Bienvenidos
Reflexiones, poemas, escorzos de vida, fe de lecturas, noticias de amigos... No pretende ser un desahogo, más bien un diálogo. Un demorarme en el resplandor de nuestra existencia. Y en su literatura.
miércoles, 29 de febrero de 2012
Sean indulgentes
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Guillermo Urbizu
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martes, 28 de febrero de 2012
De amore
I
YO te amo cada día como algo nuevo, en pureza de miel y trigo.
TÚ me amas, y por eso me vuelves loco, y sigo vivo, y escribo poemas.
ÉL es el Amor entero, completo, eterno, esa Luz que se nos pone en el pecho.
NOSOTROS estamos juntos de puro amor, y qué distinto es todo, y qué milagro.
VOSOTROS abrid bien los ojos, y contemplad en el alma semejante gozo.
ELLOS, los demás, el prójimo, el mismo Dios a mi lado.
II
No te pasará nada mientras yo te quiera.
No me pasará nada mientras tú me quieras.
III
El horizonte lleno de luz,
y la mujer de mi vida saliendo del mar
y salpicándome todavía de espuma.
IV
Entre las sábanas
se desnudan caricias,
amor y lágrimas.
V
Te pienso
a ti:
en cada detalle
del universo
tú,
en mí.
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Guillermo Urbizu
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lunes, 27 de febrero de 2012
Asuntos de amor
Amar no es un estado de ánimo, ni una posesión, ni siquiera un sentimiento. Amar es abrazar la voluntad del otro, amar significa entregarse hasta la extenuación, amar es olvidarse del yo y del propio cuerpo, entregando por entero el alma en cada momento.
¿Qué podríamos hacer para querernos más? Eres tan de verdad, tan extraordinaria, que en ocasiones me pareces mentira. ¿Cómo he podido merecerte? Y nos leemos cada día el alma, el corazón y el pensamiento (y lo que es menos abstracto). Con naturalidad, sin trucos. Y me vienes a buscar al trabajo, y el pulso se me acelera, como si te acabara de conocer hoy, como si fuera nuestra primera cita. ¡Cómo recuerdo aquel foulard verde y la blancura de tus manos! Y nos vamos yendo calle arriba, por donde da el sol, y miro el perfil de tus labios y el halo de tus sueños.
Vale, se te han quemado las pizzas. ¿Y qué? Mírame. Eres guapísima. Comeremos lo que sea mientras nos devoramos los ojos.
¡A quién se le ocurre! Mira que casarte con un hombre de letras. Y además poeta, para más inri. (Si ya lo decía tu padre). Te enamoraste de un bicho raro, más claro el agua. Pero mira, tampoco nos ha ido tan mal. Mi vocación es la belleza, ya lo sabes. Y resulta -menuda suerte la mía- que vive conmigo.
Esas "sencilleces" son las que más me agradan. Como cuando me pones bien la almohada en plena madrugada (me hago el dormido), o cuando me arreglas la bufanda -con palabras que me avisan del frío- poco antes de salir de casa. La sencillez del amor y el amor de lo sencillo.
¿Cómo empezar? ¿Cómo decirlo? Un día -era invierno-, te vi. Yo creo que fue entonces cuando de verdad entendí el silencio, o la fe católica, o la mismísima poesía.
Me miras en el ascensor con picardía. ¿Bajamos o subimos? Soy un hombre feliz, no hay duda, y tú no tienes escapatoria.
Sin ternura no hay amor. Sin ternura el alma no percibe la caricia de Dios, ni la poesía que es la entraña del mundo.
En el fondo toda inquietud humana es una inquietud amorosa.
El amor no controla, el amor es libre.
Un consejo para estos días de frío y nieve: el amor es lo que más abriga.
Amor, no paras. Y yo no me muevo.
Cuanto más amo, más quiero.
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Guillermo Urbizu
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domingo, 26 de febrero de 2012
Es cierto, es cierto, pero...
