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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.




viernes, 24 de febrero de 2012

Postal de cumpleaños para Sara



Querida Sara:

Entre libro y libro esta carta. (Y me pasa con frecuencia que después de escribir la primera frase, o quizá, y si hay suerte, el primer verso, me quedo ahí, pensando qué decir, cómo sigo). A ti no te voy a escribir cosas como que hace frío -aunque lo hace-, o que a estas horas tengo sueño. Puedo sin embargo contarte -después de felicitarte con gran cariño- que justo enfrente tengo un espejo, pero que me escondo de mi propia imagen, eso sí, después de atusarme un poco el pelo. Y que esto del espejo me lleva a Borges, y a un armario gigante que tenían mis abuelos maternos y que me daba un miedo tremendo por las noches (ya sabes, cuando eres niño y todo resulta más entrañable, cuando la realidad es la que es, y no la sarta de bobadas que luego vivimos).

Pero perdóname, ¡siempre hablando de mí! ¿Te molesta? No creas que es vanidad. Es que tampoco tengo muchos más temas y recursos. Digan lo que digan, todo quisque que escribe acaba hablando de sus propios asuntos, de esa disyuntiva que es el día a día, su día a día. En mi caso, ya sabes, esa perspectiva lírica de la vida (con ciertos toques románticos e impresionistas), y los libros, y mi chica (que diría Luis Alberto de Cuenca). Bueno, y el amor de Dios, verso a verso, con toda Su inaudita misericordia, que me tira del alma hacia arriba y hacia la esperanza. Y así, entre la tierra y el cielo, vamos viviendo. Con toda esta poesía que llevo entre manos.

Oye Sara, ¿caes en la cuenta de lo privilegiados que somos? Más que por la vida en si, porque seamos tan conscientes del asombro en la que se nos revela. En esa luz y en estos brillos y en esa gracia. No sé si te ocurre, pero yo cada vez vivo más embebido (según otros, sencillamente ido). Y la mirada, con su éxtasis de ternura allá donde mire. Y esa música, y las manos del amor que te acarician, y esas noches locas de silencio y libros (tienes que probar a María Victoria Atencia, y ese título de Adam Zagajewski: “En la belleza ajena”, que se ha convertido para mí en una especie de clarividencia).

Los años pasan y quedan los recuerdos, esa especie de poso en la memoria del alma. La vida se nos va transformando en una constante nostalgia (lo cual no es malo ni forzosamente triste). Puede que el hombre sólo sea ese recuerdo de lo que le ocurre, o de lo que le ocurrirá mañana. De ahí ese anhelo constante, esa querencia, esos sueños, esas filigranas de amor, esa poesía, esos arrebatos (bendita sea mi suerte) o esas ramas de los almendros. Puede que desvaríe, tampoco me hagas mucho caso. Pero veo clara esta claridad de olas, de besos, de amistad y de alegría.

Y todo esto para decirte que no cejes en tu felicidad, ocurra lo que ocurra. Que pases un día con algo de misterio y abundante maravilla. ¿Mi regalo? Pues esta sencilla postal, y un beso.

2 comentarios:

Sara Martín dijo...

Un besazo Guille. Qué bonito... Qué suerte tengo de que alguien al otro lado del ordenador decida dedicar su tiempo, su esfuerzo mental y su trabajo en poner en marcha las teclas y escribir algo con tanto cariño. Realmente me siento afortunada. Un besazo.

Anónimo dijo...

No te voy a recordar mi cumpleaños porque ¿para qué? , ¿para constatar que al otro lado del ordenador hay alguien que no ....?
¿Hay alguien ?