habitual, de lo que se suele. Andrés Trapiello se deja sorprender por todo lo que le rodea, una y otra vez, como si fuera el primer vistazo, la original mirada. Y lo hace y lo escribe con claridad que se agradece, con literatura bien trabada a lo que le ocurre. El lector muy pronto se confabula con el autor, es cómplice, se deja llevar por el ritmo de eso que pueden parecer menudencias, pero que por obra y gracia del talento y de la perspectiva (que tan pronto cobra altura como hace un picado hacia lo más íntimo o hacia cierta anécdota) es todo un universo y una forma de entender la vida, y por lo tanto su literatura. Pero me voy a dejar de digresiones y voy al grano de su lectura.

Posdata: Os gustará. No es mala opción para el verano y esos ratos largos de piscina, aperitivo o tranquilidad vespertina.

martes, 28 de junio de 2011

Pío Baroja en su biblioteca de Vera



Cubre la manta

su nostalgia de vida

en las rodillas.

Por la ventana

contempla aquellos años

y sus tertulias.

Las excursiones

con Ortega, los libros

que están en Vera.

¡Tantos recuerdos!

Madrid y su bohemia,

París y el Sena.

Y la escritura

de todas sus novelas.

Y las "Memorias".

Cansado, piensa:

-"¿De qué me servirán

cuando esté muerto?".

Pío Baroja

vive y se refugia en

su biblioteca.

lunes, 27 de junio de 2011

"Apenas sensitivo", de Andrés Trapiello (un apunte)


Por fin tengo en mis manos la última entrega de los diarios -"Salón de pasos perdidos"- de Andrés Trapiello. En esta ocasión el título es "Apenas sensitivo" (editorial Pre-textos). Creo que ya van diecisiete volúmenes. ¡Cuántos años disfrutando de sus andanzas cotidianas, de sus lecturas y rastreo de libros y almas y paisajes! De estos diarios me gusta su lectura liviana, su normalidad absoluta, su lírico entusiasmo, su descripción pormenorizada de esas cosas sencillas donde creo que la felicidad más se remansa. El amor de su mujer o los avatares de sus hijos. Ya digo, esa forma de escribir lo inaudito de la rutina, de lo habitual, de lo que se suele. Andrés Trapiello se deja sorprender por todo lo que le rodea, una y otra vez, como si fuera el primer vistazo, la original mirada. Y lo hace y lo escribe con claridad que se agradece, con literatura bien trabada a lo que le ocurre. El lector muy pronto se confabula con el autor, es cómplice, se deja llevar por el ritmo de eso que pueden parecer menudencias, pero que por obra y gracia del talento y de la perspectiva (que tan pronto cobra altura como hace un picado hacia lo más íntimo o hacia cierta anécdota) es todo un universo y una forma de entender la vida, y por lo tanto su literatura. Pero me voy a dejar de digresiones y voy al grano de su lectura.

Posdata: Os gustará. No es mala opción para el verano y esos ratos largos de piscina, aperitivo o tranquilidad vespertina.

domingo, 26 de junio de 2011

Jorge Luis Borges hilvana unos haikus



Me llamo Borges.
Dudo, y escribo enigmas
e inciertos versos.

Amo los libros.
Soy ciego, pero veo
lo que yo pienso.

Literatura
es la vida que vivo.
Lo demás sobra.

Jorge Luis Borges
sólo es un lindo sueño
que sueña cuentos.

sábado, 25 de junio de 2011

Thor



(Para Juan Urbizu)



Rubia melena
la del hijo de Odín,
el dios del trueno.

Y su martillo
Mjolnir, que destruye
a los villanos.

Es el dios Thor,
de Asgard, el defensor
de nuestro mundo.

viernes, 24 de junio de 2011

Ocho cosas


La verdad es que me gustaría escribir bien, con cierto decoro y clase. Y contar cosas de interés, inciertas aventuras o el discurrir de ideas no demasiado mortecinas, alguna hasta podría ser llevadera. Pero me veo siempre en las mismas. Lo de siempre. La casa, los hijos, el pan, ¿dónde he puesto las gafas? Y un montón de palabras que vienen y van.

Bah, no le demos más vueltas: aquí la única manera de sobrevivir es sobreamar.

Y nos lo hemos dicho, hablándonos de frente, con palabras llenas de alma y de esos misterios que tanto saben de silencios compartidos. Palabras que uno intenta guardar para escucharlas de nuevo cuando está solo, vacías de sonidos. O cuando en medio de la gente no acabas de entender muy bien la vida y sus avatares plagados de signos. O cuando… Es la amistad: gracia y privilegio.

Escribo porque quiero, y porque quiero acercarme al fundamento de lo que veo y de lo que pienso.

Lo bueno de lo malo es que se puede rectificar.