Es cierto que he engordado un poco y que leo en exceso. Es cierto que me cuesta terminar las cosas y que cada vez me vuelvo más escéptico ante las novelas. Es cierto que el amor es mi vida y que no me leo las facturas. Es cierto que me muero por su pelo y que no hay nada como la belleza. Es cierto que de pronto me quedo quieto y que no contesto y que estoy dando vueltas al silencio. Es cierto que en casa nos invaden los libros, y que hay un desconcierto de papeles. Es cierto que me sobran camisas y que con los zapatos verdes me sienta mejor el alma. Es cierto que sueño con largos viajes a lo desconocido siempre y cuando acaben en una buena biblioteca y en un jardín por donde pasee ella. Es cierto que nos cuesta llegar a final de mes, pero no es menos cierto que la amo, y que la felicidad nos protege. Bueno, es mi vida, que con frecuencia no me deja en paz, pero que goza con Dios y con un buen poema.
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Guillermo Urbizu
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sábado, 25 de febrero de 2012
Aviso general
Andad con cuidado.
Puede que donde menos lo esperéis
salte un verso. Ese algo súbito,
ese amor o esa música.
Andad con cuidado,
puede que en cualquier semáforo
(o quizá entre los papeles)
os dé un vuelco el alma
y no sepáis qué hacer con el silencio.
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Guillermo Urbizu
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viernes, 24 de febrero de 2012
Postal de cumpleaños para Sara
Querida Sara:
Entre libro y libro esta carta. (Y me pasa con frecuencia que después de escribir la primera frase, o quizá, y si hay suerte, el primer verso, me quedo ahí, pensando qué decir, cómo sigo). A ti no te voy a escribir cosas como que hace frío -aunque lo hace-, o que a estas horas tengo sueño. Puedo sin embargo contarte -después de felicitarte con gran cariño- que justo enfrente tengo un espejo, pero que me escondo de mi propia imagen, eso sí, después de atusarme un poco el pelo. Y que esto del espejo me lleva a Borges, y a un armario gigante que tenían mis abuelos maternos y que me daba un miedo tremendo por las noches (ya sabes, cuando eres niño y todo resulta más entrañable, cuando la realidad es la que es, y no la sarta de bobadas que luego vivimos).
Pero perdóname, ¡siempre hablando de mí! ¿Te molesta? No creas que es vanidad. Es que tampoco tengo muchos más temas y recursos. Digan lo que digan, todo quisque que escribe acaba hablando de sus propios asuntos, de esa disyuntiva que es el día a día, su día a día. En mi caso, ya sabes, esa perspectiva lírica de la vida (con ciertos toques románticos e impresionistas), y los libros, y mi chica (que diría Luis Alberto de Cuenca). Bueno, y el amor de Dios, verso a verso, con toda Su inaudita misericordia, que me tira del alma hacia arriba y hacia la esperanza. Y así, entre la tierra y el cielo, vamos viviendo. Con toda esta poesía que llevo entre manos.
Oye Sara, ¿caes en la cuenta de lo privilegiados que somos? Más que por la vida en si, porque seamos tan conscientes del asombro en la que se nos revela. En esa luz y en estos brillos y en esa gracia. No sé si te ocurre, pero yo cada vez vivo más embebido (según otros, sencillamente ido). Y la mirada, con su éxtasis de ternura allá donde mire. Y esa música, y las manos del amor que te acarician, y esas noches locas de silencio y libros (tienes que probar a María Victoria Atencia, y ese título de Adam Zagajewski: “En la belleza ajena”, que se ha convertido para mí en una especie de clarividencia).
Los años pasan y quedan los recuerdos, esa especie de poso en la memoria del alma. La vida se nos va transformando en una constante nostalgia (lo cual no es malo ni forzosamente triste). Puede que el hombre sólo sea ese recuerdo de lo que le ocurre, o de lo que le ocurrirá mañana. De ahí ese anhelo constante, esa querencia, esos sueños, esas filigranas de amor, esa poesía, esos arrebatos (bendita sea mi suerte) o esas ramas de los almendros. Puede que desvaríe, tampoco me hagas mucho caso. Pero veo clara esta claridad de olas, de besos, de amistad y de alegría.
