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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.




viernes, 17 de febrero de 2012

Des choses de la vie, de l'amour et de la poésie y II


El silencio de la habitación y la multitud de libros. Y unas bufandas desprendidas de su cesto. Y una margarita fucsia de trapo... Cuando lo más nimio se torna imprescindible. Y otro vistazo al silencio y a las cortinas naranjas. Me llama la atención la rara postura de un papel en el suelo, y una vieja edición de "Los cinco" (que lleva conmigo desde niño), y la ternura de la que está hecho el mundo, si se sabe mirar con detenimiento.

Podéis guardaros el periódico. Dejadme leer mi libro. Es una novela estupenda de mi amiga Lola Beccaria. "Zero". Sí, sí, ahora voy, un momento. Esa manía de llamarme justo cuando estoy leyendo. Por Dios, dejadme un poco. E imagino un banco con un poco de sol y con mi libro. Y levantar la vista al pasar de página, y ver una bandada de estorninos o de nubes. Y luego cerrar los ojos mientras respiro profundamente. Que ya voy... Esta búsqueda del personaje, esta insistencia de la autora y del lector en pos del alma y de la trascendencia de la vida y de su literatura. Bajad por favor esa música. Línea a línea voy viviendo, y leo la estupenda novela de Lola.

Porque hay cosas que se necesitan decir. Pero hay muchas otras -infinidad, diría yo- que, en su no-decir, es como mejor se entienden y se explican.

Soy feliz. Sólo dos palabras, y tantos latidos y miradas, y tanto silencio contemplando las cosas. Soy feliz. ¿Cómo decirlo más claro? Y recurro a la poesía, a un abrazo o a una sonrisa. Es una certeza y una alegría. Es... no sé, lo es todo. Es una plenitud de amor, es una inefable caricia. Soy feliz, sí, pero no sé explicarlo, tendréis que perdonarme. Es algo inaudito, algo increíble. Siento que no depende de mí, que me es dado. Soy feliz, y sólo sé repetirlo. Pase lo que pase, escriba lo que escriba.

Está más cerca de la sabiduría una persona sencilla y buena -más o menos lectora- que otra que exclusivamente basa su inteligencia en los libros o en las notas a pie de página del mundo.

A media tarde la mirada se me pone impresionista, con pinceladas de luz desvaída y otras de nostalgia.

Todo es mejor de lo que parece. (Conclusión optimista después de leer el periódico y hablar con mis hijos).

Según pasa el tiempo se me hace más y más acuciante la necesidad de soñar. Lo siento, no puedo vivir sin mis sueños. Sin ellos ¿qué sería de mi vida? ¿Acaso escribiría o leería sin parar? Cada vez que me veáis asomado a una ventana, a una mirada, o a una palabra, es que estoy sencillamente soñando, viviendo de verdad.

Un buen día (o bien entrada la noche) de abril de 1984, el poeta Miguel d'Ors se interrogó con decisión lo que sigue, o puede que con titubeante melancolía: "¿Quién soy?". Vamos, lo que todos nos preguntamos de cuando en cuando, por aquello del tedio o de la incertidumbre, o por si tuviéramos uno de esos escasos momentos de lucidez, que nunca se sabe. Pero mientras yo me quedo mirando la penumbra del pasillo o se me pone la existencia un tanto inhóspita, a Miguel d'Ors le vino al alma -y luego a la pluma de tinta azul- uno de sus más hermosos poemas. "¿Quién soy? / -Este intervalo de misterio / entre la rosa ardiente que corto para ti / y la rosa sombría que mi mano te tiende".

Me gusta la poesía imperfecta, porque la vida lo es: poesía... e imperfecta. Esa es su grandeza. Y su delirio.

El ser es en plenitud cuando se enamora, cuando su vida vive de amor.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

"Todo es mejor de lo que parece" . Lo que es indiscutible es que todo puede ser mejor de lo que es.

Anónimo dijo...

El ser humano es en plenitud cuando se enamora de Dios, cuando vive de su Amor.

Anónimo dijo...

¿Perfecto, imperfecto? Lo mal que se me han dado siempre los tiempos verbales...
Lo que mi vida tiene de imperfecta no me gusta, no creo que mis imperfecciones me acerquen nada a la grandeza, a no ser por aquello de que "en mi debilidad está mi fortaleza", pero, claro, esa frase es de un santazo, que no es el caso.

Anónimo dijo...

Mire usted, si me va a responder que soy un misterio ahórrese la respuesta.

Anónimo dijo...

Hablando de sabiduría lo mejor es recordar aquella coplilla que decía: "Aquél que se salva sabe..."