Hace tiempo que intuyo que acabaré leyendo sólo poesía. Porque necesito cada vez más de esa sed y de esa música. Porque ya no me conformo con menos. Porque es el alma de un hombre, y de la literatura. Porque el tiempo se acaba.
Divinizamos cualquier asnada y nos vaciamos de Dios entre gilipolleces. Esa es la cuestión.
El problema es que a la poesía -como a todo Amor- le sobran las palabras. O una gran mayoría. Su ritmo más real radica en el corazón, y en la mirada.
Es peligroso ser poeta. Se piensa y se siente demasiado. Y llega a doler incluso.
Los ángeles en las pinturas de las pechinas. Y otros de escayola, o trabajados en los bajorrelieves de las puertas, o en la piedra de los capiteles. Ángeles revoloteando invisibles, y esos otros en la cúpula del cielo. Ángeles bordados en los manteles o labrados en plata a los pies de Cristo. O adorando en el sagrario. Guardianes, protectores, mensajeros, intercesores, guías. Espíritus puros, arte de alas y color, piedad que inspira al alma. Arcángeles, tronos, dominaciones, querubines... Contemplo su vuelo, y su amor, y su lucha contra Satán. Ángeles de la guarda. Celestiales espíritus que trasiegan por el mundo y por mi vida.
Los hombres somos de ideas fijas. Una de las más recurrentes es esforzarnos poco (incluso por aquellas personas que de verdad nos aprecian). Otra es desdeñar lo que no se sabe, o pensar que lo sabemos casi todo, o que estamos siempre en posesión de la razón. Otra idea es llamar la atención de la forma que fuere, hablar mucho, escuchar poco. Y así parece que vivimos.
Creo que su corazón es de color naranja. Y puede que sea yo la causa. Y yendo de su mano veía hace poco las hojas haciendo su espiral con el viento. Y no sé si tiene algo que ver, pero yo lo escribo. Y en el cine, justo cuando el suspense era máximo, se ha vuelto hacia mí y me ha dado un beso. Y algo tendrá que ver todo esto con la poesía de los álamos y con la música de los ríos. Yo no sé, o sí sé. De sobra lo sé. ¡Qué hazaña es su vida!, ¡qué ternura es la mía! Cantan los pájaros a nuestro paso. Y es por ella, aunque los demás sólo oigan ruidos. Yo me la encontré un día, y reconocí de inmediato el alma de mis sueños, y esta alegría.
Si puedo decir que el amor es todo lo que tengo, daré por colmada mi vida.
Me gusta la vida en sí, y la posibilidad de rectificar y de acariciar, y de ver una película de Clint Eastwood. Me gusta agacharme y tocar la tierra o la hierba. Y guardarme pétalos de luz o piedras curiosas en los bolsillos.
Año nuevo. Y después de Reyes todos vamos de estreno. Bonito vestido negro, y esos pendientes con sus brillos, y ese polo verde pistacho, y esa bufanda color hueso, y ese jersey rojo. Voy a ver si en mi alma hay también algo nuevo, y que me dé más cuenta de Dios en ella.
Se podría decir que los Magos somos nosotros mirando al cielo, siguiendo esa esperanza que es la belleza, peregrinando hacia la fuente de toda Poesía.
Se podría decir que la poesía es esa perseverante búsqueda de signos donde encontrar alguna certeza ante tanta incertidumbre. Adentrándonos en el significado de la vida, y de nuestro destino. Cada signo es una pista más en donde intentamos descifrar el misterio.
Insisto en las cosas sencillas. Nadie es original en nada. Y menos yo, un mero artesano del alma, en aliento de pocas palabras. Lo sencillo, lo que amas. Ella leyendo una revista, y yo enfrente, bebiendo sus ojos y un zumo de maracuyá, naranja, limón y piña.
El Amor: esto sí que es vida.
Todas las vidas se reducen a Una.
Con eso de que uno tiene muchos libros, nadie se decide a regalarte otro.






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