Y todo esto para decirte que no cejes en tu felicidad, ocurra lo que ocurra. Que pases un día con algo de misterio y abundante maravilla. ¿Mi regalo? Pues esta sencilla postal, y un beso.
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Guillermo Urbizu
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jueves, 23 de febrero de 2012
Verla
La poesía.
Ese delicioso cuerpo
de palabras,
y ese alma colmada
de sueños,
silencio y armonía.
Y esa mirada
que lee la rima
de sus labios
por la mañana.
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Guillermo Urbizu
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miércoles, 22 de febrero de 2012
Aquella puerta verde

Y de repente se cerró. Era verde
y muy alta. Y yo un niño.
Aquella puerta me dejó solo.
Era un jardín, era mi vida. Había
una gravilla de piedras muy blancas
y un peral y unas flores.
No llegaba a nada, no podía
salir de allí, irme
de todos aquellos colores donde estaba.
Corrí mucho en aquel laberinto
de silencio sin salida (y sigo corriendo,
con alguna que otra caída).
Y lloraba de impotencia, nadie me oía.
Y vuelvo ahora frente a aquella puerta (verde,
sin respuesta, descolorida)
y me pongo de puntillas sobre mis palabras
para ver si puedo abrirla, y salir por fin
de allí -de aquí-, libre.
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Guillermo Urbizu
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martes, 21 de febrero de 2012
Las primeras emociones del día

Una caricia te despierta del sueño.
Sientes la vida
en su estremecimiento. (–“Buenos días").
Lo primero que ves es el silencio
de todos esos libros,
y luego su pelo, en rebeldía
por su espalda y tu deseo.
¡Qué plenitud su piel tan blanca!
¡Qué regocijo el estar con ella!
(–“Siempre me tendrás contigo”).
Asistes atónito a su pureza
mientras se viste con aparente indiferencia.
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Guillermo Urbizu
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lunes, 20 de febrero de 2012
Decidme algo, por favor
Por favor amigos, decidme algo,
decidme que merece la pena
vivir de amor, vivir de poemas.
Decidme que no pierdo el tiempo con las palabras,
que es de verdad la belleza. Por favor,
decidme, porque a veces dudo,
y no siempre tengo fuerzas en el alma.
Decidme que es verdad la poesía.
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Guillermo Urbizu
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domingo, 19 de febrero de 2012
Se eleva mi canto

Se eleva mi canto, y mi corazón amante.
La mirada se eleva, pronta, hacia el techo,
hacia esa bóveda blanca. Mirada ensoñada
de palabras titubeantes, de silencios
inmóviles en cualquier escarpia,
o en el fluorescente, con su luz y su desgana.
La vida es un no saber
muy bien qué hacer con tu vida.
Pasmado en los espejos o en las alfombras
o haciendo fila en la usura de un banco.
Y miras una paloma cebada de viento.
Y esas piernas
con las que camina la belleza.
Mi canto: una mirada que no deja
de contemplar los semáforos,
un alma absorta de almas.
Mi vida es mi canto. Resquicios
de palabras y de geranios, y esos cuadros
naranjas de Joaquim Mir, y esos pensamientos de Mafalda.
Este canto que intento, esta vida que intento.
Y las ramas sin hojas de algún haiku,
y las rosas color fuego, y los versos
de agua de algún río, o de alguna orilla.
Se eleva mi canto
porque estoy enamorado,
y no puedo más, y lo escribo,
y te lo digo a ti, lector: no puedo más,
me va a explotar el alma. ¿Y qué hago
con tanto canto como se me queda dentro?
Repaso los brillos y los libros, y me fijo más
en los mendigos, en sus ojos limpios.
¿Dónde voy? ¿Dónde iba?
¿Dónde vamos todos? ¿Hacia qué lugar,
hacia qué sitio?