Me podría quejar del calor, y de mis vacíos bolsillos, y de tan poco espacio para los libros, y de lo caro que está todo, y de mi ánimo quebradizo, y de lo lejos que queda a veces la felicidad (o un poquito de alegría), y de lo que me cuesta escribir una línea, y del mundo que se me hace cualquier asunto que empiezo (si lo empiezo, que esa es otra), y de lo que yo daría por un buen poema que fuera mío.

Estaba sentado en una paca de paja contemplando el paisaje de mis doce años, con un libro de versos en las manos. Aquellos campos recién segados, la silueta del cerro, los tejados estupefactos de luz, y el sol, que se ruboriza ante la proximidad de la tierra desnuda. Cada detalle necesita de su correspondiente parpadeo, y en los ojos se va depositando el difumino de una delicada ternura.

Cada camino me lleva al mismo horizonte.

jueves, 23 de junio de 2011

De unas cosas a otras



En un cajón del escritorio he encontrado una concha marina.

Y la concha me ha llevado a una playa perdida

con toda su memoria de olas que vienen a la orilla.

Y las olas me han arrastrado al mar

en su relieve de sueños y espumas.

Y el mar a la luz y a sus gavias con gaviotas.

Y la luz al horizonte que procuro no perder nunca de vista.

Y el horizonte a la poesía.

Y la poesía

al alma que boga por la vida.

miércoles, 22 de junio de 2011

Toma de conciencia


Siento la pereza de la vida,

y la pureza, dentro de su lánguida rutina,

y siento una ternura inefable y pura.

Esa ternura la noto en las yemas de los dedos

cuando acarician por entero las cosas,

y también cuando unas pocas palabras

me reconocen en cuanto me miran.

La lánguida pereza y la pureza y esa ternura

donde leo en los demás el alma.

Mi vida: la conciencia

de esa gradual intensidad que es la belleza,

o de esa locura que me desnuda

en medio del trajín o del poema.

Un poema que se produce en cualquier lugar o tiempo,

o en ningún sitio en concreto de la lengua.

Un poema azul cielo o verde hierba,

o quizá esté dentro de su cuerpo, o en el sueño

que se asoma a lo que yo soy y siento.

Ay, ese vaivén de su pelo, o los vivos

colores de sus pañuelos de seda,

o el místico vuelo de su falda vaquera,

o cada uno de esos besos

donde sé que existe de verdad mi vida

y que soy del todo cierto.

lunes, 20 de junio de 2011

Todo es tuyo


Aquí tienes todo lo que tengo. Nada especial,

pero son cosas a las que he ido tomando cariño:


estas manos que escarban entre las palabras

el designio de mi vida en tu vida;

esta mirada cada vez más curiosa

de formas, de bahías y de sueños;

estos libros donde siempre te acabo leyendo

(perdóname que sean tantos y tenga tan poco remedio);

este teléfono donde suena tu voz

que me llama por mi alma;

esta casa, donde cada ventana se asoma

a la belleza de esa luz y de ese cielo;

este espejo donde contemplo por las mañanas

el poso del tiempo en la espuma de su nostalgia;

y estos versos que alguna vez soñaron con ser poesía.


Todo es tuyo. Más tuyo que mío.

domingo, 19 de junio de 2011

Naderías y literatura


Todo viene con su manual de instrucciones. Esos pasos a seguir para comprender el misterio y amalgama de cualquier producto. Buscas tu idioma y te pones a leer con pocas ganas. Yo al menos me desanimo muy pronto. Es todo cada vez más confuso. "¿Para qué diablos habré comprado esto?". "¿Lo necesitaba?". Cacharros y más cacharros. Infinidad de naderías. Pamplinas que acabarán en un cajón o en un armario. Junto con las plumas y gafas antiguas. Junto con todos esos clips o cartas que me escribieron algunos amigos en los 90. Al final guardo las instrucciones y su tecnología, sin olvidarme de la garantía, al lado de las camisas y de una columna de libros donde atisbo el "Ulises" de Joyce, que hace unas semanas buscaba infructuosamente. Y para pasar el rato me pongo a leer un cuento de Lydia Davis, que se titula 'El calcetín'. La literatura no necesita de ningún manual. El ensamblaje de su misterio y de sus emociones sólo precisa de un poco de silencio, y de la solicitud del alma. ¡Qué facilidad de uso el de los libros! En cuanto los abrimos ya está, ya todo comienza a organizarse. Perdemos el sentido del tiempo y del lugar donde estamos (o estábamos). Emociones puras, inverosímiles dramas, aventuras increíbles, pasiones y visiones... La literatura es salir de nosotros mismos, para acabar entrando en nosotros mismos y descubrir lo que quizá no veíamos o no sabíamos. La literatura, queridos amigos, son todos esos sueños que vamos teniendo a lo largo de la vida y que no recordamos, y que de repente leemos ahí, en esas páginas. Por ejemplo en todos esos estupendos y sorprendentes cuentos de Lydia Davis.

sábado, 18 de junio de 2011

De bares






Chicos y chicas
pasan las horas, todos
beben sin ganas.

