
Y de repente se cerró. Era verde
y muy alta. Y yo un niño.
Aquella puerta me dejó solo.
Era un jardín, era mi vida. Había
una gravilla de piedras muy blancas
y un peral y unas flores.
No llegaba a nada, no podía
salir de allí, irme
de todos aquellos colores donde estaba.
Corrí mucho en aquel laberinto
de silencio sin salida (y sigo corriendo,
con alguna que otra caída).
Y lloraba de impotencia, nadie me oía.
Y vuelvo ahora frente a aquella puerta (verde,
sin respuesta, descolorida)
y me pongo de puntillas sobre mis palabras
para ver si puedo abrirla, y salir por fin
de allí -de aquí-, libre.
Bienvenidos
Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.
miércoles, 22 de febrero de 2012
Aquella puerta verde
Publicado por
Guillermo Urbizu
Etiquetas: Poesía
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1 comentario:
Estoy seguro de que alguien le oía, aunque la sensación es esa, lo describe muy bien.
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