Entro en el templo, entro en ella,
y me adentro en el silencio, y contemplo
sus manos en las mías, de rodillas.
Contemplo el cielo en cada vena, en cada caricia
y en cada esquina de mi existencia.
Mi pobre canto, y mi pobre vida,
que sólo aspira a ser feliz, más feliz aún,
con palabras o sin palabras, pero siempre con poesía.
Con ese almendro en flor metido en el alma,
y con esos versos de luz
que el mismo Dios escribe en el agua.
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Guillermo Urbizu
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sábado, 18 de febrero de 2012
Jesús clavado en la Cruz
Jesús clavado en la Cruz. ¡Cuántas veces habremos oído estas palabras! Y como sucede con frecuencia, cuando algo se repite una y otra vez termina por perder su sentido, o simplemente nos acostumbramos. Clavado en la Cruz. ¡Clavado! No sabría explicar muy bien por qué pero siempre me he sentido atraído por la Cruz. Y desde hace algún tiempo, muy especialmente. De hecho, a menudo hago oración fijándome en Jesús crucificado y sintiendo Su dolor. A veces le acompaño en la subida al Gólgota, sufro a su lado, intento llevar durante unos momentos su Cruz, pero no puedo cargar con semejante peso y sufrimiento. Lloro con Él. Intento aliviar su sufrimiento de alguna manera.
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Guillermo Urbizu
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viernes, 17 de febrero de 2012
Des choses de la vie, de l'amour et de la poésie y II
El silencio de la habitación y la multitud de libros. Y unas bufandas desprendidas de su cesto. Y una margarita fucsia de trapo... Cuando lo más nimio se torna imprescindible. Y otro vistazo al silencio y a las cortinas naranjas. Me llama la atención la rara postura de un papel en el suelo, y una vieja edición de "Los cinco" (que lleva conmigo desde niño), y la ternura de la que está hecho el mundo, si se sabe mirar con detenimiento.
Podéis guardaros el periódico. Dejadme leer mi libro. Es una novela estupenda de mi amiga Lola Beccaria. "Zero". Sí, sí, ahora voy, un momento. Esa manía de llamarme justo cuando estoy leyendo. Por Dios, dejadme un poco. E imagino un banco con un poco de sol y con mi libro. Y levantar la vista al pasar de página, y ver una bandada de estorninos o de nubes. Y luego cerrar los ojos mientras respiro profundamente. Que ya voy... Esta búsqueda del personaje, esta insistencia de la autora y del lector en pos del alma y de la trascendencia de la vida y de su literatura. Bajad por favor esa música. Línea a línea voy viviendo, y leo la estupenda novela de Lola.
Porque hay cosas que se necesitan decir. Pero hay muchas otras -infinidad, diría yo- que, en su no-decir, es como mejor se entienden y se explican.
Soy feliz. Sólo dos palabras, y tantos latidos y miradas, y tanto silencio contemplando las cosas. Soy feliz. ¿Cómo decirlo más claro? Y recurro a la poesía, a un abrazo o a una sonrisa. Es una certeza y una alegría. Es... no sé, lo es todo. Es una plenitud de amor, es una inefable caricia. Soy feliz, sí, pero no sé explicarlo, tendréis que perdonarme. Es algo inaudito, algo increíble. Siento que no depende de mí, que me es dado. Soy feliz, y sólo sé repetirlo. Pase lo que pase, escriba lo que escriba.
Está más cerca de la sabiduría una persona sencilla y buena -más o menos lectora- que otra que exclusivamente basa su inteligencia en los libros o en las notas a pie de página del mundo.
A media tarde la mirada se me pone impresionista, con pinceladas de luz desvaída y otras de nostalgia.
Todo es mejor de lo que parece. (Conclusión optimista después de leer el periódico y hablar con mis hijos).
Según pasa el tiempo se me hace más y más acuciante la necesidad de soñar. Lo siento, no puedo vivir sin mis sueños. Sin ellos ¿qué sería de mi vida? ¿Acaso escribiría o leería sin parar? Cada vez que me veáis asomado a una ventana, a una mirada, o a una palabra, es que estoy sencillamente soñando, viviendo de verdad.