Fin de semana.
Se aburren y beben
sin sed sus vidas.

viernes, 17 de junio de 2011

La verdad cuesta



Muy pocos son los que se atreven a decir lo que piensan

(a decir lo que piensan de verdad, no esas cuatro baratijas

que nos quieren hacer pasar por realidad),

pero menos aún son aquellos que dicen lo que ven

debajo de su propio disfraz. No debe ser nada fácil atreverse

a terminar con lustros de lágrimas y contar,

pues eso, contar lo que más duele, con sinceridad,

sin querer aparentar lo que no somos ni seremos jamás.

Cada vez avergüenza más la verdad,

y nos sometemos a la tiranía de lo que piensan los demás.

O de lo que creemos que ellos piensan de nosotros.

(“Nada bueno, seguro”). Acostumbrados a fingir siempre una mentira.

Y la vida con la que nos vestimos todos los días para salir a escena

se vuelve insoportable de tanto olvidar esa alegría

que el hombre necesita para ser hombre, en definitiva.

La verdad cuesta, pero es necesario que nos atrevamos a vivirla.

No podemos seguir así, dando largas por más tiempo.

Porque el tiempo se acaba, señores.

jueves, 16 de junio de 2011

Exámenes finales







Las matemáticas,
las sociales, la lengua…
El calor de junio.

Filosofía,
física o naturales.
Que todo acabe.

Libros y apuntes,
subrayar lo importante.
¡Dichosa historia!

Nervios y notas.
La vida es el colegio
donde vivimos.

miércoles, 15 de junio de 2011

Percepciones


Ocurre que no siempre que se quiere escribir sabe uno exactamente qué decir. La mayoría de las veces escribes por escribir, esperando que de pronto salte la chispa y las palabras sean un poco más conscientes de ti, o de algo. Y en esa búsqueda o paciencia indaga la escritura y la existencia: en decir, en decirse. En un intento de darse a entender, de acercarse a la confidencia de lo que somos.

Uno es tan bobo que se acostumbra al amor o a vivir entre respetables poemas. Es urgente, debo resucitarme pronto. O me perderé lo mejor de mi vida. Vivir muerto es un incordio. Porque sólo piensas en ti mismo y te pones muy serio en las fotografías.

Posible epitafio:
Durante toda su vida intentó escribir un poema.

El alma del lenguaje es el lenguaje del alma.

Dios se ha tomado en serio al hombre, pero son muy pocos los hombres que se estén tomando en serio a Dios.

Me faltan ojos para ver, para verlo todo, para ver más en profundidad y calibrar mejor la vida y el amor que yo soy y creo. O igual lo que me falta es intensidad de alma para percibirlo todo en su justa armonía, y adentrarme con más agudeza en lo que miro. ¡Es tanta la belleza! ¡Es tanta la pureza que vive, que me ilumina, que se posa en las cosas y rememora su gracia!

Bendita suerte la mía: lo único que me falta es dinero.

Ser buen escritor significa no obsesionarse con ello. Contar las cosas con orden, con paciencia, con alma. Guardarlo en un cajón, releer, pulir la trama y el estilo. Entremedio leer, leer siempre, leer más. Más allá de modas y escaparates. Ser un buen escritor requiere trabajar duro, mano a mano con las palabras y la soledad; perseverar todos los días en uno mismo, sobreponerse.

A veces creo que recuerdo siempre el mismo día. Resplandecía el sol y ciertas chicas. Los libros sentados a mi lado en el banco, el rumor de la fuente, los símbolos del jardín que veía. ¡Qué pujanza la de aquella luz, qué algarabía cromática! Sigo estando allí, reparando en nuevos sueños o brillos. O en la zozobra de un beso o de algún que otro confín.

No os fiéis de aquellos que no suelen comprar libros.

Después de un viaje y de la comida he aprovechado para hacer otro viaje mucho mejor, visitando unas cuantas librerías. Me acordaba de todas las que han cerrado con el paso de los años (pero que siguen abiertas para mí), de los largos ratos de entusiasmo que allí viví, volviendo a ellas casi cada día y revolviendo con afán en las más intrincadas estanterías de una existencia que no se comprende sin los libros.

En las paradas de autobús me da por la meditación y en los semáforos por la fantasía.

El amor no se hace, el amor se da. En una continua ofrenda de ingenio y de corazón. En una apretada caligrafía de caricias que configura el significado de nuestra alegría más real.

Amor en los detalles. Sin reservas. Ser bueno es hacer las cosas bien.

