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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.




domingo, 19 de febrero de 2012

Se eleva mi canto





Se eleva mi canto, y mi corazón amante.
La mirada se eleva, pronta, hacia el techo,
hacia esa bóveda blanca. Mirada ensoñada
de palabras titubeantes, de silencios
inmóviles en cualquier escarpia,
o en el fluorescente, con su luz y su desgana.

La vida es un no saber
muy bien qué hacer con tu vida.
Pasmado en los espejos o en las alfombras
o haciendo fila en la usura de un banco.

Y miras una paloma cebada de viento.
Y esas piernas
con las que camina la belleza.
Mi canto: una mirada que no deja
de contemplar los semáforos,
un alma absorta de almas.

Mi vida es mi canto. Resquicios
de palabras y de geranios, y esos cuadros
naranjas de Joaquim Mir, y esos pensamientos de Mafalda.
Este canto que intento, esta vida que intento.
Y las ramas sin hojas de algún haiku,
y las rosas color fuego, y los versos
de agua de algún río, o de alguna orilla.

Se eleva mi canto
porque estoy enamorado,
y no puedo más, y lo escribo,
y te lo digo a ti, lector: no puedo más,
me va a explotar el alma. ¿Y qué hago
con tanto canto como se me queda dentro?

Repaso los brillos y los libros, y me fijo más
en los mendigos, en sus ojos limpios.
¿Dónde voy? ¿Dónde iba?
¿Dónde vamos todos? ¿Hacia qué lugar,
hacia qué sitio?

Entro en el templo, entro en ella,
y me adentro en el silencio, y contemplo
sus manos en las mías, de rodillas.
Contemplo el cielo en cada vena, en cada caricia
y en cada esquina de mi existencia.

Mi pobre canto, y mi pobre vida,
que sólo aspira a ser feliz, más feliz aún,
con palabras o sin palabras, pero siempre con poesía.
Con ese almendro en flor metido en el alma,
y con esos versos de luz
que el mismo Dios escribe en el agua.