Un buen día (o bien entrada la noche) de abril de 1984, el poeta Miguel d'Ors se interrogó con decisión lo que sigue, o puede que con titubeante melancolía: "¿Quién soy?". Vamos, lo que todos nos preguntamos de cuando en cuando, por aquello del tedio o de la incertidumbre, o por si tuviéramos uno de esos escasos momentos de lucidez, que nunca se sabe. Pero mientras yo me quedo mirando la penumbra del pasillo o se me pone la existencia un tanto inhóspita, a Miguel d'Ors le vino al alma -y luego a la pluma de tinta azul- uno de sus más hermosos poemas. "¿Quién soy? / -Este intervalo de misterio / entre la rosa ardiente que corto para ti / y la rosa sombría que mi mano te tiende".
Me gusta la poesía imperfecta, porque la vida lo es: poesía... e imperfecta. Esa es su grandeza. Y su delirio.
El ser es en plenitud cuando se enamora, cuando su vida vive de amor.
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Guillermo Urbizu
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jueves, 16 de febrero de 2012
Nada
sólo que acabo de abrir la ventana,
y he sentido en el alma
un golpe de viento y algunas estrellas.
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Guillermo Urbizu
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miércoles, 15 de febrero de 2012
Des choses de la vie, de l'amour et de la poésie I
Sin ternura no hay amor. Sin ternura el alma no percibe la caricia de Dios, ni la poesía que es la entraña del mundo.
Apenas se valora en los hombres la virtud de la piedad. Pero, junto a la humildad, creo que son el quicio de las más grandes obras. Incluidas las poéticas. Sobre todo las poéticas. Un hombre piadoso sabe dar con el silencio adecuado para descifrar la belleza o entender el significado del dolor. Un hombre piadoso escribe la "Iliada", o la "Divina comedia", o los "Cuatro cuartetos", o las "Elegías del Duino". Ese hombre escribe la palabra porque ve el alma de lo que sucede. Porque comprende que el hombre es ese canto, esa plegaria.
Hace mucho tiempo que dejé de contar mi vida por años. La cuento por libros (leídos y releídos), o por los amigos más queridos, o por paisajes y colores imprevistos.
En el fondo toda inquietud humana es una inquietud amorosa.
Se me acumulan los poemas en esa tenaz esperanza de dar en la Poesía.
Este inconformismo, el perfeccionar a toda costa el alma, ese beso que dejaste ayer en el altar de su Vida, el artículo y el poema, el abrazo al amigo, la agenda que se llena de piropos (en esa necesidad de escribirlo todo), y este no querer quedarte en la literatura.
Sueño con un inmenso valle de sublime verdor. Sobre sus riscos el vuelo del alma, que se desliza por el aire. La mirada se extasía, cautiva de tanta belleza que fluye como himno o salmo. Danzan las nubes entre una nostalgia azul. ¡Qué fulgor el de Dios! Y el cielo se derrama en luz sobre mi vida.
Cuanto más amo, más quiero.
Un desconocido amigo, desde no sé qué lugar del mundo, me acaba de escribir esto en uno de mis blogs: “Y gracias Señor por Guillermo Urbizu, que nos acompaña cada día con su buena escritura y nos muestra cosas buenas y nos enseña a ser mejores, y siempre, siempre, nos habla de Ti. Sigue bendiciéndoles a él y a su familia”. ¿Qué más puedo pedir? Reconozco mi anonadamiento y emoción.
Sin ternura no hay amor. Sin ternura el alma no percibe la caricia de Dios, ni la poesía que es la entraña del mundo.
Apenas se valora en los hombres la virtud de la piedad. Pero, junto a la humildad, creo que son el quicio de las más grandes obras. Incluidas las poéticas. Sobre todo las poéticas. Un hombre piadoso sabe dar con el silencio adecuado para descifrar la belleza o entender el significado del dolor. Un hombre piadoso escribe la "Iliada", o la "Divina comedia", o los "Cuatro cuartetos", o las "Elegías del Duino". Ese hombre escribe la palabra porque ve el alma de lo que sucede. Porque comprende que el hombre es ese canto, esa plegaria.