Me doy cuenta que escribo sobre unos pocos asuntos, muy pocos, pero que en realidad lo son todo. Ese empeño -más o menos lúcido- de dar con el alma de cada persona, anhelo o argumento; y ese amor en el que me va la vida. Escribo y escribo, y todo se resume en dar con alguna forma no demasiado imprecisa de ser feliz. Y en intentar decirlo de manera sencilla, y lo más sincera posible.

Con amor te fijas más en todo.

La felicidad se manifiesta de muchas formas. Preparando una ensalada por ejemplo. O sacando punta a un lapicero. O estrenando un sueño nuevo. O paseando sin prisa por la infancia. O poniendo cada palabra en su sitio. O, sencillamente, dejando que esa mano se deslice en la caricia.

Y mi vida sigue dependiendo de aquella primera mirada.

No quieras en tu vida otro milagro que amarla.

En un centro de flores me extasío en los colores. Paso la mano por sus pétalos. Flores variadas, tacto que acaricia la textura del anhelo que soy, que somos. Naturaleza del asombro y de la belleza. Y me llevo conmigo una margarita naranja, para que me haga compañía de por vida.

martes, 14 de junio de 2011

Dime, ¿para qué vivo?



Hay preguntas que de pronto cobran una mayor consciencia.
Preguntas cruciales, en torno al existir, a nuestra vida.
Preguntas que no hay manera de soslayar,
que nos obligan a pensar en lo que hacemos y somos.
Estás tan tranquilo, con un refresco en la mano,
o hablando con un amigo de la subida de impuestos,
o respirando el perfume de los tilos. Estás así, como si nada,
en un día que parece no tener más importancia,
cuando de pronto ocurre. ¿Para qué vivo?
¿Qué objetivo tiene mi vida? ¿Leer, pasarlo todo lo bien que pueda,
intentar ser feliz con lo que tengo? No, no es sólo eso.
¿Para qué vivo?
¿O será para quién? ¿Vivo
para mí o para los demás?
¿O me conformo con lo que hay, con lo que llega?
¿Me dejo llevar por el tiempo o sueño con algo más?
La vida es un don demasiado grande
como para quedarme quieto o darlo todo por hecho
o permanecer en su orilla.
La vida hay que pensarla para vivirla
en toda su plenitud. Pensarla y pensarse. Intentarla, darse.
¿Para qué vivo?
No puede ser que todo se reduzca a su dolor
o a una extraña melancolía, o sea el lenguaje
de una umbría o soberbia demasiado exquisita.
Vivir es una gracia y una pasión. Vale, de acuerdo.
(Aunque hay quien opina que es una desgracia).
¿Para qué vivo?
Piensa, piensa. Debes saberlo,
luchar, vencer la cobardía, el miedo. Vivo para…
¿Para? Igual descubres que vives de cualquier manera,
mortecino y sentimental, o díscolo o desigual o afligido
entre libros o entre todos esos escombros
que dejan en el alma los sentidos o la pereza.
¿Para qué vivo?
Igual crees que sólo con palabras solventarás la vida: tu vida.
Cuando, como mucho, esas palabras son brillos o imágenes imprecisas.
¿Para qué, para qué, para qué? ¿Para qué vivo?
¿O es para Quién?
La vida es una efusión de trascendencia.
Yo soy apenas un intervalo y un claroscuro.
¿Para qué vivo?
Puede que para enamorarme y ser fiel al amor, a su idioma.
La vida debería ser un acto de humildad,
el cotidiano afán de un cántico
desde donde mana el alma tal cual es: amante.

domingo, 12 de junio de 2011

Amarillos





I


Mi color es el amarillo,
aunque a veces se vista de naranja
o se desnude en la pureza
de su brillo.


II


Rosa amarilla.
¡Cómo te envidia el alma
y tu belleza!

sábado, 11 de junio de 2011

Requetecavilaciones y III




Tengo miedo de que se me olvide decir el alma, que no sepa, o que me canse de las palabras. Que llegue un punto en que se me haga imposible expresar nada, o que lo que escriba sea siempre lo mismo.

La virtud no se improvisa.

Es lo que prefiero: quedarme quieto
y dibujar con palabras las cosas.

Ocurren cosas inesperadas, o las mismas cosas con otro detenimiento.

A los poetas les salva la palabra. A los políticos les condena.

La consistencia del mundo, su futuro, es el amor de los que en él vivimos. Esa es la energía más limpia, la más potente. La única que perdura más allá de la historia y de la materia.

Os describo lo que veo por mi ventana. Sobre los tejados antenas que sintonizan la frecuencia del cielo. El cristal, un estallido de gotas en ráfagas de sonidos de la infancia. La lluvia pone su brillo en las tejas y en las hojas de las plantas. Los truenos me abrazan a mi abuelo, y veo los rostros de otras almas pegados al poema donde se cobijan. ¡Cómo lava Dios el mundo! ¡Qué aguacero de sueños está cayendo!

