Iba a escribir algo que ya no recuerdo. Me he distraído, como tantas veces ocurre. Esta vez con las voces de unos niños. Tengo un lejano atisbo, un eco de cierto asunto, pero por más que me esfuerzo no logro verlo. ¿De que trataría? ¿Qué sería aquello que iba a escribir? Dejémoslo estar. ¿Para qué perder el tiempo? Tampoco sería nada demasiado especial. ¿O sí? ¿Y si era el comienzo de algo importante? Alguna probabilidad habría, digo yo. No sé, una buena historia de piratas (piratas piratas, de los de calavera y tibias sobre paño negro ondeando en el palo mayor del navío), o quizá fueran los primeros versos de un largo canto épico (aunque creo que soy más bien de estirpe lírica). Sea lo que fuere, no lo sabré nunca. Una oportunidad perdida. Otra más. Y la mirada se me queda ensoñada en el estuco de una pared blanca. Para posarse luego en una Madonna de Lorenzo Costa “el Viejo”, nacido en Mantua. Y así transcurren las palabras y la mañana. Como si nada. O como si todo. Porque soy consciente de mi vida. ¡Cuánta maravilla agazapada en una simple brisa, o en esa mirada que camina por la calle! ¡Cuánta literatura que no escribiré nunca! O puede que sí. La mejor literatura se escribe cuando no la buscas.
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Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.
lunes, 6 de febrero de 2012
Vida, literatura, y una mirada que camina por la calle
Publicado por
Guillermo Urbizu
Etiquetas: Apuntes de vida
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