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martes, 14 de febrero de 2012
Nunca un poema será siempre el mismo poema
Nunca un poema será siempre el mismo poema,
como jamás se vuelve a repetir la misma caricia,
o se respira la misma brisa.
Un poema tiene su estrategia
de versos y de paciencia.
Como un buen beso. Es el inicio…
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Guillermo Urbizu
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lunes, 13 de febrero de 2012
Algo blanco
Hay algo blanco, o santo,
como de alabastro, en esta luz.
Resplandor de nácar
que se ajusta a la vida,
y viste las formas
de brillos y de aurora.
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Guillermo Urbizu
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domingo, 12 de febrero de 2012
Amanece el poema
El poema
comienza por la mañana,
con un beso y el zumo de naranja.
Lo de siempre,
pero con más amor si cabe.
Porque el lavavajillas está sucio
y hay que recoger la mesa.
El poema
se va desperezando con la luz
y los detalles. Esos libros
hay que devolverlos a su estante,
y toda esa ropa
hay que lavarla cuanto antes.
El poema
no es nada en especial,
lo que lo hace genuino
es la mirada nueva,
el descubrimiento
de que eso que amas y haces
es algo único.
Y se va haciendo el orden, y suena
un poco de música.
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Guillermo Urbizu
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sábado, 11 de febrero de 2012
Y un mes ya sin Pilar
Hará un mes. ¿Un mes? Un mes. Esa magia que es la vida: ahora estás y ahora no estás (o sigues estando, pero ya nos entendemos). Paso el dedo pulgar por entre las páginas de uno de tus libros más leídos. Un mes ya. O casi. El tacto del papel y el tacto de tu piel, con todo ese cariño y esfuerzo de años. Aunque creo que tiene poco que ver con el tiempo.
¡Qué quieres que te diga! Ya no te veo, y eso me duele. Nos duele a todos. En las fotografías no sale el alma, tu alma. Y eso se nota. Se nota en las lágrimas, y se nota en los besos ausentes. Demasiada ausencia diría yo. Hará un mes. ¿Un mes? Pues sí, un mes. Dios, ¿cómo se va a acostumbrar uno a esta despedida de por vida? Este no estar, aunque estés. Esta losa de silencio a tu alegría (me hago entender como buenamente puedo). Este dejarlo todo a la memoria, o a sus hermanos pequeños, los recuerdos. Este no ver tu silueta por la calle, o en mi biblioteca o en tu sillón, justo al lado de la luz, ¿recuerdas?
Reconozco que lo llevo mal. Lo llevamos muy mal. Este mes es demasiado tiempo, es demasiada pena. Con esperanza y fe, pero pena al cabo. Y palpo la madera de los muebles buscando tus manos, y leo tus libros por ver si te encuentro en algunas palabras, o quizá al margen, no sé (he consultado hasta la voz “amor” en la enciclopedia GER, que tanto te gustaba). Un mes. O casi. Te veo. Quiero decir que aunque no te vea, no hago más que verte en las cosas, y en el alma. Pero es como un perfil hueco. Y tú no eres así. Es mi visión estrecha, que no se entera, estoy seguro.
Quisiera una mayor nitidez de tu presencia invisible, de tu intercesión y de tu mansedumbre. Esa paz tuya, ese reflejo de Dios, o mejor, esa encarnadura de Cristo que tú fuiste hasta el final, o hasta tu renacimiento. Siempre al lado de la Luz. Ahora ya dentro. Pilar, un beso.
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Guillermo Urbizu
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viernes, 10 de febrero de 2012
Esa belleza de nieve
"Si hay amor, recreamos este mundo,
y es cierta la belleza..."
Eduardo Jordá
Para M.E.R.
En la nieve. Surcando lo blanco y el frío.