Se ha puesto tan oscuro que escribo a tientas.

No sé si saben que discrepar de lo moderno está muy mal visto y puede ocasionar algún que otro quebranto en su fama.

¿Qué te has creído? Te muerdes las uñas del alma. Agitas los dedos entre las letras. Pero sin magia (dichosa palabrita). Las frases se acumulan sin más en el texto. O en el silencio. En estratos de apatía. Nada que hacer. Se empina cada vez más la vida. Estás que no estás. Y miras al sol en el suelo de tu cuarto.

Mis ojos ya no leen como antes. Ahora es todo distinto. Se distraen en otras miradas, o en las azaleas, o en cualquier bagatela de la calle. De pronto esos ojos se detienen en el líquido reflejo de unos abedules, o en el epicentro de un cuerpo que pasea. Indagan en el movimiento de las nubes o en esa nuca donde se estremece el deseo. Mis ojos ya no se conforman con palabras.

viernes, 10 de junio de 2011

Requetecavilaciones II




La vida se nos muere poco a poco. Pero nunca del todo.

No puedo dar rienda suelta a todas las palabras que yo quisiera.

Algunos -pocos- hacen de la vida un poema (ese largo intento hacia la belleza). Para la mayoría la vida es sólo un problema.

¿Dónde está el peine? Un beso. Ponte un impermeable. Mirad como está el cielo.¿Quién no ha desayunado? Presta atención a lo que te digo. Recoged las habitaciones. Hoy creo que cobro. ¿Qué hacen ahí esos libros? Nadal ha ganado. No queda pasta de dientes. Adiós papi. ¿Y estas llaves? Rezad un poco. Llámame luego. Recuerda lo de hacienda. Aquí huele a muerto. ¿Y este café con leche? Un euro. O dos. Y mi alegría.

Creo que tengo todo lo que un hombre sensato, y perdidamente enamorado, puede desear. Ese mismo amor es la causa de la única sensatez posible.

"Urbizu es velocidad". Eso recuerdo que me decía alguien en plan socarrón hace más tiempo del que yo quisiera. Siempre me han comentado mi excesiva demora y calma a la hora de afrontar la vida. Y es cierto. La aceleración me mata, el correr de aquí para allá es para mí un espanto. No me gusta esa prisa crónica de la mayoría. Me gusta pararme y deleitarme y contemplar despacio y al detalle.

Creemos vida cualquier escapatoria. Dicen que es amor cualquier escombro.

Qué difícil es ser como uno es. Y dejar de representar todo eso que no somos.

No existe el mejor libro. Puede que sí exista el mejor lector. O el mejor lector de cada libro, o relato, o poema. Ese lector que revive en el lenguaje, o que renace en otros personajes, o que lee su propia alma en el papel.

El hombre que lucha, que se abre paso entre la vida y contra esa cronología que llena de niebla la vista.

Una mirada y una sonrisa suman infinito.

Debo comprar un regalo. Aunque en esto de los regalos deberíamos pararnos a pensar si tal vez el mejor de todos podríamos ser nosotros mismos: dedicando a la suegra un poco más de paciencia, a nuestra mujer esa ternura y ese oído, la frecuencia de una sonrisa al hermano, al padre una conversación confiada o, de vez en cuando, una carta manuscrita al amigo.

Vaya, parece que como tenemos pocos quehaceres la cosa está -para algún preboste del asunto de las letras- en si Dios se escribe con mayúscula o con minúscula. Dicha bobada ya es sintomática de como está el patio, y que desde luego entre los eximios también cunde lo lelo. Dios con minúscula -total para lo que pinta-, y ellos muy mayúsculos en su pasmada prosapia.

jueves, 9 de junio de 2011

Requetecavilaciones I




La familia es la reivindicación del cariño. Es nuestra ciudadanía, nuestra nación, nuestro orgullo. Es un érase que se era que agudiza el ingenio y acrecienta el amor. Es el vigor de un aprendizaje que conforma la virtud y desprecia el fraude; la etimología más exacta de palabras como corazón o compasión. En la familia descansa la Historia Universal; es el regazo donde nace la vida y su misterio se hace persona.

Dios salta a la vista.

Ondean las sábanas al viento. Una chiquilla contempla a unos gatos. Y los geranios florecen en la luz de la tarde. Dentro las portadas de los libros, la somnolencia de las paredes y el destino que me espera al final del pasillo.

A veces el silencio está mucho más callado.

Estamos hechos de amor, estoy hecho de ti y para ti.

Me voy a acampar con mi familia numerosa a algún rincón de la felicidad.

De todos los géneros literarios y demás tramas, el que verdaderamente ha prosperado en España es el de la picaresca (consumada tragicomedia), eso sí, trufado de exhuberante y barroco esperpento.

Feliz de sol. Feliz de ser.