Yo, desde aquí, imagino
las pendientes y las huellas de los esquíes.
Imagino la velocidad y el horizonte. ¡Qué pureza
ese resplandor de luz tan blanca!
Te deslizas por esa luz que brilla,
te deslizas por una belleza que quema.
Los labios cortados, flexionadas las rodillas…
Gritas de felicidad, te olvidas
de todo lo que había. Giras, te inclinas, te abandonas…
Y yo aquí,
al otro lado del mundo, recién levantado.
Sin hacer otra cosa que inventarme un puñado de palabras.
Seguir soñando quizá. Con aquella montaña
tan radiante e inmaculada por donde bajas.
La nieve cruje y el sol la empapa.
Es figura del alma, que se desliza por la vida,
que mira y no ve en el destello de esa luz que respiras.
Esa luz de amor, esa claridad
de Dios que arde en el pecho.
Bajas, casi vuelas, infinita.
Y cierras los ojos a intervalos de maravilla.
Puede que te des cuenta de esa nieve
tan sobrenatural por la que te deslizas.
Por eso gritas de gozo, y quisieras que no acabara nunca tanta dicha.
Aunque te caigas alguna vez y te quedes cara a cara con el cielo.
Y yo aquí,
esquiando por esta página en blanco, en plena noche.
Yo aquí, en medio de una frase cualquiera,
en esta tinta,
o en esa nieve que tú miras.
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Guillermo Urbizu
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jueves, 9 de febrero de 2012
Estréchame el corazón

Estréchame un poco
más el corazón.
No dejes que el tiempo
entre en casa.
Abramos
cualquier libro de poesía.
Escucha la mañana
con el alma. Ven, mira
esas palomas,
mientras yo te miro a los ojos.
Esta luz, mi vida, esta luz
es para volverse loco de belleza.
Ven, vamos,
quiero cogerte de la mano
para siempre.
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Guillermo Urbizu
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miércoles, 8 de febrero de 2012
Delicias de amor
¡Dejadme amar!
Dejadme decir el amor
de mi vida.
Dejadme verlo todo así,
desde lo amado, sin medida.
¿Qué otra cosa puede ser mejor que amar
en este colmo de amor, y ver
que tu propia vida ya no cabe en tu vida?
¡Dejadme amar!
Y dejad que lo escriba
con esta urgencia de alma.
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Guillermo Urbizu
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martes, 7 de febrero de 2012
Nunca nada es lo mismo
Nunca un poema será siempre el mismo poema,
como jamás se vuelve a repetir la misma caricia,
o se respira la misma brisa.
Un poema tiene su estrategia
de versos y de paciencia.
Como un buen beso. Es el inicio…
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lunes, 6 de febrero de 2012
Vida, literatura, y una mirada que camina por la calle
Iba a escribir algo que ya no recuerdo. Me he distraído, como tantas veces ocurre. Esta vez con las voces de unos niños. Tengo un lejano atisbo, un eco de cierto asunto, pero por más que me esfuerzo no logro verlo. ¿De que trataría? ¿Qué sería aquello que iba a escribir? Dejémoslo estar. ¿Para qué perder el tiempo? Tampoco sería nada demasiado especial. ¿O sí? ¿Y si era el comienzo de algo importante? Alguna probabilidad habría, digo yo. No sé, una buena historia de piratas (piratas piratas, de los de calavera y tibias sobre paño negro ondeando en el palo mayor del navío), o quizá fueran los primeros versos de un largo canto épico (aunque creo que soy más bien de estirpe lírica). Sea lo que fuere, no lo sabré nunca. Una oportunidad perdida. Otra más. Y la mirada se me queda ensoñada en el estuco de una pared blanca. Para posarse luego en una Madonna de Lorenzo Costa “el Viejo”, nacido en Mantua. Y así transcurren las palabras y la mañana. Como si nada. O como si todo. Porque soy consciente de mi vida. ¡Cuánta maravilla agazapada en una simple brisa, o en esa mirada que camina por la calle! ¡Cuánta literatura que no escribiré nunca! O puede que sí. La mejor literatura se escribe cuando no la buscas.