A lo largo de años de observación pormenorizada me he dado cuenta de algo: el mal deforma los rasgos. La vileza del alma acaba aflorando.

En un rincón de mi despacho leo, o amo. ¿Dónde está la diferencia? Pues eso: amo, digo leo. El libro es lo de menos. O el título. Lo que importa es el momento. No se trata de tiempo, es otro el fundamento. Como si toda mi existencia hubiera estado preparándome para lo que ahora veo y que no sé explicar del todo bien, pero que siento que es el centro o el alma de lo que yo verdaderamente soy. O creo que soy, y siento.

El mundo no puede ser sólo así, sólo esto.

Uno es como es. Proclive a la pereza y a la melancolía. Habitante de su biblioteca y con una dulce tendencia contemplativa. Viviendo más de deseos que de realidades, esa es la verdad. De vez en cuando me siento un hombre muy dichoso, y doy gracias a Dios por ello.

miércoles, 8 de junio de 2011

Fragmento de un cuadro de Joan Llimona





Es el fragmento
de un cuadro de Llimona.
¡Qué hermosa luz!

Una mujer
mira por la ventana.
¡Qué piel tan suave!

Son pinceladas
de una luz muy naranja
y enamorada.

Es Joan Llimona,
pintor de esa mirada
que a mí me espera.

El amor pinta
el alma de su cara
y de su cuerpo.

El amor quiere
besarle muy despacio
en ese cuello.

El amor busca
más que el arte el deseo
que en ella late.

¿Es sólo un cuadro?
¿Fue sólo una modelo
de Joan Llimona?

No puede ser,
era -y es- mucho más
que una mentira.

Esta mujer:
vida que arde en el arte
más femenino.

Amor: mi vida
que admira la belleza.
Su piel, mi sed.

martes, 7 de junio de 2011

De res publica





La renovación que quiere el ciudadano es la honradez por encima de todo, y la sobriedad a la hora de afrontar el poder. La renovación que quiere el ciudadano es la coherencia entre lo que se hace y lo que se dice. La renovación que quiere el ciudadano es un discurso responsable y sincero, con eficacia en la gestión y nada de perifrástica elucubración.

No es poco que los ciudadanos vayan, gradualmente, desconfiando cada vez más de sus políticos, o que la política se haya transformado dentro de algún que otro partido obrero en el reducto de los peores. Desde un punto de vista intelectual causa pavor constatar su liliputiense entidad y esa terquedad en el error. Pero lo peor es su actitud esquiva hacia la verdad de las cosas, llegando a creerse sus propios desvaríos.

Un país en manos de incompetentes, entre zozobra y zozobra, acaba encallando en el desastre. No es de extrañar que salgan a flote los pecios del naufragio, entre piratas de diversa estirpe que aprovechan la desolación para su particular rapiña.

Un político demagogo es sumamente peligroso para la convivencia. Incluso cuando ha sido dado por muerto y finiquitado. Tergiversar la verdad, las palabras y las leyes envenena a cualquier sociedad.

La torpeza de los torpes no es lo mismo que la torpeza de los bellacos.

La forma más grotesca de la soberbia y de que se evidencien tus vergüenzas es llegar a ministro.

Lo que está mal está mal, y además nunca trae buenos resultados para el mañana, y ya no digamos para el alma. La mentira es sumamente volátil y sobre ella no se puede construir ni un atisbo de alegría. Ni de nada mínimamente serio. ¿Acaso no lo veis? La mentira es un avería moral, una estratagema del diablo (he mentado al diablo, horror, pero yo me tentaría el interior y borraría del mapa esa sonrisa socarrona).

España no es una empresa de medio pelo. España merece un respeto. Por su historia, por todos los que han pensado de verdad sobre ella y por todos aquellos que por ella han dado su vida. Aprender a amarla es el desafío mayor que hoy tiene nuestra clase política. Todos, pero sobre todo la izquierda. Con generosidad, sin complejos. Y leyendo con frecuencia a Ortega, o a Unamuno. Nunca es tarde.

lunes, 6 de junio de 2011

Enhebrando haikus a mi vida





Busco palabras
que digan bien el alma.
Esa es mi vida.


Te lo daría
todo, yo te amaría
como en un sueño.


(Para G. y M.)

Lluvia de haikus.
Asombro de los ojos
que escribe el alma.


(Para Jesús Munárriz, en Hiperión)

La poesía
es un rincón del alma.
Tu librería.


Todas las nubes
que me alcanza la vista:
su luz naranja.


Mi vida vive
cuando te ama, sin nada,
sólo desnuda.


Yo sólo quiero
haikus recién cogidos
de aquellas olas.


Dios no está solo.
Está siempre conmigo.
¡Qué amor el nuestro!


La lluvia empapa
de un no sé qué la acera.
No es sólo agua.


Rosa amarilla.
¡Cómo te envidia el alma
y tu belleza!


(Para Gabriela)

Salgo de casa.
Lo primero que pasa
es su mirada.

domingo, 5 de junio de 2011

Unos haikus para el domingo

A ciegas miro
el resplandor del cielo.
Y tu misterio.


(A mi madre, en su memoria)

En el espejo
de este río y de esta agua
ya no está ella.


Que no te miento.
Según transcurre el tiempo
estás más guapa.


Toda una vida
es demasiado poco
si es que me quieres.


La madurez
del hombre es la mujer,
es femenina.


La primavera
no es igual en el haiku
que en el almendro.


Sin darme cuenta
es gris el cielo azul.
Me quedo en casa.

sábado, 4 de junio de 2011

Escribir es el arte de no quedarse en las palabras





De nuevo el atardecer naranja, y los pájaros que parecen volverse locos.



Los dedos juegan un factor determinante en la historia de la humanidad. Esgrimen la afilada hoja de la espada o disparan la muerte. O son la vanguardia del amor o escriben los poemas o curan las heridas. O se entrelazan para rezar a Dios o suenan música. O señalan la belleza, o quizá el destino. O, discretamente, pasan las páginas de los libros. Y hablo de los dedos porque es lo que ahora miro...



El amor hace al hombre inmortal. Esto es algo que estudias en determinado momento. Lo verdaderamente increible es cuando percibes que es verdad, que es cierto, que tu vida enamorada trasciende toda corrupción.



Cuando uno se siente triste busca siempre la luz, busca iluminar la oscuridad de sus propios ojos.



¿Y si después de tanto tiempo no aprendo? ¿Y si después de tanto amor no quiero? ¿Y si después de tantas palabras no veo lo que me quiere decir su misterio?



Ahora mismo lo mejor que me podría ocurrir es un beso.



Cuando uno se ve como realmente es dan ganas de no seguir mirando.



En la sección de arte de los suplementos culturales es donde mejor percibo lo absurdo, la triquiñuela y el gato por liebre de nuestra sociedad, tan hipermoderna como pazguata.



Hablo con Dios de libros y de poemas, y de la inmensidad de la biblioteca que es su amor.



Sus cabellos en la almohada, los libros de versos, en la mesilla sus gafas violetas y el brillo de una pulsera. Toda la luz amanece para ella.



Su progreso es un retroceso constante hacia la tristeza.



Cuando escribía a mano, en el rumor de aquella caligrafía, notaba mucho más la sensualidad de las palabras (y su certeza); cuando lo hacía a máquina exploraba mejor su fonética y su ritmo. Ahora, en medio de este brillo tan irreal, tengo miedo de que desaparezcan y, lo reconozco, mi fe en las palabras ya no es la misma, aunque me empeñe en escribirlas y haya ganado en experiencia a la hora de hilvanarlas.



La prensa del corazón, algunos poemas, su falda y estas nubes que comienzan a ponerse serias, provocan en mí un voluptuoso desconcierto.



Para amar, ¡qué poco es un cuerpo!



El hombre ya no puede más, estamos todos hastiados de mentiras y falsos profetas. Necesitamos con urgencia de la verdad.



Quien ama conoce que el silencio
hace más perfecto al que lo reza.



La honradez es agua pasada, o la justicia o el pudor (y tal vez la inteligencia). ¿Lo normal? Enseñar las tetas o amancebarse con la quiromancia. Lo propio es provocar, engañar y enrollarse. Y desvirgar la pureza cuanto antes. Lo normal es murmurar de la fama del prójimo, robar a la empresa o comer hasta la extenuación de la conciencia. Pero hay gente que obra milagros con una sonrisa. Y el mundo ya parece distinto.



Cada día me encaramo a esa montaña mágica donde se apila esa incertidumbre que son siempre los libros.



Dios existe, leed a los poetas.



En un bolsillo había guardado una hoja. Una sencilla hoja de forma acorazonada. Observo sus nervios, el haz, el envés y el pecíolo (lo que da de si repasar Naturales con los hijos, hasta sé que es penninervia). La acaricio y me acaricio con ella la cara. Conserva su textura de luz y savia. Le hago dar vueltas entre mis dedos, y luego la pongo entre dos libros. Yo soy esta hoja: este friso de vida que sabe que muere.



Hoy ni leer ni escribir ni devanarme los sesos por nada. Hoy viajar por tierras de Castilla, ver sus campos y caer en la cuenta de algunos versos de Machado y de esas flores que pespuntean los caminos, y llegar a la orilla del Duero y sentarme a los pies de un chopo, y mirar con placidez el agua.



El hombre está hecho para lo bueno, para lo bello. El mal es un asunto muy feo.