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Guillermo Urbizu
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domingo, 5 de febrero de 2012
Destellos de vida
La vida. A vueltas con ella. Sus recovecos, ciertas desilusiones que siempre vuelven, el gozo de vivirla y aquellos versos de Jorge Guillén. La vida, con sus costuras, y esos flecos de literatura donde parece que todo está por hacer. Suena una música. Imagino delfines y una arena muy blanca. La vida y su elegía, y ese poso de palabras que alguien dijo. Mi vida, la vida. Cada piedra que lanzaba a la altura del cielo o a los destellos del agua. Pujante vida, vida estremecida de emociones. Pedaleo, velocidad, alegría, que todavía está en mí, después de tantos sueños y atardeceres. Horas llenas de poemas. Juncos, flores, álamos... Vida, mi vida.
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Guillermo Urbizu
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sábado, 4 de febrero de 2012
viernes, 3 de febrero de 2012
El amor, no pienso en otra cosa

El amor es minucioso en cada detalle.
El amor se afana en pocas palabras (las mismas,
pero siempre distintas para el alma).
El amor ama, se entrega,
y no quiere otra cosa que vivir así de infinito.
El amor se acerca despacio al objetivo
y, de improviso, se desprende de todo lo que no sea ella.
El amor es cuando tu vida y el mundo se resumen en una mirada o en una caricia.
El amor es el que te tapa con una manta blanca o roja,
porque te has quedado dormido mientras leías.
El amor llega un momento en que no se conforma
ni con el tiempo ni con la vida.
El amor, ese indicio de Dios, esa plenitud de la alegría.
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Guillermo Urbizu
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jueves, 2 de febrero de 2012
Leer, esa ternura
Sí, lo confieso aquí sin recato, amo la lectura,
y todo lo que su deleite me procura es tanto
que apenas balbuceo agradecido.
Permanezco embebido, ensimismado -que no aislado-,
dispuesto a comprender un poco mejor
los misterios de nuestra vida,
en una suerte de locura tan inevitable como prodigiosa.
Tomar un libro, buscar algún lugar
en el que todavía perdure una pizca de silencio.
Abrir sus páginas, adentrarse
en el significado profundo de las cosas.
(Escribo estos versos
porque me siento responsable, depositario
de un cúmulo de maravillas...
¿Quién puede permanecer indiferente a todo esto?).
Aprendemos con los demás
a escuchar mejor -lo dice con tino George Steiner-,
comenzamos a vislumbrar con cierta nitidez
lo que para muchos permanece oscuro (o nos sumergimos
en la oscuridad, para alcanzar un atisbo de luz).
Leer es mirar dentro de nosotros mismos,
nacer de nuevo a la ternura y su alfabeto,
descifrar lo invisible, saber distinguir aquellas obras
donde late la verdad de nuestra existencia (o su indicio).
De esta forma la lectura no es tanto un conocimiento
o un entretenimiento -que también-,
como todo un proyecto de felicidad que se abisma
en el mismo centro de una vida desbordada
por el lenguaje de la emoción. Y por la emoción del lenguaje.
La lectura, en definitiva, esa pasión de enamorado,
ese largo aprendizaje
por el que nos sentimos mejores,
en la transparente sintaxis del alma.
Publicado por
Guillermo Urbizu
Tu comentario Etiquetas: Poesía
miércoles, 1 de febrero de 2012
Regalos
Cosas. ¿Sólo cosas?
¿O significan algo?
Signos, indicios, formas.
Envuelta en la piel del papel
está su materia. ¿Qué oculta
el papel, qué la materia?
Se sopesa y se dilata
en el tiempo la sorpresa.
Se espera de improviso
el prodigio del universo.
¿Qué habrá dentro? ¿Qué?
Esa es la cuestión de todo.
¿Qué habrá dentro del don?
¿Qué habrá dentro
de la vida que nos envuelve?
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Guillermo Urbizu
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