Ser una persona virtuosa nunca ha estado muy de moda que digamos. Cunde la opinión de que genera extrañas patologías. Como la templanza, o la sinceridad, o la modestia. Incluso la honradez. Acabáramos. O la sobriedad de costumbres. Y esto duele. Cuando debiera ser al contrario. Porque son precisamente personas virtuosas y anónimas las que, en su cotidiana brega, sostienen todavía el tinglado. Se mire como se mire.



En resumidas cuentas: todo este agobio que es la vida, y todo este amor que siento.



Escribir es el arte de no quedarse en las palabras.



Sueños, trabajos..., y de cuando en cuando algunas palabras en donde suelo estar yo. O quizá no, y es ella.



Leo porque me relaja y aprendo a sentir más adentro. Leo porque estoy enamorado de los libros. Leo porque es mi manera de rezar y de agradecer a Dios este destello de tiempo que es mi vida. Leo porque vivo más intenso. Leo porque necesito despejar incógnitas y tomar el aire. Leo porque ando detrás de algo que no sé decir muy bien. Leo para ejercitarme en el nobilísimo arte del silencio. Leo porque es mi forma de ver…



Este bullir de alma, estas palabras que no aciertan.



La prestancia del río Duero camino de San Saturio (he de buscar en casa la novela de Gaya Nuño); flanqueado por olmos, gorriones, hiedras, vencejos. Con remolinos en el agua y en el tiempo; y el recuerdo al olmo seco de Machado ("Al olmo viejo, hendido por el rayo / y en su mitad podrido, / con las lluvias de abril y el sol de mayo / algunas hojas verdes le han salido") y poniendo al día el azul de mis sueños.

viernes, 3 de junio de 2011

Es lo que pido





¿Qué más puedo pedir a la vida?
¿Dinero? Bah, os lo regalo.
¿Fama? ¿Para qué la quiero si es nada
y deja el alma despavorida?
Me conformo con unos poemas
de Antonio Machado (Dios lo bendiga),
que me regalan "ojos nuevos" para verlo todo
en su realidad más clara.

jueves, 2 de junio de 2011

Patriotismo y nacionalismo



En estos primeros años de siglo asistimos a una pavorosa ceremonia de la confusión, que en primer lugar es de carácter lingüístico. Al menos a mí me lo parece. El significado de tantas y tantas palabras se camufla en otra cosa, por efecto de propagandas o de un interés bastardo, o bien por defecto de una costumbre viciada de holganza. El gregarismo intelectual es evidente: prostituye lo ético y subvenciona lo inmoral. Olvidar que las palabras conforman nuestro pensamiento y condicionan nuestro actuar es algo que no conviene si se quiere preservar una mínima integridad. No todo da lo mismo, como se nos quiere dar a entender. Y el relativismo es, antes que nada, una insuficiencia verbal, una carencia educativa que induce a un constante trapicheo con la verdad. Y así nos va. Con una política procaz, donde lo más inverosímil toma muy pronto carta de naturaleza y pasa a ser considerado como normal.

Y unos de los que más provecho sacan en esta lamentable confusión son los nacionalismos. Porque su misma idiosincrasia arcaica y exclusivista les lleva tanto a la invención más extemporánea como a la sublimación histórica. Despreciando todo cuanto no sea su propia cabriola. Despreciando de hecho y por sistema la unidad de España (aunque no tanto los presupuestos del Estado y las dádivas que conllevan). Y en esta tesitura de absurdos complejos y sintaxis abracadabrante, sale lógicamente malparado un término que en si mismo aglutina lo mejor y más hermoso que como nación poseemos: nuestra patria. España. El patriotismo es algo mal visto, un valor en franca decadencia que cualquier ignorante puede insultar a su antojo. Señal inequívoca de que se ha leído muy mal a nuestros clásicos (si es que se han leído).

El profesor Agustín Andreu ha escrito: “La educación que tenía unos clásicos de valor universal asumía los patriotismos en un ideal de Humanidad. El nacionalismo separa de los demás”. (Por eso siempre se me ha hecho muy difícil concebir a un cristiano nacionalista). Pero sucede que en España son todavía no pocos los que asocian patria y franquismo, o fascismo, o reaccionario, con una simplicidad intelectual que causa congoja. Lo dicho, habrá que releer a Salvador de Madariaga, o a María Zambrano, o a Gregorio Marañón, o a León Felipe. No podemos resignarnos ante personajes tan torpes, ante un modo de actuar que bastantes quebraderos de cabeza, de alma y de bolsillo nos está dando. El nacionalismo rampante necesita como nunca del contrapeso espiritual (palabra no sinónima de clerical o similares), de un patriotismo responsable: pensante y orgulloso de su ser.

miércoles, 1 de junio de 2011

El amor y la brisa







Su falda vuela
de mirada en mirada,
con su melena.

La quiero así.
Sólo la quiero a ella.
Mi primavera.

Amo la brisa,
su falda, su melena…
Cada caricia.